Para
que haría caso de aquel viejo. Ahora no estaría aquí , así,
de esta manera. Todavía no entiendo como me metí en esto, pero
visto de otra forma, si lo se. Creo que fue mi ansia de aventura.
Ahora, que soy capaz de ver hacia atrás y de evaluar todo este
tiempo, sigo sin saber si fue una maniobra bien orquestada para
reírse de mi, o si realmente lo que decía ser el viejo era
cierto, en el primer caso las carcajadas le debieron de matar, en
el segundo , Dios me ayude.
Todo
empezó en Pontevedra, un frío mes de Marzo. Yo tenia la
costumbre de bajar todos los días al campillo, un pequeño
parque con arboles en el casco viejo de la ciudad, al lado de la
iglesia de Santa María. Allí me reunía con los amigos a tomar
el tenue sol que apenas calentaba, tocábamos la gaita, hablábamos
de cosas y nos quedábamos viendo el sensual pasar de las
primaverales mozas. En fin, cosas de jóvenes.
Como
nosotros, también iban algunos viejos, pues mas o menos a lo
mismo, y entre ellos estaba el bueno de Cibran. Cibran se sentaba
con nosotros y nos contaba historias de Celtas, decía que el era
un Druida resucitado, cosas del vino decía yo, pobre hombre, me
repetía. Medio descalzo, casi sin ropa, apenas sin comer, parecía
un viejo hippye, mas siempre vi en aquella mirada verde algo mas,
quizá algo que me faltaba a mi...Camino. A veces me lo llevaba a
comer a casa, para disgusto de los míos, pero como sabia tocar
la gaita, me ayudaba en mis escarceos con ella, la verdad, me
ayuda bastante en eso y en todo. A menudo se quedaba pensativo y
cuando eso sucedía ya sabíamos que nos iba a contar otra
historia de las que solía contar, casi siempre sobre celtas y así
me fui metiendo en un mundo cada vez mas atrayente, cada vez mas
envolvente, cada vez mas magnético. Un día coincidimos en el
camino del campillo , y como todos los días lo salude, pero lo
vi ausente, no estaba, le pregunte por el detalle y se limito a
sonrreirme, fue entonces cuando caí en la cuenta de que no era
el, bueno si era el pero de otra manera, Me puse muy nervioso,
pues aquella situación me desconcertaba, el al notarlo me
pregunto por mi azoramiento y al decirle lo que me pasaba se
limito a reír, también dijo que estaba camuflado, o algo así.
En aquellos momentos yo estaba a punto de salir corriendo, allí
estaba Cibran, el Cibran de siempre, ante mi, con la misma ropa
con la misma cara, pero sin ser él. Tenía una pose distinta,
parecía mas alto y siendo la misma ropa , no lo era. Se había
peinado la cabellera hacia atrás. Lavado y planchado el traje raído
y mugriento que llevaba antes, y se había limpiado los zapatos.
Ya no tenia aquellos movimientos nerviosos de antes, ni estaba
encorvado. Parecía todo un señor. Cuando logre salir de mis
observaciones aun me sentía alterado e interrogue con la mirada
al viejo, Cibran se limito a sonreír.
--
Me tengo que marchar - Me espetó de repente .
- Me
tengo que ir, y he de pedirte un favor-
Aquello
me inquieto mas, no se porque pero vi avecinarse cosas poco
deseables, sabiendo como era el viejo. Este me dio una palmadita
en la espalda y me invito a dar un paseo por las calles del casco
viejo , aun húmedas de las lluvias invernales. Caminamos mucho
tiempo en silencio, y ya llego el momento que no podía mas, y le
pregunte.
---¿
Que favor es ese , Cibran? --- --- Pues que me ayudes a irme-
contestó.
No
sabia yo como podría ayudarle pero algo me decía que la próxima
vez que abriese la boca seria para volver a asustarme.
--Mira
chaval- Dijo solemne. - El mundo esta lleno de cosas que no ves,
las intuyes pero no las ves. Te he estado estudiando y para mis
propósitos vales lo que vale otro cualquiera, pero te tengo
aprecio y lo que voy a pedirte solo se le puede pedir a las
personas que quieres, previos algunos requisitos casi sin
importancia, que de no haberlos tenido tu, pues ... Se lo tendría
que pedir a otro, pero en este caso y después de mucho tiempo di
contigo, ya te digo nada especial , pero te toco a ti.---
A
estas alturas yo ya tenia sudoraciones, e incluso un cierto mal
estar, claro esta que podía irme y decirle al viejo que dejase
la bebida, pero había algo en El aquel día que me intrigaba y
decidí seguir a ver lo que decía.
---¿
De que requisitos hablas, Cibran?--- Dije como pude.
---
De lo ritos de iniciación---- Respondió. -- - Para el favor que
te pido necesitas tener cumplido los ritos de iniciación---
Aquello
ya colmó el vaso y me supuse a irme, una cosa era leer cosas
sobre los celtas y otra muy distinta era jugar a sabe Dios que
juego propuesto por un viejo loco. Cuando ya me había dado la
vuelta y caminaba oí detrás de mi.
---
Eres el quinto. Has muerto, has resucitado, has cazado al Annis,
y has estado en la isla de los Druídas--
Ya
no podía más. Me di la vuelta, fui hacia el viejo y lo agarré
por las solapas del traje y comencé a gritarle a la cara.
