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JosiTano
Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.
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NOTICIA
Viernes 25 de enero: Ya en el viaje 2001 La Paz había sido la ciudad que más me había gustado (después de Iquitos). Este año no fue distinto, volví a sentir ese placer que me da caminar por sus calles, descubrir sus rincones, pero este año vendría con yapa. El Valle de la Luna, a menos de una hora de La Paz, es uno de los lugares más impresionantes que he conocido, es uno de esos lugares que cada tres pasos te sorprende con algo, es difícil describir lo que se siente al ver, escalar, recorrer y evitar las trampas mortales que esconde en Valle de la Luna, uno hoyos de más de 10 metro de profundidad.

Llegar a La Paz no fue nada fácil, el viaje de Antofagasta a Calama fue fácil, nos fuimos a dedo con un geólogo que por pega debía perderse en un cerro remoto y que nos dejo en la misma estación de trenes de Calama donde nos encontramos con Jaime, Juampa y una manga de mochileros esperando el tren a Uyuni, también conocido como el “tren de la muerte”. El viaje si bien es cierto no es mortal, tiene la complicación del hacinamiento que hace casi imposible la tarea de dormir y de la altura llegando casi a los 4 mil metros de altura. Pero tal vez lo peor sea tener que lidiar, entre el sueño y la falta de oxigeno, con la desorganización y burocracia de la frontera.

Una vez en Uyuni, tomamos la decisión obvia de hacer dedo, a las 12:30 estabamos Manuel, Jaime, Josi y Tano en la estación de servicio a las afueras de Uyuni y no paso nada hasta las 17:15 cuando apareció el Nissan verde del año 84 que nos llevaría a Oruro. El viaje que normalmente dura 8 horas, sería una odisea de 12 horas que amerita una página aparte, pero como resumen se puede decir que tuvimos casi todas las panas posibles y llegamos mojados, con frío, hambre, sed, sueño, adoloridos y molestos, pero estabamos en Oruro.

Desde Oruro, casi sin descanso, nos embarcamos en un bus a La Paz, por suerte la carretera es buena, el bus es cómodo y las tres horas de viaje son amortiguadas por el bello paisaje.

Después de La Paz fuimos Copacabana, un enclave boliviano en el lado oeste del Titicaca a siete kilómetros de la frontera peruana que sirve de enlace con la Isla del Sol, pequeña isla en el lago (se puede recorrer en tres horas) donde pasamos una noche. Para al día siguiente entrar a Perú.

Saludos desde Arequipa, Perú.

Tano.