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Kasparov vs. Deep Blue, un duelo "muy desigual"
Fuente: Casa Editorial EL TIEMPO (19 de Mayo de 1997)

El duelo entre el mejor jugador del mundo de ajedrez, el ruso Gari Kasparov, y el ordenador Deep Blue de IBM que se disputó estos día en Nueva York, constituye un ejemplo claro de la inútil lucha del hombre contra la máquina.

Los simples aficionados que se han comprado alguno de los numerosos modelos de artilugios que juegan al ajedrez saben muy bien - han jugado muchas más partidas que Kasparov - de la impotencia y la rabia que se siente al perder con uno y las pocas satisfacciones que se da al vencerlos, sobre todo si se han hecho trampas como volver atrás una jugada, grave violación de las reglas que no aceptaría un ser humano.

Ese monstruo de dos metros de altura y mas de quinientos kilos de peso llamado Deep Blue II hizo frente al campeón del mundo con éxito, y haciendo trizas al mismo tiempo la aureola de juego científico y de arte que rodea al ajedrez.

Kasparov ha llegado a decir que había una mente humana detrás de Deep Blue, ya que algunas veces jugaba como un hombre, sin pensar en esos cientos de miles de pequeños ordenadores que todos los días vencen a los humanos en esas partidas caseras y que no tienen un gran maestro detrás.

Muchos aficionados se preguntan que cómo es posible que una máquina creada por el hombre llegue a jugar mejor al ajedrez que éste. Las ventajas que tiene Deep Blue sobre Kasparov o cualquier otro jugador de élite son bien evidentes.

La máquina no se ha ido la noche anterior de copas, ni ha mantenido relaciones sexuales, ni ha estado hasta las cinco de la mañana con su entrenador analizando el juego de su contrario. Los ruidos del hotel no lo han molestado y no tiene problemas familiares o económicos. Carece de ambición y no le interesa para nada la política, ni le quitan el sueño el problema de los ruandeses, de los albaneses o de los zaireños. No tiene digestiones pesadas, ni siente la necesidad de tomarse un café, un tinto o dos litros de agua durante las partidas.

Además, tiene almacenada en su interior un millón de partidas que puede comparar y analizar, en el momento de jugar. Ha "estudiado" todas las partidas de Kasparov y compensa sus fallos con una exhaustiva búsqueda de las mejores jugadas en cada posición.

Cuando empieza la partida, no está preocupado en absoluto por su ELO (puntuación para la clasificación mundial) ni por su ego, no le sudan las manos, ni se le ponen rojas las orejas en una posición perdedora, ni mueve compulsivamente las piernas, ni se hurga la nariz, ni tiene que dar ruedas de prensa tras la partida y hacer frente a las insidiosas preguntas de los periodistas.

El último error

El error es la sal del ajedrez. Los mejores jugadores del mundo de todas las épocas los han cometido, no sólo en partidas amistosas, sino en campeonatos del mundo o en grandes torneos. El escritor, periodista y gran maestro Francis Xavier Tartakover decía que pierde el jugador que comete el último error.

Las máquinas de jugar al ajedrez no cometen errores. Juegan mas o menos bien, no comprenden aún ya llegará, ciertas posiciones, ni cómo en la primera partida de este "match" dan más valor a una torre sin juego que un alfil que domina la gran diagonal, y se siguen "comiendo" la fruta" sin darse cuenta de que empeoran la posición, como en la cuarta partida.

El gran maestro español Miguel Illescas, que actúa de asesor de IBM para el programa de Deep Blue en su calidad de jugador profesional y de informático, estuvo convencido del triunfo final de la máquina sobre el hombre "aunque falten por limar algunas asperezas".

Deep Blue no juega bien, excepto en la segunda partida, pero no pierde. Como decía Kasparov, a Deep Blue no le pueden hacer bellos sacrificios al estilo del ex campeón del mundo Mijail Tal. Calcula demasiadas jugadas en muy poco tiempo y la noción de sacrificio es difícil de imbuir en el silicio, pero si sabe a largo plazo, las condiciones reales de las posición tras el sacrificio.

Sin personalidad

Por otra parte, la personalidad de los jugadores es otro de los gran condicionantes en una partida. Existen los jugadores de ataque, los defensivos, que construyen una fortaleza inexpugnable alrededor de su rey y esperan el fallo de su contrario. Los hay conminativos o tranquilos. Algunos se saben todas las aperturas y otros juegan por intuición.

La máquina "pasa" todos estos conceptos. Está programada para hacer la mejor jugada posible en cada movimiento, "fríamente y sin motivos personales".

Todos los escritos psicoanalíticos sobre el ajedrez, como su primitiva significación como juego bíblico y su evolución hacia otros significados psicológicos, no se pueden aplicar en absoluto a la máquina. Para Deep Blue eliminar al rey contrario no significa matar el padre (complejo de Edipo).

"El hombre es sólo hombre cuando juega", decía el poeta alemán Johan Schiller y podía haber añadido ... "cuando juega contra un hombre y no contra una máquina".

¿Que hay detrás?

Por otra parte detrás de toda la parafernalia montada por la multinacional para difundir el mal llamado "duelo entre el hombre y la máquina", se esconde la clara intención de conseguir ganancias millonarias en publicidad, lo consiguió aún sin haber terminado el juego.

El fabricante de ordenadores IBM gastó, según The Wall Street Journal, alrededor de cinco millones de dólares en la organización del evento e incluso en el superordenador "Deep Blue".

La empresa llegó a calcular que la publicidad que conseguiría en el mundo entero, mediante la cobertura periodística del evento deportivo, le costaría por lo menos 100 millones de dólares.

Incluso, algunos expertos en publicidad sostienen hoy día que no hay dinero que pague la positiva difusión que ha conseguido IBM en la competición con el campeón mundial de ajedrez.

El evento, que duró toda una semana, fue precedido por una competición similar el año pasado, en que Kasparov derrotó al ordenador y pese a eso, IBM decidió repetir la experiencia, quizás para recuperarse de la lluvia de críticas de la prensa internacional que cubrió el verano pasado en los Juegos Olímpicos de Atlanta (EEUU).

La pregunta que nos queda para Kasparov es: ¿Valió la pena sacrificar la imagen de campeón mundial imbatible por un puñado de dólares y de paso el respeto que el hombre le ha tenido al llamado "juego ciencia"?, y la pregunta para IBM es: ¿Estaría dispuesta a enfrentar a Deep Blue con otra máquina de las mismas o mejores características y operada por expertos en ajedrez e informática?.

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