ENSAYOS SOBRE EGIPTOLOGÍA 7

 

 

7  -  UNA APROXIMACIÓN AL SIGNIFICADO DE 'VIDA' QUE BRINDA EL LIBRO DE LOS MUERTOS

 

por   GUSTAVO IBÁÑEZ

 

 

Sumario.

 

1- Introducción.

 

2 - La Doctrina Heliopolitana.

 

2.1 - Cosmogonía Heliopolitana.

2.2 - Cosmología Heliopolitana.

 

3- Una aproximación a la Doctrina Osiriana.

 

3.1 - El Ingreso al Más Allá.

3.2 - El Difunto Purificado.

3.3 - El Juicio Osiriano.

 

4 - Consideraciones Finales.

 

5 - Guía Bibliográfica.

 

1 - Introducción.

 

Los antiguos egipcios se han caracterizado por su religiosidad, a tal punto que sus vidas - como su origen y su destino - estaban determinadas por la voluntad divina. Creían que todo lo que constituía el universo provenía de los dioses; éstos determinaban el progreso o el fracaso de los pueblos, entendían que sus relaciones eran regidas por la voluntad divina.

En un sentido moderno, la religión es todo un conjunto definido de creencias en estrecha conexión las unas con las otras y en armonía con una concepción fundamental de la divinidad. La concepción de religión en el Antiguo Egipto, para comprender su esencia, es necesario invertir los términos de la idea mencionada, pues su base no eran las creencias, sino el significado e importancia que se le otorgaban al culto de las divinidades locales(1).

Regidos por esta concepción, los dioses pasaron a convivir con los seres humano; esto determinó que los hombres se lo imaginaran a su semejanza y por ende, se originase la teoría de que los dioses le habían precedido en la tierra y que le habían revelado los medios de vida y los beneficios de su organización social. La tradición egipcia señala que las dinastías divinas reinaron con anticipación a los faraones, convirtiéndose así los dioses en los primeros habitantes del mundo, por lo tanto la sociedad humana se reflejó en la sociedad de los dioses(2).

Cabe destacar que la primera concepción del mundo partió de una idea sobre la diosa madre, adoptando los aspectos de una diosa del cielo y de la tierra. Esta idea apareció en el momento en que en el grupo humano la unión conyugal no existía de un modo estable, por lo que resultó primordial la significación de la madre como fuente de toda la vida, donde simbolizaba la fecundidad.

Esta idea se mantuvo hasta que surgieron las formaciones de las familias patriarcales, fue entonces cuando la idea de la madre ya no se concibió aisladamente, sino que comenzó a manifestarse la idea de esposa, la concepción de fecundidad pasó a ser representada bajo el principio masculino.

La noción de la familia patriarcal fue ciertamente la poligamia, se comenzó a representar al dios Min seguido de cuatro concubinas por ejemplo. Pero de esta idea sobre la poligamia inicial se ha desprendió la monogamia, esta se debió desarrollar pronto, ya que los dioses agrarios, salvo Min, se unieron todos a una diosa sola. A este estado monógamo correspondió el surgimiento de las familias de deidades, primero parejas, luego tríadas: Osiris se unió a Isis, Ptah a Sekhmet, Khnum a Setet, Shu a Tefnet, Upuat a Uadjet y Horus a Hathor; desde entonces se sustituyó a la diosa madre primordial como origen del universo(3).

Los dioses adoptaron así una apariencia real cuando se consideraron que habían descendido a la tierra, por lo que se tornaron visible; siguiendo a Moret se pueden establecer tres categorías por las cuales las distintas divinidades se hicieron presentes: en una forma inicial, una figura híbrida y en una forma totalmente humana. En la primera categoría toda divinidad se presentó bajo una forma inicial, animal, planta u objeto, cualquier ser donde resida el espíritu, que evolucionado se convertirá en Dios; en la segunda categoría fue bajo una forma híbrida, es decir, que el animal o el objeto se presentó combinado con el cuerpo humano, el cuerpo del hombre o de mujer era completo hasta los hombros, pero la cabeza representaba un animal, un objeto o un fetiche. Finalmente en tercer lugar, se presentaba bajo la forma enteramente humana, caracterizado por la conservación de un recuerdo de su antigua representación, ya sea parte de un vestido, del ornato o por un rasgo del individuo divino(4).

Cada pareja de dioses tuvo su propio grupo de súbditos, estos se reunieron bajo una misma base en común, poseían el culto a la misma deidad, transformándose en muchos grupos. Se estableció un nuevo elemento religioso de unidad: el nomo; este nomo estaba conformado por una determinada parte del territorio, la cual se encontraba a cargo de un determinado dios, lo que significaba un carácter local. Ese dios no tenía vigencia fuera de la ciudad o nomo donde era adorado; aunque fuera respetado, no era considerado superior.

En la ciudad o nomo el dios residía en un templo, su presencia era notada por medio de una estatua y por la cual sus fieles le rendían su adoración, es decir: culto. El culto comprendía una serie de actos que consistían en los cuidados físicos que se le daban a la estatua y clasificados en dos grupos: uno, el culto divino diario y el segundo, el culto privado(5).

El culto divino diario se iniciaba con el culto matutino que consistía en la preparación de las ofrendas de animales y de vegetales, una segunda fase consistía en el instante en que aparecía el sol por el horizonte, se abrían las puertas del santuario acompañado siempre por las oraciones y las ofrendas; una tercera fase comprendía los cuidados de la divinidad, la estatua tratada como si fuera un ser vivo era lavada, maquillada y revestida con ropas, siempre acompañado por las oraciones y las ofrendas según el caso; la fase siguiente, considerada como la principal era cuando la estatuilla era sometida a la unción con el óleo y recibía las ofrendas de los granos de sal y de la resina. Los actos finales comprendían libaciones de agua y fulmigaciones de incienso, la oscuridad envolvía de nuevo el tabernáculo donde se custodiaba la estatuilla; estas operaciones se repetían al mediodía en forma más sencilla y por la tarde(6).

A este culto se le añadía las salidas periódicas del dios, donde los fieles tenían la ocasión no sólo de ver a su dios, sino también de interrogarle sobre sus problemas.

Es cuando se da inicio a la otra categoría de culto, es decir, el de carácter privado, donde los fieles en particular, en las diversas circunstancias de la vida, ya sea enfermedades, peligros y felicidad, acudían al templo para impetrar la intervención divina por medio de las ofrendas y de las oraciones; incluso, dejando grabada las oraciones.

Una vez obtenidas las gracias volvían para testimoniar tangiblemente su gratitud, por ejemplo, la existencia de las deidades específicas presidían los nacimientos y a ellas se elevaban con frecuencia las plegarias; a la diosa hipopótamo Taut por ejemplo, las madres encintas le colocaban pequeños jirones de sus propias prendas(7).

Dentro de los cultos hay que considerar aparte, el culto funerario. Era creencia en el antiguo egipcio que su existencia no se acababa con su muerte, sino que con ésta se operaba una misteriosa transmutación en el ser humano; es decir que, los elementos espirituales que durante la existencia terrenal estaban encerrados en el cuerpo y que formaban uno solo, con la muerte se separaban y alcanzaban esferas diferentes(8).

La idea egipcia residía que, en el hombre existía un ser inmaterial que se le parecía mucho por la forma: era el "ka" o el espíritu, y que tiene con el hombre concreto la misma relación que el dios con el ser terrenal; con la muerte esta imagen se desprendía del cuerpo y seguía su propio camino. Además, el elemento vivificador concebido como alma "ba", al morir salía revoloteando del cuerpo en forma de ave. Esta alma en su concepto material era una parte integrante del hombre, era el verdadero asiento de toda fuerza vital y de todas las sensaciones; así, se diferenció del espíritu inmaterial. El ka es una reproducción de todo el hombre, el ba es una parte del hombre.

Los egipcios no concibieron después de la muerte una vida ulterior puramente espiritual, sino que necesitaron apoyarse para ello, en la existencia de la carne. El ka y el ba no eran el mismo hombre, sino solo partes de él y por eso al separarse por la muerte del cuerpo y al quedar éste abandonado a la putrefacción, quedaba mal parada la ulterior existencia del individuo real, por lo tanto se procuró conservar del mejor modo posible el cadáver y preservarlo de la corrupción por medios artificiales.

Así se confiaba el poder volver a vivir después de la muerte, los elementos separados podían volver a reunirse, el muerto podía disfrutar de nuevo de la vida.

Por otra parte la simple sepultura no era lo único en el culto, pues el muerto no podía atenderse, el espíritu estaba sin alimento y perecería si sus descendientes no cuidaban de él y no le proveyesen de manjares, bebidas y vestidos. Era un deber sagrado para los descendientes cuidar de esta suerte, del bienestar y de la existencia de sus antepasados; todos los días la familia se reunía para celebrar sus alegres comidas, debían preparar la mesa de sacrificio para el muerto, eran provista de carne y legumbres, como pan, cervezas y tortas(9).

Como es característico, la religión egipcia se basaba en los cultos de los dioses locales que gobernaban cada ciudad, lo que llevaba a convertirse en el rey de los dioses y más que nada como creador del universo. Las concepciones cosmogónicas que han prevalecido son las elaboradas por los sacerdotes de los dioses cósmicos que son el sol Re y el dios de la naturaleza, Osiris. Estas concepciones resaltaron dos cuestiones de interés para el hombre: por un lado el aspecto del Mundo, su origen, su creación y su gobierno; por otro lado el problema de la vida y de la muerte. El primer punto lo trató la doctrina Heliopolitana y el segundo, la doctrina Osiriana(10).

 

2 - La Doctrina Heliopolitana.

 

2.1 - Cosmogonía Heliopolitana.

