ÁNGEL LUIS TORRES
Nacido en Juncos, Puerto Rico, en 1950. Pasó su infancia y adolescencia en
la
ciudad de Guayanilla, Puerto Rico. Poeta y narrador. También ha trabajado como obrero,
encuadernador, guía de museos y profesor universitario. Fue fundador de la revista de poesía
Palestra. Ha publicado los poemarios La
ciudad asedia (1977), Itinerarios (1987), Oración por la elipse de un planeta
muerto (1988) e Ira lira (1989). También
ha publicado dos volúmenes de cuentos: Parcelaciones (1988) y Parcelas Magas
(1989). Su poesía figura en Poesiaoi: antologia de la
sospecha (1978) y Poesía militante puertorriqueña (1979).
TODOS LOS DÍAS
Todos los días mueren
a latigazos hambrientos
más de un millón de muertos
en el mapa mundial.
Mientras, los apolos juegan
a brincar el charco con la luna,
y los poetitas azules
lanzan el verso como una cana al aire.,
Para colmo, acuso,
se pretende que los poetas,
esos seres de rabia apretada
duramente contra el siglo,
rían, gocen y se diviertan cantando
caprichitos plásticos
cuando el mundo,
esta tierra tremendamente nuestra,
vive elevada
a la cuarta potencia del sufrimiento.
POÉTICA
Un poema es algo más que palabras.
Es luz desnuda.
Un beso partido en lejanía
cuando el hombre sueña.
Surco partido en dos distancias
sobre una misma tierra.
Sur para el caminante
cansado de caminos.
Es fusil, ardiente militante
que en versos conspira.
Es de pueblo esencia sangrante
por su carne aprisionada
mas en batalla erguido.
Un poema, en fin,
es una ventana más de acceso al alma.
ANTI-NANA DE LA RAZÓN
Si ves mis ojos recientes
de tenso verde vidriados;
cromos que tras un sueño de auroras
parecen haber volado
cual amantes solares
de los brezales de estío;
y mi corva cerviz de cieno, sudorosa
como un océano inclinado
al peso de mustias mañanas plenarias,
cansado como luna amortiguada
tras el pan tantas veces deseado
para tu tierna boca
—no me culpes—
albor y continuidad mía
—no me culpes—.
Sabrás algún día mis esfuerzos
que de tan hondos parecieron ocultos.
Rama tierna, capullo, apenas
de mis profundas raíces aéreas
sé que comprenderás cuando puedas,
al aire esbozar libre tu diadema de juegos,
por qué sólo pude entregarte
una tórtola triste
de la que me creí dueño.
POBRE ESTE PAPEL
Pobre este papel
tan ordenado
que tiene que soportar
lo que no soporto dentro;
desavenencias de carácter,
corrosión de ácidos airados
toda clase de bilis supuradas
y hasta esta melancólica situación que escribo.
Pobre de este papel inútil
que soporta
éste otro arrugado.
SIEMPRE HA POSADO LOS OJOS
Siempre he posado los ojos
en los adoquines nostálgicos
que misteriados de cantera y salitre
tiemblan mi estatura desplazante,
rodadora por lugares solitarios,
sin brío.
Levanta la ciudad su arquitectura
en surcos de injusticia
y se siente sulfurar mi ira
entre lazos y redes inconforme.
Terrible en la ciudad es el hombre.
Vive y repta las paredes,
exhibe sus heces, explota y corrompe.
Pero el hombre es el hombre.
Sorprende en el gesto y el acto.
Entre charcos, su piel sueña lozanías
y del polvo molido de sus uñas cava,
levanta, construye al barro, al metal
a verso y piedra,
un camino donde al final sus cálidos
y luminosos rayos el sol esplende.
¡Terrible es la ciudad sin el hombre!
NOÁRBOL
Un hueco sonoro
donde otrora el árbol.
Un rastro subyace.
Savias en el suelo
truncas de ramaje.
Pulpa sangrante
descuajada en pájaros
errantes, desnidados
hacia el abismo álil.
Vuelca la corteza
su humedad interior
de tibieza fértil
oreando gránulos.
Ya un hueco abundoso
en soledad de paraje.
Guarnecida en su sombra
el hacha blandente
su avidez esparce.
Un hueco sonoro
donde el árbol antes
y en adusto polvo
humosidad de paisaje.
INTERROGANTE
Yo soy, consciente de mí
un fardo de preguntas.
Alguien, consciente de sí
podría aclararme
¿dónde diache consigo
el saco de las respuestas?
UMBRALÍA
Si a veces digo sombras
sé muy bien lo que digo.
Yo mismo soy el producto
de un pensamiento sombrío.
En un saco de sombras tibias
me acurruqué cuando líquido
y una estridencia oscura
fue mi mejor augurio.
Todas las sombras las palpé
como alción renegrío
para restañarle al alma
sus canjilones de limo.
En un largo collar de burbujas,
en cruenta posesión
de vidrios mordidos,
pasaron cual nubes podridas
las que de filo cortantes
herían esquinas en vilo,
las que escondidas
tras los espejos
hilaban humos cansinos.
La fugaz esperanza
tiznemente lejana
vistió su traje violeta
de hondo calado y frío.
La memoriosa silente,
galana de palabras,
mordió sus labios cetrinos.
Si acaso digo sombras
sé muy bien porque vivo
en el borde viscoso
de una sombra furor.
LA SOMBRA ASOMBRADA
En el principio y al final
está la sombra.
Desde la oscura acuosidad
hueca de la vida
ésa su otra
cara terrosa.
Mas el hombre, hábil forjador
de oscuridades,
construye con la noche
su crisálida
que mortecina pendula
en un hilo de ceniza
y atrae
en su oscilar invisible,
huidor de soledades,
multitudes de sombras agolpadas.
En su terrible afán de opacidad
la sombra se condena
hasta quedar bruñida
y renacer de nuevo
esta vez, asombrada.
COTIDIANA II
Hoy me nutre la tristeza
como un árbol disecado
la ausencia del pájaro.
Un profundo cisma encamina
tanta arruga cortante
por la hiel de las ansias,
que los ojos se quiebran
cual cristal congelado.
Ocurre me punzan
tantas lúminas
adversas,
que ruge la sombra
con sin par fiereza.
Pasa que
me nutren en decepción
todos los pliegues
y resquicios de este mapa.
Preparado por Alberto Martínez-Márquez