Historia

Historia de Navarra


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EL NEOLÍTICO

El periodo neolítico o Edad de la Piedra Pulimentada (literalmente nueva Edad de Piedra, o más exactamente “nueva piedra”) abarca un periodo de tiempo diferente según los lugares. Aproximadamente se sitúa entre el 7000 a.C. y el 4.000 a.C. y en Navarra hay que situarlo entre el 5.000 a.C. y el 1.700 a.C. aproximadamente. Este periodo se inició en el Kurdistán antes del 7.000 a.C. (quizás hacia el 8.000 a.C.) y se difundió lentamente, sin que en Navarra pueda hablarse de Neolítico hasta una fecha posterior al 5.000 a.C.

A partir del año 8.000 a.C. el cambio climático (época Post-glaciar) hizo huir a los rebaños de renos hacia el Norte, provocando consecuentemente una disminución de la caza. Cayo la cultura, volviendo el hombre a las cuevas (aunque en algunos casos aislados se conservaron las chozas). El culto a los difuntos y los rituales funerarios se hicieron mas sofisticados. Esta época es llamada "periodo de marasmo" y se sitúa en el final del mesolítico y el principio del neolítico. Este cambio definitivo del clima hacia el 8.000 a.C. (en que se paso a un clima templado) hizo que el hombre modificará sus costumbres (lo que estaría facilitado por los repetidos cambios climáticos -templado, frío, templado, frío- del periodo 12.000 a 8.000 a.C.). Las diferencias culturales de una zona a otra son perceptibles pero resulta imposible dar otro calificativo a los hombres que pueblan extensas zonas que la de “Homo Sapiens” o “Hombre de Cro-Magnon” (una de las divisiones del Homo Sapiens) sin que puedan establecerse diferencias étnicas regionales que necesariamente hubieron de darse por el desarrollo separado de los distintos grupos, el ambiente geográfico distinto, la diversa climatología, los hábitos alimentarios diferentes, y las múltiples costumbres locales. Del establecimiento de la ganadería, y de una economía de base ganadera, surge la trashumancia, que pone en contacto a los pueblos, y consecuentemente de la facilidad de comunicación entre culturas diversas y a contactos relativamente frecuentes entre gentes de diversas tierras, y una mayor comunicación entre las diversas tribus. La emigración de tribus y la difusión de técnicas que cada grupo aprende del vecino, va extendiendo las culturas neolíticas desde su foco originario al resto del mundo. De estos contactos y del desarrollo simultáneo de la agricultura surgen los primeros molinos manuales para moler los granos que se cultivan.

El Neolítico se divide en tres fases: Neolítico inicial (I Fase), Neolítico Medio (II Fase) y Neolítico final (III Fase).

Características de este periodo son la completa domesticación de algunos animales (el Caballo, el reno, ...), la sustitución de los útiles de piedra tallada por los de piedra pulimentada (que no es la novedad más importante, si bien es la que da nombre al periodo) una casi desaparición de las manifestaciones artísticas y el desarrollo de los cultivos en la primera fase seguida de un decaimiento general.

Puede seguirse el Neolítico con relativa exactitud en la zona de Palestina, región en donde surgen culturas agrícolas, sedentarias, (las primeras culturas agrícolas surgieron sin duda en el Sudeste de Anatolia hacia el 8.000 a.C.) probablemente antes del 7.000 a.C. Se percibe la siembra, plantación y almacenaje de cereales, y se sabe que se domesticaron algunos animales, y entre ellos, el primero, el perro. Se construyeron poblados de cabañas circulares, semisubterráneas, de una sola cámara, con los muros y el suelo cubiertos de barro.

La innovación se difundió con extrema rapidez y antes del 7.000 a.C. ya se constata al menos una gran ciudad, Jericó, con una superficie de unas cuatro hectáreas, con una muralla de piedra y un foso excavado de unos 8 metros de ancho por 3 metros de fondo, y con, al menos, una gran torre circular de 9 metros de altura, que servia como torre de vigilancia, con escalera para acceder al techo y a la parte alta de la muralla.

Esta primera cultura neolítica (Neolítico pre-cerámico) duró desde aproximadamente el 7.500 a.C. al 6.500 a.C. y fue sustituida por otra venida del Norte, de Anatolia, que duró también unos mil años (6.500 al 5.500 a.C.); siguió después otra cultura neolítica procedente también del Norte, que subsistió otros mil años (5.500-4.500 a.C.). Estas culturas se fueron difundiendo por todo el planeta, acelerándose la difusión después del 5.000 a.C., fecha en que puede fijarse el inicio del periodo Neolítico en el continente Europeo, alcanzando poco después la Península Ibérica.

LA CERÁMICA.

En esta época se difunde el uso de las piezas de cerámica, cuya utilización en la Península Ibérica es segura, y probable en Navarra, aunque no hay restos hasta el Neolítico Medio.

Surgida la cerámica el hombre intenta decorarla. Parece que las primeras decoraciones eran cuerdas a menudo de refuerzo, pero después se introdujeron otras variantes: la acanaladura, el cordón (línea en relieve a modo de cuerda, ligeramente debajo del borde) y las asas de diversos tipos. La cerámica de la época inicial (hacia el 4.000 a.C.) es de la llamada de tipo cardial, con incisiones de diversos tipos hechas con los dedos o con punzones o espátulas de hueso o piedra pulida, en la arcilla blanda pero ya moldeada (sin torno evidentemente), antes de la cocción. Recibe el nombre de cardial por estar producidas la mayoría de las incisiones con un tipo de concha llamada “Cardium Edule”, de la que se deriva el apelativo “cardial”. Las incisiones, a menudo combinadas, buscaban efectos simétricos.

TEORÍAS SOBRE EL NEOLÍTICO NAVARRO.

Este periodo es trascendental para la historia de los vascos y sin embargo es el mas abierto a toda clase de especulaciones.

Es en este periodo que algunos historiadores sitúan una emigración caucásica hacia los Pirineos de una amplitud suficiente como para superponerse a las poblaciones autóctonas y dar origen a los vascos. Esta creencia se basa en posibles afinidades lingüísticas entre los vascos y elementos caucásicos de los que descienden los georgianos.

Ello obstante nada garantiza esta teoría. Ni los hallazgos sobre el terreno ni las pruebas antropológicas establecen una diferenciación entre el Hombre de Cro-Magnon asentado en la zona a partir del 20.000 a.C., o sea entre los hombres del Mesolítico (raza Pirenaica, derivación de la de Cro-Magnon), y los hombres del Neolítico, que permita asegurar influencias caucásicas directas Creemos que debe excluirse la entrada masiva de elementos orientales o caucásicos en la zona de Navarra, si bien la falta de hallazgos antropológicos (falta que no es exclusiva de Navarra) no permite determinar con seguridad la composición de la población y por tanto establecer una hipotética incidencia oriental (Caucásica u otra) o excluirla.

Es más, casi puede afirmarse que la emigración de los Hombres de Cro-Magnon y su ocupación total del territorio se desarrollo en diversas fases, cada una de las cuales pudo incorporar elementos culturales diferenciados pero sobre la misma base étnica (sin excluirse una evolución natural y algunos cruzamientos), y se completo poco antes del neolítico, cuando ya los Hombres de Neanderthal se habían extinguido, y cuando ya habían dado lugar a un sub-grupo cro-mañonoide (“Pueblos Pirenaicos”).

EL NEOLÍTICO INICIAL.

Como hemos visto la primera fase del Neolítico se inicio en Oriente antes del 7.000 a.C. extendiéndose hacia el Oeste a través del Danubio y del Mediterráneo.

La existencia de contactos entre Oriente y la Península Ibérica esta acreditada por algunos hallazgos efectuados.

