Ejercitos Califales

El ejército del califato que comenzamos a tratar con el reinado de Abderramán III, conservará, en términos generales, las características del emirato hasta el reinado del califa Hisham II (976-1009) y siendo su composición muy similar al del ejército organizado por Alhakan I, aunque pudieron diferenciarse mejor las tres clases de tropas que la integraban. Es decir, los mercenarios, las tropas reclutadas en los yunud en caso de guerra y los voluntarios de la guerra santa.

Abderramán III que no logró acabar con la resistencia de Omar Ben Hafsún, eludiendo constantemente un enfrentamiento directo, se encuentra en el año 917 con un acontecimiento que cambiará el devenir del Califato y no es otro que la muerte de su oponente. Abderramán toma las riendas del poder y lucha contra los descendientes y partidarios de Omar Ben Hafsún logrando aumentar su poder y se lanza a una guerra santa contra dominios cristianos.

Los mercenarios o hasham continuaron representando el núcleo principal del ejército musulmán. Entre estos mercenarios, que percibían una soldada o mustaziga y estaban organizados en unidades de carácter regimental, existieron en determinadas épocas negros sudaneses serviles.

El segundo elemento de las tropas califales por su importancia eran los contingentes movilizados en los yunud y en las curas o provincias, en cumplimiento del deber de todo musulmán de participar en la lucha contra los infieles. Los gundi así reclutados por los gobernadores al recibir la orden del califa lo eran en un número determinado, comunicado anticipadamente.

La movilización, denominada istinfar obligaba a los inscritos en el diwan, o registro. De todos modos, la efectividad de esta obligación del servicio de las armas no fue nunca muy real, disminuyendo con las medidas introducidas por Almanzor. Su eficacia, por otra parte, ha sido puesta en duda en algunas fuentes árabes, achacándoles su poca disciplina, su ausencia de bravura y hasta su escasa habilidad para montar a caballo.

Los datos concretos de este reclutamiento son, además, bastante vagos. Comprendían a los descendientes de los sirios de Balch, establecidos en curas constituidos en yunud o cura muyanada. Pero ya en el siglo X el yunud dejó de aplicarse exclusivamente a ellos para aplicarse a todos los habitantes del AI-Andalus también (árabes, bereberes y muladíes) inscritos en el diwan.

Las exclusiones a esta obligación debieron ser importantes durante los tiempos del califato y también del emirato, en lo que influiría el estímulo de los propios califas por razones de hacienda. La exención, que implicaba una prestación en metálico, suponía unos ingresos que servirían para atender a los gastos que supoman los mercenarios.

Las acciones de Abderramán III se expanden hacia el norte donde vencen las resistencias cristianas apoyadas por los Ben Casi y numerosos príncipes muladies de forma que los existos militares de Abderramán III continuan desde la muerte de Omar Ben Hafsún y los territorios antes coupados, son recuperados año tras año.

Finalmente y con el objetivo de acabar con las resistencias de los insumisos de Barbastro, armó un poderoso ejército que atacó a los hijos de Omar Ben Hafsún y tras una dura resistencia, la rebelión del emir es sofocada por lo que el Estado de Omar Ben Hafsún, enfrentado durante 48 años a los sucesivos emires Mohamed I, Almudir, Abdalá y Abderramán III, llegó a su fin.

Volviendo a la organización del ejército, se agrupaba en cuerpos de peones, rachchala, y de jinetes, fursan. La división, en unidades, tenía como base el número cinco. El cuerpo, que pudiera tener 5.000 hombres, estaba mandado por un amir, compuesto por cinco agrupaciones de 1.000 hombres bajo un caíd.

El caíd tenía bajo su autoridad a cinco naqib, que mandaban 200 hombres. Cada unidad de esta clase se descomponía, a su vez, en grupos de 40 hombres a las órdenes de un arif. Finalmente, el arif mandaba a cinco nazires de 8 hombres.

Había también otros cargos o jerarquías que se distinguían por su distinto cometido: el amir al manzil, encargado de escoger y regular los campamentos; el rayid, que tenía a su cargo lo relacionado con el forraje; el dai, semejante al heraldo o mensajero, y los amir al tehibayh, que debían ocuparse de vigilar las formaciones, colocándose en lugares apropiados.

Había también administradores de justicia, pagadores, encargados del diwan y médicos y cirujanos. Los efectivos en campaña de los mercenarios y alistados, es decir, sin incluir a los voluntarios de la guerra santa, no debieron ser muy elevados hasta Hisham II. (976-1009) y (1010-1013).

Abderramán III muere en el 961, y tras un periodo de esplendor, nunca conocido, entrega el trono a su hijo Alhaquem II que se encuentra con un reino próspero en paz. Continua la expansión de territorios con victorias contra los cristianos en Calahorra y Barcelona y consigue de estos el reconicimiento de su soberanía. Finalmente antes de su muerte Alhaquem II, logra numerosas vistorias entre las que destacan las de Gormaz , Langa y vados de Duero y consigue sofocar las rebeliones en el Norte de Africa del señor de Bizerta y de los fatimistas en Peñas de Aguila.

A la muerte de Alhaquem II en el año 976, le sucede en el trono Hixém II, que si bien es el nuevo Califa, encontrará su reinado siempre oscurecido por la figura de su primer ministro Mohamed Ben Abí Amir, más conocido como Almanzor.

Volviendo a la organización del ejército las expediciones antreriores que pudieron llegar a los 35.000 hombres, en tiempos de Almanzor doblaron este número y la división del territorio en curas, o provincias, tomaba el nombre de thugur cuando se aplicaba a las zonas fronterizas con los sirios cristianos, siendo verdaderas marcas militares con la misión de contener o repeler las incursiones enemigas.