 

En el Antiguo Egipto, el poder sagrado de los dioses no sólo se remitió a la explicación de los pequeños hechos cotidianos; se extendió a explicar los acontecimientos generales de la vida a gran escala.

Uno de los temas que preocuparon a los sacerdotes egipcios fue el referente a las concepciones cosmogónicas; éstas han sido varias a lo largo de todo el Antiguo Egipto, pero más que nada resaltaron dos concepciones, donde se destacaron las influencias de los dos principales dioses cósmicos: el dios sol Re, y el dios de la naturaleza y de los muertos Osiris. La primera concepción trató el problema del origen del mundo, su creación y su gobierno; mientras que la segunda abordó el problema de la vida y de la muerte(11).

La concepción de Re estuvo concebida por el clero heliopolitano, conocida como la "Concepción Heliopolitana". En los tiempos primitivos el dios sol tenía su propia familia de dioses. Ésta tenía su sede en Heliópolis, el grupo fue conocido por la "Enéada", es decir: "Nueve"; esta "Enéada" estaba compuesta por nueve dioses, excepto el dios Sol, comprendían los elementos del desorden cósmico, constituían los pasos progresivos hacia el establecimiento del orden cósmico: el aire y la humedad, la tierra y el cielo, y los seres terrestres, pero sobre éstos se ubicaba el dios Sol(12).

El dios sol era "Atum", quien se creó a sí mismo, fue "el gran dios que se creó a sí mismo"(13); el significado de Atum era de "todo", es el principio de todo(14), es decir: "Yo era la totalidad cuando era el único en el Nun y soy Re en su gloriosa aparición, cuando comienza a regir todo lo que ha creado (…)"(15). Lo creado son los dioses que componían la Enéada, es decir, las cuatro parejas de dioses: primero Shu (aire) y Tefnut (humedad), Geb (tierra) y Nut (cielo), Osiris e Isis y Seth y Neftis que eran los seres terrestres.

Estos dioses surgieron del mismo dios Atum, fueron parte de su cuerpo, él le iba otorgando su nombre a medida que surgían: "(Soy) quien creó sus nombres, Señor de la Enéada. ¿Qué es eso de 'Re que creó sus nombres'? (Eso significa que creó) sus miembros. Entonces se originaron los dioses que están en su séquito"(16). Por otra parte, aparecieron en esta acción de la creación de los dioses implícitamente otros dioses, como a pasado con Nun (las aguas primigenias), los dioses Hu que representaban el Verbo creador y Sia el pensamiento.

Con esta visión de cómo se fue estableciendo el universo, se puede llegar a hacer una semejanza con lo que nos estableció la "Santa Biblia" en su primer libro "El Génesis", con respecto a la cosmogonía cristiana.

A grandes rasgos se pueden establecer tres momentos: uno, en el orden general de como se crearon los elementos, más que nada referente a Geb (tierra) y Nut (cielo), y posteriormente Osiris e Isis y Seth y Neftis (seres terrestres). En "El Génesis" se señala que "(…) creó Dios los Cielos y la tierra (…)(17), y posteriormente "(…) dijo Dios: Hagamos al hombre (…)"(18), teniendo en cuenta según la leyenda que, Osiris había sido un hombre y que posteriormente se convirtió en Dios.

Segundo, la existencia de un Dios, en ambos casos cuando reinaba el caos para establecer el orden, en el "Libro de los Muertos" indica: "(…) Yo era la totalidad cuando era el único en el Nun (…)"(19), mientras que en "El Génesis" se refiere que: "En el principio creó Dios (…)"(20), lo que se da a entender ya anticipadamente su existencia.

En tercer y último apartado, se aprecia la presencia del Verbo y del Pensamiento como se ha mencionado anteriormente: "(Soy) quien se creó sus nombres (…)"(21) en el "Libro de los Muertos" y en la "Santa Biblia" refiere: "Y dijo Dios (…)"(22) y "(…) llamó Dios (…)"(23). Salvando desde ya que para los egipcios, los elementos eran representados por deidades, mientras que en "El Génesis" no tomaron esas características.

Sin duda, Heliópolis no fue el único centro cultural y teológico, si bien se impuso en todo el territorio egipcio. Pues como es sabida cada ciudad tenía su dios, y cada uno de esos dioses se convertía en un dios demiurgo, en opinión de sus fieles(24); por lo tanto la concepción sobre como se creó el universo también será diferente entre cada centro teológico, pero ninguna llegó a tener tanta influencia como la concebida por los sacerdotes de Heliópolis(25).

 

2.2 - Cosmología Heliopolitana.

 

Una vez establecidos los elementos primarios del universo ¿cuál sería su ordenamiento y constitución? Hay que remitirse al espacio geográfico que ocupaba Egipto según los propios egipcios. Primeramente tener el conocimiento de sus características geográficas, Egipto quedaba completamente aislado del resto del mundo, salvo los pueblos costeros del Delta, que a través de la navegación tenían contacto con Palestina y la zona del Egeo; pero la región del Valle del Nilo que comprendía gran parte del territorio, sí lo quedaba.

Esto llevó al egipcio a considerar su territorio como el centro del universo. Su territorio era completamente desértico, salvo por una franja que cortaba en dos el territorio, era el Nilo, que en esa región mantenía la vegetación, haciendo posible la vida. El Nilo corría de Sur a Norte hasta desembocar en el Mar Mediterráneo.

Esta situación geográfica llevó al hombre a considerar al Nilo como su eje, ubicándose de cara al Sur, pues le significaba por donde le venía la vida, por lo tanto el Oriente se ubicó a su izquierda y el Occidente a su derecha.

La otra fuente de la vida considerada por el egipcio, que resultaba anacrónico, era el Sol; resulta anacrónico para el pensamiento contemporáneo, ya que en la zona de Egipto ocasiona estrago por la potencia de sus rayos. Para el antiguo egipcio significó una admirable influencia; el alba, el transcurso del día y el ocaso del sol resultaron imprescindible en el ser egipcio.

En un país esencialmente seco, el curso del sol tuvo una importancia especial, significaba al igual que el Nilo la fuente de la vida, su aparición lo convertía en un ser feliz, el antiguo egipcio le temía a la oscuridad, al frío de la noche, aborrecían las tinieblas(26).

Así hicieron del oriente la zona por donde se levantaba el sol, la región del nacimiento y del renacimiento; mientras que al occidente le dieron una concepción opuesta, es decir que la tierra por donde se ponía el sol era la región de la muerte y de la vida que le sigue a la muerte. Esta glorificación del sol naciente se expresó en formas muy repetidas, significaba para el egipcio el triunfo de la vida sobre la muerte(27):"¡Oh Amón-Re, Señor del horizonte! ¡Efectivamente, eres hermoso, tu brillas, tu resplandeces (…), tu circulas, (…) reúnes tus miembros y tu (cuerpo) revive (…) en el camino de las tinieblas. Oyes (las aclamaciones de la comitiva de) tu barca, porque su corazón está gozoso y el Señor del cielo está pleno de alegría (…) alegría viva para Amón-Re-Horakhty(28). Tu barca navega, persigues a tus enemigos. Tu carne revive, tus músculos se fortalecen, tus huesos recobran su consistencia, tus miembros rejuvenecen; (en fin), tu alma es noble y tu poder divino. ¡Vuelve tu rostro hacia el buen Occidente!"(29).

También se puede comprender la asociación que hacían los antiguos egipcios del dios sol con los dioses locales en las distintas regiones que llegaron a predominar en el sistema religioso. Por ejemplo, más allá de que Re sea el dios Sol cuando predominaron las distintas dinastías tebanas asimilaron su dios Amón con Re, aunque dicha conjunción resultara con un significado contradictorio, porque Amón significaba lo oculto, lo desconocido, y Re era el sol, la luz. También la teología menfita lo asimiló al dios Ptah, es decir que, cuando un dios era considerado como el dios principal era cuando se lo asimilaba al dios-sol Re.

A pesar de esto ¿por qué el sol más que el Nilo era considerado fundamental para el origen de la vida? Se manejó la hipótesis de que en el período prehistórico, el Delta (practicante del culto solar) por medio de la conquista realizada en el Sur (practicante del culto del Nilo) impusieron en todo el territorio su culto solar(30).

Los egipcios por otra parte concibieron a la tierra como algo plano, era la colina considerada como el montículo primigenio emergido de las aguas del Caos, en cuyo entorno la tierra siguió solidificándose (teología heliopolitana), a donde se ubicaría su huevo cósmico posibilitando la creación del sol (teología hermopolitana)(31).

Este montículo flotaba sobre el agua, eran las aguas del abismo, eran las aguas del mundo inferior y, conforme a un concepto de continuidad, eran las aguas primitivas de las que había surgido la vida, en estas aguas flotaban las moléculas del primer ser. Además, seguían surgiendo la vida, pues no hay que olvidar que el sol en la noche transitaba por debajo del mundo y renacía al amanecer. Este océano considerado uno de los primeros demiurgo era conocido como el dios "Nun"(32): "Soy Nun (…). Soy el primogénito de los dioses primordiales, alma divina, alma de los dioses, Eternidad, y mi cuerpo es la perennidad (porque) mi manifestaciones son la Eternidad (en calidad) de Señor de los años y regente de la perennidad. (…) Mi alma es el conjunto de las almas de los dioses, la Eternidad, y mi cuerpo es la perennidad"(33).

Se consideraba que sobre la tierra se ubicaba una comba invertida del cielo, que se asentaba en los confines del universo; el cielo para los egipcios podía estar apoyado sobre columnas, o lo sostenía un dios, o descansaba sobre muros, o sobre una vaca, o sobre una diosa cuyos brazos y piernas tocaban la tierra(34).

