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Aplicación práctica de la Teoría de la Evolución de las Especies de Charles Darwin
Supervivencia… de los más rápidos
Fuente: Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A.

Manuel Vázquez

La Habana, 21 jun (PL) No hay gacelas lentas, pues como casi todos saben bien, la naturaleza no perdona errores "de diseño". La que no pudo escapar a tiempo del leopardo no dejó descendencia que se acordara de ella.

Al mismo tiempo, la exigente realidad constantemente premia con la vida a los mejor adaptados a su entorno. Ya hace tiempo Darwin y Wallace se dieron cuenta de ello.

Y no es que en el mundo ingenieril se menosprecie la constante optimización de un diseño dado, todo lo contrario, pero hasta hace muy poco no eran muy evidentes que digamos las influencias de los procesos de adaptación al medio en la creación de nuevos productos, o en el mejoramiento de los ya existentes.

Ahora, en lo que constituye una admirable prueba de la validez de las ideas de la evolución por selección natural, ingenieros del University College de Londres (UCL) lograron hacer evolucionar un automóvil de carreras de Formula 1 para que mejore su desempeño al adaptarse cada vez mejor a las condiciones de una pista.

La aplicación de los principios darwinianos le permitió al profesor Peter Bentley, jefe del Grupo de Biología Digital en el departamento de Ciencias de la Computación, de la UCL, recortar en 0,88 segundos del tiempo de una vuelta.

Ello puede parecer despreciable, pero en un tipo de competencia en que la determinación del ganador y los perdedores se mide en centésimas de segundo, es fuera de dudas algo decisivo.

Para lograr ese avance, ese investigador y su grupo de trabajo empleó un nuevo modelo numérico basado en la aplicación de algoritmos genéticos (el nombre no es casualidad), destinado a la optimización de lo que sea, desde un proceso industrial hasta la geometría de un alfiler.

Ese tipo de algoritmo, de relativamente pocos años de vida, trata como "organismos" llamados fenotipos las posibles soluciones de un problema. Esos entes son colocados en ambientes simulados con los cuales interactúan en base a cierto número de variables predeterminadas.

Como es de suponer, aquellos organismos que mejor responden a esa realidad virtual producen mas "descendientes", que a su vez repiten el proceso de adaptación y reproducción. Tras varias generaciones los fenotipos obtenidos son notablemente más aptos para vivir en el mundo creado por el programador.

En su modelo los científicos tuvieron en cuenta hasta 68 parámetros que definen el comportamiento de un auto de carreras tales como suspensión, dirección, motor, gomas, adherencia al asfalto, presión de frenado, consumo de combustible, así como las principales interacciones entre ellos.

"Efectuando simulaciones fuimos capaces de distinguir como diferentes elementos de carro pueden comportarse. Cada buena solución hallada fue tratada como si tuviera genes propios que la definían", explico Bentley.

"Las soluciones ganadoras fueron combinadas una y otra vez para producir las siguientes generaciones que contenían los mejores aportes de sus "progenitores", hasta que obtuvimos un muy mejorado carro de Formula Uno", agregó el ingeniero londinense.

De acuerdo con confiables simulaciones, en el circuito británico de Silverstone el tiempo de una vuelta mejoró desde un minuto 27,005 segundos hasta un minuto 21,050 segundos.

En la realidad, esa es en el deporte la enorme diferencia entre las lágrimas y el Champagne, para la gacela del inicio de esta historia, algo aun peor, y para los científicos la constatación de que los mecanismos de adaptación y evolución van mucho más allá de lo que dicen muchos libros de texto.

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