La primera fase del neolítico la situaríamos en Navarra entre el 5.000 y el 3.500 a.C. y es posible que influencias culturales procedentes de Oriente llegaran al litoral Mediterráneo y pudieran alcanzar Navarra. Más dudosa es la penetración del elemento humano oriental.

LOS ORIENTALES EN LA PENÍNSULA IBÉRICA.

A la Península Ibérica llegaron los primeros emigrantes orientales después del 5.000 a.C., y más probablemente hacia el 4.500 a.C.. Se cree que provenían de Anatolia, y que siguieron el curso del Danubio, y después el Valle del Po, para alcanzar con posterioridad los Pirineos. También pudieron llegar emigrantes orientales por vía marítima, contorneando las costas Mediterráneas, y aunque esta llegada es problemática, los asentamientos mayoritariamente costeros, sugieren un papel decisivo del mar en la llegada de los orientales. Si no llegaron por mar, se ha sugerido un posible surgimiento espontaneo de las culturas neolíticas en diversos puntos, sin conexión con las existentes, teoría con escasos defensores.

En la zona litoral catalana parece haberse producido el asentamiento de poblaciones foráneas que desplazaron o absorbieron a la población existente y dieron origen a una sociedad diferenciada de la anterior mesolítica, diferencia que no se observa en Navarra. Parece probado que estos emigrantes procedían del Mediterráneo Oriental (Siria, Turquía).

La llegada a la costa Mediterránea viajeros procedentes de Oriente o de otros lugares que ya habían tenido contactos o influencias de Oriente, hace probable, aunque no seguro, que alguno de estos viajeros llegara a Navarra y aportara sus conocimientos a gentes de la zona.

Mas probable parece que el traslado de elementos foráneos hacia algunas zonas costeras, provocara progresivamente la emigración de algunos de los naturales de la zona (otros acabarían absorbidos) que pudieron desplazarse a zonas mas arrinconadas como los Pirineos y las Montañas del Cantábrico, poblados por la raza Pirenaica, evolución autóctona de los Hombres de Cro-Magnon. Estos emigrantes eran de la misma base étnica que los pobladores de la zona a donde se dirigían, aunque existían matices culturales que pudieron difundir, y llevar consigo novedades aprendidas de los recién llegados.

Los emigrantes orientales conocen los rudimentos de las técnicas agrícolas. Viven básicamente en cuevas y en cabañas de madera. Conocen la técnica de moler el grano golpeándolo con piedras redondas (de pequeño tamaño, que podían cogerse con la mano) contra piedras más grandes y planas. La harina obtenida se come mezclada con agua o con otros alimentos, o cocida sobre piedras calientes. Establecen comunidades pequeñas cerca de ríos y en valles fértiles. Se entierran cuidadosamente. Aun conociendo la agricultura, son básicamente ganaderos, y siguen practicando la caza y la recolección, quizás también influidos por los indígenas de las zonas donde se establecen.

Esta primera civilización neolítica no se aleja mucho de las zonas costeras. Se observa una cierta unidad cultural por toda la costa mediterránea de la Península Ibérica, el Norte de África, el Sudeste Francés y la Península Italiana, sobre todo de cara al Adriático. Raramente sus asentamientos están situados a mas de cien kilómetros de la costa, lo cual no quiere decir que no difundieran sus hábitos culturales a zonas más alejadas.

LLEGADA DE NEOLÍTICOS A NAVARRA.

La inexistencia de hallazgos en Navarra hace pensar que su incidencia en la zona debió ser escasa ¿Pudieron llegar no obstante este u otros pueblos?. Es posible, pero no esta acreditado por ningún hallazgo. Además parece incongruente que pueblos de cultura neolítica, que conocían la agricultura, se instalaran en Navarra, zona poco adecuada en la época para fines agrícolas, en contraste con las zonas fértiles elegidas por otros emigrantes. Las zonas fértiles vacías de población (o con escasos pobladores) debían ser extensas, y no se comprendería su elección. En el siguiente capitulo se expondrán algunas hipótesis sobre posibles cruzamientos raciales. En todo caso la llegada a Navarra de pueblos de cultura neolítica no pudo ser significativa en número, si bien pudieron llegar emigrantes de otros lugares, cazadores-recolectores, quizás empujados por pueblos neolíticos.

Influencias externas.

Sospechamos, desde el inicio del Neolítico, la existencia en Navarra de influencias de la Cultura de las Cuevas (llamada también Hispano-Mauritana o Ibero-Mauritana, por su presunto origen), de la Cultura Asturiense (Cantábrico y Aquitania) y de la Cultura Megalítica Occidental que más tarde suplanta a la Asturiense.

Ya hemos visto que es probable que existieran contactos entre las gentes de Navarra y los orientales establecidos en la zona costera Mediterránea. También parece probable la existencia de contactos con las gentes de la cornisa Cantábrica y de Aquitania, donde se desarrollaba la denominada cultura Asturiense, originada probablemente por las poblaciones mesolíticas de la costa Occidental de Francia y de la cornisa Cantábrica, cuya característica común más notable es que vivían de los moluscos y que practicaban la talla de piedra.

Mas incierta es la influencia que pudiera haber ejercido la Cultura de las Cuevas, pretendidamente derivada de la Cultura Ibero-Mauritana del Magreb Occidental (desarrollada hacia el 10.000 a.C.- 8.000 a.C.). La pretensión de su derivación africana (cuyos rasgos culturales y étnicos habrían sido aportados a las gentes de Navarra) se formuló cuando las culturas Ibero-Mauritana y Capsiense (del Magreb Oriental) se consideraban como dos partes de la misma cultura; pero la realidad, según descubrimientos posteriores, es que el Capsiense parece tener una evolución separada y claramente diferenciada (su desarrollo se situaría entre el 7.000 a.C. y el 4.000 a.C. en el Magreb Oriental). En todo caso la Cultura de las Cuevas, sin influencias capsienses y probablemente tampoco ibero-mauritanas, solo influiría en Navarra en el aspecto cultural, con algunas aportaciones, pero sin traslado de población; es seguro que su influencia no llego a la costa Cantábrica. Volveremos más tarde sobre el tema.

La población local asimila la nueva cultura de sus vecinos (aunque seguramente una parte de la población local pudo quedar al margen) y todas las novedades neolíticas van introduciéndose.

LA VIDA DEL HOMBRE EN NAVARRA DURANTE EL NEOLÍTICO INICIAL.

Las gentes de Navarra ya habían adquirido una personalidad propia en el Mesolítico (cuando la Cultura Aziliense se extiende por la zona cercana, pero al parecer no alcanza Navarra), que se acentúa en el Neolítico, cuando la trashumancia a la que antes hemos hecho referencia, propicia la mezcla cultural con otras poblaciones neolíticas. Pero de estos contactos no puede desprenderse que llegaran elementos foráneos: penetra la cultura pero raramente la gente.

Durante muchos años la vida del hombre en Navarra apenas sufre modificación, pero el cambio climático provoca una lenta reconversión de la economía de subsistencia basada en la caza, a una economía mas estable de base ganadera y apoyada en los cultivos.

En Navarra se aprecia que el hombre deja las montañas para desplazarse hacia los llanos en persecución de sus presas de caza.

El hombre vuelve a las cuevas aunque en algunos puntos pudo conservar la utilización de chozas en las cercanías de ríos.

El desarrollo de la ganadería da lugar a la trashumancia y a los contactos relativamente frecuentes con gentes de otras tierras existiendo una mayor intercomunicación entre las diversas tribus.

Para las hachas y otros instrumentos se utiliza la piedra pulida y los útiles y algunas herramientas se fabrican frecuentemente con hueso.

