Jesús Delgado Valhondo: un grito de esperanza

Jesús Méndez Pérez

Este año vamos a escribir sobre alguien muy especial para Extremadura, Medalla de Oro de nuestra Comunidad: el entrañable maestro, poeta, don Jesús; porque para los que le conocimos, será siempre así: ese hombre bueno, cordial, campechano, entregado a la vida, sinceramente religioso, tiernamente familiar, con un profundo sentido de la amistad: “Uno de esos hombres que pasan por la vida de sus amigos, dejando huella” —escribía Sánchez Pascual en 1978.

Nada mejor que comenzar su biografía con el humorístico retrato que de sí mismo se hace el escritor:

“Me llamo Jesús Delgado Valhondo porque me parece que no podía llamarme de otra manera. Nací en la ciudad de Mérida, de lo que me encuentro orgulloso.

He vivido en Cáceres; ahora en Badajoz. Soy extremeño de pura cepa, como mis padres, como mis abuelos, como mis hijos...

He rodado por pueblos. He tropezado muchas veces y me he caído. Me he levantado siempre. Unas, con dolor; otras, con pena; otras con amargura. Después de una caída de estas, nunca me he reído.

Y me he reído, algunas veces, de mí mismo. He llegado, incluso, a no tomarme en serio. Esto hace que tenga un fino humor, aunque padezco un genio de postín. No tengo enemigos, por lo menos declarados, y si los tengo deben ser imbéciles. Sin embargo, tengo buenos y muchos amigos...

Creo en el pueblo, en el hombre —no en los hombres— y en Dios. Y en algunas pocas cosas mas...

Me conozco a mí mismo, y eso me trae disgustos y satisfacciones. Más disgustos que satisfacciones.

Duermo mal y sueño bien. Fumo mucho. Me encanta un vaso de vino bueno, hablar con un amigo, leer un libro interesante, jugar con mis hijos, oír a Beethoven... Y el cante jondo, claro”. [Nota introductoria a su libro “La Vara del Avellano”. (Colección Agora, Sevilla. 1974)]

 

Hermosa y sencilla semblanza, al más puro estilo clásico, que de sí mismo se hace don Jesús.

Jesús Delgado Valhondo, nació en Mérida, de familia acomodada, su padre era notario, el 9 de febrero de 1909. Huérfano de padre desde muy niño. Cuando tenía 7 años, según él contaba, producto de una caída, le sobrevino una cojera, que le acompañará siempre. Instalada la familia en Cáceres, empieza a estudiar Farmacia y más tarde Magisterio, convirtiéndose, desde muy jovencito, en un auténtico Maestro, profundamente enamorado de su profesión. Ejerció su labor docente en Trevejo, Zarza de Alange, Mérida y Badajoz, en donde se jubiló el año 1979, cuando impartía clases en el Colegio Público General Navarro.

Continuará su labor literaria repartiendo el tiempo entre su piso de Badajoz lleno de libros y recuerdos literarios; y su “rincón” rústico, en la pequeña aldea de Santo Domingo de Olivenza, en donde Jesús gustaba disfrutar de la naturaleza y del canto de los pájaros.

Murió en Badajoz, un caluroso 23 de julio de 1993. Su muerte fue muy sentida por el pueblo entero de Badajoz.

Sus amigos de siempre le recordaron con adjetivos como: generoso, lírico, intimista, delicado, tierno, vitalista, exuberante, irónico...

García Camino escribía de él en 1982, en la Revista de Estudios Extremeños:

“...hombre cordial, campechano, entregado a la vida familiar, sinceramente religioso, se caracteriza a sí mismo por una clara yeta humorística que tiñe muchos de sus poemas”.

En los ratos que le traté, allá en su pequeño oasis de tranquilidad, a los pies de la Sierra de Alor, me quedaba extasiado escuchando su amena verborrea, y cuando volvía hacia mi casa, siempre me decía: “Hay que ver la profunda riqueza interior de este hombre, y la, inmensa alegría de vivir que esparce en su derredor”.

 

Obra literaria

Tengo a gala haber sido alumno de uno de los profesores universitarios más significativos que han pasado por la Universidad de Extremadura: Ricardo Senabre; por ello, nunca mejor que comenzar a hablar de la obra de Jesús con un juicio crítico de este insigne profesor: “Pocas voces extremeñas hay más auténticas que la de Jesús Delgado Valhondo. Pocos poetas tan imprevisibles en su trayectoria, tan variados, tan fieles a la emoción del momento. Y muy pocos —muy pocos— tan exigentes consigo mismo, tan insatisfechos, tan tenazmente perfeccionistas”. (“Escritores de Extremadura”, de Ricardo Senabre. Colección Rodríguez Moñino n0 8. Badajoz 1988).

