Aquella
mañana nació muy nublada. Unas enormes nubes grisáceas cubrían
el cielo y lo tornaban de un color negruzco, "tiempo del
norte" como diría el abuelo. En lo que diría el abuelo
estaba pensando Marina cuando le oyó llamarla para desayunar.
Cuando bajó, el abuelo ya había calentado la leche y toda la
casa olía a pan tostado. Después de desayunar, Marina y el
abuelo bajaron a la playa como cada mañana y lentamente fueron
avanzando por la orilla hasta alcanzar la ría. Al llegar a la ría,
el abuelo miró al cielo y tras mover la cabeza en señal de
desaprobación dijo:"tiempo del norte". Ella sonrió
por lo bajito pero el abuelo no se percató, había bajado la
cabeza y comenzaba su trabajo.
Marina
le observaba, sus forzudos brazos se deslizaban en la arena y la
rascaba enérgicamente donde había un montoncito, sólo en el
montoncito de arena con algunos agujeros estaban las almejas y
los berberechos. Al poco tiempo su rostro se iluminaba y sacaba
una almeja o dos si había suerte. Si no la había rascaba la
arena con un rastrillo y cuando desistía volvía a empezar. Le
gustaba mirar a su abuelo. Se acordaba de las historias que le
contaba al lado del fuego de la lumbre, ya de noche. Solía
contar historias de sus tiempos de lobo de mar, de piratas, de
sirenas, de naufragios...Marina le miraba con avidez y escuchaba
con atención y en absoluto silencio las historias de su abuelo.
Cuando el abuelo acababa se iban a la cama ya que al día
siguiente tenían que madrugar pero a veces se quedaba dormida
junto al fuego y el abuelo la cogía en brazos y tiernamente la
metía en la cama. Entonces soñaba con sirenas, con el mar y
también soñaba con que su abuelo hiciera realidad su sueño:
volver a navegar.
Lo
que le sorprendía a Marina era el tatuaje en su brazo izquierdo,era
un ancla azul con unas algas alrededor en la que se adivinaba su
antigua profesión. A veces el abuelo parecía taciturno y
pensativo, eso era cuando pensaba en alta mar, en volver a izar
velas y salir del pueblo. Ella imaginaba que era Cristóbal Colón
con sus caravelas pero un día se lo dijo al abuelo y lo único
que el hizo fue soltar una sonora carcajada; luego volvió a
mirar el mar y volvió a su antigua posición de silencio.Ahora
sabía que eso no era cierto pero aún se le imaginaba con aires
de descubridor y de pirata...Tambien hoy pensó en sus padres que
trabajaban en la ciudad. Marina les enviaba una carta cada semana,
el abuelo la ayudaba. A veces les metía conchas, nácar,
trabajos que hacía en la escuela...Luego sólo tenía que
esperar. Cuando desayunaba y se iban a la ría, ella le
preguntaba al cartero si tenía algo para ella. Luego el cartero
rebuscaba en su enorme cartera de piel algo descosida y le daba
una carta. Entonces a Marina le temblaba todo el cuerpo y reía
feliz mientras la agitaba. Aunque Marina les escribía una carta
a la semana, sus padres tardaba un mes en contestar. Entonces iba
corriendo a decírselo al abuelo que se la leía a Marina en voz
alta en un descanso del trabajo y luego se la daba a ella para
que las guardase en una cajita de zapatos forrada de papel rosa
que hizo en la escuela. Ella misma había hecho un adorno con una
gran carta para que todo el mundo viese la finalidad de su cajita.
La maestra la felicitó y sus compañeros le aplaudieron. Fue la
única vez que la felicitaron porque la maestra la reñía
constantemente porque decía que "estaba en la nubes".
Un día, cuando Marina estaba muy harta de la frase de su
profesora le respondió: "No señorita, no estoy en las
nubes,estoy navegando con mi abuelo en alta mar y unas sirenas
nos siguen y..." No la dejaron continuar, los niños
estallaron en carcajadas y la maestra la castigó de cara a la
pared. Cuanto la dolió que no la creyeran... Luego se dedicó a
rascar la arena con un palito por si encontraba alguna almeja
para el abuelo, pero ya oía las voces de los niños que iban a
casa a comer después del partido en la playa y el sonido de los
barcos en el puerto, era hora de regresar.
El
abuelo cogió su saco lleno de almejas y con ayuda de su nieta lo
llevó hasta el mercado. Allí se lo vendió a la señora Fina,
que como todos los días pesó el saco en su báscula y les pagó
por la cantidad de almejas cogidas. El abuelo metió unos
billetes en su bolso roído del pantalón y salieron del mercado.
Al
llegar a casa Marina se dio cuenta de que algo le pesaba en el
bolsillo. Cuando metió la mano en el bolso de su vestido comprobó
que era una concha de almeja entreabierta y al abrirla
aparecieron unas cuentas de collar echas de coral y nácar.
