I Foro Latinoamericano de
Educación
“ para que hablen los pueblos...”
Nuevos Movimientos Sociales:
Reflexión y Praxis Educativa
Documento Marco de Trabajo
Ejes de
discusión:
1)
La Educación como
responsabilidad de la Sociedad y del Estado
y como búsqueda de la integración
de los Pueblos de América Latina
El modelo neoliberal que
recorre el planeta y la crisis global del sistema ponen en jaque a las sociedades en su
conjunto resquebrajando todas las actividades, instituciones y espacios
sociales.
Este modelo
pretende modificar nuestros valores e identidad para acomodarlos a las
exigencias del mercado.
Hoy son las imposiciones emanadas de organismos económicos mundiales –
OMC, FMI, BM y sus cómplices locales
– las que impregnan de la lógica
mercantilista a la Cultura, la Educación y la Comunicación.
Este esquema
es resultado del sistema mundial formado hace cinco siglos y producto del orden
colonial. Desde entonces estamos
inmersos en un modelo de dependencia en las relaciones Norte - Sur.
“El
subdesarrollo no es una etapa del desarrollo, es su consecuencia. El
subdesarrollo de América Latina proviene del desarrollo ajeno y sigue
alimentándolo.” (1)
Es en
ese marco que funcionan las políticas neoliberales.
Los Estados
Nacionales, cada vez más debilitados por la globalización neoliberal y
obligados a realizar planes de ajuste
estructural, no tiene
posibilidad de proyectar políticas educativas a largo plazo pensadas desde y
para sus sociedades. La Educación se
convierte así en una carga y deja de ser un bien social.
El neoliberalismo entiende a la Educación como una herramienta en función
del mercado, lo cual supone que sea tratada con la misma lógica de los
beneficios y ganancias económicas. El esfuerzo humano se iguala así a
cualquier otro tipo de capital; esto implica una concepción de la Educación con funciones meramente
económicas.
Así considerada, el Estado la usa como variable
de ajuste, provocando un deterioro que no hace sino agravar la
desestabilización de las instituciones democráticas. Una de las consecuencias
es la destrucción de la Escuela Pública.
La Educación se ha
trasformado en el lugar de asistencialismo de los más
pobres y golpeados por el sistema o en el lugar de privilegio cada vez más
estrecho y elitista para los que pueden pagarla. Los hijos de los pobres van a
escuelas de baja calidad, no para aprender sino para alimentarse, trastocando
la función de la escuela y de la vida familiar.
Hoy está en discusión
el papel del Estado con relación a la Educación.
Aspiramos a la creación de un Estado con un perfil
humanizado que estimule y garantice la participación real y no sólo
declamatoria de docentes, alumnos y padres en las decisiones, la planificación
y en el manejo de las instituciones educativas. Un Estado que respetando las
diferencias y las voces de los distintos grupos étnicos, sociales, de
generación, y de género promueva el
diálogo de saberes
y experiencias en lo local, lo nacional, lo regional y lo internacional.
De ese modo
el Estado sería propulsor y articulador de políticas
educativas nacionales, fuertemente inclusivas, concebidas como servicio
público, democratizadoras y formadoras de ciudadanos participativos,
críticos, que entiendan y defiendan la
diversidad cultural; ciudadanos comprometidos en un debate social permanente y
abierto para la construcción dinámica de la realidad.
Democratizar las
instituciones es un imperativo para construir alternativas al orden neoliberal.
El rol educativo – democratizador tiene que ser ejercido por todo el espectro
de las organizaciones sociales. Paralelamente la escuela debe ser el espacio
vital donde los integrantes de la comunidad no sólo estudien qué es la democracia, sino que la
practiquen y la ejerzan junto a los educadores.
Los niños y jóvenes deben
ser, al igual que los adultos, interlocutores sociales respetados como sujetos
con voz propia y validados en su pensar y actuar desde sus lugares particulares
y específicos. El desarrollo cotidiano de prácticas democráticas garantizará la
defensa de los derechos individuales y colectivos y la profundización de
relaciones interpersonales e institucionales impregnadas de espíritu anti-autoritario.
Argentina y América
Latina están llamadas hoy más que nunca a profundizar la democracia como
una de las maneras de enfrentar la
dominación extranjera imperialista.
Hoy la nueva
forma de opresión que nos amenaza se llama ALCA, proyecto de las
trasnacionales para intentar continuar y
profundizar el robo, el pillaje y la
explotación que desde hace 500 años vive este continente y así acallar, mediante este proyecto
neo-colonial, los sueños de las grandes mayorías silenciadas.