Un descubrimiento de capital importancia para la vida del hombre y que tuvo un desarrollo muy rápido, es la cerámica, que permitió la creación de envases para líquidos, Ello facilito enormemente la vida del hombre que ya no precisaba estar permanentemente en las cercanías del agua, o realizar a menudo largos recorridos para abastecerse, pues almacenaba el agua (y no solo agua, también granos, semillas, semillas, productos molidos....) en los recipientes fabricados. Solo necesitaba desplazarse periódicamente para cubrir el consumo realizado desde su anterior abastecimiento.

La cerámica llego a la Navarra a finales de este periodo o en el Neolítico Medio.

En esta época llegaron a la costa Mediterránea viajeros procedentes de Oriente o de otros lugares que ya habían tenido contactos o influencias de Oriente. Es posible que alguno de estos viajeros llegara a Navarra y aportara sus conocimientos a las gentes de la zona. En todo caso se trataría de una aportación más bien cultural, sin que hubiera una aportación de individuos de suficiente magnitud como para modificar el status étnico.

El culto a los muertos empieza a desarrollarse, pero los primeros megalitos, de los que después hablaremos, corresponden en Navarra al Neolítico final.

Empiezan a usarse los primeros tejidos. Probablemente los primeros tejidos se hicieron toscamente con ramas. La técnica fue evolucionando hasta llegarse a cestos bastante bien logrados en el neolítico, producto de la necesidad de recolección de frutos, que existía hacia ciento o miles de años. Los cestos se hicieron de mimbre. Habiéndose apercibido el hombre, por causas desconocidas, quizás por casualidad, de que algunos productos, como la lana, el lino y el cáñamo (y luego otros) podían estirarse mediante un tosco huso o una barra de madera redonda, a modo de imitación de los tejidos de los cestos podían tejerse estos hilos y fabricar telas. Seguramente al principio se penso para cestas más ligeras, antes de destinarlos a telas de vestidos. Otra prenda muy difundida es el saco, tejido en esparto.

En este periodo el hombre a domesticado al perro. El hueso se usa frecuentemente.

Para conservar la carne se usa el sistema del acecinado o secado o salado, colocándola colgada en el centro de una figura de tres estacas con el suelo en el mismo vértice.

La cerámica es una aportación de la época. Antes se usaban calabazas vacías (que podían contener agua pero no podían ponerse al fuego) y cestos de mimbre (que no podían contener agua). Posteriormente estos recipientes de mimbre se impermeabilizaron con la arcilla dejada secar al sol o con fuego. Mas tarde aprendieron a dar la forma a la arcilla con un esqueleto de mimbre muy simple y luego sin esqueleto. La forma era a menudo de calabaza y las dimensiones parecidas al cesto de mimbre.

Los cazadores no usaban las piezas de arcilla (por ejemplo no servían como carcaj por su fragilidad), por lo que las usaban raramente, prefiriendo las de mimbre o de tejidos. En cambio a los ganaderos y agricultores les proporcionaba una continuidad en el abastecimiento de agua y otros productos (harina, miel...) para ellos y sus ganados, lo que complementado con la conservación de la carne les hacia ser menos dependientes de la caza diaria.

Mientras que en las zonas costeras la cultura neolítica penetraba como resultado de la emigración oriental, en Navarra penetro como un fenómeno cultural, es decir de asimilación de la población local de la nueva cultura, aprendida de sus vecinos, si bien parte de la población pudo quedar al margen del proceso. Poco probable parece la llegada masiva de elementos orientales a Navarra. No obstante la falta de restos antropológicos del periodo en Navarra (y en otros lugares) no permite determinar la composición de la población en la época, ni por tanto establecer una posible incidencia oriental, caucásica u otra.

La habilidad manual de los pobladores de la época se utilizaba para la preparación de trampas de cuerdas de cierta complejidad. El animal capturado por las cuerdas anudadas tendidas por el hombre, era rematado después por este. El desarrollo de las trampas coincide con el culto a la araña, extendido por todas las culturas neolíticas de Europa Occidental y otras, culto probablemente vinculado a la habilidad de este pequeño animal para colocar sus trampas, las telas de araña.

El hombre estaba habituado a seguir las huellas de los animales y es notoria la especialización que habían alcanzado, hasta el punto de que en las pinturas rupestres, en los pies están representadas perfectamente las pezuñas tal y como se marcaban en el suelo. Al parecer, por las representaciones pictóricas, los hombres corrían a una altísima velocidad, persiguiendo a sus presas.

De esta época son también las primeras cucharas, que no se usaban para comer sino para mezclar los alimentos en cocción.

Fue en esta época cuando, a raíz de capturas de jabalíes vivos (lechones), estos animales fueron domesticados y dieron origen al cerdo (en general el jabalí era una pieza de caza). A menudo se representan en las pinturas rebaños de jabalíes que no son objeto de caza y que podría tratarse de rebaños en proceso de domesticación.

Las danzas rituales, asociadas a ritos de fertilidad y a las practicas religiosas desconocidas de la época, siguen practicándose. Cada grupo dispone probablemente de un hechicero que en esta época se adorna con una cabeza de toro salvaje hueca y una piel de toro que incluye la cola. Estos hechiceros son los que aprendían y difundían las nuevas técnicas, trasmitían sus conocimientos a su sucesor o sucesores y hasta es posible que fueran los autores de las pinturas rupestres pues en general estas se asocian a ritos religiosos o mágicos.

Los hechiceros tenían vagos conocimientos astronómicos (observaban el cielo y en una pintura esta representada la Osa Mayor); observaban las costumbres de los animales, salvajes o no, para hacer más fácil su captura o imitarlos (por ejemplo la araña, pero también otros) y ensayaba sobre vegetales, comestibles o no.

Existen representaciones de ejecuciones: una falange de guerreros, entre los que parece distinguirse uno de los demás por su posición y por el uso de una pieza en la cintura, y que probablemente debía ser el jefe del grupo, dispara flechas contra un condenado ¿eran sacrificios humanos ligados a creencias religiosas? ¿eran ejecuciones de prisioneros de guerra? ¿era la aplicación de la pena capital por algún delito?. No es posible concretarlo.

En este periodo se celebraban asambleas o reuniones de guerreros, representadas no solo para las ejecuciones, creyéndose que tenían importancia política o religiosa. Se representan escenas con unos veinte guerreros lo que nos daría la existencia de grupos de mas de unos cien individuos, ya que hay que incluir a las mujeres, niños, ancianos, adolescentes, hechiceros y sus ayudantes, centinelas, y otros. La Asamblea de guerreros ejerce, según se cree, un poder decisorio. Por algunas representaciones se deduce que la Asamblea, si no tenia un carácter militar, tenia una finalidad religiosa, venerándose a las pinturas de los grandes animales o a estos mismos (de la veneración de las pinturas neolíticas existe constancia en época de los iberos y aun de los romanos, presumiéndose que la tradición de su veneración continuo sin interrupción desde el Neolítico al periodo romano), si bien en Navarra no se han localizado pinturas rupestres.

El uso de la miel continua. Su importancia deriva del hecho de que era el único alimento dulce conocido, igual que la sal era el único salado. Además, de los panales se obtenía la cera, que seguramente se usaba en rituales mágicos, religiosos y/o funerarios.

De la miel se obtuvo en una época indeterminada la hidromiel, solución acuosa de miel que a consecuencia de la fermentación alcohólica ha perdido toda o parte de la materia azucarada y ha derivado en alcohol etílico, siendo parecido en su sabor a algunos tipos de vino. La hidromiel tenían un color brillante y dorado, que le asemejaba igualmente a ciertos vinos. Para fabricar la hidromiel se usaba el agua utilizada para lavar utensilios que habían contenido miel, a la cual se añadía miel (25% de miel y 75% de agua) con un polen extraído de los panales para su fermentación (0,05%), creándose una bebida de unos quince grados.

