Han existido vastas
especulaciones acerca del surgimiento del mundo que nos rodea. ¿Cuál será la
materia prima, tal vez compleja o tal vez no, de la cual está hecha esta
maravillosa naturaleza? ¿Cuál será ese particular principio o el llamado arjé
según los pensadores antiguos? Será que Anaximandro tiene razón en que el arjé
no puede ser lo infinito y lo eterno si la propia materia de la cual está hecho
el arjé es limitada y finita. O bien, será el aire un principio vital? Para Anaxímenes así lo era, decía que el
aire era capaz de dar vida y de transformar las manifestaciones de ésta. O será
el agua de Tales, las “moléculas” de Anaxágoras, los átomos de Demócrito o las
cuatro raíces de Empédocles; todas tienen en común ser principios físicos.
Pero volviendo
al pensamiento filosófico sabio de Anaximandro, el primer principio o apeirón o
lo indeterminado, lo indefinido, es simplemente el todo para él. Decía que de
éste nacen los cielos y los mundos dentro de ellos, de ella les viene el
nacimiento a todas las cosas existentes y en ella misma se convierten cuando
mueren.
Entonces,
¿cuál es la relación arjé-apeirón? El arjé se entiende básicamente como un
surgimiento físico real de todas las cosas, pero el apeirón vendría siendo algo
con un grado más de complejidad y más que eso, de profundidad. Éste abarca
pensamientos cosmológicos y filosóficos a la vez.
El arjé se
entiende como origen a partir del cual surge todo o la naturaleza componente de
algo. Resulta ser muy difícil el explicar que otros seres o realidades
distintos surjan a partir de ahí. Pero si suponemos una arjé
indeterminada, podrá originarse de ella cualquier determinación. Dependiendo
del tipo de arjé surgirán simples o complejas formas y realidades.
Ahora, el
apeirón en el ámbito cosmológico, Anaximandro hablaba de “mundos”, esto nos
dice que existe una pluralidad de mundo en nuestra propia realidad. Siempre
existió la dualidad de opuestos, como el ser y el no ser, el amor y el odio, la
concordia y la discordia, el ying y el yang, etc.
En cuanto
a la perspectiva filosófica, el apeirón no sólo lo abarca todo, también lo
“gobierna” todo, ésto mediante un envolvimiento exterior, impidiendo la
expansión posterior del cosmos; reparando el desgaste que el cambio significa,
suministra una fuerza vital.
Pero a
pesar de toda ésta información e ilimitadas especulaciones acerca del
surgimiento de todo lo que nos rodea, habremos llegado a una sóla conclusión?
La vida es
materia para la mayoría. No se crea ni se destruye, sólo se transforma.
¿Seremos la transformación real de una vida llena de cambios o seremos la
transformación irreal teológicamente hablando creyéndonos la creación divina de
alguien superior?
Lo más
complejo de todo es que nos hacemos creer a nosotros mismos que somos
superiores cuando ni siquiera sabemos nuestro propio principio.
El arjé o
el mismo apeirón está en cada uno de nosotros, podrán haber miles y miles de
pensamientos acerca de dónde ha surgido tan perfecta naturaleza, pero la razón
de todo no la tiene nadie. Cada uno de nosotros sabe si atribuye nuestra
existencia a lo mágico, a lo físico, a lo divino o a lo racional. ¿Seremos el
fino surgimiento de lo mínimo perfecto o la continuidad y transformación de lo
máximo existente?
TATIANA ROMERO HDEZ.
602.