Pero limitándonos al "Libro de los Muertos" existieron dos posiciones: una, son "los Pilares de Shu"(35); y la segunda, son "las columnas (que son) los brazos de Nut"(36). Estas dos tendencias que se reflejaban pueden perfectamente ubicarse dentro de las dos primeras concepciones, es decir que el cielo, Nut, era sostenida por si misma o por un dios.

Posteriormente encontramos en la bóveda celeste las estrellas, en este grupo los egipcios ubicaron a la Luna. Con respecto a la luna los antiguos egipcios le dieron una escasa importancia si se compara con el sol. Así pues, el dios-luna Thot llegó a poseer un significado como el dios de la sabiduría y como juez divino, por estas actividades predominará en el "Libro de los Muertos": "Soy Thot, el escriba perfecto, de manos puras, Señor de la pureza, que captura el mal, que fija por escrito lo que es verdad y que abomina la falsedad (…). Soy el Señor de las leyes, que interpreta los escritos (…). Soy Thot, el Señor de la justicia, testigo imparcial de los dioses, que pone aparte la palabra a fin de que permanezca, que hace proclamar justo a aquel cuya voz es ahogada (…)"(37).

Por último se aprecia la región del Duat, esta región es la meta de los difuntos, es donde se encuentran los "Campos Elíseos", la "Campiña de las Juncias" y el "Campo de las Ofrendas". Primeramente se consideró que esta región se ubicaba en la parte norte del cielo, y con el transcurso del tiempo, cuando la mitología del Sol llegó a dominar todo el país, esta región se trasladó al lugar ocupado por el mundo inferior(38). Esta opinión puede resultar arbitraria porque al ser un lugar místico no se convierte en un lugar inamovible; por otra parte los textos no coinciden en demostrar un lugar exacto y no prodigan detalles del mismo(39).

En el "Libro de los Muertos" se pueden ver dos posiciones: primera, de una manera no tan directa se estima que la región se encuentra orientada al norte; la segunda y la que predominó fue representada por el "Occidente" como mundo inferior. Por otra parte, resulta obvio, ya que se relaciona con la puesta del sol que nace en el mundo inferior y resurge nuevamente en el oriente.

Con respecto a la posición que considera el Duat hacia el norte se refleja en la siguiente fórmula: "Recorro el camino que conozco en dirección a la Isla de los Justos. ¿Qué significa eso? Eso significa el Re-stau: la puerta Sur en Naref y la puerta Norte en Yat-Usir (…). Otra versión: Es el camino sobre el que camina Atum cuando va a la Campiña de las Juncias"(40).

La puerta Sur (Naref) que era un centro de culto dependiente de Heliópolis y la puerta Norte en Ábidos, Atum iniciaba su recorrido siguiendo el curso del Nilo, por lo tanto se entraba al Más Allá por Ábidos, el supuesto Norte(41).

En cuanto a la posición predominante donde el Duat o el mundo inferior se situaba, era en el Occidente, el fallecido recitaba: "(…) me ha sido asignada mi morada en el Occidente (…)"(42); una de esas moradas podía ser un lugar en el Duat, llamada la "Campiña de las Felicidades", donde después de proclamado justo podía vivir en "(…) la gran ciudad Señora de la Brisa; para ser allí poderoso y glorificado y trabajar, segar, comer, beber y hacer el amor; (en suma) para hacer todo cuanto tenía el hábito de hacer sobre la tierra (…)"(43).

 

3 - Una aproximación a la Doctrina Osiriana.

 

3.1 - El Ingreso al Más Allá.

 

El ingreso al "Más Allá" se producía el día de su entierro(44), iniciando así su vida en el "Nuevo Mundo", lugar al cual siempre anheló llegar. Este transitar se iniciaba con el culto funerario, realizado una vez que el muerto estuviera en la tumba, por los sacerdotes encargados del rito: "Soy el sacerdote 'uab' en Busiris, el que exalta a Aquel que esta en el montículo. Soy el profeta de Abidos el día en que la tierra se halla en culminación. Soy el que contempla los misterios en Re-stau. Soy el que lee el ceremonial del Carnero (divino) que está en Mendes. Soy el sacerdote 'setem' realizando su funciones. Soy el Sumo sacerdote el día en que se coloca a Henu sobre su soporte"(45).

Aparecen los encargados de la ceremonia, los sacerdotes uab (puro), que son los encargados de la purificación del ritual. Dentro de esta clase de sacerdotes hay una jerarquía establecida para el culto, un escalón más abajo se encuentran los sacerdotes lectores, encargados de dar lectura a los textos sagrados que se leían en tal ceremonia, pero el sacerdote predominante es el sacerdote setem que se menciona, pues es un sacerdote especializado, era el servidor del ka del difunto, que se encargaba del rito de vivificación sobre la estatua y otras imágenes del difunto para crear una relación entre este y su "ka"(46).

Finalmente el Sumo Sacerdote le permitirá al difunto iniciar su periplo en su nuevo mundo, es decir, el alma del difunto irá en busca de su purificación para que sea proclamada justa, así se le podrán otorgar los beneficios que gozan, como el ser proclamada libre de pecados, vivir en paz y al lado del dios Osiris(47).

El difunto busca renacer, adoptando para eso condiciones similares a la que poseían los dioses, en este caso ser comparado a Re, en el sentido de que cada amanecer significaba volver a vivir debido a que el dios sol era considerado como fuente de la vida. Por eso además, el difunto va a requerir que le sea permitido instalarse en la barca solar y ser aceptado en la comitiva que acompaña a Re; para eso manifestará: "¡Qué sean dadas órdenes en mi favor al séquito de Re durante el crepúsculo! (Ello por que) el Osiris N. revive tras la muerte, como Re, cada día. Y si, en verdad, Re renace de la víspera, el Osiris N. renace (así también)"(48).

Al iniciar este viaje el difunto se prepara, por un lado, para evitar que los demonios y los enemigos de Osiris, que una vez lucharon contra el dios, logren que su alma no pueda renacer y no llegue a su destino final: descansar en el Duat. La aparición de los demonios aparecen primeramente representado por la serpiente Apofis, símbolo de las fuerzas hostiles: "(…) te adueñas y tomas por medio de la violencia (a las víctimas), que vives de los que están ya inertes: nunca estaré inerte ante ti, nunca estaré desfallecido ante tí. Tu veneno no entrará (jamás) en mis miembros (…), tu no quieres estar paralizado, yo tampoco quiero estar paralizado. Así tu entumecimiento no penetrará en mis miembros que están aquí"(49).

Otra de las disposiciones que adopta el difunto cuando se asienta en el Duat, luego de proclamado justo, es que pueda desarrollar una vida semejante a la que vivió, para eso le serán asignadas unas actividades, para eso el difunto llevará uno o varios funcionarios que realizarán junto a él las actividades, librándolo de los trabajos pesados(50).

Por otra parte, el difunto al iniciar su trayecto hacia el juicio donde será proclamado justo, dedicará una alabanza a Re por ser este el dios que "(…) da vida a todos los seres vivos y a los rebaños"(51); el muerto, al ser declararlo libre de pecados, será aceptado en el Occidente, así sufrirá lo mismo que Re cuando cada mañana sale por oriente, vuelve a renacer, donde la carne vuelve a revivir, los muslos se fortalecen, los huesos recobran su consistencia y los miembros se rejuvenecen(52), ayudado por el ka en los alimentos y en la subsistencia(53). Así iniciará una nueva vida que perdurará "(…) por los siglos de los siglos (…)"(54).

Resumiendo esta fase, se aprecia el momento en que el cuerpo ya instalado en la tumba, el difunto surge en el Más Allá para emprender su viaje en busca del Duat. Para poder iniciar su viaje el difunto deberá tomar algunas disposiciones, como predisponer de ciertas defensas contra los demonios, en este caso representado por la serpiente Apofis; y como también asegurarse la concurrencia de uno o más funcionarios que serán los encargados de realizar la mayoría de las actividades que le asignarán en el Duat.

 

3.2 - El difunto "purificado".

 

En esta fase, el difunto instalado en la barca de Re y en rumbo hacia su descanso final, deberá de comenzar a recitar unos versos buscando que se le compare con Re para poder proceder como este dios a renacer cada vez que llegue al Occidente, para entrar y salir del Más Allá. También por ser difunto, cuando llega el momento de la resurrección ser asimilado a Osiris, representando el momento de su renacer.

Este recitado que lo lleva a asimilarse con Re y en su momento con Osiris, se inicia con: "Estas son mis palabras que son reproducidas. Yo era la Totalidad cuando era el único en el Nun y soy Re en su gloriosa aparición, cuando comienza a regir todo lo que ha creado"(55). Ya advierte de su indestructibilidad, manifestándole a sus adversarios: "(Soy) uno a quien nadie, de entre los dioses puede oponérsele"(56).

Su triunfo es seguro, nada lo detendrá en su reaparecer por el Oriente, así en cada amanecer se dirigirá en busca del ocaso, del Occidente, lugar "creado para las Almas de los dioses, según la orden del Osiris, Señor del desierto occidental"(57); en ese lugar el alma del difunto va a encontrar la eternidad y la vida perdurable. Por un lado, al acercarse a Re cuando salga de día, el difunto se encontrará tras la eternidad; y por otra, en la noche estará tras la vida perdurable(58).

Este renacer le significará la purificación, se librará de todos los pecados: "mis pecados han sido expulsados y mis faltas alejadas (…). Lo que había de impuro en mi ha sido extirpado (…)"(59). Así continuará recorriendo el camino hacia la "Isla de los Justos" o la "Campiña de las Juncias", la cual producirá el alimento para los dioses que se hallan junto a sus capillas(60).