Otra bebida es la cerveza, que es anterior a los cultivos. Los pobladores neolíticos de Navarra se cree que calentaban al máximo una piedra hueca conteniendo agua y plantas silvestres, fermentándolo con las mismas hierbas masticadas y escupidas en el liquido. Este procedimiento se usaba aun en la industria lechera vasca a principios de siglo (si bien la leche se introducía en recipientes de madera en los que se introducían las piedras calientes). Fue en Egipto donde se aprendió a elaborar la cerveza con cebada, sistema que probablemente no alcanzo Navarra hasta la llegada de los indoeuropeos o celtas.

No se conocía el vino, ni tampoco el aceite (usándose grasas animales). En cambio si se conocía la leche, a raíz de la domesticación del ganado, aunque solo se usaba la de cabra (hasta la época romana no se difundió el uso de la leche de vaca). Pero seguramente en Navarra, en mayor o menor medida, se uso también la leche de vaca durante el Neolítico.

El trigo, que era una planta silvestre difundida en Asia, fue cultivado desde antiguo en Oriente Medio, y su cultivo se difundió en el Neolítico llegando a Europa hacia el 5.000 a.C. Se comían los granos de trigo y otros cereales, y más tarde se trituraron, comiéndolos entonces triturados o convertido en pasta al mezclarlos con agua. A veces también se comían los grano hervidos.

Los sistemas de crear la harina mediante molinos de piedra se difundieron en el Neolítico. La pasta o masa (harina y agua) se cocía en piedras calientes. Más tarde se descubrió el sistema de fermentación y su cocción paso a realizarse en hornos cada vez más evolucionados. Se fabricaba el pan con harina de trigo, de cebada y de centeno, y probablemente también con harina de otros cereales (mijo, avena...). El pan bien elaborado no alcanzo la península hasta la llegada de los griegos, y probablemente no se conoció en tierras vasconas hasta unos trescientos años antes de Cristo.

Demografía.

En esta época la población de Navarra superaba las mil personas. Habría aproximadamente dos docenas de tribus, la mayor parte de las cuales superarían los cincuenta individuos. La aportación exterior de tribus afines de otras zonas, o de elementos foráneos, en caso de existir, no debió ser muy importante, y al final del Neolítico inicial la población aun debía estar por debajo de las mil quinientas personas.

EL NEOLÍTICO MEDIO O PLENO.

El Neolítico Medio o pleno debemos situarlo entre el 3.500 y el 2.500 a.C.

Es en este periodo que la cerámica alcanza su plena difusión, y es probablemente en este periodo cuando llega a Navarra (o a finales del periodo anterior), con la importancia capital que tiene para la vida del hombre.

Llama la atención en este periodo la desaparición de los cultivos agrícolas, que adquirieron bastante desarrollo en la etapa anterior, y que en esta casi se extinguen o cuando menos retroceden en forma notoria. No se conoce a causa que motivo este fenómeno general.

La cerámica de la época corresponde al tipo llamado de cerámica con acanaladura que da idea de un mayor desarrollo de la cerámica en general.

Parece ser que este periodo provoco desplazamientos masivos de poblaciones que se asentaron en zonas geográficas determinadas, sin que de estas emigraciones haya constancia de que llegaran a Navarra, al menos en cantidad suficiente para dejar otro rastro que alguna influencia cultural. En cambio en Catalunya se percibe claramente el asentamiento de una población procedente seguramente de Suiza y Norte de Italia, que empujo a los primeros emigrantes orientales del periodo anterior más al Sur. Los emigrantes instalados en Catalunya, que constituyen la cultura de los Sepulcros de fosa de la que después hablaremos, aportaron una cultura de base agrícola y ganadera, que establecía sus poblados en cabañas en los llanos, enterrándose en sepulcros de fosa, siempre lejanos de cuevas, lo que demuestra que no las utilizaban. Sin duda pasada la primera época de invasión, y asentada sólidamente la población, estos emigrantes pudieron adoptar nuevas costumbres funerarias, religiosas, económicas y sociales, influidos no solo por la cultura de donde procedían, sino también por los restos de la cultura mesolítica anterior a la primera emigración oriental, y por esta primera cultura oriental.

En esta época ya aparecieron algunos elementos de bronce en Francia, hacia el final del periodo, aunque es poco probable que alguno alcanzara Navarra.

LA VIDA EN NAVARRA EN EL NEOLÍTICO MEDIO.

El hombre en Navarra vive en cuevas y su vida no experimenta grandes cambios en relación a los siglos anteriores.

La similitud entre la zona Pirenaica, desde Catalunya a Euskadi, y la cornisa cantábrica, es evidente, y no existe sensación de cambio brusco en la evolución de toda la región.

La trashumancia puso en contacto a los pobladores de Navarra con sus vecinos occidentales (Cultura arcaizante Asturiense en la cornisa Cantábrica y Aquitania) y orientales (cultura neolítica de las Cuevas en el Valle del Ebro, y en Catalunya la Cultura de los Sepulcros de Fosa. Situada Navarra entre una cultura arcaizante y una cultura neolítica, su población desarrollaría unas practicas que podemos considerar situadas en un estadio cultural Protoneolítico, intermedio entre ambos. No obstante la escasez de hallazgos nada permite asegurar.

En cambio parece acreditado que la cultura de los Sepulcros de Fosa no tuvo apenas incidencia en Navarra (ningún sepulcro de fosa se ha localizado en Navarra), si bien más adelante reseñaremos brevemente esta cultura, así como la cultura Almeriense, que si bien no tuvo una incidencia en Navarra muy directa, si origino las culturas megalíticas que después llegaron a Navarra.

LA CULTURA DE LAS CUEVAS.

La Cultura de las cuevas, surgida de las influencias orientales, se extendió progresivamente desde sus focos a lo largo de toda la costa Mediterránea, hacia el interior. Adopto un carácter netamente neolítico (del neolítico inicial), y de las influencias orientales adopto también las características propias de las culturas megalíticas, cuando ya se había extendido desde Valencia y Catalunya por Castilla la Nueva y Castilla la Vieja Oriental, Aragón, Andalucía y Extremadura, alcanzando también algunos puntos de la cornisa Cantábrica.

Característica de esta cultura son las cuevas con escaso material lítico y casi sin sílex, del que solo constan lascas y hojas de cuchillos, encontrándose en cambio abundante cerámica decorada con relieves, en el Norte, y cerámica decorada con incisiones en el Sur, donde más tarde, por el contacto con orientales, dará origen a la cultura del Vaso Campaniforme.

La cultura de las Cuevas alcanzo Navarra antes del 3.000 a.C. Durante muchos años se ha pretendido ver en esta cultura una derivación de la llamada cultura Ibero-Mauritana de Marruecos, y hasta se ha pretendido una emigración Capsiense. Por ello, más adelante reseñaremos brevemente estas dos culturas, que creemos improbable alcanzaran la península. Curiosamente cuando existía la creencia general de una emigración capsiense a la península se encontraron afinidades lingüísticas del vasco con las lenguas africanas capsienses, de las que derivan los dialectos beréberes. Por tanto haremos esta exposición (fuera del contexto geográfico de este libro, y fuera también del contexto cronológico, pues las culturas ibero-mauritanas y Capsiense son anteriores al periodo que estudiamos) para no omitir ninguna posible relación o influencia que tenga que ver con Navarra.

