ANÓNIMO: LA VÍA CARTUJANA

 

 

¿El Cristianismo ha conservado su carácter iniciático de los origenes? No entraremos en este controvertido asunto sino que vamos a referimos a una Orden que, dentro del panorama más bien lamentable que presentan actualmente las órdenes religiosas (1), conserva su carácter semieremítico de los comienzos como vía espiritual hacia la Verdad, cuando se han cumplido ya sus novecientos años de existencia.

 

La Orden fue fundada por Bruno de Hartenfaust un alemán de origen que era profesor en la UnIversidad de Reims. Conocido siempre como Maestro Bruno, lo que da idea de su capacidad intelectual (2), no tenía en principio la intención de fundar un nueva Orden, sino simplemente retirarse a la soledad y la contemplación precisamente cuando iba a ser nombrado para la Sede episcopal de la capital de la Champagne. Hacia la noche de San Juan Bautista del año 1084, Bruno y otros siete compañeros llegaron a las montañas del Delfinado, en la diócesis de Grenoble, cuyo obispo San Hugo era de los antiguos discípulos del Maestro Bruno y había tenido providencialmente un sueño anterior en el que veía una cabaña en construcción en un paraje del que siete estrellas habían indicado el camino. Se trataba del Valle de Chartreuse, que desde entonces fue la cuna y la casa madre de toda la Orden. Las citadas siete estrellas recuerdan inmediatamente las Siete Estrellas del Apocalipsis que ostenta el Cristo de la Segunda Venida en su mano derecha, así como las de la Osa Mayor, sede tradicional de las influencias celestes. Aparecen los siete astros en el escudo de la Orden, formado por un globo terráqueo dorado y dominado por una cruz áurea sobre fondo azul; así como las estrellas de la Osa Mayor giran alrededor de la Polar, siete estros de oro rodean la Cruz, verdadero Axis Mundi según indica la propia divisa: STAT CRUX DUM VOLVITUR ORBIS ("La Cruz permanece inmutable mientras el mundo se agita"). El azul celeste podria ser una referencia a la Virgen Maria, Reina en todas las Cartujas.

Desde entonces, las Cartujas han ido extendiéndose por Europa entre vicisitudes varias, y en el presente siglo se han asentado en Norteamérica y BrasiL Se busca preferentemente el asentamiento en zonas montañosas, a diferencia de otras órdenes contemplativas como Benedictinos o Carmelitas. Hay en ello semejanza con los monasterios de los Himalayas y, curiosamente, la antigua la antigua Cartuja de San Hugo en Francia es actualmente un centro budista Karmapa del Tíbet.

En la Orden Cartujana ha primado siempre la calidad sobre la cantidad, siendo en su cuna de Francia donde más se ha extendido, hasta la Revolución de 1789, que trajo la palma del martirio para muchos monjes, así como la destrucción de los monasterios y la expulsión total de los monjes por vez primera en siete siglos (3). También hubo expulsión total en 1903, cuando los Cartujos fueron expulsados en nombre de la libertad (4). Actualmente es en España donde hay más miembros y monasterios (5), debido principalmente a que tras la guerra civil fueron reconstruidos tres monasterios y, como dice Robert Serrou: "En vuestros monasterios de España, una juventud purificada en la sangre de los mártires, ha escogido vuestras blancas libreas" (6). En cualquier caso, un cartujo se considera ante todo ciudadano del cielQ según la palabra de San Antonio ermitaño (7).

 

La vida del monje cartujo se desarrolla en un tiempo y un espacio plenamente sacros. La mayor parte del día, el padre cartujo (8) ocupa su celda personal, en realidad una pequeña ermita con varios habitáculos que incluyen un jardín para cultivos menores. El jardín no carece de sentido simbólico, pues Adán sólo tenía esa ocupación antes de la caída original y Jesucristo se apareció tras la Resurrección con apariencia de un jardinero, según la tradición. La entrada a la celda siempre aparece presidida por una imagen de la Virgen Maria, ante la cual rezará el monje al entrar. Las imágenes entre las cuales se desarrolla la vida del monje cartujo ordinariamente serán, por tanto, las de la VIrgen y el Hijo de Dios y las blancas cogullas cartujanas, reflejo de las albas vestiduras de los elegidos (9).

 

Diariamente, los eremitas se reúnen para la Divina Liturgia de la Misa, así como para los oficios de maitines, laudes y vísperas, siguiendo la costumbre ya legada por los Padres del Desierto (10). Los oficios de prima, tercia, sexta, nona y completas se rezan en la celda en solitario y se combina así el aislamiento eremítico con cierta vida comunitaria, lo que servirá para evitar excesos o defectos. Tal combinación es, en definitiva, la particularidad específica del modo de vida cartujano.