Por otra parte para poder llegar a ese lugar, el difunto que pretende cubrirse con Re para hacer el viaje, deberá como ya se ha manifestado procurar una defensa contra los demonios, como se representa o se lo personifica como Re, la lucha será contra Seth: "ese gran dios, que se apodera de las almas que engulle podredumbre, que vive de despojos, que es encargado de la noche, habitante de las tinieblas, a quien los muertos le tienen miedo"(61).

No solo luchará el difunto contra Seth, también tendrá que cuidarse de los dioses que hacen sacrificio con los muertos que no son purificados, no se dejará degradar por las ofrendas que los dioses desechen y que son dedicadas a aquellos que no son purificados(62).

Posteriormente se declarará victorioso al "Osiris N." para que pueda dar un paso fundamental hacia la obtención de su estado de purificación. Este estado será un requisito para poder entrar en la sala de las Dos Maat o Doble Maat, donde finalmente el difunto, entre otras, se declarará fiel a Osiris. La lucha entablada por el difunto es comparada a la misma lucha entablada por Horus en venganza de su padre Osiris contra Seth, basado en la leyenda Osiriana(63).

Luego de obtenida la declaración de victorioso, el difunto va en busca de tres elementos que le serán imprescindibles para volver a recuperar su vida y continuar su camino. Primeramente, irá tras el "poder mágico", este poder consistía en que el difunto recobraba el uso de la palabra. La obtención del uso de la palabra se lograba por la apertura de la boca, el difunto le solicitaba a Re: "¡Dame mi boca para que pueda hablar con ella y guía mi corazón en su hora de tinieblas y de oscuridad!"(64).

La apertura de la boca era un rito funerario practicado en el cuerpo momificado del difunto. Se efectuaba tocando la boca con instrumentos específicos: ur-heka y seba-ur; al tiempo que se pronunciaba fórmulas adecuadas. Con ello se creía que el difunto recuperaba su facultad de palabra y por ello el poder misterioso que la misma encerraba a beneficio del ka del difunto(65).

El segundo elemento que obtenía el difunto era el poder recordar su nombre, es decir que recuperaba su personalidad, por lo tanto: "¡Qué mi nombre me sea devuelto en la Gran Casa, que mi nombre me sea recordado en la Casa de Fuego durante la noche en la que se cuentan los años y en la que se calculan los meses! ¡Soy Imi-jui y tengo mi residencia en el lado oriental del cielo"(66).

El nombre equivalía a la esencia misma del ser, siendo un elemento importante del compuesto humano, pues le permitía su identificación. Para que el difunto pudiese sobrevivir en el Más Allá era imprescindible que pronunciase su propio nombre(67); el momento adecuado para recordar su nombre era la noche en que se contaban los años, era el instante en que el difunto apreciaba el pasaje del tiempo; según Lara Peinado, comunicado el computo cronológico, el muerto podría tener una vida personal que se ajustaría con el correr del tiempo(68).

El tercer elemento era el poder recibir su corazón, recuperaba su conciencia; para los egipcios el corazón era el centro de la vida física y afectiva, así como la sede de la voluntad y de la inteligencia. El corazón solía ser dejado, tras la muerte del individuo, en el interior de su cuerpo momificado y era el que disociado de su propio cuerpo en el Más Allá, tenía que ser pesado en el acto del juicio Osiriano(69).

El difunto solicitaba: "Que mi corazón este conmigo en la casa de los corazones (…). ¡Ojalá pueda tener mi corazón (porque él) esta dichoso conmigo! (…) Las puertas del cielo se abren para mi. Geb, el príncipe de los dioses, abre para mí mis (dos) mandíbulas, abre mis ojos que estaban cerrados, extiende mis piernas que estaban replegadas. Anubis fortalece mis rodillas, de suerte que puedo ponerme de pie, y Sekhmet me alza. Que se ejecute lo que he ordenado en Menfis. Tengo otra vez conocimiento gracia a mi corazón, controlo la víscera de mi corazón, utilizo mis brazos, utilizo mis piernas y puedo hacer cuanto mi ka desea. Mi alma y mi cuerpo no quedarán detenidos en las puertas del Occidente, sino que entraré y saldré por ellas en paz"(70).

Como se aprecia, el corazón se convertía en una pieza vital si se quiere, es el que le transmite fuerza de movimiento a las distintas partes del cuerpo, por lo que le permitirá trasladarse por el Más Allá. Esta importancia que se le daba al corazón queda aún mejor demostrado en el capítulo XXX B, donde el difunto le ruega, que cuando llegue el momento de su pesaje en el juicio Osiriano no ofreciera falso testimonio contra él, pues para el difunto su corazón era una fuerza vital que comandaba cada movimiento de sus miembros, el corazón se convertía en un ka que se ubicaba en el interior del cuerpo: el difunto le manifestaba lo siguiente: "Tu eres mi ka que habitas en mi cuerpo, (eres) el Khnum que das formas y vida a mis miembros. (…). No digáis falsas palabra contra mi en presencia del Gran dios, Señor del Occidente (…)"(71).

Por más que se declare victorioso y purificado, logrando así una protección para poder seguir viviendo y poder llegar al Duat, continuamente el difunto a lo largo del viaje continuará sufriendo ataques de distintos demonios que se situarán a lo largo de su camino. Estos demonios se presentaban bajo distintas formas, ya sean cocodrilos, serpientes como Re-reck y Apofis, gusanos, necrófagos y las "Dos Meret"(72); es así que el fallecido seguirá adoptando nuevos métodos de defensa(73).

La nueva defensa del difunto le permitirá recobrar esperanzas de poder seguir viviendo, es así que va a recibir el "aliento de vida", este aliento de vida le significará por una parte, poder seguir conservando su garganta que le permitirá seguir respirando(74); por otro lado evitará comer excrementos y beber orina, pues el difunto tendrá sus "porciones alimentarias en Heliópolis; mis porciones están en el cielo cerca de Re; mis porciones están en la tierra cerca de Geb (…). Como lo que (los dioses) comen, vivo de lo que ellos viven. He comido de los panes de ofrenda (…)"(75).

Esta fase se ha caracterizado por el paso fundamental que dio el difunto, principalmente porque ha sido declarado, por un lado, victorioso frente a sus enemigos, triunfo semejante en la significación al obtenido por Horus ante Seth con motivo de la venganza de su padre. Para la vida del difunto fue importante ser declarado "puro" que le permitió recuperar su personalidad; aunque más resaltable fue la recuperación de su corazón que representaba su conciencia, en el momento del juicio Osiriano será quien tenga el papel más importante, ya que será pesado para que sea evaluada su conciencia y establecer su fidelidad al dios Osiris.

 

3.3 - El Juicio Osiriano.

 

En esta nueva etapa el difunto renació dotado de más fuerza, esta vez no será un simple difunto, sino que es un purificado, esta calidad le facilitará la apertura de nuevos caminos; además comenzará a poseer un completo dominio de los miembros de su cuerpo, principalmente las piernas y los brazos, como así también el uso de la palabra y el dominio de su corazón, esto le posibilitará llegar hacia el canal celeste donde encontrará la barca solar(76).

A pesar de que ya ha logrado cierta libertad para transitar, el difunto siguió sintiendo la represión de sus enemigos, lo que le motivó seguir reclamando la protección de los dioses, en particular recurrió a Re para obtener su compañía en el viaje, para entrar al Duat y disfrutar las ofrendas funerarias, como así también le facilitaría la transformación en las diversas formas que adoptaban los dioses para defenderse(77).

Principalmente esta última parte, referente a las transformaciones que va a adoptar el difunto quedan bien determinadas en los siguientes fórmulas. Fundamentalmente va a adoptar las formas en "¡Honor a ti que levantas vuelos hacia el cielo (tu) que iluminas la corona blanca que proteges! ¡Seré lo que tu eres y llegaré a ser uno con el Gran dios!"(78).

Las formas adoptadas por el difunto son variadas: jefe de la asamblea de los dioses(79), un dios(80), aspecto de loto(81), tomar el aspecto del dios Ptah y ser un sirviente en Heliópolis(82), aspecto de una garza(83), aspecto de un alma viva(84), aspecto de una serpiente(85), aspecto de un cocodrilo(86); además de las formas mencionadas, existían las relacionadas con el pasaje antes citado, con la intención de poder acompañar a Re en su viaje, en el sentido de poder viajar y de volar junto al sol.

Adoptará fundamentalmente el aspecto de un halcón de oro: "He aparecido semejante a un gran halcón que sale de su huevo; levanto el vuelo (…). He salido del interior de la barca de la noche (…). Luego desciendo en la barca del día (y a continuación) me son traídos aquellos que pertenecían a los tiempos primordiales que inclinados respetuosamente me rinden homenaje, mientras aparezco y me transformo en un hermoso halcón de oro (…)"(87).

El segundo aspecto será la de un halcón divino, es decir, recibirá los atributos y aptitudes del dios Horus. Este proceso de transformación se presentaba en forma de diálogo, donde el difunto es identificado con el mensajero de Horus y le deberá llevar un mensaje a Osiris de parte de su hijo. Para su protección Horus le brindará las alas divinas y su corazón será colocado sobre un soporte horiano, lo que le permitirá no perder las fuerzas en pleno vuelo y no terminar su viaje; incluyó además la protección ante cualquier enemigo(88).

El tercer aspecto adoptado es de fénix o pájaro bennu, identificado con el alma de Re; esto muestra que el difunto buscó todas las formas posibles de protección para sí. La formula referente dice: "He nacido a partir de la materia informe. He llegado a convertirme en Khepri. He crecido como un planeta. Me he recubierto como una tortuga. Soy la semilla de cada dios. Soy (…) el Horus que se hace luminoso a sí mismo (…). Soy Khonsu, que domina a los Señores"(89).