La cultura de las Cuevas fue extendiendo su influencia por gran parte de la península, siendo el foco de arranque de las culturas megalíticas. Al Sur del Ebro esta cultura se desarrollo, pero al Norte de dicho río, entre el Segre y la costa y entre los Pirineos y la comarca catalana del Camp (situada aproximadamente en un circulo de unos 25 kilómetros alrededor de Tarragona) predominó la cultura llamada de los Sepulcros de fosa, procedente de Europa Central (Suiza y Norte de Italia), y más al Sur (al Sur del Cabo de Palos se estableció una cultura fundada por emigrantes orientales llamada Cultura Almeriense.

El desarrollo de las Culturas Almeriense y de los Sepulcros de Fosa, dejo a la cultura de las Cuevas en el centro, abarcando casi toda la Península, de la que solo quedaron excluidas Cantabria, Asturias, Galicia, Castilla la Vieja Occidental, Portugal, y la mayor parte de Catalunya.

LA CULTURA ASTURIENSE.

La cultura Asturiense es una continuación evolucionada del Mesolítico en su fase del Epipaleolítico, que conserva un carácter arcaizante. Se desarrollo después del 5.000 a.C.

Los hallazgos sitúan su zona de influencia en Asturias, Cantabria, Euskadi, y Aquitania, pero con extensiones asimilables en la provincia de Girona, y probablemente también en el Norte de Aragón y Navarra, donde no dejo rastros.

Iniciada por las poblaciones mesolíticas de la costa Occidental peninsular, de la cornisa Cantábrica y Aquitania, se caracteriza por que su población vive de los moluscos y caracoles, y que practican la talla de piedra.

Se caracteriza por la existencia de grandes concheros en la entrada de las cuevas, entre los que se mezclan cantos de cuarcita tallados en punta en forma muy típica.

Puede datarse por la estratificación por encima de las capas Azilienses y por los moluscos que coinciden con el clima existente hacia el 4.500 a.C.

Precisamente el carácter de zona interior de Navarra hace que la cultura del periodo en esta región se distancia necesariamente de la cultura Asturiense que tiene un carácter de cultura costera. No existen conchas en Navarra.

Las conchas se usaban para comer, pero al parecer también tenían una finalidad decorativa (collares y colgantes) y para incisiones en el barro.

Desapareció ante la difusión de las culturas megalíticas, después del 3.000 a.C.. No se conoce muy bien el proceso de cambio cultural, si bien es evidente por sus similitudes, que el tipo de dolmen que se extiende por la zona de cultura Asturiense, deriva del existente en el Centro de Portugal (en la región de Lisboa, hacia el Norte, extendiéndose luego hacia Galicia y Asturias, hasta alcanzar Euskadi, Navarra, Aragón y Catalunya.

LOS ORIENTALES EN LA PENÍNSULA IBÉRICA.

La primera emigración oriental establecida en la costa Mediterránea, que se considera que fue de escasa entidad, fue sustituida por una segunda oleada (al principio del Neolítico Medio) esta vez de cierta importancia; los recién llegados establecen verdaderas colonias en las zonas costeras del Sudoeste español, y este establecimiento conlleva una aportación humana considerable.

Estos asentamientos constituyen la llamada cultura Almeriense y su origen probablemente es sirio. No parece que miles de orientales vinieran en inseguras naves para establecerse en un país lejano, o al menos que fueran un numero suficiente como para absorber a la población local existente, pero como su llegada se prolongo durante años (siglos, quizás unos mil años) a la postre tuvieron una decisiva influencia cultural y lingüística, no siendo despreciable su influencia étnica. Las llegadas de orientales, espaciadas en el tiempo, y constituidas por expediciones poco numerosas (de los cuales tal vez una parte regresaban más tarde a su lugar de origen) acabaron por establecer -mezclados con la población mesolítica local- una zona cultural diferenciada, cuya importancia histórica, a la luz de los más recientes descubrimientos, adquiere mayor relieve. Estos emigrantes eran portadores de un rico patrimonio cultural cuyos elementos evocan el Mediterráneo Oriental (en esta zona el Neolítico comenzó hacia el 7.000 a.C.), como ídolos-placas de tipo Egeo, o tumbas colectivas derivadas de las tholoi características del Neolítico Chipriota (hacia 3.700 a 2.300 a.C.). Las colonias constituidas eran auténticos núcleos de irradiación cultural hacia el interior, y dieron origen a las culturas megalíticas. No cabe duda de que la población oriental asentada en la zona del Sudeste se mezclo con la población mesolítica local, y estos cruzamientos, junto con otras emigraciones (por ejemplo pudieron llegar antiguos emigrantes orientales de la primera época, ya mezclados con población mesolítica), la capacidad reproductora natural, la estabilidad social (ausencia de guerras y conflictos graves), y su capacidad de atracción, les convirtieron en un foco de poder, que contribuyo a la creación de una cultura muy extendida. No obstante la superioridad cultural de los orientales, y la gran irradiación de la cultura Almeriense, no parece probable que esta alcanzara Navarra, y en todo caso no hay que suponer que pudiera haber existido emigración oriental directa a puntos periféricos y poco accesibles como la indicada región.

LA CULTURA DE LOS SEPULCROS DE FOSA.

Los emigrantes centroeuropeos que llegaron a Catalunya no vivían en cuevas, sino en cabañas agrupadas formando poblados muy reducidos. Eran agricultores y preferían los terrenos llanas y con agua, aptos para el cultivo. Nunca vivían en las montañas. Cultivaban la tierra probablemente mediante la técnica de clavar un palo en el suelo y colocar la semilla en el agujero, función realizada por las mujeres.

No se conocen sus poblados y solo se conservan sus tumbas: una fosa cavada en el suelo con unas losas protegiendo los cadáveres, formando a veces una caja de piedra llamada cista. En las fosas hay un cadáver solo o el de una pareja, lo que indica la practica de la monogamia. A veces los cadáveres están en posición fetal (técnica probablemente iniciada en el Mesolítico) probablemente atados en esta posición para evitar que sus espíritus molestaran a los vivos.

Existía una gran unidad social, pues las ofrendas de todas las tumbas son prácticamente iguales, y el sistema de enterramiento es igual en todo el territorio, sin que se aprecien diferencias sociales; en las tumbas aparecen ollas (probablemente ofrendas de comida y agua para el difunto en la otra vida). La cerámica es lisa sin decoración, de formas simples. Hay también cuchillos y puntas de flecha hechos de sílex, y punzones de hueso. También se encuentran collares hechos de granos grandes en forma de oliva de una piedra llamada Collaita, de color verdoso, a la que probablemente se atribuía un sentido mágico. Curiosamente esta piedra no existe en Catalunya ni en territorios próximos.

Los hallazgos de sepulcros de fosas son numerosos (unos cien) a pesar de que todos ellos son casuales, ya que son imposibles de detectar si no es cuando se realizan obras para otros fines, y aun en estos casos es difícil detectarlos. Ello permite suponer que la población llegada de Centroeuropa era muy numerosa o permaneció muchos siglos, o ambas cosas. Sin duda absorbieron o empujaron con facilidad a la población primitiva.

Los estudios antropológicos demuestran un origen extrapeninsular (en todo caso esta descartado un parentesco con la población que por la misma época originaba la cultura Almeriense, mucho más al Sur), y se vinculan a los pueblos agricultores de Suiza y del Norte de Italia que además tenían un sistema de enterramiento análogo. Algunos elementos de la cerámica, como los vasos de boca cuadrada, los acercan también a estos grupos centroeuropeos, que extendidos a Francia, gran parte del Norte de Italia, y las Islas Británicas, dieron origen a lo que los británicos llaman la Cultura Neolítica Occidental.

LAS CULTURAS AFRICANAS.

El Magreb tuvo una etapa Achelense, seguida de un periodo Musteriense, del que hay escasos hallazgos pero perfectamente definidos.