 

La reunión para la Sagrada Liturgia no es solamente una reunión fraternal entre gentes bienintencionadas, sino una asamblea de iniciados en los misterios cristianos reunidos para asistir al acto más sagrado en esta tierra según la religión cristiana. La idea de la Misa como Santo Sacrificio, siendo Jesucristo sacerdote y víctima al mismo tiempo, y la función del sacerdote In persona Christi, aparecen realzadas por la celebración solitaria, pues no suele haber concelebración en las Cartujas. La misa se celebra según un antiguo ritual tomado en el siglo Xl del ritual lionés, ya en vigor en las Galias en el siglo III y recuerda la primitiva misa pontifical (11). El canto de los Oficios se ajusta al método gregoriano con ausencia total de instrumentos musicales. Se trata de un canto más lento y de tonos menos agudos y menos melismáticos que el benedictino; según el cardenal Bona, sería el canto recomendado por Cristo a la patrona de Suecia, Sta. Brígida, en sus revelaciones (12). En todo, las cualidades del canto gregoriano en general para favorecer los ritmos respiratorios parecen evidentes; seria una especie de pranayama cristiano (13).

 

A la reunión diaria como actualización del Santo SacrificIo y memorial de la Primera Venida de Cristo, se añade los domingos una comida común en el refectorio. Este banquete en el domingo (Día del Señor) o en los días festivos, no deja de tener relación con el banquete de los elegidos en la Segunda Venida (14), un convite que ya será siempre en común y al que sólo se tendrá acceso con el vestido de bodas(15). Aqui puede apreciarse cómo la Cartuja no aparece volcada al pasado sino, por el contrario, hacia el mundo futuro en el que "no habrá más tiemnpo" (16). Todo creyente ha de ser un heraldo de la Resurrección, pero el monje Cartujo quiere serlo en todo tiempo y lugar.

El tiempo no comunitario del padre cartujo se dedica a la oración y a la "lectio divina" en su celda, siendo el Sto. Rosario una de las oraciones preferidas. Alano de Rupe fue el primero en atribuir el origen del Rosario a Santo Domingo, el fundador de la Orden de Predicadores, pero hay la tesis de que la visión que tuvo Alano y en la que pudo leer: "D. DOMINICUS", se referia al cartujo "Dom Dominícus" (de Tréveris), en lugar de "Divus Dominicus" (Santo Domingo) (17). La proverbial tendencia de la Orden Cartujana a desdeñar las atribuciones exteriores (aún si son eclesiásticas), dado que sólo importan la adoración y la alabanza divinas, induce a pensar que el Rosario podria tener un origen cartujano, al menos parcialmente, aunque corresponderia evidentemente a la Orden de Predicadores la difusión de una oración que aúna la meditación de los Sagrados Misterios de gozo, dolor y gloria con un ritmo jalonado por los vocablos santos "María" y "Amén"(18). Las adherencias sentimentales con que puede presentarse podrán considerarse como enriquecedoras o sobrantes según la perspectiva adoptada, pero, en todo caso, permanece el valor contemplativo del Rosario (19).

 

"La Orden Cartujana se gloria a todas horas de la Cruz de Cristo y así lo practica regularmente en sus austerasceldas. La Cruz no varia y la Cartuja tampoco. Como matrona oue no se mueve de su sitio, la Cruz se mantiene inmune a la acción del mundo y a la influencia del entorno en que vivimos. Tras nueve siglos de resistencia al ambiente hostil y destructor del mundo, la Cartuja permanece asida a la Cruz redentora y no cesa de inculcar con el ejemplo la pobreza (20), el sacrificio (sacrum facere) y la humildad (21). Tiene la Cruz toda la Majestad severa y augusta soberanía del Eterno Dios que descansó en ella; lleva la Cartuja un sello de majestad inmutable y de espiritual señorio, que da testimonio de ser institución inconmovible cual si estuviera asentada en la vida fija de los años perpetuos (22).

 

Según otro autor, "La Cruz es el Reino del Padre, el cetro del Hijo v el sello del Espíritu Santo. Y en este amor y devoción a la Cruz, junta el cartujo la devoción y amor a la Santísima Trinidad en cuyo honor reza todos los días el gallardísimo símbolo atanasiano (23).

 

Es difícil saber hasta que punto la Orden de los Cartujos consigue sus objetivos sobrenaturales teniendo en cuenta, por una parte, las inevitables limitaciones humanas, y, por otra, el tradicional aislamiento de la Orden, que nunca busca la canonización de sus posibles santos. Según la Ortodoxia Oriental, la Iglesia es sostenida por el hilo rojo de los mártires y el hilo de oro de los transfigurados. Sin duda, la Cartuja ha nutrido ambos canales a lo largo del tiempo, y ha sido así precisamente por su no rendición ante los tiempos, según asevera el conocido lema:

 

           CARTUSIA  NUMQUAM  REFORMATA  QUIA   NUMQUAM  DEFORMATA.