Como se observan las palabras manifestadas por el difunto, describen con distintas metáforas el surgimiento, por un lado, el sol como divinidad en sus distintos aspectos y por otro, el sol en su amanecer y su ascensión hasta su ocaso en occidente, llegando a identificarse con una divinidad que representó a la luna en la ciudad de Tebas.

El cuarto aspecto a resaltar estaba relacionado a la golondrina, y al significado doble que nos presentaba esta fórmula, que por un lado ratificaba lo realizado por el difunto cuando adoptaba la forma de halcón divino, volvía a adoptar las mismas funciones bajo el aspecto de golondrina: "He pasado todo el día en la Isla del Incendio; había ido (allí) con un mensaje y debo (ahora) informar (…)"(90). El otro significado era la sencillez y la seguridad de las acciones de purificación y la facilidad con que poseía los movimientos de sus miembros, que en fórmulas anteriores no se manifestaban; también significaba la golondrina la libertad y la igualdad que debía de existir entre los que habitaban ese mundo. Estos atributos llevaban al difunto a transformarse como tal(91).

Por medio de las distintas formas que adoptaba el difunto para obtener una seguridad, se observa que el difunto adquiría nuevas fuerzas que le significaban renacer, lo que le permitía seguir manteniendo la libertad para mover sus miembros, la posesión de su corazón y el uso de su boca - del poder mágico -, pues por medio del poder de la palabra obtenía el permiso para conducir "la barca solar y sujetar sus cordajes para que pueda salir"(92).

Una vez instalado en la barca para iniciar el viaje, el difunto establecía un dialogo con los distintos componentes que la conformaban, a medida que las nombra van quedando a disposición para el viaje; pues el nombre de una persona o de una cosa, así como el nombre de un dios, para los primitivos era una imagen que se confundía con su objeto. Llamar a un ser por su nombre era crearlo, hacer nacer su personalidad individual(93).

Ya puro y ubicado en la barca solar, comenzaba a viajar y a conocer las regiones desconocidas para él hasta ese momento. Primeramente se acercó al Occidente, a "La montaña Bakhu, sobre la que reposa el cielo, la forman unas murallas (…) de la Balanza del Doble País (…). Sobek, Señor de Bakhu, mora al Este de tal montaña; su templo (situado allí) esta edificado en piedra khet (…)"(94).

En esta región la barca se detuvo bruscamente al ser atacada por la serpiente Apofis, son defendidos por Seth, pues en este caso este dios no era conocido por su tradicional significado de perversidad; luego se reiniciaba el viaje donde llegaban a la región Oriental por donde Re aparecía todos los días, según lo manifestaba la fórmula CIX(95). Pero lo que le denotó un grado de felicidad fue llegar y conocer "La Campiña de las Felicidades" lugar de residencia del aire vivificador, donde los difuntos vivían dedicados a las actividades agrícolas(96).

Luego de conocer las tres regiones de singular importancia como lo representaba el Oriente con el significado de la zona del renacer; el Occidente que significaba la muerte y la orientación hacia el Duat y finalmente la "Campiña de las Felicidades", una de las regiones que componían el Duat donde el muerto, luego de purificado y declarado justo moraría disfrutando de la gracia que se le otorgaba, alejados de todos los males aquejados en su vida terrenal; además llegaba a conocer cuatro ciudades que también representaban a cuatro centros teológicos: Buto(97), Hieracómpolis(98), Heliópolis(99) y Hermópolis(100).

El difunto llegado al "Gran Santuario", procedía a declararse "inocente", es decir, se producía el pesaje de su corazón, cuyo significado sería la evaluación de su conciencia. Esta acción se encuentra reflejada en la fórmula CXXV, constituyéndose en la más importante de toda la obra en general; es el punto clave para que el difunto pudiera alcanzar su objetivo, el de poder habitar en la "Campiña…". Esta fórmula se podía dividir en tres secciones: la primera correspondía al ingreso del difunto a la sala de las "Dos Maat", la segunda a la declaración realizada por el difunto, y la tercera a los interrogatorios efectuados por los dioses.

La primera acción se centró en el recibimiento por parte de Anubis, quien era el portero de la Sala. El significado del nombre de esta sala se encuentra en discusión, la hipótesis más aceptada se relaciona con el tema de la dualidad que regía la mentalidad del egipcio antiguo, en este caso obedecía a un desdoblamiento de la divinidad de la justicia en atención a una asimilación a Isis y Neftis(101). Nuevamente el difunto se vio obligado a utilizar el poder mágico, el uso de la boca en un pequeño diálogo efectuado con Anubis.

La segunda parte estaba conformada por las declaraciones de inocencia del difunto. Son dos declaraciones con contenidos similares pero con significados distintos; la primera declaración estaba compuesta por treinta y seis frases negativas: "No cometí iniquidad contra los hombres… No maltraté a las gentes… No hice mal… No blasfemé contra dios… No empobrecí a un pobre en sus bienes… No maté… No di orden de matar… No mancillé los panes de los dioses (…)"(102).

Estas son algunas de las frases que comprendían la primera declaración, el conjunto de las mismas resultaba el número treinta y seis, cuyo significado era el de manifestarle a Osiris que no había cometido ningún pecado en todo el año y los años que vivió. El significado se desprendía de que cada frase formaba un decan que era una medida egipcia de la duración del tiempo(103).

La segunda declaración del difunto se efectuaba ante los cuarenta y dos dioses que componían el tribunal; la diferencia que radicaba con la anterior eran dos; la primera, que los dioses representaban a los cuarenta y dos nomos que formaban Egipto. La segunda era que esta declaración correspondía a una sociedad caracterizada por urbanista y cortesana, mientras que la primera pertenecería a una sociedad de características más rituales(104); en sí se estaba demostrando entre una y otra el grado de evolución de la sociedad egipcia.

El texto de esta segunda declaración comprendía entre otras frases: "¡Oh (tu), El que camina a grandes zancadas que sales de Heliópolis! No cometí iniquidad (…). ¡Oh Nariz divina, que sales Hermópolis! No fui codicioso. ¡Oh Trituradores de huesos, que sales de Heracleópolis! No dije mentiras (…). ¡Oh Señor de justicia, que sales de Maaty! No robé pan (…). ¡Oh El que mira lo que trae, que sales del templo de Min! No forniqué (…). ¡Oh Demoledor, que sales de Huy! No transgredí nada (…). ¡Oh Poseedor de varios rostros, que sales de Nedjefet! No juzgué precipitadamente (…)"(105).

Ambas declaraciones enumeraban sin orden aparente pecados cuya gravedad no eran las mismas, por lo tanto la justificación total del difunto resultaba difícil de admitirlo desde el punto de vista moral; predominaría una concesión en base a un orden social(106). Esta sección correspondía a la representación simbólica de uno de los platillos de la balanza, correspondía al que era destinado para el corazón.

Después de efectuadas ambas declaraciones de inocencia, el difunto realizaba una doble imploración: la primera dirigida a los dioses del tribunal manifestándole que no se equivocasen en su informe que elevarían a Osiris, que reprodujeran las declaraciones que efectuó tal como las dijo, pues no cumpliría con las sanciones que le fueran a imponer por un mal informe: "No caeré bajo vuestros cuchillos, no haced sobre mi un malévolo informe ante el dios de cuyo cortejo formáis parte (…). Decid las cosas justas que me corresponden (por mi actuación en la tierra) ante el Señor del Universo (…)"(107).

La segunda imploración iba directamente a Osiris, tal vez manifestando alguna incredulidad a lo que dictasen los dioses del tribunal, o el temor que dominaba en el difunto de que el dictamen sea en su contra y sea condenado y alojado en "Las Cavernas", que era la casa de la destrucción: "¡Oh tu, glorificado, que estás sobre tu pavés, Señor de la corona atef, a quien se ha dado el nombre de Señor de los vientos, líbrame de tus mensajeros, ejecutores de calamidades, instigadores de sanciones, que actúan sin indulgencia pues yo practiqué lo justo y lo verdadero para el Señor de la Justicia"(108).

El temor a ser condenado llevó al difunto mismo a efectuar una imploración a su corazón, órgano que representaba a su conciencia y el cual era el evaluado, así lo demostraba el capítulo XXX: "¡Oh corazón (…)! ¡No levantes falsos testimonios contra mi en el juicio, no te opongas a mi ante el tribunal, no demuestres hostilidad contra mi en presencia del guardián de la balanza (del juicio)! (…) No digas falsas palabras contra mi en presencia del Gran dios, Señor del Occidente, ¡Mira al ser proclamado justo se basa en tu lealtad!"(109).

La tercera parte correspondía al momento en que se producía los interrogatorios a cargo de los dioses, primeramente eran los cuarenta y dos dioses que componían el tribunal, esta especie de inquisición se desarrollaba en torno a los misterios osirianos como lo demuestra el siguiente diálogo: "(…) ¿qué les dijiste?… (que) había visto el griterío en el país de Fenkhu (…) ¿Y que encontraste luego al borde del lago maat? …Un cetro usa de sílex. Su nombre es 'Dador de aliento'"(110); como se observa en los dos puntos que se citan, primero se refiere al país de Fenicia donde fue encontrado en una caja el cuerpo de Osiris, y el segundo se refiere al hallazgo en Heracleópolis del dios Osiris.

El segundo interrogatorio fue realizado por Anubis y por Thot, en la "Sala de la Doble Maat" se produce un diálogo donde el difunto deberá pronunciar el nombre de cada elemento demostrando que los conoce, para lograr que estos se coloquen a favor del difunto; se produce nuevamente la importancia de conocer el nombre de cada objeto ya citado anteriormente. El corazón será colocado en uno de los platillos y en el otro se colocará una "pluma de Maat"; los interrogatorios representaban a esta última parte mencionada. Anubis era el encargado de controlar la oscilación de los platillos y de constatar que ambos estén equilibrados, es en este momento que se producía el siguiente diálogo entre Anubis y el difunto: "No te anunciaré, dice el guardián de la Sala de las Dos Maat, si no dices mi nombre. Aquel que conoce los corazones y sondea los vientres es tu nombre"(111).