Después de esto surgió al final del Paleolítico, el Ateriense (hacia 38.000 a.C.- 10.000 a.C.) desarrollado por el Magreb y el Sahara, y exclusivo de estas zonas. De esta cultura regional surgen sus sucesoras: el Ibero-Mauritano (o Oraniense), el Capsiense y el Keremiense (este último propio de la Argelia Occidental).

EL IBERO-MAURITANO U ORANIENSE.

La Cultura Ibero-Mauritana procede probablemente de la emigración de cro-mañones desde la Península Ibérica, de los cuales es un ejemplar típico el Hombre de Mechta el -Arbi.

Su existencia esta acreditada desde el 10.120 a.C., y los últimos hallazgos están fechados el 8.550 a.C..

La cultura Ibero-Mauritana debió extenderse desde Marruecos (sin sobrepasar por el Sur los Montes Atlas) a Túnez, pues se observa una clara superposición cultural en la parte oriental por parte del Capsiense típico (el más antiguo), originado más tarde en Túnez.

Característica del Ibero-Mauritano es la industria del utillaje de laminas. El dorso se rebajaba mediante retoques toscos o semitoscos. El levantamiento de un microburil en una lamina de dorso rebajado permitía la obtención de una punta triédrica. Estas laminas de borde izquierdo rebajado y provistas de punta triédrica aparecen frecuentemente en los hallazgos y son muy características de la cultura.

No se conoce ninguna manifestación artística del Ibero-Mauritano, ni en arte ni en objetos muebles.

EL CAPSIENSE.

En la cultura capsiense se aprecia una aportación étnica de tipo racial mediterráneo, representada por el Hombre de Aïn Dokkara o de Chacal, probablemente mezclado con cromañonoides locales. Su presencia no esta acreditada hasta el 6.800 a.C. (mucho después de las ultimas manifestaciones ibero-mauritanas), mientras que los últimos hallazgos están fechados hacia el 4.500 a.C.

El Capsiense se inició en el área central de Túnez (en la zona de Gafsa, la antigua Capsa), sin llegar nunca a la costa, y en la región argelina de Tebessa, y hacia el Oeste hasta Uled Yellal, con algunos indicios en el Norte del Sahara.

Los microlitos geométricos son una de las principales características de la cultura Capsiense, y no se dan en el Ibero-Mauritano. El Capsiense emplea los mismos procedimientos en la talla y el retoque pero obtiene utillajes diferentes, reflejo de un modo de vida distinto.

Una diferencia notable entre ambas culturas es la practica de la ablación de los dientes.

Los Capsienses son con toda probabilidad el tronco de los beréberes. Su practica de ablación de los dientes en las hembras existe aun en África.

En los asentamientos de los capsienses se localizan aglomeraciones de cenizas, piedras calcinadas, conchas de caracoles, piezas de sílex tallado, y ornamenta de animales y personas.

El Capsiense inicial se llama Típico, siguiéndole luego el Superior o Evolucionado y finalmente el Capsiense Neolítico.

El utillaje capsiense es de gran volumen: predominan buriles de ángulos truncados y lascas y hojas de dorso rebajado, y los ya citados microlitos geométricos que hicieron pensar en su extensión a la Península Ibérica, donde también aparecieron. Hoy sabemos que estos microlitos no son exclusivos de los Capsienses, y existen en otros puntos, y en todo caso parece más probable que la emigración fuera del Norte hacia África que no al revés. Las formas geométricas microlíticas se obtenían mediante el golpe del microburil.

El Capsiense típico se superpuso a la cultura Ibero-Mauritana.

El Capsiense evolucionado se desembaraza del utillaje de gran tamaño y sus utensilios son en extremo variados: perforadores, puntas, buriles, etc... Los recortes de buril se transforman a veces (mediante retoques sobre yunque) en púas rectas, características de este periodo Capsiense.

El Capsiense evolucionado rebaso los limites del Capsiense típico por el Oeste, llegando hasta mas allá de Constantina y hasta las regiones de Argel y Oran, y por el Sahara, llegando hasta Tidikelt.

A orillas de los Lagos Salados los Capsienses recogieron caracoles, ingrediente básico de su alimentación, aunque probablemente ya en el periodo de Capsiense Neolítico.

Es la cultura Capsiense la que introduce el arte en el Magreb, con objetos muebles y grabados rupestres, siendo muy notables las plaquitas grabadas y los fragmentos de huevos de avestruz decorados, del periodo evolucionado, que alcanzan su apogeo en el periodo Neolítico, en el Oeste y la zona sahariana. La utilización de los huevos de avestruz como recipiente retardó la aparición de la cerámica.

Básicamente los Capsienses son receptores de influencias, de la Península Ibérica tal vez pero más probablemente de Egipto, donde los microlitos se usaban ya a finales del Paleolítico.

Avanzado el Neolítico importaron todos los animales domésticos, y su economía de cazadores - recolectores se transformo en una economía ganadera y pre-agrícola, sin abandonar la caza, sobre todo en el Oeste y en el Sahara.

EL NEOLÍTICO MAGREBÍ.

En el Neolítico se observa uniformidad cultural en todo el Magreb y el Sahara, con un neolítico de tradición capsiense en el Sahara y el Oeste de Argelia, mientras el neolítico de Marruecos y Túnez es de tradición Ibero-Mauritana; en las zonas donde no existía ninguna de las dos culturas existe un neolítico típico sahariano-magrebí.

El Capsiense Neolítico dio paso a una cultura Neolítica de tradición capsiense, caracterizado por los microlitos, que alcanza un gran desarrollo hacia el 3.000 a.C. Por la misma época se observa la aparición de una cultura magrebí de las Cuevas, donde aparece algo de cerámica, huevos de avestruz e industrias óseas, posterior a la época llamada de los Concheros (comedores de caracoles) propia del Capsiense neolítico. La aparición de esta cultura magrebí de las Cuevas deriva probablemente de la llegada de extranjeros, ya que la cerámica denota una influencia extranjera, especialmente en Marruecos.

Por la misma época en la zona sahariana y Marruecos alcanza gran desarrollo el arte rupestre, probablemente coincidiendo con el traslado a estas zonas de pobladores de cultura capsiense neolítica, encontrándose notables grabados en paredes rocosas en estas regiones y en general en toda la zona entre los Montes de los Nemenchas hasta Marruecos, pasando por la región de Djelfa, las cercanías de Tiaret, y el Atlas Occidental. Es un arte con muchos animales (elefantes, rinocerontes, búfalos, leones, jirafas, antílopes) que descubren un pueblo de cazadores, pero también ovejas, corderos y asnos, denotando un pueblo de pastores. Aparecen algunos esquemas de figuras humanas similares a los de la Cultura de las Cuevas de la Península Ibérica.

A partir del 3.000 a.C. están acreditados los contactos entre Europa (la Península Ibérica) y el Magreb y viceversa. También están acreditados contactos entre el Magreb y algunas islas (Sicilia, Malta, Cerdeña, Córcega), donde llegaron navegantes magrebíes quizás ya después del 2.000 a.C. Pero pese a ello la mayoría de las influencias culturales y las innovaciones proceden de Oriente (por ejemplo el perro y otros animales domésticos, procedentes de Egipto; la cerámica cardial; los cereales), aunque más tarde se difunde la cerámica campaniforme surgida en Andalucía, a su vez surgida de una influencia inicial oriental.

