Mito de la caverna

Platón nos dice que imaginemos entre el fuego y los encadenados un camino elevado a lo largo del cual se ha construido un muro, por este camino pasan unos hombres que llevan todo tipo de figuras que los sobrepasan, unas con forma humana y otras con forma de animal; estos caminantes que transportan estatuas a veces hablan y a veces callan. Los cautivos, con las cabezas inmóviles, no han visto nada más que las sombras proyectadas por el fuego al fondo de la caverna como una pantalla en la cual transitan sombras y llegan a creer.

Platón, al representar el estado de la naturaleza humana con respecto a la ciencia y la ignorancia con el mito de la caverna, está justificando nuevamente la validez de su filosofía sobre las demás formas de pensar. Parece lógico que cualquier filósofo trate de hacer esto, y Platón lo hace de una forma admirable. La comparación que hace Platón en el mito de la caverna, es perfectamente válida para cualquier sistema que se base en las creencias de Platón.

El mito de la caverna nos plantea un dualismo permanente entre la realidad sensible y el mundo de las ideas, entre lo tangible y lo inmutable, entre la vida misma y la muerte, entre el día y la oscuridad, entre la salud y la enfermedad. Dualismo que en épocas recientes se ha tratado de abordar desde perspectivas más integradoras, totalizadoras, holistas, sin embargo, y a pesar del tiempo transcurrido desde la elaboración de este "mito", continúa siendo vigente en los albores del siglo XXI.

 

 

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