La obra literaria de Valhondo podemos estudiarla, fijándonos en su forma externa, en dos facetas: obra en verso, que lógicamente nos referimos a sus poesías; y obra en prosa, siempre llena de “poesía” que son sus maravillosos cuentos.

Su obra poética es extensa. Debido a las circunstancias sociales del momento tarda en publicar. Su primer libro poético no aparece hasta 1942, cuando el poeta tenía ya 33 años. Incluso, al faltarle el apoyo institucional, tiene que publicar continuamente fuera de la región extremeña: sus libros aparecen en ciudades como Alicante, Santander, San Sebastián, Sevilla... De todas las maneras Valhondo quiso ser siempre un poeta universal, no consintió nunca que le encasillaran en reducidos regionalismos.

Así la poesía de Jesús será admirada y muy alabada por extremeños como Eugenio Frutos, Pedro Caba (grandes amigos del escritor), Pedro de Lorenzo... pero también por escritores de fuera como Juan Ramón Jiménez.

Eugenio Frutos, su gran amigo, escribía sobre este particular: “Jesús Delgado Valhondo tiene su tierra, con su forma de entender la vida y con su paisaje, metida dentro del alma. Pero precisamente porque arraiga tan honda no necesita manifestarse a cada momento, ni mucho menos recurrir al pintoresquismo o al lenguaje convencionalmente regional”. (Antología. 1979).

En efecto, encontramos continuamente poemas a Extremadura, a sus ríos, a sus encinas, o alguna de sus ciudades en particular... expresado genialmente en la lengua más universal: el castellano cervantino:

Mérida

Mérida, ¿dónde te has ido
que no te siento?

Contrarias nuestras vidas
se nos están perdiendo

(Duerme la estatua, frío,
sobre su tiempo;
arco de puente y río,
dolor de sueño).
Tú te mueres de joven
y yo de viejo.

 Mérida, yo te piso
y tú ¡qué lejos!

 (“El año cero” 1950)

De “Canto a Extremadura”, poema premiado con la Flor Natural en las Juntas Literarias de Badajoz, también en 1950, entresacamos estos hermosos versos:

Encinas

“Yo no sé si la encina ha nacido de roca
o ha nacido de polvo que levanta el rebaño
o ha nacido de tierra, seca, caliente y loca,
o ha brotado en la siesta, o es un dolor extremeño.

Yo no sé si la luna resbalando en el suelo,
yo no sé si fue el búho inventándose el nido

o tormenta apretada a los barros del cielo
o cuento de la bruja o causado quejido.

Encinar extremeño, mis heroicas encinas,
mis sufridas encinas milenarias y llenas
  de cigarras, de tórtolas, de olor de campesinas,
como si fuese sangre sin encontrar sus venas”.

Su visión poética del hombre y de las cosas, sus profundas vivencias existenciales, la intensidad y riqueza de sus sentimientos y emociones, producen una gama emotiva muy variada: encontramos versos de gozo, de dolor, resignación, admiración, comprensión... Es una poesía que brota del sentimiento tal como quería Antonio Machado. Ya él decía con mucho humor: “Para escribir uso, dos muletas: Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado”.

Con la sencillez de un niño, con la ironía y suave burla que da la experiencia, Valhondo convierte en poesía todo lo que toca.

Son cuatro los temas fundamentales de su obra poética: Dios, el hombre, el misterio, la naturaleza.

El poeta se funde con el campo en simbiosis perfecta, dejando vagar su corazón por el hermoso paisaje extremeño.

“Se tiende el campo a descansar.
Subiendo está mi cuerpo de hombre solitario
la montaña,
en esta hora del día que deja caer
frutas entre los labios del paisaje.

.....................................................................

Se desgarran estrellas y caen sobre los árboles,
sobre la yerba fresca,
sobre piedras en color vencido,
depositando larvas estelares
por la rendija del alma de las cosas...

(“Un árbol sólo” 1979)

 

Hermosas metáforas, junto a audaces imágenes, se entremezclan con palabra: sencillas en un halo de misterio, de “música callada”, que escribía San Juan de la Cruz:

“Dichosamente cabalgan potros de lluvia,
fugas de fragancias campesinas
entre ramas de almendro que florecen
en el fondo ubérrimo de la gloria”

.....................................................................

Levamos subiendo montes mucho tiempo,
tanto que nadie me recuerda cuando subo,

.....................................................................

Sigo buscando la cima...
En la ladera un lagarto devora grillos
relámpago, urgencias, abuelos empapados de vino,
la amarillenta carta del campo...”

(“Un árbol sólo”)

Pero como vimos al principio Jesús no sólo pinta: el campo, la niebla, los animales... también le encanta cantar a ciudades y pueblos extremeños: Badajoz, Mérida, Cáceres... aparecen con frecuencia en sus poemas urbanos.