La influencia Capsiense es especialmente notable en Cerdeña, donde mezclada a otras influencias (Cultura del Vaso Campaniforme, de tradición dolménica, y aportaciones de los pueblos del Mar) dio origen a la población neolítica sarda (Cultura de las Nuragas hacia el 1.500 a.C., caracterizada por torres-fortalezas llamadas nuragas en las que se aplica el principio de la falsa cúpula originario del Mediterráneo oriental). En Córcega, en cambio, la aportación capsiense fue rebasada por los Pueblos de Mar. En Baleares surgió la cultura de los Talaiots , de la que después se hará una breve reseña.

Hacia el 2.000 a.C. llegaron desde la península ibérica al Magreb diversas influencias: la cultura dolménica y del Vaso Campaniforme (los dolmenes del Magreb son de reducidas dimensiones); las sepulturas en forma de silos o cistas, y los grabados rupestres. Las sepulturas de cistas son características de algunas culturas (ya hemos vistos la cultura de los sepulcros de Fosa de Catalunya) entre ellas la de la Cultura de El Argar o Agar (hacia 1.500 a.C.) que corresponde al Neolítico final y se reseñara oportunamente.

La Cultura del Vaso campaniforme presenta algunos hallazgos en el Magreb, pero en menor numero que en el Sur de la Península Ibérica (o que parece excluir la sugerencia de algunos prehistoriadores que sitúan su origen en el Magreb para extenderse luego hacia Andalucía, y luego hacia Europa). Parece claro que el Magreb fue zona receptora de esta cultura durante el Calcolítico Magrebí hacia 1.700 a.C.- 1.200 a.C., época caracterizada por una gran pobreza y una dependencia de las regiones mediterráneas.

Hacia el 1.500 a.C. llegaron al Magreb guerreros armados con espada y jabalina, que criaban caballos, y establecieron una nueva cultura a la de pastores y bóvidos existente. Estos pueblos belicosos, cuyo armamento era similar al de los actuales Tuareg, introdujeron el caballo árabe, el carro, las armas y el metal. Se trataba al parecer de los pueblos Garamantes y Gétulos históricos, constructores de monumentos funerarios, y que adoraban al “Carnero Solar”. Por la misma época una emigración por mar de habitantes de la costa marroquí, quizás huyendo de los invasores, pobló las Islas Canarias. Estos emigrantes presentaban rasgos raciales cromañonoides, conservados en Marruecos. También en la misma época la región sufre múltiples influencias mediterráneas: los dolmenes de Argelia y Túnez derivan de los del Sur de Italia y Cerdeña; los sepulcros excavados en las rocas (“Hauanet”) del Norte de Túnez, parecen también ser originarios del Sur de Italia; la cerámica modelada y pintada (llamada beréber o cabila) extendida por todo el Magreb, procede de Oriente a través de Sicilia.

En esta época en que concluye el Neolítico magrebí, la población local era sedentaria, con vastas necrópolis, practicaba la agricultura y la ganadería y modelaban y decoraban la cerámica inspirados en técnicas del Mediterráneo oriental. La civilización urbana daba sus primeros pasos.

EL NEOLÍTICO FINAL O ENEOLÍTICO.

Este periodo se extiende aproximadamente entre el 2.500 y el 1.800 a.C. (1.700 a. C. en Navarra).

En esta época llegaron a Francia, y eventualmente también pudieron llegar a Navarra, tribus de prospectores, cazadores y comerciantes, procedentes del Sur de España (cultura del vaso campaniforme) y de Europa Oriental. Estas corrientes migratorias, sobre todo la primera, debieron atravesar Navarra, pero no parece que se asentaran en ella.

Característica de este periodo es la importancia que adquiere la navegación. En esta época se han poblado las islas mediterráneas, y las travesías, antes efectuadas a lo largo de las costas, pueden ahora aventurarse a mar abierto.

En esta época, y en diversos puntos de Europa, aparecen representaciones de naves, probablemente de remos y hechas de madera.

Los pueblos Pirenaicos, practicantes de la trashumancia, alcanzan una relativa homogeneidad por todas las zonas que ocupan y a ambos lados de los Pirineos.

NUEVAS EMIGRACIONES ORIENTALES.

Los contactos entre la población local y los emigrantes orientales (Cultura Almeriense dio lugar a la formación en el Sudoeste y Oeste de la península a una cultura megalítica, que hacia el 2.500 a.C. se extendió al Norte, y suplanto a la cultura post-mesolítica Asturiense, alcanzando después a Navarra.

Hacia el 2.500 a.C. llegaron al Sudeste español nuevas oleadas de colonizadores orientales que suplantaron a los anteriores (Cultura Almeriense dando origen a la llamada Cultura de Los Millares, netamente metalúrgica. Eran buscadores de cobre, y sabían trabajar este metal, que era abundante en la Península Ibérica. La muralla de Los Millares esta fechada mediante el sistema del Carbono 14, hacia el 2.350 a.C. Parece casi seguro que esta cultura irradio hasta el Valle del Ebro, por lo cual es posible que tuviera una ligera incidencia en Navarra, y que fuera de algún contacto cultural entre la Cultura de los Millares y la población neolítica de Navarra como entró la edad de bronce en esta región, probablemente después del 2.000 a.C. (¿hacia 1.700 a.C.?), aunque ningún objeto de cobre o de bronce de esta época se ha localizado en el territorio, y sabemos que los habitantes de Navarra conocieron primero el oro (en vasco urre) y después el cobre (en vasco urraide, derivado de urre -oro- y aida -semejante).

Desde el 2.500 al 2.000 a.C. los buscadores de metales abundan en las costas del Sur y Este.

Una tercera oleada debió llegar hacia el año 2.000 a.C. y penetro profundamente en la Península, en cuyas parte Norte, Sudoeste y Oeste se desarrollaba la cultura llamada Megalítica ya citada, mientras en el Centro y el Sur se desarrollaba todavía la cultura de las Cuevas. Del contacto entre estos últimos emigrantes orientales y las gentes de la Cultura de las Cuevas surgió la llamada Cultura del Vaso Campaniforme, iniciada en el Sur, y extendida con rapidez por toda la Península, y más tarde, seguramente a raíz de una nueva emigración oriental, hacia Francia, Alemania y Austria, Norte de África (hacia 1.700 a.C.) y alguna de las islas del Mediterráneo (Cerdeña). Característica de esta cultura es el vaso campaniforme que le da nombre, y el puñal de cobre batido, técnica retrograda de trabajar el cobre en relación a la practicada por los hábiles metalúrgicos de la Cultura de los Millares; también se caracterizaba por la existencia de dolmenes. La cultura del Vaso Campaniforme se prolongo del 2.000 a.C. al 1.500 a.C. aproximadamente.

La cultura dolménica de las Cuevas fue desapareciendo bajo la influencia de las culturas vecinas. La cultura megalítica se extendió profusamente por el Norte de Navarra hacia el 2.000 a.C. aunque no alcanzo la parte Sur, donde persistió una zona cultural neolítica caracterizada por pequeños poblados cuyos restos podemos seguir por los talleres de sílex localizados en la zona y que probablemente comprendían un período más amplio de tiempo (hacia 2.500-1.500 a.C.). Más tarde lo trataremos con más detalle.

En su expansión hacia Europa la cultura del Vaso Campaniforme debió afectar a Navarra, pero no ha dejado apenas rastros. Es posible que algunos viajeros se asentaran en el territorio, pero ningún rastro antropológico lo atestigua. La emigración de los pueblos de la Cultura del Vaso Campaniforme, que tuvo lugar hacia 1.700 a.C., coincidió con la llegada de una nueva oleada oriental que dio origen a la cultura de El Argar, y que probablemente ejerció presión sobre las tierras donde aquella cultura se desarrollaba. Reseñaremos algunos aspectos de la cultura de El Argar al estudiar la edad del Bronce, a la cual pertenece.

EN NEOLÍTICO FINAL EN NAVARRA.