Al constatarse la equidad en la balanza, Thot registraba el resultado y proclamaba al difunto en "maa kherou", es decir, en Osiris justificado; en este segundo interrogatorio se producía otro diálogo, pero únicamente con Thot: "¡Ven! dice Thot, ¿por qué viniste?… Vine para ser anunciado… ¿En qué condición te hallas?… Estoy purificado de las malas acciones. Me he apartado de las calumnias de los que viven sus días; no estoy entre ellos… ¿A quién, pues te anunciaré?… Anúnciame a Aquél cuya morada tiene un techo de fuego, unos muros de uraeus vivientes y un suelo de agua… ¿Quién es?… Es Osiris"(112).

Al ser proclamado maa kherou, al difunto "(…) se le concedió el poder de realizar sus transformaciones, su voz fue proclamada justa en la asamblea y se le abrieron las puertas del cielo, de la tierra y del Duat (…)"(113). Una vez declarado maa kherou el difunto podía habitar en la "Campiña de las Felicidades", en donde recibirá el viento vivificador y podrá así "disponer de agua, beber tus aguas como fue concedido para tí y para el Gran dios para quien Hapy vino (...)"(114). Las aguas sagradas del Nilo favorecerán para el crecimiento de la vegetación y de las cosechas, no solamente saciará su hambre, sino que podrá mantener y aumentar las ofrendas destinadas a los dioses.

 

4 - Consideraciones Finales.

 

La lectura realizada al "Libro de los Muertos", refleja cuales eran los sistemas o doctrinas teológicas que llegaron a tener un peso muy importante, sabido es como entendían la religión los antiguos egipcios, es decir que se basaban en el culto a los dioses locales, dioses que regían religiosa y políticamente una ciudad y también el nomo, según el caso. Los dioses que trascendieron fueron el dios de Busiris, Osiris, que representaba a la vegetación y posteriormente convertido en el rey de los muertos; el otro dios fue el dios sol Re, cuyo principal centro teológico se situó en Heliópolis.

El dios sol Re desde los tiempos primigenios se caracterizó como el principal, según la cosmogonía del dios sol, nacen de él los demás dioses que representan a los distintos elementos que correspondían al universo, en este sentido era conocido con el nombre de Atum.

Pero el dios sol que ocupó el centro de la teología egipcia, el dios que se le llegó a rendir el culto en todo el territorio fue Re, así se le denominaba por la etapa que recorría el sol desde que surgía por el oriente hasta alcanzar su máxima altura, este tramo recorrido por el astro tenía una representación simbólica, esta simbología se encuentra también en la doctrina Osiriana con un significado, que por un lado representaba la resurrección y por otro, era la representante de la eternidad, esa constante aparición demostraba que la muerte no existía.

Esta doctrina comenzó su auge en la Dinastía IV, la cual quedó fielmente representada con las construcciones de las Pirámides, cuya simbología se puede llegar a entender que en la cúspide se sitúa el dios sol y en la base las demás deidades, demostrando así una relación de superioridad entre el primero con el conjunto de deidades. El rey al representar al dios en la tierra, también representaba la relación existente con sus súbditos. Además era un símbolo que representaba el estado político del país, era un reflejo del poder absolutista de la monarquía que regía al país.

Este estado de política absolutista se convirtió en el plano teológico en una situación similar, se centralizó los cultos de los distintos dioses en uno mismo. Para algunos de los historiadores que se manejaron, consideraron que la religión egipcia dejaba traslucir un tema bastante arbitrario y tal vez con pocos fundamentos a simple vista, es lo relacionado al matiz monoteísta, estableciendo un sentido contradictorio, pues al fundamentarse en la práctica del culto de los dioses locales, cada nomo tenía su dios distinto entre uno y otro.

Este matiz monoteísta se originó cuando los distintos centros teológicos asimilaron al dios de su culto con el dios sol - en este caso en la doctrina heliopolitana -, con el sentido de sostener que su dios era considerado como el rey del universo. Esta asimilación con Re, se dio en dos aspectos: un primer aspecto se manifestó en la teología del dios local por la cual se representaba al gobierno central, el cual impuso su doctrina, ésta se representó en la consideración de Amón, Ptah, Atón y Re; el segundo aspecto se caracterizó por la identificación del sol en las distintas etapas de su trayectoria sobre la tierra, es decir que cada tramo el sol fue designado de una forma y de otra: en el amanecer, en su ascensión, en su descenso y en su ocaso.

Esta situación predominó a lo largo del tiempo, en algunos caso su influencia será más rigurosa que en otros, esto se reflejó en la Dinastía V donde la importancia del dios sol llegó a eclipsar a todos los cultos. El otro caso se produjo posteriormente, cuando esta situación predominante se quebró originado por una revolución política religiosa y social iniciada históricamente en el "Primer Período Intermedio".

La otra doctrina que se representó y la cual la fuente trabajada es una de sus representantes, es la doctrina Osiriana. Doctrina que maneja temas muy complejos como los son los referentes a la Vida y a la Muerte.

Complejos los son porque trata de demostrar, tal vez, que la vida y la muerte son la misma cosa, pero sirve para identificar el espacio físico donde se desarrolla, en un mundo visible y en otro oculto. Si existe la muerte es solo un acto que se produce en la vida del hombre, o podría ser en un período de tiempo que se desarrolla desde que se deja de existir físicamente hasta que se produce el juicio Osiriano donde se juzga la conciencia del difunto.

Lo cierto es que la muerte lo ubicaba ante una contradicción, si se quiere, pues por parte de la teología heliopolitana se realizaba el culto al dios sol, venerando la fuente de la vida, manifestándole su gratitud por la vida, mientras que por lo doctrina Osiriana se manifestaba su veneración por la muerte, rindiéndole culto al rey de los muertos Osiris.

Pero no, este no es el significado más exacto que se pretenda dar a la teología Osiriana a través del "Libro de los Muertos", sino todo lo contrario, el egipcio buscaba por medio de la teología Osiriana lo mismo, que le brinde un significado similar al que le daba la teología heliopolitana, en lo que se refiere como fuente de vida; esto considerando aparte el significado ya mencionado que le otorgaban a ambas doctrinas.

El significado que le asignaban a la muerte no era en el sentido de que la desaparición física del hombre marcaba el final de su existencia, sino que era un acto más en la vida del hombre, es decir que, en el individuo impera una transmutación. El hombre al morir pasa a vivir en el Más Allá, según la cosmología era una zona opuesta al firmamento, este mundo estaba dividido en varias regiones, donde, según lo que dictaminase el juicio Osiriano, el difunto pasaría a vivir en la región donde pudiese disfrutar de una vida similar a la que vivió, sin los sufrimientos que hubiese padecido. O, pasaría a morar en una región tenebrosa, donde los males predominaban.

La idea de que con la muerte lograba una mejor existencia fue la que predominó en la mentalidad del egipcio antiguo, y es lo que le llevó a cometer en los mayores de los casos, el suicidio, cuando afrontaba en la sociedad en que vivía una realidad totalmente adversa, como en los casos que se produce una crisis social como la que vivió en los "Períodos Intermedios".

El gran cometido que tuvieron las fórmulas compiladas en el "Libro de los Muertos", fue el de brindarle al muerto una vez en el Más Allá, la protección necesaria ante cualquier peligro, augurándole una existencia feliz.

Por otra parte, ese deseo por seguir viviendo, y más que nada el de poder lograr una existencia bienaventurada y perdurable, eterna, llevó al difunto a que adopte la leyenda de Osiris para que le sucediese lo mismo que a este dios, el poder vencer a la muerte y volver a "nacer". Además, se nota continuamente en todas las fórmulas la invocación al dios Re debido a que una vez renacido, esa nueva vida que logró le fuera perdurable, le sea eterna, porque el significado de Re en la doctrina Osiriana era la Eternidad.

 

5 - Guía Bibliográfica.

 

5.1 - Fuente:

 

- "Libro de los Muertos", estudio preliminar, traducción y notas de Federico Lara Peinado; Madrid, Editorial Tecnos, 1989.

 

5.2 - Bibliografía:

 

- Donadoni, Sergio, et. al.: "El Hombre Egipcio", Madrid, Alianza Editorial, 1991.

- Drioton, E. y Vandier, J.: "Historia de Egipto", Buenos Aires, EUDEBA, 1964.

- Moret, Alexandre: "El Nilo y la Civilización Egipcia", Barcelona, Editorial Cervantes, 1927.

- Oncken, Guillermo: "Historia del Antiguo Egipto", Buenos Aires, Ediciones Impulso, 1943.

- Pirenne, Jacques: "Historia de la Civilización del Antiguo Egipto", 1° tomo, Barcelona, Ediciones Océano, S. A., 1980.

- Rachewiltz, Boris de: "Los Antiguos Egipcios", Barcelona, Plaza & Janés, 1991.

- "Santa Biblia", antigua versión de Casiodoro de Reina (1569), revisada por Cipriano de Valera (1602) y cotejada posteriormente con diversas traducciones y con los textos hebreos y griegos; Londres, Sociedad Bíblica Británica y extranjera; s/f.

- Wilson, John, et. al.: "El Pensamiento Pre-Filosófico", Tomo 1°, México, Fondo de Cultura Económico, 1979.

 

Notas

 

1 - Drioton, E. y Vandier, J.: "Historia de Egipto", Buenos Aires, EUDEBA, 1964; p. 50.