La palabra Cooperación,
entre los países del Sur, especialmente los de Latinoamérica, vuelve al centro
de la escena como una de las maneras de
enfrentar y superar los peligros que nos acechan y como una nueva manera de
pensar el presente y el futuro de la Región.
La Educación
en Argentina y en América Latina debe constituirse también como el espacio de
construcción de la Patria Grande
liberada, aquella que soñaron Simón Bolívar, San Martín, José Martí, Simón Rodriguez y Paulo
Freire.
Comenzar a pensar la
colaboración, el intercambio y la integración educativa del Mercosur debe transformarse en una tarea prioritaria.
2)
La Educación como
espacio de recuperación de la palabra acallada
Hoy más que nunca
debemos revisar el rumbo de nuestras sociedades y del mundo en su conjunto.
La
cultura occidental que transitamos desde hace mas de 500 años experimenta un
franco deterioro y decadencia. La
muestra más clara de esta decadencia tiene que ver, fundamentalmente, con las
prioridades de valores que promueve.
La
violencia es una de esas prioridades; la valoración del dinero está también
entre ellas. Tiene que ver con la forma en que se articula la sociedad
alrededor de patrones de consumo que no están definidos por las necesidades
básicas de las personas, sino por las sobre-ofertas de mercancías que buscan
ganar el mercado.
Muchos de los
graves problemas que sufren nuestras sociedades provienen de su historia.
América Latina, a partir de 1492, nace como énclave
colonial, siendo avasallados sus pueblos y sus culturas originarias. La dependencia
y las características culturales que
vivimos desde entonces deben entenderse desde esta perspectiva.
La conquista de América implicó no sólo un proyecto económico, sino
también “una batalla cultural. La
violencia, la destrucción material, las confiscaciones económicas y la
esclavización de los indígenas se acompañó de un
forzado proceso de enculturación mediante el cual la minoría dominante fue
propuesta como modelo para la mayoría dominada.
“Freire llama ‘Cultura del Silencio‘ al conjunto
de pautas de acción y esquemas de pensamiento que conformaron la mentalidad y
el comportamiento de los latinoamericanos desde la conquista.
Siglo a siglo la opresión fue moldeando la conciencia, el mutismo y la
pasividad “. (2)
La conquista implicó desconocer el orden social
existente imponiéndose autoridades, valores y culturas ajenas a las de las
poblaciones nativas. “Así vivimos nuestro período colonial
... casi siempre imposibilitados de hablar. La única voz que se podía oir era la del púlpito “. (3)
“El mutismo no es propiamente inexistencia de
respuesta. Es una respuesta a la que le falta un tenor profundamente crítico.”
(4)
Siglos después, junto a la industrialización, nace la
escuela, “ lugar privilegiado de control sutil por y
de la palabra.
La escuela continuará alejada de las penas, las ansias y las luchas de
los pueblos por medio de cartillas y
textos que transmiten la visión de las minorías. La cultura escolar prolonga la
cultura del silencio.
La historia de América Latina es la de un largo
proceso de incomunicación: atrapada en una historia en la que hubo próceres y
soldados pero no pueblo.” (5)
De allí que Paulo Freire sostenga que la Educación
debe comenzar a ser pensada como diálogo.
Dialogar sobre el mundo y con el mundo, afirma, es lo que hace al hombre un ser histórico.
Eso
implica revertir la concepción vertical y militarizada de la historia y echar
los cimientos de una posesión colectiva, comunitaria del mundo.
El diálogo es concebido en Freire como
la posibilidad de elegir, de proyectar y de construir sueños y
esperanzas, para comenzar a edificar el
mundo que deseamos.
Los nuevos movimientos sociales y su perspectiva dialógica se hallan en la búsqueda de la recuperación de la
palabra, palabra que nos expresa como
pueblo, palabra que se despliega en
infinitud de voces y se integra en la
construcción de otro mundo posible.
Palabra detonante en la denuncia y
palabra que moviliza en la realización universal de los derechos humanos
individuales y colectivos desde la especificidad de cada etnia, clase, sector
social, género y generación.
Resignificar
la palabra es también visualizar otras formas de comunicación más allá del
lenguaje verbal: lo actitudinal, lo corporal, lo
testimonial, lo creativo y los valores humanos que transcienden lo meramente
cognitivo.
Recuperar la palabra es también expresarse en todas las lenguas
latinoamericanas: español, portugués, quechua, guaraní, quiche, etc.