 

Estilo de su poesía

Eugenio Frutos, amigo y estudioso del poeta destaca como cualidad esencial de la poesía de Valhondo: la sencillez, tanto en la forma como en el fondo; una sencillez, sigue el crítico, que “la hace original y atractiva, incitante y devoradora”.

Aunque el vocabulario que emplea suele ser el coloquial y cotidiano, son, sin embargo, hermosísimas las imágenes, los símbolos y las metáforas que emplea:

“Pozos vacíos de ángeles
rebosan jugos de sombra:
humedad, sudor de voces
evocación de las cosas...” 
(“Antología” 1979)

A través de suaves pinceladas descriptivas Valhondo pasa con naturalidad de la cancioncilla asonantada al molde rígido del soneto, y del soneto a la fluencia del verso libre. “Pero en todos los casos se advierte una cuidada construcción textual, una organización interna meditada, coherente...”. (“Escritores de Extremadura” de Ricardo Senabre, pág. 273).

Madrugada
“Que si el caballo se va
y el gallo quiere alborada
entre la yerba pisada
queda noche por pisar”

Hermosa cancioncilla que ponemos en contraste con el soneto “Oh muerto mío”, soliloquio que refleja numerosos rasgos característicos de forma y fondo del poeta, y nos pueden dar idea de la riqueza y perfección poética de Jesús Delgado Valhondo:

Soneto

¿En qué rincón o cueva está tu vida?
¿Debajo de qué sombra tu mirada?
¿En qué profundidad está enterrada
tu risa luminosa sorprendida?

Oh cotidiano muerto, cruz soñada,
serena soledad de ti nacida,
ardiente brasa que me tiene herida
la memoria, la voz y la llamada.

Te busqué en las esquinas y en el viento,
en las horas y cumbres de tu frío.
Y eres el paso del escalofrío
Y eres el mar que en la nostalgia siento.
¡Oh presencia y dolor, oh muerto mío!

Esa acumulación de interrogaciones, para las que difícilmente hay respuestas, indican la filosofía machadiana (la otra muleta como decíamos al principio) que impregnaba el espíritu de Jesús Delgado Valhondo.

En fin estamos ante una obra poética extensa, de gran perfección formal y de una profundidad y exquisitez lírica que nos recuerdan a Juan Ramón Jiménez, Lorca, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego... y que lo acercan a los poetas de la discutida “Generación del 36”: Leopoldo Panero, Luis Felipe Vivanco, Luis Rosales...

En Extremadura los críticos literarios hablan con frecuencia del “Grupo de los tres”: Valhondo, Pacheco, Lencero.

 

Obra poética

Manuel Pecellín en el Tomo III de la “Literatura en Extremadura” enumera una bibliografía del escritor:

Hojas húmedas y verdes. (1944). El año cero. (1950). La esquina y el viento. (1952). La muerte del momento. (1955). Canto a Extremadura. (1956). La montaña. (1957). Primera Antología. (Diputación Provincial Badajoz. 1961). Aurora. Amor. Domingo. (1961). El secreto de los árboles. (1963). ¿Dónde ponemos los asombros? (1969). Canas de Dios en el almendro. (1971). Cerrada claridad. (1973). La vara del avellano. (1974). Entre la yerba pisada queda noche sin pisar. (Universitas Ed. Antología. 1979). Un árbol sólo. (1982). Inefable domingo de noviembre. (1982).

 

Obra en prosa

Jesús Delgado Valhondo posee también un rico patrimonio en prosa poética. Son sus hermosos cuentos. Son cuentos esencialmente poéticos, densos, tiernos, populares, a veces humorísticos, ambientados con frecuencia en Extremadura.

Muchos de ellos están extraídos del mundo infantil, dedicados especialmente a los niños; pero otros presentan temas profundos, como la muerte, el amor, la locura,...; eso sí, tratados siempre con esa intensidad emotiva, llena de poesía y humor, que, a través de suaves pinceladas descriptivas y de atrevidas imágenes, les dan un aire impresionista y a la vez misterioso.

La mayoría de sus cuentos están recogidos en tres volúmenes:

Yo soy el otoño (Colección Alcántara). Cuentos y narraciones (Ed. Extremadura 1975). Ayer y ahora (Universitas Ed. 1978).

Terminamos esta breve semblanza de Jesús Delgado Valhondo con las palabras de Ricardo Senabre (final de su trabajo literario sobre Jesús Delgado Valhondo en el libro: “Escritores de Extremadura”. Badajoz 1988):

“Sobran muchas glosas epidérmicas y faltan, en cambio, interpretaciones adecuadas que hagan patente el riquísimo mundo interior, la profunda coherencia y los extraordinarios hallazgos líricos de este poeta esencial cuya obra ha alcanzado ya categoría perdurable”. (página 293).

El autor es profesor del J.E.S. “Castelar” de Badajoz