2 - Moret, Alexandre: "El Nilo y la Civilización Egipcia", Barcelona, Editorial Cervantes, 1927; pp. 415-416.

3 - Pirenne, Jacques: "Historia de la Civilización del Antiguo Egipto", tomo 1°, Barcelona, Ediciones Océano, S. A., 1980; p. 44.

4 - Moret, Alexandre: "El Nilo y la Civilización Egipcia", Barcelona, Editorial Cervantes, 1927; pp. 421-422.

5 - Pernigotti, S.: "El Sacerdote", en Donadoni, Sergio, et. alt.: "El Hombre Egipcio", Madrid, Alianza Editorial, 1991, p. 168.

6 - Ibíd.; pp. 168-169.

7 - Rachewiltz, Boris de: "Los Antiguos Egipcios", Barcelona, Plaza & Janés, 1991; pp. 124-126.

8 - Ibíd.; p. 126.

9 - Oncken, Guillermo: "Historia del Antiguo Egipto", Buenos Aires, Ediciones Impulso, 1943; pp. 110-111.

10 - Moret, Alexandre: "El Nilo y la Civilización Egipcia", Barcelona, Editorial Cervantes, 1927; pp. 430-431.

11- Ibíd.; p. 431.

12 - Wilson, John, et. al.: "El Pensamiento Pre-Filosófico", Tomo 1°, México, Fondo de Cultura Económico, 1979; p. 76.

13 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XVII, p. 45.

14 - Wilson, John, et. al.: "El Pensamiento Pre-Filosófico", Tomo 1°, México, Fondo de Cultura Económico, 1979; p. 77.

15 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XVII, p. 44.

16 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XVII, p. 45.

17 - Moisés: "El Génesis", en: "Santa Biblia", antigua versión de Casiodoro de Reina (1569), revisada por Cipriano de Valera (1602) y cotejada posteriormente con diversas traducciones y con los textos hebreos y griegos; Londres, Sociedad Bíblica Británica y extranjera; s/f.; 1:1, p. 1.

18 - Ibíd.; 1:26, p. 1.

19 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XVII, p. 44.

20 - Moisés: "El Génesis", en: "Santa Biblia", antigua versión de Casiodoro de Reina (1569), revisada por Cipriano de Valera (1602) y cotejada posteriormente con diversas traducciones y con los textos hebreos y griegos; Londres, Sociedad Bíblica Británica y extranjera; s/f.; 1:1, p. 1.

21 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XVII, p. 45.

22 - Moisés: "El Génesis", en: "Santa Biblia", antigua versión de Casiodoro de Reina (1569), revisada por Cipriano de Valera (1602) y cotejada posteriormente con diversas traducciones y con los textos hebreos y griegos; Londres, Sociedad Bíblica Británica y extranjera; s/f.; 1:3, p. 1.

23 - Ibíd.; 1:5, p. 1.

24 - Moret, Alexandre: "El Nilo y la Civilización Egipcia", Barcelona, Editorial Cervantes, 1927; p. 442.

25 - Cabe resaltar entre las concepciones cosmogónicas que llegaron a tener su influencia, la que se acuñó en la ciudad de Hermópolis Magna, ciudad que le rendía culto al dios Thot. Atum, el dios sol que daría vida al resto de los dioses, nace de un Huevo primigenio: "(…) Huevo que estaba en el vientre del Gran Graznador (…)" ("Libro de los Muertos", Capítulo LIV, p. 103), y Atum ha "(…) salido del Huevo que se halla en el País misterioso (…)" ("Libro de los Muertos", Capítulo XXII, p. 69). También Atum fue asimilado a Re: "¡Oh Re, que estas en tu Huevo, que brillas desde tu disco, que te alzas en tu horizonte, que flotas sobre tus aguas celestes, que no tienes igual entre los dioses, que navegas sobre las Columnas de Shu (…), que iluminas el Doble País con tu luz!" ("Libro de los Muertos", Capítulo XVII, p. 53). Además llegaron a existir otras dos concepciones sobre la concepción del Universo como lo fueron las originadas en Menphis alrededor del dios Ptah, y el de la ciudad de Elefantina alrededor del dios Khnum.

26 - Wilson, John, et. al.: "El Pensamiento Pre-Filosófico", Tomo 1°, México, Fondo de Cultura Económico, 1979; pp. 51-52. El "Libro de los Muertos" presenta la siguiente fórmula donde trata de expresar ese significado: "¡Oh Atum, que te elevas como Gran dios desde la extensión líquida (del cielo) y glorioso (brillas) en la forma de Ruty! ¡(Ojalá) puedas hablar a quienes me precedieron (en la muerte)! N., (que soy yo), ha venido como otro (dios más), mezclándose entre ellos. ¡Qué sean dadas ordenes en mi favor al séquito de Re durante el crepúsculo! (Ello porque) el Osiris N. revive tras la muerte, como Re cada día. Y si en verdad, Re renace de la víspera el Osiris N. renace (así también) (…)". ("Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo III, p. 14).

27 - Wilson, John, et. al.: "El Pensamiento Pre-Filosófico", Tomo 1°, México, Fondo de Cultura Económico, 1979; p. 54.

28 - Lara Peinado, Federico, en: "El Libro de los Muertos", nota al Capítulo XV, p. 25: "Amón-Re-Horakhty es el compuesto teológico de Amón-Re-Horus, como el sol que se levanta por Oriente; Re-Horakhty era la suma de Re más Horus de los 'dos horizontes', esto es, Khepri en la mañana, Re en el mediodía y Atum por la tarde".

29 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XV, pp. 25-26.

30 - Moret, Alexandre: "El Nilo y la Civilización Egipcia", Barcelona, Editorial Cervantes, 1927; pp. 56-62.

31 - Lara Peinado, Federico, en: "El Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; p. 45.

32 - Wilson, John, et. al.: "El Pensamiento Pre-Filosófico", Tomo 1°, México, Fondo de Cultura Económico, 1979; p. 66.

33 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo LXXXV, p. 147.

34 - Wilson, John, et. al.: "El Pensamiento Pre-Filosófico", Tomo 1°, México, Fondo de Cultura Económico, 1979; pp. 65-66. Moret, Alexandre: "El Nilo y la Civilización Egipcia", Barcelona, Editorial Cervantes, 1927; p. 176. Este último autor se inclina, según el grabado que reproduce, que el cielo está representado por una diosa cuyos brazos y piernas tocan la tierra representando así los puntos cardinales.

35 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XVII, p. 53; Capítulo CIX, p. 180 y Capítulo CXLIX, p. 283.

36 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo CLXXII, p. 361.

37 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo CLXXXII, p. 388.

38 - Wilson, John, et. al.: "El Pensamiento Pre-Filosófico", Tomo 1°, México, Fondo de Cultura Económico, 1979; p. 70.

39 - Lara Peinado, Federico, en: "El Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; nota al Capítulo IA, p. 10.

40 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XVII, p. 48.

41 - Siguiendo la nota al pie de página del Capítulo XVII, p. 48, no es un lugar fijo al ser morada de Osiris, y al estar la Isla de los Justos en Ábidos, se interpreta que al seguir el curso de las aguas del Nilo, Sur-Norte, el fallecido, en el Más Allá para entrar en este lugar va a buscar la puerta que estaría para ello en el Norte.

42 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XXXVIII A, p. 86.

43 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XI, p. 181.

44 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo I A, p. 3. En este capítulo se inicia señalando: "(…) lo que debe ser recitado el día de la sepultura para entrar (en el Más Allá) después de abandonar la tierra (…)".

45 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo I A, pp. 7-8.

46 - Donadoni, Sergio: "El Hombre Egipcio", Madrid, Alianza Editorial, 1991, p. 165. Lara Peinado, Federico, en: "El Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; nota 31° al Capítulo I A, p. 8.

47 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo I A, pp. 7-8. Al respecto la siguiente fórmula expresa: "¡Oh vosotros (espíritus divinos); que dais pan y cerveza a las almas perfectas en la mansión de Osiris, dad pan y cerveza a mi alma, en las épocas rituales, estando (victoriosa) con vosotros! ¡Oh vosotros (espíritus divinos), que abrís los caminos, que despejáis los senderos a las almas perfectas (que caminan hacia) la mansión de Osiris! ¡Abrid pues los caminos, despejad los senderos a mi alma estando (purificada) con vosotros! ¡Qué (mi alma) entre enojada, pero que pueda salir apaciguada de la mansión de Osiris sin que se la repudie, sin que se la rechace! ¡Qué entre a su capricho y que salga a su antojo puesto que ha sido proclamada justa! ¡Qué se ejecuten sus órdenes en la mansión de Osiris!".

48 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo III, p. 14.

49 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo VII, p. 17.

50 - Para alcanzar dicho objetivo el difunto deberá de recitar la siguiente fórmula: "¡Oh ushebti de N.! Si soy llamado, si soy designado para hacer todos los trabajos que se hacen habitualmente en el Más Allá, (sabe) bien que la carga te será infligida allí. Como (se debe) alguien a su trabajo, toma tu mi lugar en todo momento para cultivar los campos, para irrigar las riberas, para transportar la arena de Oriente a Occidente". ("Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo VI, pp. 16-17).

51 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XV, p. 24.

52 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XV, p. 26: "(…) Tu carne revive, tus músculos se fortalecen, tus huesos recobran su consistencia, tus miembros se rejuvenecen".

53 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XV, p. 41.