Recuperar la palabra, cargarla de
contenidos históricos, culturales y sociopolíticos es la deuda que la
escuela y los centros de formación
superior tienen con sus pueblos y es una urgente tarea a la que deberían
abocarse.
Sin palabra situada en el género, la etnia, la clase y en los diferentes
movimientos sociales no hay democratización posible; sin palabra situada en la
historia, el diálogo deja de serlo para convertirse en simulacro.
Nunca
como antes se ha
revelado la disociación entre la escuela y la realidad contemporánea. La
explicación de ello debe buscarse en múltiples determinaciones.
En
la época que transitamos uno de los fenómenos
que más ha impactado en la vida
sociocultural tiene que ver con la revolución científico- tecnológica
y con la aparición de los medios masivos de comunicación que hacen que muchas
de las bases fundacionales de la escuela de la Modernidad comiencen a entrar en
crisis.
La
existencia de los medios de comunicación implica, para las nuevas generaciones,
la posibilidad de acceso a múltiples saberes y vías
de socialización y
aprendizaje aún antes de su llegada a la escuela.
Las
características de los medios, así como su lógica, acentúan la crisis de
legitimidad que recorre al conocimiento y a la autoridad escolar y al libro y a
la escritura como medio de adquisición
de los aprendizajes.
El
modelo escolar se halla rebasado.
Este
problema se torna más acuciante si se piensa en la influencia que los valores
mercantilistas que transmiten poseen sobre las nuevas generaciones.“ De esta perversión no son responsables sólo los grupos
económicos sino también el sistema educativo incapaz de pensar en la
envergadura de los cambios culturales que emergen en relación con los niños y
los jóvenes con los medios y las tecnologías audiovisuales e informáticas.
Pensar en esta
problemática y tomar postura activa frente a ella implica la lucha contra la avasallante lógica
mercantil, defender una televisión donde la sociedad civil también pueda
expresarse, la posibilidad de que las distintas regiones puedan construir sus
imágenes de la diversidad cultural.”
También la
posibilidad de formar una mirada crítica
que distinga entre información independiente y sumisa del poder político o
económico, entre programas que buscan conectar con las contradicciones, dolores
y esperanzas y los que nos evaden y
consuelan.” (6)
Debemos, sin embargo estar alertas
respecto de no confundir el vínculo entre la escuela y los medios
entendiendo por esto tecnificar la escuela, en el sentido de adoptar el uso de los
aparatos con el fin de trasformarlos en soportes de los contenidos y los
programas escolares. En cambio, la radio, el cine, la televisión y los medios digitales deberían
ser usados en su potencialidad expresivo-narrativa, multimedial que
rebasa lo curricular en la diversidad y libertad de sus temas.
La consecuencia de esto implica otro desafío para la
Educación: la alfabetización debe comenzar a concebirse de una manera más
amplia que la referida a la adquisición de escritura fonética. Se trata de incorporar nuevos códigos referidos a los
lenguajes multimediales y los textos electrónicos.
Los ciudadanos del Siglo
XXI deben ser capaces de leer y expresarse en los diferentes códigos comunicativ :
códigos referidos al libro de texto, a la televisión, al cine, a los
videojuegos y al hipertexto.
La democratización de la
Educación debe entenderse también como el acceso a estos nuevos lenguajes por
parte de todos los miembros de nuestras
sociedades. De ese modo estará garantizada la posiblidad
de participación plena de todos los
actores sociales en las decisiones y proyectos colectivos.
Ello requiere asumir retos culturales y políticos,
asumiendo los medios como una dimensión estratégica en el campo de la Educación
vinculada a los nuevos modos de
representación y acción ciudadanas.
Hoy emergen nuevas formas de ciudadanía. Ser ciudadano ya no significa
solamente disponer de derechos políticos, civiles y sociales. Una nueva
concepción implica también participar en
condiciones de mayor igualdad en el intercambio comunicativo, en el consumo
cultural, en el manejo de la información y en el acceso a los espacios
públicos.
Esta nueva forma de ser ciudadano implica además
superar la dicotomía entre educación y trabajo y concebir escuelas desde la
Vida y para la Vida, donde los educandos aprendan el valor del trabajo como
generador de capacidades creativas y humanizadoras y
para que deje de ser el lugar de la expoliación de la naturaleza y de la
explotación, la nocividad y la alienación en que lo han colocado las relaciones
capitalistas de producción.
Ser ciudadano del Siglo XXI supone un nuevo vínculo entre el
hombre y su medio ambiente; considerar a la naturaleza desde una perspectiva
humanizada es pasar de una visión antropocéntrica de la vida y del mundo, a una
visión biocéntrica.
