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Stephen Jay Gould: polémico gigante de la ciencia de la evolución
Fuente: CNN en español (22 de Mayo de 2002)

Por JOSE PEREZ FIRMAT

(CNN) -- Stephen Jay Gould, quien popularizó la teoría de la evolución para millones de estadounidenses a la vez que atacó muchas de las vacas sagradas convencionales de la misma, murió a los 60 años de edad el lunes tras una larga batalla con el cáncer.

imageGould fue uno de los científicos especializados en la evolución más influyentes del siglo XX. Pero su fama con el público en general la debe más a su pluma. Con un estilo limpio y ameno, rescató del olvido el ensayo literario en el campo de las ciencias naturales.

Por 300 números consecutivos, desde 1974 hasta el año pasado, contribuyó un ensayo a la revista Natural History bajo el título "This view of life", o "Esta óptica de la vida," frase tomada de "El origen de las especies" de Darwin: "Hay grandeza en esta óptica de la vida, con sus varios poderes, habiendo sido imbuidas originalmente en unas cuantas formas o en una; y que, mientras que el planeta ha seguido su circuito según la ley fija de la gravedad, de un inicio tan sencillo han evolucionado, y evolucionan aún, un sinfín de bellas y maravillosas formas."

Sin embargo, Gould ha sido el seguidor de Darwin que más ha impugnado la versión convencional de la teoría de la evolución. Según esta, la evolución es sumamente gradual. Opera por la adición de pequeños cambios que, acumulándose y propagándose en la población de una especie gracias al mecanismo de la supervivencia del mejor adaptado, paulatinamente lleva a la transformación de una especie ya existente en otra especie nueva.

Gould con Niles Eldredge propuso una teoría alternativa, que bautizó con el nombre "equilibrio puntuado". Esta propone que, por lo general, una especie establecida en un nicho ecológico dado no evoluciona, sino que es estable.

Para Gould y Eldredge, el nacimiento de una especie nueva es súbita; se da cuando una subpoblación de una especie establecida se encuentra aislada y bajo condiciones que favorecen cambios; después esta nueva especie se extiende: la competencia se da no solo entre individuos de una especie, sino entre especies que ocupan nichos ecológicos parecidos y que, frecuentemente, tienen orígenes comunes.

La teoría no es excluyente: no pretende que éste sea el único mecanismo posible, pero sí alega que es el principal.

Uno de los argumentos fundamentales a favor de esta hipótesis es el problema del "eslabón perdido" en los fósiles. Una y otra vez se puede ver en los fósiles una especie que ocupa un nicho, y después otra parecida que la reemplaza y que obviamente descendió de la primera. Pero lo que rara vez se encuentra son muestras de la evolución, los pequeños cambios que lentamente se van acumulando y generalizando para lograr la transformación de la especie original en la especie nueva, como requeriría la tradición darwiniana ortodoxa. Gould argumenta que los momentos intermedios rara vez quedan como fósiles porque duran poquísimo tiempo y están concentrados en un lugar y una población pequeña.

Para Gould, decir que el registro que representan los fósiles es imperfecto no es una solución al problema, porque incluso los casos mejor documentados, como el de la evolución humana, presenta el mismo cuadro de evolución por brincos en lugar de un proceso gradual y constante.

La idea de que la evolución no se da con un gradualismo constante, sino con saltos súbitos no es original de Gould y su co-autor. Como Gould reconoce en el libro "Ever Since Darwin", fue expuesta por Federico Engels a fines del Siglo XIX, en un ensayo que Gould clasifica de "brillante" a la vez que lamenta que no tuvo ningún impacto sobre el pensamiento científico occidental.

Y no es casual, por tanto, que Gould dijera en una entrevista que aprendió marxismo "sentado en la rodilla de mi papá," y que gestara su teoría precisamente a finales de los años 60.

Fue una era convulsionada en la sociedad norteamericana y más que nada en la academia; Gould era un recién egresado de estudios de posgrado que iniciaba su carrera en Harvard. Fue un momento en que se cuestionaron todas las ortodoxias; pero pocos cuestionamientos tuvieron un impacto más duradero en su campo que el del joven paleontólogo.

Sin embargo, Gould no fue un activista, un "intelectual comprometido" de la tradición europea, sino principalmente y sobre todo un científico, aunque uno con una audiencia mucha más amplia que los estudiosos de su ramo. Sin embargo, sus ensayos y libros jamás se limitaron a ser exposiciones populares, sino que fueron análisis críticos. Y tampoco se limitaron al campo de la paleontología y la evolución.

Una de sus obras más conocidas y más polémicas es "The Mismeasure of Man," que fue traducida al español con el título, "La falsa medida del hombre".

Comienza con la frenología, una seudo-ciencia que pretendía deducir la capacidad intelectual e incluso el carácter moral del hombre en base a la medición y apariencia del cráneo y otros rasgos físicos, y se utilizó en los siglos XVIII y XIX para justificar el colonialismo y la esclavitud.

Pero de ese punto de partida, Gould se lanza en una audaz polémica en contra del coeficiente intelectual (IQ, por sus siglas en inglés), cuya validez aún se aceptaba entonces igual que hoy como un dogma incuestionable entre muchos sicólogos y educadores.

El argumento fundamental de Gould es científico: que eso de una inteligencia general, lo que estaría midiendo las pruebas del "coeficiente intelectual" no existe, es una invención del hombre creada por un proceso de reificación, que las capacidades intelectuales de los seres humanos son múltiples, diversas y variables, y no pueden reducirse a una cifra.

En el curso del argumento, documenta uno de los grandes fraudes científicos de todos los tiempos, los estudios de gemelos idénticos separados a temprana edad realizados por Cyril Burt. Los estudios pretendían confirmar que "la inteligencia" era hereditaria. El fraude de Burt se descubrió cuando sus resultados fueron sometidos a un análisis estadístico. Resultó que era matemáticamente imposible en la vida real lograr resultados tan matemáticamente perfectos como los que Burt dijo haber obtenido.

El libro de Gould anticipó y refutó de antemano los argumentos presentados en "The Bell Curve", de Richard J. Herrnstein y Charles Murray, obra que tuvo gran impacto en la vida intelectual de Estados Unidos, porque justificaba las divisiones socio-económicas y raciales de la sociedad norteamericana con la idea de que eran el resultado de la diferencia en la inteligencia heredada por los distintos grupos.

Gould fue fulminante en su crítica del libro, crítica sin duda inspirada por sus propias ideas políticas pero sin embargo realizada desde el punto de vista científico.

Igualmente, Gould fue el paladín de quienes se opusieron a los fundamentalistas religiosos norteamericanos, que representan un porcentaje significativo de la población, que querían que se introdujera el estudio de la Biblia en las escuelas al lado del estudio de la teoría de la evolución, con el argumento que "debe escucharse ambos lados."

A lo largo de su carrera, Gould recibió múltiples premios y reconocimientos. Estuvo en la primera cosecha de los ganadores de los llamados premios para genios de la fundación MacArthur; recibió varios galardones literarios; sus clases en Harvard jamás tenían cupo suficiente para todos los que querían asistir; llenaba los auditorios cuando daba conferencias; fue presidente de la Asociación para la Promoción de la Ciencia de Estados Unidos y miembro de la Academia Nacional de Ciencias.

Quizás el único otro científico norteamericano que tuvo un impacto similar entre un público amplio fue el cosmólogo Carl Sagan. Cuando éste murió, Gould, en un artículo conmemorativo para la revista Science, habló del "legendario servicio a la ciencia" que Sagan había prestado. Lo mismo podría decirse de Gould.

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