POETA INVITADO

 

 

DAVID CORTÉS CABÁN

 

David Cortés Cabán.  Nacido en Arecibo, Puerto Rico, en 1952.  Reside en la Ciudad de Nueva York desde 1972.  Se desempeña como maestro de escuela primaria y profesor adjunto en el Departamento de Lenguas Romances de Hostos Community College.  Fungió como coeditor de la revista Tercer Milenio.  Ha publicado Poemas y otros silencios (1981), Al final de las palabras (1985), Una hora antes (1990), Libro de los regresos (1999) y Ritual de pájaros: Antología personal 1981-2002 (2004).  Sus poemas y reseñas literarias han aparecido en revistas literarias de Puerto Rico, Estados Unidos, México, España y Venezuela.   Poemas suyos aparecen en Papiros de Babel: Antología de la Poesía Puertorriqueña en Nueva York (1991).

 

A TODAS LAS QUE FINGIERON CONVENCERME

 

Todas las que amé

y me amaron

las que me dieron a beber en sus labios dorados

el zumo de sus sueños

y luego

las otras

la mujer maravilla

el agua profunda de sus ojos azules

el color de su sexo

Jane la de Tarzán

su electrizante olor a selva

sus pecaminosos ojos de felino

y Ruth la moabita

como una espiga inclinada

sobre los campos silenciosos de Booz

Todas las que fingieron convencerme

de que yo era el más fuerte

el menos vulnerable a sus irradiaciones

el más propicio para luchar contra el engaño

todas las que mordieron el anzuelo feroz de mis palabras

que sepan

que nunca fui Clark Kent.

 

 

 

 

De El libro de los regresos

 

I

 

Si desean preguntarme

no traigo pájaros

espadas nubes o nodrizas

Muchachas que huelen a agua de mar revísenme

Uno y otro día yo he pasado

por un mismo lugar

y digo no ignoren este pueblo

no se engañen con estas construcciones

de grandes edificios

miren el verde ahora más frondoso

y el azul con tanta maña

detrás de los árboles en el cristal

las mariposas con todo el brillo de sus cuerpos

No miren tantos edificios pantanosos

la libertad es más exacta y tiene un solo rumbo

Si creen que soy un extraño revísenme

pero nos e dejen engañar por los peces.

 

 

 

 

X

 

Conozco

una isla

transcurre dentro de mí

es larga y tierna como una espiga de cristal

Va y viene y hace fiestas y hace lumbre

para el que anda lejos y esparce la fogata

y dice éste no es el camino éste no es el eslabón

no hay pájaros no hay dulces cánticos

no hay montañas como girasoles

no hay leves palmeras

Mírame patria sin corcel entre el amarillo más frágil

con el viejo can que lame mis manos

Por ese cielo morado va mi vida girando

No mires al que desiende entre los verdes árboles

y toca con los labios la última vigilia

Danza conmigo Isla en la frontera de este abismo

cuando los pies no puedan con la arena del tiempo

y las pupilas no alcancen el horizonte

Acompáñame sé el tigre de Blake brillando

en las constelaciones de mi edad

Rescata mi desnudez.

 

 

 

 

XI

 

Te ofrezco

las ruinas de mis días venideros

y el inapelable signo de mi muerte

Dame a cambio

el rumor de tus ojos

esos puntitos fijos acechándome

y el filo de tu boca

que puede más

que todos los imperios de la tierra

 

 

 

 

XVII

 

No basta saber

que el destino de un hombre y una mujer

puede ocurrir de otro modo

Mientras tanto

no entremos en razones

Mortifícame

soy un hombre que viene

a celebrar tu cuerpo.

 

 

 

 

XXVII

 

No basta con exigir el único instante que tengo

para convencerme de que tu presencia

es un sol de pequeños recuerdos

o un delfín inclinado sobre mi propia sombra

Si sintieras todo este esplendor

fábula que nos oculta

como la huidiza huella de un antílope

o ciudades donde los peces saltan contra la luz

enloquecidos por el tedio de la noche

y el murmullo de trenzados cuerpos

que inauguran ese instante que ha dejado de pertenecerles.

 

 

 

 

DE CÓMO NOS HIERE EL TIEMPO Y LA SOLEDAD

 

No podemos escoger los días

no apresar los instantes

llegan sin pedir disculpas

como bestias endiabladas se tiran

a nuestros pies

se acurrucan y se echan como palomas turquesas

hasta cubrir el paisaje

Hoy mismo que camino esta callecita

vivo la luz lo diminuto lo más natural

el leve geranio el vientecito

Esparce la soledad de alguien

que vuelve oculto por estre huerto

y entra a la casa y abre las puertas buscando

no el verde que baila en la habitación

sino el día más solitario

la voz que apague esta brasa.

 

 

 

 

HE VUELTO

 

Nada que ofrecerte

sólo el paisaje

y el hermoso brillo del corcel

y el pájaro

solamente el pájaro

sobre la leve superfice

que vuela y resplandece,

pues cierra los ojos para verlo

lo demás es pura sed

eso que escogemos al azar

cuando la memoria esparce sus cenizas.

 

 

 

 

Y AHORA QUIÉN SOSTIENE AL MIRLO

 

Y ahora quién sostiene al mirlo

quién la inauguración del próximo instante

porque llega rodando como leve isla

se detiene y es el perfil

para los que pasan

y no ven

pero el mirlo es el mirlo

un círculo solamente

un pequeño girón de plumas silbando en el viento

un lujo y un yugo para mí que se hubiera preferido no verlo

porque vuelve una, otra y otra vez (los mirlos insisten)

y deja su brillo en el cristal.

 

 

 

 

NO VERÉ LA CIUDAD

 

No veré la ciudad

no veré el blanco lecho de los ancianos

llenando mis sueños

como amantes sobre un leve fulgor

no quieren ver cuánto he perdido

no sienten los negros ojos de una niña atándome

Soy un forastero soy el que anda sobre la roja llama

y regresa al palacio de cristal

igual queun viejo monje

ah mi suerte como esa rimita de invierno

o ese barco que desconozco

esperándome

pero solamente veo la lejana presencia deun desconocido

entre gentes que buscan los rasgos de mi niñez

las cicatrices de lugares extraños

mi corazón combatiendo lejanas fábulas

ah si solamente dijeran “muchacho siéntate a la mesa”

Cómo voy a sentarme.

 

 

                           Preparado por Alberto Martínez-Márquez