"¡Qué bonitas!" pensó Marina. Y rápidamente fue a
enseñárselas a su abuelo. Su abuelo, tras examinarlas, le dijo
que eran cuentas del collar de una sirena y que podía pedir un
deseo que las sirenas se lo concederían para recuperar el collar.
Marina miró las cuentas embobada mientras el abuelo ponía la
mesa y la miraba con dulzura y a veces se le escapaba una risita
al ver el interés de su nieta. Después de comer Marina se quedó
dormida y pensó en que deseo iba a pedir. Podía pedir que
regresaran sus padres, pero el abuelo le decía que esos deseos
no se podían cumplir porque no dependía de ella, luego le
hablaba del trabajo del dinero y del gobierno y de un montón de
palabras que Marina no entendía bien. Pensó en que quería ser
la mejor en la escuela pero sabía que eso no la iba a hacer
feliz. ¿Para que quería unos amigos que no eran capaces de
sentir el mar y las cosas importantes de la vida? Sus compañeros
eran crueles con ella. La decían que no tenía padres y que era
porque no la querían y cantaban haciendo un corro: "Marina
la mandarina sueña con el mar. Ha visto sirenas ¿quién la
creerá?" Además corría el riesgo de convertirse en una niña
egoísta y tonta como las demás. Por más vueltas y vueltas que
le dio a la cabeza se dio cuenta de que no tenía ningún deseo
que pedir así que pensó en pedir un deseo para el abuelo
mientras estrujaba contra su pecho las cuentas de coral....
Cuando
Marina se despertó no vio al abuelo en casa y decidió ir a
buscarle a la playa, el cielo se había despejado y el sol
quemaba la arena. Marina fue hasta la ría pero el abuelo no
estaba allí. Poco después le vio que venía del muelle y le
dijo: "¡Marina, Marina! ¿Te acuerdas de mi amigo Froilán
el viejo lobo de mar? Pues me ha propuesto ir a alta mar durante
unos meses en su barco. ¿ No es maravilloso.?" Marina
asintió con la cabeza y dejó proseguir al abuelo. "Tú te
quedarás en casa de su mujer que tiene unos nietos con los que
podrás jugar, sólo por unos meses". Marina se alegró por
su abuelo y le sonrió mientras le seguía con la mirada hasta
que su silueta regresó al muelle. Al poco tiempo y mientras su
mirada se perdía en el horizonte, oyó una voz en el mar que la
llamaba: "Marina,Marina,ven" Era la voz de una mujer.
Marina sujetaba con una mano sus cuentas de collar mientras
escuchaba la misteriosa voz que la llamaba. La niña acudió
sintiendo el frío del agua en su cuerpo, poco a poco. Después
vio unas formas humanas llenas de escamas pero con una larga
cabellera que enroscaban el diminuto cuerpo de la niña. Los ojos
de esos seres eran incoloros o se confundían con los de las
aguas. A Marina la parecieron seres muy bellos y casi divinos y
se percató de que tenían los rasgos que ella veía en sus sueños,
eran sirenas. Marina se asustó cuando comprobó que su cabeza no
asomaba por la cresta de las olas pero para su sorpresa podía
respirar y a pesar de que llevaba nadando un buen trecho no le
pesaban las piernas. Al mirar atrás para saber si se había
alejado mucho de la costa descubrió que sus piernas se habían
convertido en algo resplandeciente y rugoso, al tocarlo se dio
cuenta de que era una cola de escamas, como las sirenas que la
arrastraban hacia el fondo cantando. Poco a poco los cantos se
fueron haciendo mas fuertes y llegaron hasta una ciudad hecha de
nácar y coral. Las sirenas le dieron un collar y se lo pusieron
en el cuello aunque faltaban algunas cuentas. Marina abrió su
mano y metió las cuentas que encontró en la concha de la ría
en el hilo del collar. Las sirenas parecieron sonreír. De pronto
se oyó un ruido, un ruido que se asemejaba a la sirena de un
barco. Las sirenas cogieron las pequeñas manos de Marina y la
llevaron a la superficie. Allí vio un gran barco que se alejaba
hasta el infinito. El capitán del barco era un anciano familiar
para Marina, parecía el abuelo y más tarde lo corroboró al ver
el tatuaje en su brazo.Al fijarse con mayor detalle en el barco
descubrió una inscripción, el barco se llamaba: Marina. Una
lagrimita se escapó de sus ojos incoloros y calló en el agua
por eso nadie se dio cuenta. Marina sabía que ella era un
estorbo para el sueño de su abuelo y que sus padres nunca la irían
a buscar así que deseó quedarse junto a sus hermanas las
sirenas. Y con ellas se fue alejando y alejando entre las aguas
de un mar infinito.