La población de Navarra se mantuvo como antaño en cuevas, aunque ahora algunas de ellas están excavadas en la roca blanda en la zona de la Ribera.

En general la vida no sufre demasiados cambios en relación al periodo anterior, y la cultura Megalítica tiene un progresivo desarrollo, extendiéndose (procedente de la zona Cantábrica) por el Norte de Navarra, mientras al Sur la cultura neolítica local debió verse influida por la cultura del Vaso campaniforme, que probablemente cruzo la región en su desplazamiento desde el Sur de la Península hacia Francia y Europa Central, sin que pueda excluirse que alguno de los representantes de tal cultura se estableciera en la zona. En cambio la extensión de la cultura megalítica tuvo probablemente un sentido de extensión religiosa y no existió desplazamiento de población.

La piedra en general y el sílex en particular sigue siendo el material común utilizado para la mayoría de utillajes (al igual que en toda la península) junto a cuerdas, maderas, arcilla, mimbre, cuero y pieles.

La vida evoluciona poco y la estratificación social y las nuevas formas de vida a que dará origen la posesión de los metales no se perciben todavía. La baja densidad de población, y la existencia ilimitada de materias primas hace que todos los hombres dispongan de las mismas cosas. El aumento de los rebaños era solo una cuestión de persistencia en las cacerías; la posesión de la tierra no era problema al estar casi todas libres de ocupantes. Ya hemos visto no obstante que la habilidad en la caza era un signo de distinción social que otorgaba alta consideración.

La posibilidad para todos de disponer de las mismas cosas y la inexistencia de asentamientos fijos permanentes (como ciudades) hacían que las guerras se limitaran a pequeñas escaramuzas tribales por conflictos surgidos por la posesión de piezas de caza, tierras de caza, o eventualmente por raptos (como en algunas tribus atrasadas de la actualidad) y probablemente por la necesidad de capturar guerreros o miembros de otras tribus para sacrificios humanos o rituales mágicos o religiosos.

En esta época, y aun durante la edad del Bronce, que llega tardíamente a Navarra, los guerreros van desnudos, llevan el arco en la mano derecha, y las flechas en la izquierda. La aparición de prendas de vestir, como pieles atadas a la cintura o protegiendo los pies y las piernas, aparecen en Navarra algo más tarde. Parece que usaban barbas y bigotes y adornos en la cabeza (plumas atadas, cuernos). Probablemente fue con la llegada de los metales cuando empezaron a afeitarse la barba (o a dejarla corta) predominando los grandes bigotes.

En las épocas de frío se cubrían con pieles de oveja, de cabra o de vaca.

Los guerreros disponían de un jefe cuya jerarquía se establecía por los adornos de la cabeza, que eran más grandes y complejos que los de sus subordinados. Además el jefe llevaba el arco en la mano izquierda, y las flechas en la derecha.

El hechicero de la tribu es un personaje que disfruta de alta consideración social. Como ya hemos visto usaba un disfraz de toro, mientras su ayudante o ayudantes usaban disfraces de otros animales, seguramente pieles de hiena, y tienen menos categoría, ejecutando las danzas rituales bajo la dirección del hechicero jefe.

Sobre los adornos en la cabeza existen varios tipos. Su desarrollo a fines del segundo milenio indicaría la existencia o el crecimiento de las diferencias sociales o jerárquicas. Así existen gorras como sombreros de copa, gorras de tipo bala, con adornos o sin ellos, gorras con visera o doble visera delante y detrás, gorras esféricas con colgantes laterales, gorras cilíndricas, cilíndricas de base estrecha, pañuelos atados a la cabeza, etc... También existen adornos como brazaletes, brazaletes con cintas, rodilleras, botas, pantalones hasta cerca de las rodillas, pulseras, faldones delanteros, etc... La practica de la agricultura debía ser frecuente en las zonas bajas.

NAVARRA AL NORTE Y AL SUR.

Los pueblos Pirenaicos adoptaron dos tipos culturales diversos: al Norte, la cultura megalítica procedente de la cornisa Cantábrica, penetró y alcanzó la costa catalana. Al Sur, persistió una cultura neolítica local, caracterizada por los enterramientos en cuevas, y las ofrendas a los muertos. Parece haber existido un culto al Sol, deducción basada en la orientación de los cadáveres. Se han localizado numerosos talleres de sílex al aire libre, de los que se contabilizan hasta treinta y cinco, fechados entre 1.800 y 600 a.C.

La cultura megalítica extendida por el Norte, hace que proliferen los dolmenes, entre los que destacan el de Artekosaro en la Sierra de Urbasa, muy típico, con dos piedras horizontales y una vertical, y con las paredes en pendiente de piedras; el de Ausokoi y el de Jentillari en Aralar, y otros, sobre todo en las Sierras de Aralar, Urbasa y Andía, en Erro, Navascués, Bigüezal, Erraza y Artajona.

El dolmen es común por las zonas de pastoreo, lo que indica su propagación por contacto de los pastores.

Los dolmenes contabilizados en Navarra superan los doscientos cincuenta.

Constituyen sepulcros familiares construidos con grandes losas.

Al parecer estos dolmenes se construyeron en el Neolítico final pero volvieron a ser reutilizados en la edad del Bronce, a partir del 1.600 a.C. aproximadamente.

Tanto en el Norte como en el Sur se han localizado cuevas habitables, entre ellas la Cueva de la Foz de Arbayun (cuya utilización se sitúa aproximadamente hacia el 1.600 a.C. o sea al principio de la Edad del Bronce), la de Valdesoto, y la de Aspurz. Las tres cuevas citadas se sitúan cerca de Navascués, en la montaña. Una cueva de carácter sepulcral se localiza en Urbiola.

Demografía.

Hacia esta época la población de Navarra rondaba los dos mil habitantes, sin quizás alcanzar esta cifra.

CULTURAS DEL FINAL DE PERIODO.

Al final del periodo se diferencian claramente (con diversos sub-matices) las siguientes culturas:

En el Norte (Pirineos, Cantábrico y hasta Aquitania) y Oeste, la cultura llamada Megalítica evolucionada sobre el terreno y con diversos aportes culturales y no étnicos.

En el Centro, Sur y el Levante, la cultura megalítica o dolménica de las Cuevas va desapareciendo, suplantada por la cultura del Vaso Campaniforme, irradiada desde el Sur por emigrantes orientales mezclados a la población local, y en proceso de desplazamiento hacia Europa.

En el Sudeste (litoral Mediterráneo al Sur del Segura) la cultura de Los Millares, de influencia oriental (siria, chipriota y quizás egipcia), continuadora de la cultura Almeriense.

Hallazgos neolíticos en Navarra.

Aparte de los que se mencionan en otras partes del capitulo, se han hallado restos de cerámica y otros utensilios en la cueva del Río Zatoya (Abaurrea Alta).

Hallazgos menores se localizan en las comarcas medias de Navarra y en la Ribera de Ebro hasta Corella, detectándose básicamente en la zona de la Ribera la excavación artificial de cuevas en las rocas blandas.

EL CALCOLÍTICO.

Se reserva esta denominación para algunas culturas, que presentan rasgos claramente diferenciados, en el periodo entre el 2.500 y el 1.800 a.C., a caballo entre el neolítico y la edad del Bronce.

Exponente de estas culturas calcolíticas es la llamada del vaso campaniforme, surgida en el Sur de España, y a la que ya hemos hecho referencia, caracterizada por la decoración por zonas.

Otra cultura característica es la de ornamentación por cuerdas originaria del Norte de Europa.

Ambas culturas se desplazaron de sus primitivos asentamientos y emigraron, quizás empujados, hacia Europa (Francia y Alemania).


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