Vida Artificial

Investigación

Artículos

Autor

Otros

Cazadores de los microbios perdidos
Fuente: Casa Editorial EL TIEMPO: 06 de Septiembre de 1999
Pruebas de vida a más de 1.800 bajo la superficie terrestre

Un grupo de científicos busca demostrar que en las entrañas de la Tierra algunas bacterias para sobrevivir extraen energía de elementos liberados como subproductos de la radioactividad natural de las rocas. Se han descubierto microorganismos que son capaces de respirar con sulfato, nitrato, uranio y anhídrido carbónico.

Por KEVIN KRAJICK

Especial para EL TIEMPO

Evidencias contundentes de que los microbios pueden sobrevivir en un difícil medio ambiente fueron descubiertas en 1995, cuando un equipo de científicos del departamento de Energía de Estados Unidos encontró organismos que devoraban rocas, es decir, obtenían su alimento de minerales.

Recientemente y a partir de esta experiencia, un científico de apellido Onstott decidió descender a las entrañas de la Tierra con el fin de recolectar muestras y someter a prueba la hipótesis de que algunas bacterias de las profundidades extraen energía de elementos liberados como subproducto de la radioactividad natural.

El lugar escogido para el descenso fue el pozo número 5 de la mina de oro East Driefonten, en Sudáfrica.

Para su viaje a esta biosfera, Onsttot reunió un equipo entre los que figuran Bill Ghiorse, del departamento de investigación de bacterias que devoran basura tóxica en la Agencia de Protección del Medio Ambiente, de Estados Unidos; Duane Moser, un espeleólogo; Svetlana Kotelnikova, una científica rusa que trabaja en Suecia; Mary DeFlaun, integrante de Envirogen, una firma de tecnología ambiental, y Jim Fredrickson, quien ha logrado aislar cultivos de bacterias de las profundidades como investigador del Laboratorio Nacional del Noroeste del Pacífico, en Estados Unidos.

La travesía

Para iniciar su viaje los científicos, con trajes y cascos de minero, ingresaron a una jaula de acero del tamaño de un ascensor. En este cubículo descendieron centenares de metros hacía la profundidad.

En escasos segundos el aire se hizo opresivamente caliente. East Driefonten es una de las excavaciones más profundas del mundo, con unos tres kilómetros desde la superficie terrestre.

En el fondo de la mina, la radioactividad y el calor del núcleo del planeta elevan la temperatura en los túneles a 50 grados centígrados. La presión atmosférica es el doble que en la superficie.

En las profundidades terrestres el oxígeno no abunda, y solo gracias a corrientes de aire provenientes de la superficie pueden disiparse los venenosos gases de metano e hidrógeno que surgen de la piedra.

Chorros de agua que brotan de cañerías a intervalos regulares ayudaron a los investigadores a resistir las altas temperaturas.

La mina forma parte de un mundo subterráneo que comenzó a ser construido en 1886, cuando un agrimensor australiano halló oro en las vecindades de lo que hoy es Johannesburgo.

Desde ese momento, Sudáfrica se convirtió en el nuevo 'Dorado' del planeta. Tres cuartas partes del oro que se procesa en el mundo provienen de esa región. El pozo más reciente, en East Driefontein, demoró 15 años en excavarse. Sin embargo, la expedición científica no va detrás del metal, sino de microbios.

Las muestras

En East Driefontein, Onstott y su equipo pasaron tres meses recogiendo muestras a profundidades nunca antes alcanzadas por los cazadores de microbios. El pozo número 5 alcanza su final a menos 3.400 metros.

En esta misión exploratoria el ascensor se detiene a 1.860 metros de la superficie terrestre. Los investigadores atravesaron un túnel y enfilaron hacia un segundo ascensor que los condujo al sitio más profundo de la mina. Allí, el grupo abordó un tren miniatura que los transportó a un kilómetro de distancia del ascensor.

El tren se detuvo frente a un lugar repleto de mineros que trabajan con taladros y martillos neumáticos extrayendo oro. En medio del pandemonio, los científicos encontraron su objetivo: una veta de carbón labrada de piedras redondas y de filamentos brillantes.

La mina tiene trazos de uranio y una extraordinaria concentración del dorado metal. Pero lo que los científicos buscan son los compuestos de carbón, principal alimento de los microbios.

Pruebas de vida

Los pequeños organismos fueron hallados en cuevas de basalto, a 1.300 metros de profundidad. En una serie de experimentos, el biólogo Todd Stevens, del Laboratorio Nacional del Noroeste del Pacífico, demostró que estas rocas reaccionan con agua de manantiales subterráneos para liberar hidrógeno.

Estos microbios combinan el hidrógeno con el anhídrido carbónico existente en el agua para formar compuestos orgánicos. El principal producto de desecho es el metano.

Pero comer es solo la mitad de la ecuación. Al igual que los mamíferos, muchas bacterias necesitan respirar, combinar comida con otras sustancias para liberar energía.

El oxígeno es raro debajo de la superficie, pero los biólogos han encontrado microorganismos que respiran una gran variedad de alternativas, como sulfato, nitrato, uranio y anhídrido carbónico.

En rocas que Onstott recolectó en 1996 en una visita a otra mina sudafricana, los científicos Jim Fredrickson y Tom Kieft descubrieron una bacteria resistente al calor que inhala hierro, nitrato, manganeso, azufre, cromo, cobalto y oxígeno.

Moser, otro de los investigadores, comenzó a extraer muestras con ayuda de un martillo y de un cincel esterilizados.

Más tarde, el equipo de Onstott se encontró con una sorpresa: algunas piedras parecían albergar entre cien mil y un millón de microbios por gramo. "Eso es cien veces superior a lo que esperábamos", agrega el líder de la expedición.

El equipo también halló microorganismos de un tamaño seis veces mayor a los que existen en la superficie. Algunos de esos microbios inhalan hierro. Otros viven en el metano.

Toda clase de hipótesis se tejen a raíz de estos hallazgos. Inclusive algunos científicos tienen la teoría de que algunos de estos pequeños organismo de las profundidades han depositado las filigranas de oro en la mina East Driefontein.

1