 

En la oscuridad nocturna, mientras duerme o vegeta buena parte de los mortales, en algunos sacros lugares montañosos y solitarios, un puñado de hombres y de mujeres se dirigen en alabanza y propiciación hacia el Altisimo, el único Señor que nunca defrauda, en compañía de los ángeles y arcángeles. Se trata del Oficio de maitines, que se celebra post mediam noctem, dura de dos a tres horas y ha dejado huella imborrable en todos los que han logrado estar presentes en él (24). Los adoradores son escasos en número, pero sus blancas vestiduras transmiten al ojo y sus cantos divinos susurran al oído la condición transcendente que corresponderá a los elegidos.

 

La ausencia del ideal eremítico seria ciertamente un signo del enfriamiento que ha de señalar el fin de los tiempos (25). Hoy es escaso el número de Cartujos y son de avanzada edad en general. ¿Habrá contemplativos para cantar el Segundo Milenario de la Redención. Deberla la jerarquía católica reflexionar seriamente sobre cuál es en realidad el sentido de la Historia, pues si predomina la idea de que el bimilenario de la Natividad y el de la Redención -que quieren celebrarse con gran solemnidad-, son simplemente jalones más o menos importantes en el sedkente Progreso lineal de la Humanidad, apenas quedarán, no ya contemplativos, sino algunos fieles que lo celebren (26).

 

Solamente la tensión escatológica es capaz de mantener la fe, la esperanza y la caridad.

 

 

NOTAS:

 

(1). Cf. Royo Marín, "Quince años después del Concilio", en "La Vida SobrenaturaL n0 494, Salamanca, 1981.

 

(2). Cf. Un Cartujo, Maestro Bruno, padre de monjes, BAC, Madrid, 1980.

 

(3). Cf. Robin Bruce Lockhart, El camino de la Cartuja, Verbo Divino, Estella, 1986, p. 63. Esto podria ser otro motivo de gloria que añadir al Bicentenario de la Revolución que ahora quiere cínicamente celebrarse.

 

(4). Cf. Robert Serrou, En el Desierto dela Cartuja, Madrid, 1961, p. 80.

 

(59. Cf. Robin B. Lockhart, ob. cit pág. 104.

 

(6). Cf. Robert Serrou, ob. cit, pág.157.

 

(7). Cf San Antonio ermitaño, "Carta tercera" en Cartas, Monasterio de las Huelgas, Burgos, ed. no comercial: "...que el país donde sufrís vuestro destierro no os haga perder, en el día del Juicio, el trono angélico que os está destinado". Se trata de una pequeña obra muy recomendable, de la que el introductor de la edición francesa, Dom André Louf, reconoce el "sabor gnóstico".

 

(8). Es.algo distinto el horario de los Hermanos, los cuales no reciben la ordenación sacerdotal y tienen más ocupaciones en el exterior. Cf. Los Cartujos hoy, Aula Dei,  Zaragoza.

 

(9). Cf. Apocalipsis III,5 y VII,9.

 

(10). Cf. Casiano de Marsella, Instituciones, Rialp, Madrid, 1957.

 

(11). Cf Michel Bertrand, "Tradition et spiritualité Cartusiennes" en "Connaissance des religions", juin, 1987.

 

(12). Cf. Robin B. Lockhart, ob. cit, p. 72.

 

(13). Cf. Revista "Integral", n0 68, Barcelona, 1985.

 

(14). Tal Interpretación de la comida dominical, no es necesariamente la de la Orden Cartujana.

 

(15). Cf. San Mateo, 22,10-14.

 

(16). Apocalipsis, 10, 67.

 

(17). Cf. El Santo Rosario en la Cartuja, Universität Salzburg.

 

(18). Cf.Jean Tourniac, Les traces delumiere, Dervy, Paris, 1976.

 

(19). Cf. Jean Hani, "Une tecnique contemplative du XVII siécle pour la recitation du Rosaire", Connaissance des Religions", juin, 1987.

 

(20). Cf. René Guénon, Esotérismo Islámico y Taoísmo, Obelisco, Barcelona. Nada mejor que articulo del maestro para una correcta interpretación de la pobreza, frente a una sedicente ogía de la pobreza o de los pobres hoy en boga, y que en el mejor de los casos habria que calificar de teología miserable.

 

(21). La humildad viene a ser un aspecto de la pobreza, véase el notable articulo de Jean Hani, pauvreté, vertu spirituelle", en "Vers la Tradition", n0 30, Châlons sur Marne.

 

(22). De La escondida senda cartujana, citado en El Santo Rosario en la Cartuja.

 

(23). Ibídem.

 

(24). Cf. W. Weideli, "La Grande Chartreuse", en Moine aujourd´hui Ced, Paris, 1986.

 

(25). Sobre este tema, ver Nicolás Berdiaev, El sentido de la Historia, Encuentro, Madrid, 1979.

 


                          

                           STAT CRUX DUM VOLVITUR ORBIS

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