En vez de un valí, estaban bajo la autoridad de un caíd, y originalmente pudieron existir tres: la «superior», la «media» y la «inferior». En tiempos del califato se redujeron a dos: la «superior» o «extrema» ( al-thagr-al-ala o al-alaqa ) con capital en Zaragoza y la «mediana» o «próxima» (al-thagr-al-awsat o al-aduia) con capital en Medinaceli

La marca «superior», que cubría básicamente el territorio aragonés, tuvo casi siempre una semi independencia característica, conduciéndose sus caídes como verdaderos señores feudales. La misión de estos caídes era sumamente compleja y su mando exigía dotes poco comunes. Debía atender al estado de las fortificaciones y mantener el nivel combativo de las fuerzas existentes en sus demarcaciones.

Había de ocuparse también de tener bien guarnecidos los puntos más débiles de la frontera, relevando las fuerzas allí apostadas cada seis meses. Estas tropas debían alojarse separadamente, lejos de las poblaciones, y estar suficientemente atendidas para impedir que molestasen a los pobladores de aquéllas. Para cumplir con estos cometidos debía el caíd contar con adalides de confianza y confidentes, a ser posible infieles.

Después de estas tropas, que pueden considerarse como regulares, el ejército musulmán estuvo siempre reforzado por «combatientes de la fe» (al-muchahidum), que acudían como voluntarios de la «guerra santa» o chihad. Procedían tanto del AI-Andalus como del otro lado del estrecho.

Las reformas implantadas por Almanzor dieron una nueva estructura y naturaleza al ejército del califato. Lo más destacado de sus medidas fue la berberización del ejército, pero este fenómeno se inició en realidad durante el reinado de Alhakan II (961-976) con la admisión a su servicio de grupos guerreros berberiscos. Incorporó primero una escolta negra , abid, comprada a su señor Chafar ibn Ali, admitió un número indeterminado de guerreros reconocidos, que eran clientes de los idrisíes , vencidos por sus tropas en el norte de Africa, e hizo venir también a los jinetes de los Banu Birzal, procedentes del sur de Ifriquiya.

Almanzor tuvo la ennorme habilidad política de contrarestar elas influencias próximas del Califa y la de organizar expediciones guerreras espectaculares que le dieron enorme popularidad, eliminando de los círculos proximos Hixém II a personajes tan inflyentes en la época como Al-Mohafi, al general Galib vistorioso de Gormaz y vados de Duero y al Almirante Rumahis.

En el año 981 y tras sus conquistas en Zamora, Rueda, Simancas, Almanzor se autoproclama " Victorioso de Dios ", siendo este un título reservado a los Califas y provocando el recelo del mismo. Almanzor comprende que la mejor opción para garantizar la adhesión de los cordobeses se basará en aportar nuevos y espectaculares triunfos militares, lo que le lleva a la organización de un poderoso ejército, sin precedentes.

Almanzor estimula la venida a AI-Andalus de bereberes, hasta convertirla en un flujo continuo. En ocasiones fueron grupos tribales completos los que fueron invitados a pasar a AI-Andalus, entre ellos, como más conocidos, el de los Banu Ifran y el sinhachi de los príncipes zivíes, que luego fundarían un reino de taifa en Granada.

También introdujo Almanzor grandes modificaciones en la estructura tribal de las unidades de los yunud, rompiendo así los lazos familiares y de clientela. De esta forma creyó consolidada su posición personal en el poder, al prevenir el peligro que representaba la aristocracia militar del califato y abrir el camino hacia el robustecimiento del hasad al igual que facilitó la exención del servicio militar del AI-Andalus a cambio de subsidios.

Durante 21 años Almanzor se convierte en el azote de los reinos cristianos que deben conpemplar impotentes las conquistas en Galicia, Castilla, León, Cataluña e incluso la humillación de tener que entregar Sancho Gracés II, por entonces rey de Pamplona, a su hija Aba como esposa al musulmán y que sería a la postre la madre del futuro Abderramán " Sanchuelo ".

Finalmente los cristianos logran detener a un Almanzor muy anciano en Catalañazor, que aunque no se deba considerar como una verdadera victoria, sí marcará un hito en la desintegración del poder Califal, ya que una de las consecuencias de la batalla en la que es herido de gravedad Almanzor, será su muerte en Medinaceli el 11 de Agosto del 1002.

Asistimos finalmente a un rápido desmembramientio del poder de Córdoba que en apenas 30 años y pasando por una sucesión de más de 10 callifas acabará cuando Hixém III (1027-1031), suba al trono con 52 años, en pleno proceso de descontrol social y económico originario de un régimen anárquíco que conducirá a innumerables sublevaciones entre las que destaca la cordobesa de Ban Yahwar, que apoderandose del Alcazar, derroca a Hixem III dando fin a la disnastía de los Omeya. Con su muerte, acaecida en Lérida en el año 1035, el califato de Córdoba se fraccionará con extraordinaria rapidez dando entrada al periodo conocido como reino de Taifas.

Explicar un tan rápido fraccionamiento es difícil pero posiblemente habría que buscar sus orígenes en el absolutismo de los Califas, la mezcla de razas que conllevan rivalidades e incomprensiones constantes, las intrigas y ambiciones de los esclavos y mercenarios encumbrados por Almanzor patra consolidar su ejército y sus conquistas y la cada vez más constante intervención de los reyes cristianos en los asuntos califales.

Datos de " Historia del Ejército español " S.H.M y Del Guadalete a Pamplona (J.L. Costas)