Fuente: Diario “El Mercurio”. Santiago de Chile, 12 de junio de 2002, A9

 

LAS SECRETAS RAZONES QUE NOS LLEVAN A MENTIR

 

MÓNICA CUEVAS URÍZAR

 

La mayoría de las personas miente en forma cotidiana para sortear situaciones o mejorar su imagen ante los otros. Así lo comprobó un reciente estudio psicológico realizado por la Universidad de Massachussets.

 

Desde pequeños se nos inculca que no debemos faltar a la verdad,  nos cuentan la tragedia de Pinocho casi como amenaza y hasta citan los Diez Mandamientos para hacernos comprender que mentir es malo. Pero la debilidad humana es mayor que cualquier advertencia, y la cantidad de veces que una persona miente puede alcanzar ribetes de escándalo.

 

Dos a tres mentiras por cada 10 minutos de conversación constató un estudio psicológico de la Universidad de Massachussets, Estados Unidos, que investigó a 242 estudiantes de esa casa de estudios. Se les dijo que el propósito era examinar cómo interactuaban al conocer a otra persona, con la que tendrían una conversación de 10 minutos. El 60% de los participantes mintió al menos una vez durante ese tiempo.

 

Los estudiantes fueron divididos en tres grupos. A uno se le pidió que trataran de caer bien; al otro, mostrarse como personas competentes, y al último no se le dijo nada.

 

El encuentro fue grabado con una cámara oculta, y una vez concluida la sesión, se pidió a los participantes que revisaran el video e identificaran cualquier mentira que hubiesen dicho, sin importar su “calibre”. El psicólogo Robert Feldman, a cargo de la investigación, afirmó que los estudiantes quedaron sorprendidos: “Al verse en el video encontraron que habían mentido mucho más de lo que creían”, cuenta Feldman.

 

Las faltas a la verdad variaron desde cuestiones irrelevantes, como decir que les agradaba una persona determinada, cuando en realidad no era cierto, hasta otras más extremas. Como afirmar descaradamente ser la estrella de una banda de rock.

 

Poca tolerancia

 

La mentira obedece al deseo de manejar la impresión que producimos en los demás, y tiene que ver con rasgos como la inseguridad. En ciertos individuos, esto se potencia generando una mayor necesidad de adaptar las conductas a lo que el ambiente muestra como apropiado, lo que en psicología se conoce como “automonitoreo”, explica Antonio Mladinic, doctor en psicología social de la Universidad Católica de Chile.

 

Existen, demás, factores culturales que influyen en el fenómeno. “No existe cultura alguna que acepte totalmente la mentira o que no afirme la importancia de la verdad, pero ciertamente lo que constituye una mentira puede tener distintos significados de una cultura a otra”, dice el investigador Robert Feldman.

 

En ello coincide Mladicnic, al afirmar que una “mentira blanca”, un “carril”, en buen chileno, puede ser una falta de honestidad grave para un norteamericano, por ejemplo.

 

El hecho es que en Chile, este tipo de “imprecisiones” son toda una institución. Para Mladinic, al estarmuy poco acostumbrados a la diversidad y ser poco tolerantes a la discrepancia y al error, los chilenos tendemos a mentir para parecernos lo más posible a lo que consideramos, en general, como aceptable.

 

“Somos extremos en ciertas concepciones; así, por ejemplo, la persona que es ‘buena’, es ‘buena, buena’. Al creer que las cosas tienen que ser perfectas para ser aceptadas, mentimos para modelar esa perfección”.

 

Además de la cultura, el género influye en la forma de mentir; así, en la investigación norteamericana aunque hombres y mujeres mintieron con igual frecuencia. El contenido de las mentiras era distinto. “Las mujeres tendían a mentir para hacer que el interlocutor se sintiera mejor, mientras que los hombres mentían más para dar una mejor imagen de sí mismos”, comenta Feldman.

 

Para Antonio Mladinic, estas diferencias obedecen a que hombres y mujeres han sido socializados desde niños en forma distinta, modelando sus conductas de acuerdo a roles.

 

“Mientras la definición de hombre se construye de conceptos orientados al logro –luchador, competitivo- a la mujer se la define como acogedora, madre, nutriente, protectora, y esas definiciones se proyectan a las formas de establecer relaciones”. Más aún en un contexto como el del estudio, en el que la persona se encuentra con un desconocido y trata de lucir lo mejor posible.