T en Viaje
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Josie PanchoTano
Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.
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NOTICIA
Sábado 2 de marzo: Son innumerables las cosas que nos han ocurrido en Ecuador pero por el momento solo voy a relatar lo ocurrido en las últimas dos semanas, que coincide con las últimas publicadas

Todo empezó cuando nos juntamos Consuelo, Jaime, Jo y T en Baños con el fin de realizar una ambiciosa aventura, cruzar a Perú desde Ecuador por la selva, a través del río Napo

Baños es una pequeña ciudad ecuatoriana a las faldas de un volcán activo que vive constantemente al aguate de una erupción. La ciudad, tremendamente turística, se ha hecho famosa por sus piscinas de agua termal. Allí paso el grupo dos noches disfrutando de las piscinas y escalando los cerros aledaño.

Después de ese pequeño descanso comenzó la aventura. La primera meta era llegar al Coca, ciudad puerto en le río Napo desde donde salen embarcaciones río abajo. Esta primera etapa, que parecía fácil, nos costo dos días de deo por paisajes maravillosos.

El primer día el camino avanzaba por un cajón, por un lado cerro por el otro acantilado, todo con tupida vegetación, un río corriendo abajo e incontables cascadas cayendo desde los cerros. El segundo día el camino se interno en plena selva hasta llegar al Coca.

Una vez en Coca, la nueva meta era llegar a Nuevo Rocafuerte, ciudad con Perú, diez horas río abajo en canoa. Después de dos días en el Coca, lo mejor que pudimos conseguir fue una tirá a Tiputini, aldea que se ubica a una hora de Rocafuerte. En la pequeña Tiputini acampamos en una playa del Napo y quedamos nuevamente tirados, ahora en la mitad de la selva.

Al día siguiente, a las cinco de la tarde conseguimos transporte en una canoa a Rocafuerte, donde nuestra nueva meta era Pantoja, ciudad peruana una hora río abajo de Rocafuerte.

Después de tres noches en Rocafuerte, alojando con los marinos en la capitanía de puerto, nos dimos cuenta que era posible llegar a Pantoja, pero que desde allí el viaje se hacia o muy caro o muy lento. Decidimos abortar la misión y regresar al Coca.

Pero Coca nos tenía una sorpresa, al regresar la ciudad se encontraba en Paro, la provincia entera se encontraba en paro junto a su vecina. En resumen, significaba que era imposible salir de la provincia y la ciudad, los sistemas de transporte público estaban parados y las carreteras tomadas. Lo que se reclamaba era la falta de recursos destinados a estas regiones que producto del petróleo selvático son las que más dinero aportan al país.

La situación se puso pelua cuando se decreto estado de emergencia y se le entregó el poder de las provincias al ejercito. El resultado del paro fue el pueblo muriéndose de hambre, el corte de las carreteras impedía el ingreso de alimentos, los paristas destruidos a patadas y culetazos militares, seis muertos, uno de ellos una niñita asfixiada por los gases de una bomba lacrimógena y el petróleo, único interés del gobierno, seguía saliendo por las tuberías.

En el Coca empezamos a averiguar sobre formas de salir, terminamos en La Misión, un hotel de lujo donde habían unos gringos que saldrían en canoa. No encontramos a los gringos pero conocimos dos quiteños que nos invitaron a tomar cerveza. Uno de ellos era hijo de un alto funcionario del ejercito y nos dice que tal vez nos podría sacar del Coca por avión.

Al día siguiente las esperanzas de salir en avión se desvanecieron y los quiteños nos invitaron a pasar el día de mucho calor en la piscina de La Misión al ritmo de las cervezas. Donde finalmente pedimos alojamiento y nos dejaron dormir en la terraza del hotel.

Ya separado el grupo en parejas, tres días nos costo salir de la zona. El primero llegamos a escasos 10 km del Coca a un pequeño pueblito indígena llamado San Luis de Armenia. Después de estar cerca de cuatro horas en vano esperando que pasara algún vehículo se acercaron a nosotros y nos invitaron al pueblo que estaba de fiesta de aniversario. Participamos y disfrutamos muchísimo, sobretodo con los niños y hasta salimos a cantar una cueca al escenario por solicitud de ellos. Nos alimentaron, nos dieron alojamiento.

Al día siguiente nos regalaron unos collares y prometimos volver mientras probábamos suerte en la carretera sin que pasara nada. De pronto vimos un convoy, eran los militares, les hicimos deo y subimos a una camioneta que nos encamino unos 40 km. Después de 10 minutos paso un camión, le hicimos deo y paro, iba a Quito, pero solo avanzamos unos 20 km hasta Loreto. El camino seguía tomado más adelante y lo mejor era quedarse en Loreto que era un pueblo más grande. Después de un rato volvieron a pasar los militares que avanzaron y el camión decidió seguirlos y nosotros nos subimos al camión.

Lo que vimos fue de horror, los militares sacando a los paristas a culetazo limpio hasta que llegamos a una zanja, de dos metros de profundidad y tres de ancho, hecha por los paristas que cortaba todo el camino. Era imposible pasar y los militares se fueron.

Los camioneros en masa taparon la zanja y como a la una de la mañana pudimos pasar. Al día siguiente a las cinco de la tarde ya estábamos en Quito.