La actual civilización está cargada de soberbia
y de
idolatría por lo humano-
tecnológico sin valoración ni ética sobre lo natural lo que ha llevado a romper
con los múltiples sentidos que tiene la naturaleza.
Se trata de pensar
en crear una nueva cultura y un nuevo paradigma
que implique que los procesos
educativos puedan ejercer una mirada crítica del orden actual, y a partir de ahí, sentar las
bases para una civilización intercultural. Introducir en la Educación una nueva
cosmovisión que refleje una relación más equilibrada, más simbiótica entre
sociedad y naturaleza.
El nuevo paradigma debe ser superador al de la Modernidad que
concibe a la Razón como el único
medio de acceso al conocimiento. Un paradigma que se eleve sobre la estrecha y
limitada concepción científico -tecnológica, unido a la idea de Progreso y al
afán utilitario como única y excluyente
manera de concebir el saber y de orientar la existencia.
Esto implica
reconocer que existen otros saberes y lógicas
opuestas o diferentes a la racionalidad científico- tecnológica y vinculadas a la faz
simbólico-expresiva y filosófica.
Es preciso aceptar la necesidad de una racionalidad ampliada para explicar aquello que la ciencia no puede
hacer.
Esto implica la superación
de una concepción occidental y eurocéntica de la cultura que subestima, rechaza o niega
lo múltiple y lo diferente.
Podría pensarse en una
escuela que incorpore los lenguajes multimediales y, mediante una apropiación crítica tanto de
esos mensajes como de la palabra
escrita, posibilite a los ciudadanos del siglo XXI el diálogo y el intercambio de esas lógicas y
de esas realidades culturales negadas o excluidas ; una escuela como motor de
un nuevo tipo de ciudadanía; de hombres y mujeres pensantes, capaces de apropiarse de la herencia cultural
de sus grupos y sociedades como de los conocimientos necesarios para hacer
frente a los desafíos de la sociedad contemporánea
Para ser ciudadanos
del Siglo XXI se hace necesario
que las personas puedan expresar sus demandas y opiniones en los espacios
locales y en los medios de comunicación
de masas. Manejar los códigos y las
destrezas cognoscitivas para adquirir información estratégica en función de diferentes
proyectos así como conocer y manejar las posibilidades comunicativas y el
ejercicio de derechos para defender diferencias culturales y desarrollar
identidades de grupos o de territorio
También los sujetos deben poder adquirir
aprendizajes organizativos y de gestión en vistas a promover y
hacer respetar proyectos socialmente vitales basados en la idea del
esfuerzo cooperativo.
La Educación en nuestra
época significa la formación de personas educadas en valores morales y políticos como la tolerancia y el
respeto a la diferencia, la comprensión de la problemática ecológica y la
defensa de la naturaleza y las especies, la paz, la justicia, los derechos
humanos, la autodeterminación de cada nación y la solidaridad entre los hombres
y mujeres y los pueblos.
Debe revertirse la idea de crear
una escuela para adecuar posteriormente a ella
las generaciones que la transitarán. Se necesita un educando
protagonista de su propio proceso educativo
y de la transformación cultural de la sociedad en que vive, no importa cual sea su edad, género o condición social; esto
significa poner en acto un espacio
educativo amplio, que va mucho más allá de las aulas, que da lugar a la
producción, la distribución igualitaria y el intercambio del conocimiento, como
patrimonio esencial de la humanidad (y no de ninguna empresa transnacional).
En
este espacio, como decía Freire, nosotros y nosotras nos educamos unos a otros
mediatizados por el mundo.
La Educación permanente es
posible en espacios múltiples y diversos, no para responder a las necesidades
del mercado, a la competencia y a la creación de nuevas estratificaciones
sociales que conducen a la exclusión y a la muerte de la mayoría de la
humanidad. La Educación permanente es necesaria para crear sujetos libres,
conscientes, soberanos, regidores de su propia historia y con poder
para hacer de la tierra un nido de la Vida y la Fraternidad
*************************************************************************************
(1) Galeano Eduardo, 2003.
Las venas abiertas de América Latina, Catálogos, Bs. As. , pág. 363
(2) Barbero Martin
Jesús, 2002. La Educación desde la Comunicación, Grupo Editorial Norma, Bs. As.
pág 25
(3) Freire Paulo,
1982. La educación como práctica de la libertad, Siglo XXI, México, pág. 69
(4)
Freire Paulo,
1982. Idem, pág. 49
(5) Martin Barbero. Idem, pág. 25
(6) Martin Barbero. Idem, pág. 24