54 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XV, p. 25. En cuanto a la alabanza mencionada al principio del párrafo, la que deberá de brindarle a Re es esta: "(…) ¡Alabanzas a ti, que te elevas bajo formas doradas que iluminas al Doble País el día en que naces! Tu madre Nut te ha traído al mundo. Has iluminado el circuito del disco (solar), Gran Iluminador, que te elevas del Nun, que ha(s) formado tus generaciones, desde las aguas (primordiales). Tu que das alegría a todos los nomos, a todas las ciudades y a todos los rincones, y que los proteges gracias a tu perfección; tu, que manifiestas tu 'ka' en los alimentos y subsistencias (…). ¡Ojalá puedas glorificar al Osiris N., proclamado justo, en el Más Allá! ¡Haz que pueda vivir en el Occidente libre de males y borrarle sus pecados! Coloca (al Osiris) N. como un reverenciado entre los bienaventurados y (haz) que se una a las almas en el Sagrado País, que navegue en la Campiña de las Juncias, después de haber partido pleno de alegría. Por el Osiris N.". ("Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XV, pp. 40-41).

55 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XVII, p. 44.

56 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XVII, p. 45.

57 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XVII, p. 46.

58 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XVII, p. 46: "(…) la Eternidad y la Vida perdurable: la Eternidad es el día, la Vida perdurable es la noche".

59 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XVII, p. 47.

60 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XVII, p. 48.

61 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XVII, p. 56.

62 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XIX, p. 57. En este capítulo se aprecia la fórmula que deberá de recitar el difunto para defenderse de tal amenaza. La misma en su parte medular refiere: "¡Oh Khepri, que resides en tu barca, dios primordial cuyo cuerpo es la Eternidad! ¡Libra a N. de los vigilantes encargados de enumerar (a los muertos), a quienes el Señor del Universo les ha dado poder mágico, que montan la guardia de sus enemigos, que ejecutan la masacre en el Infierno (y) a cuya vigilancia no se puede escapar! Sus cuchillos no me traspasarán, no entraré en su averno, no descenderé a su sala de sacrificios y no permaneceré (capturado) en sus trampas. No se me hará ofrenda de las cosas que los dioses aborrecen, porque soy alguien que sido purificado, que reside en Mesqet y a quien se le ha llevado una cena, a base de tehenet, proveniente del santuario".

63 - Así se refiere el capítulo que detalla el objetivo alcanzado: "¡Ven! ¡Gloria a ti, que eres victorioso, Horus hijo de Isis, hijo de Osiris, sobre el trono de tu padre! (…) Atum ordenó también esto y la Enéada confirmó la hermosa condición de victorioso que adorne a Horus, hijo de Isis, hijo de Osiris, para siempre jamás y (lo mismo ha hecho) con el Osiris N. por los siglos de los siglos. ¡Osiris, Señor del Occidente! Las Dos Capillas reunidas todos los dioses y todas las diosas, que están en el cielo y en la tierra han proclamado victorioso a Horus (…), sobre sus enemigos en presencia de Osiris, Señor del Occidente y han proclamado victorioso (también) al Osiris N. (que soy yo), sobre sus enemigos en presencia de Osiris (…)". ("Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XIX, pp. 65-69).

64 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XXI, p. 69.

65 - Lara Peinado, Federico, en: "El Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; nota 1° al Capítulo XXIII, p. 70.

66 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XXV, p. 72.

67 - Lara Peinado, Federico, en: "El Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; nota 1° al Capítulo XXV, p. 72.

68 - Ibíd.; nota 4° al Capítulo XXV, p. 72.

69 - Ibíd.; nota 1° al Capítulo XXVI, p. 73.

70 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XXVI, pp. 73-74.

71 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XXX B, p. 79.

72 - Lara Peinado, Federico, en: "El Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; nota 1° al Capítulo XXXVII, p. 86. Las dos Amigas, Meret o Meryt eran dos diosas cantantes, dotadas de gran poder de seducción.

73 - Uno de esos métodos es el de que cada miembro de su cuerpo se individualizase con un miembro de un dios diferente: "Mis cabellos son (los de) Nun. Mi rostro es (el de Re). Mis ojos son (los de) Hathor. Mis orejas son (las de) Upuat. Mi nariz es (la de) Khent-khas. Mis labios son (los de) Anubis. Mis dientes son (los de) Selkit. Mis molares son (los de) la divina Isis. Mis brazos son (los de) Ba-neb-Ded. Mi cuello es (el de) Neith (…). Mi espalda es (la de) Seth. Mi falo es (el de) Osiris (…)". ("Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo CCXII, p. 94).

74 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XXXVIII A, p. 87.

75 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo LIII, p. 103.

76 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo LXVIII, pp. 120-121. En el presente capítulo encontramos la siguiente referencia sobre la vitalidad que le fuera otorgada, la cual le permitirá seguir tras su principal objetivo: "Las puertas del cielo me han sido abiertas, las puertas de la tierra no dificultan ya mi paso (…), la bóveda celeste me ha sido abierta (…). La entrada de un gran canal (celeste) se ha abierto para mi (…), la boca de un gran canal me permite salir al día en cualquier lugar que yo desee. Tengo (de nuevo) el dominio de (…) todo mi cuerpo. Puedo disponer (también) de las ofrendas funerarias, disponer de agua, disponer de aire, disponer del oleaje, disponer del río (…) y disponer de los que actúan contra mí en el Más Allá".

77 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo LXXII, p. 128. Este capítulo nos presenta el recitado que deberá hacer el difunto para obtener las transformaciones deseadas. Así se referirá: "Su nombre es Kemkem. Cuando trace su sendero, internándose por el horizonte oriental del cielo y cuando se hunda en el horizonte occidental del cielo ¡qué me lleve consigo y cuando sea prospero sea yo (también) próspero! No permitáis que la Mesqet me rechace y que los rebeldes tengan poder sobre mi. Que no se me eche de vuestras puertas (y) que vuestras puertas no sean cerradas detrás de mi (…). Dadme la ofrenda funeraria, el incienso y los aceites y todas las cosas buenas y puras con las cuales vive un dios. Y que sea una regla para siempre, el tomar todos los aspectos que yo quiera (…)".

78 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo LXXVI, p. 131.

79 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo LXXIX, p. 138.

80 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo LXXX, p. 139.

81 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo LXXXI A y LXXXI B, p. 141.

82 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo LXXXII, p. 142.

83 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo LXXXIV, p. 144.

84 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo LXXXV, p.146.

85 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo LXXXVII, p. 149.

86 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo LXXXVIII, p. 150.

87 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo LXXVII, pp. 131-132.

88 - La fórmula referente es la siguiente: "He aparecido como un halcón divino (porque) Horus me ha dotado de su ba para llevar sus pensamientos a Osiris y a la Duat (…), me ha dado mis alas, ha asentado mi corazón sobre su soporte con su poderosa fuerza (para) evitar que caiga (estando) en el aire (…). ¡Que se me abra el camino, que pueda pasar y que llegue ante los que están en sus moradas secretas, guardianes del Santuario de Osiris!". ("Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo LXXVIII, pp. 134-136).

89 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo LXXXIII, pp. 143-144.

90 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo LXXXVI, p. 148.

91 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo LXXXVI, p. 148. Esto es lo que refiere al respecto esta fórmula: "Me he purificado en la gran altiplanicie, (allí) arroje mis faltas, extirpe mis pecados y lance las impurezas que tenía unidas a mí en mi vida terrenal. ¡Guardianes de las puertas, despejadme el camino, pues soy vuestro igual! Salgo al día y camino sobre mis piernas, pudiendo disponer mis pasos (para ir) hacia el Luminoso. Conozco los caminos misteriosos y las puertas de la Campiña de las Juncias (…)".

92 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo LXXXIX B, p. 167.

93 - Moret, Alexandre: "El Nilo y la Civilización Egipcia", Barcelona, Editorial Cervantes, 1927; p. 128.

94 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo CVIII, p. 178.

95 - Este capítulo expresa lo siguiente: "Conozco la puerta oriental del cielo, cuyo Sur lo forma el lago de las ocas khar y el Norte el canal de las ocas ro, por donde Re navega a vela y a remo. Soy el encargado de los obenques de la barca divina. Soy el remero que jamás descansa en la barca de Re. Conozco los dos sicómoros de turquesa entre los que surge Re y que crecen entre los Pilares de Shu en la puerta del Señor del Oriente por la que se muestra Re". ("Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo CIX, p. 180.

96 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo CX, pp. 183-184. Así hace referencia el presente capítulo: "En este lugar mi poder mágico es poderoso y (también es poderoso) el gran vigor que esta en mi pecho, porque soy El que recuerda para él lo que había olvidado por su causo. (Allí) yo camino, trabajo, siego (…), conozco el nombre de las ciudades de los distritos (y) de los canales que hay en la Campiña (…), donde yo estoy. En ella soy fuerte, en ella soy glorioso. Allí como, allí callejeo, allí trabajo, allí siego, allí hago el amor y allí descanso, allí soy glorioso como Hotep (…)".

97 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo CXII, p. 188.

98 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo CXIII, p. 190.

99 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo CXV, p. 192.

100 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo CXVI, p. 193.

101 - Lara Peinado, Federico, en: "El Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; nota 1° al Capítulo CXXV, p. 199.

102 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo CXXV, pp. 203-204.

103 - Lara Peinado, Federico: "El Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; p. XLIV.

104 - Ibíd., notas 12° y 18° del Capítulo CXXV, pp. 202-204.

105 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo CXXV, pp. 204-207.

106 - Moret, Alexandre: "El Nilo y la Civilización Egipcia", Barcelona, Editorial Cervantes, 1927; p. 460.

107 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo CXXV, p. 208.

108 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo CXXV, p. 210.

109 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo XXX B, p. 79.

110 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo CXXV, pp. 210-211.

111 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo CXXV, p. 213.

112 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo CXXV, p. 213.

113 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo CXXVII, p. 213.

114 - "Libro de los Muertos", Madrid, Editorial Tecnos, 1989; Capítulo CXLIX, p. 290.

 

 

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