---
No he muerto, sólo estuve en coma unos días por un maldito
accidente de coche. He salido de ese coma, o sea que , maldita
sea, no he resucitado. El Annis ese al que te refieres no deja de
ser una cacería de jabalíes, ritualizada por ti , al impregnar
al jabalí con aquella mierda de zorro destripado, y si he ido a
la isla de mona es porque así lo quise , no por ningún designio
divino, o sea que despierta ya ---
----Has
utilizado la información de estos años con nosotros para ir
amoldándonos a tus intrigas de celtas, sabes lo suficiente de
nosotros como para saber , hasta en lo que pensamos, lo que nos
gusta, lo que nos asusta, Basta ya----Repuse fuera de mí.
En
esto el viejo , impasible se movió muy ágil, y me dio un puñetazo
en el pecho, tirándome de espaldas, aquel golpe dejaría una
marca en mi pecho hasta el día de hoy. Me agarró por la
chaqueta , me levantó en vilo, y se me quedó mirando a los ojos.
---
No he terminado de hablar--- Dijo enfadado --- Solo te falta
matar--- Sentenció.
Sentí
un mareo y me desmayé. Cuando volví en mí, estaba en el suelo
y había mucha gente a mi alrededor, alguien me mojaba la cara
con un pañuelo y el viejo me daba masajes en el pecho. Hice ademán
de que se fueran y como pude me levanté. El pecho me dolía a
horrores y miré al viejo.
---¿Como
lo has hecho , viejo?--- Pregunté rencoroso --- Cosas de Druidas---
dijo él , riéndose --- Venga , vamos se hace de noche y me
tengo que ir y tu tienes que ayudarme--
--¿Qué
querías decir con que solo me falta matar, viejo?
---Pues
eso, que solo te falta matar, y hoy me tienes que matar a mí,
como quieres si no que me vaya.---
Yo
ya no podía mas, aquello era un absurdo, la realidad de las
cosas se hacia ridícula, aquel viejo me estaba pidiendo que lo
matara, no podía ser, y cuando me di cuenta otro golpe de la
realidad absurda... Yo estaba, sin saber como, dentro de un
mercedes que conducía el viejo a gran velocidad por una
carretera de las afueras. Esto es de locos Cibran con un coche, y
no uno cualquiera. Quise moverme , pero él me retuvo.
---
Mira chaval , hay cosas que no ves y yo te voy a decir algunas--
Odiaba
aquello, pero me sujetaba fuerte, y ya no sabía que hacer.
----No
temas, y escucha con atención lo que voy a decirte. Me da igual
que lo creas o no. Tú escucha. Hace años , muchos años, cuando
la dominación romana, yo estaba en la fortaleza de Alessia. Y
era un Druida joven, y estaba allí porque la junta de los
Druidas de la Galia me había enviado para satisfacer las
posibles necesidades del Arvirago Vercingetorix,ante la inminente
batalla contra Cesar . Una día llegaron los romanos y sitiaron
alessia, eran 70.000 y nosotros unos 300.000, entre Auvernios,
Carnutos, Belgas y otras tribus reunidas por los Druidas. Los
romanos cavaron trincheras alrededor de la fortaleza y se
asentaron. Vercingetorix al sentirse superior envió ataques ,
que siempre eran repelidos y así poco a poco Cesar fue ganando
la partida hasta que en una incursión mandada por el Arvirago,
Cesar le hizo cautivo, los celtas huyeron despavoridos y yo y
otros dos Druidas nos escabullimos por entre la confusión,
disfrazados de mujeres. Hacia el norte no podíamos ir, Roma se
dirigía allí, del oeste o del este ni hablar, por un lado el
mar y por el otro Roma, osea que nos fuimos hacia el sur. En
tierra de Burdigalos nos separamos y yo me dirigí a lo que después
llamaron Gallaecia, tu Galicia del alma, pues los Druidas sabían
que allí había gente de los nuestros. Una vez allí me di
cuenta que Roma ya estaba por todos sitios y ya solo quedaba
morir, aquel ya no era mi mundo. Vercingetorix preso en Roma, las
Galias perdidas y dentro de poco acabaría de conquistar las
tierras de aquellos montañeses por las que estabamos pasando
hacia la Gallaecia. Ahora bien, los Druidas teníamos las yerbas
para morir y resucitar, nunca supuse , en aquel entonces, si servían
para algo, pues la verdad no creía mucho en aquello, aunque lo
había visto haber muchas veces. Al iniciado, se le llevaba a un
claro del bosque, casi siempre en Samain, vuestro día de los
muertos, y se le ataba de pies y manos, sabia que iba a morir,
pero se alzaba orgulloso ante el altar, pues a su entender,
resucitaría al lado de los dioses. Así es que una vez
terminados los cantos de los Druidas, y cerciorados de que nadie
veía sus ritos , se le daba al elegido , una mezcla de hierbas
diluidas en agua y se le acostaba encima de un altar, mientras
las hierbas hacían efecto, uno de los Druidas, recitaba una única
palabra repetidas veces al iodo del que iba a morir, y así hasta
que no respiraba. Con el tiempo supe de las hiervas y de la
palabra, y también supe que la palabra se podía cambiar por el
toque repetido de una campana. Lo que no sabia en aquel momento
es que si se resucitaba, Siempre creí que aquellos desdichados
morían en aras de una religión macabra, y pensaba eso porque mi
aprendizaje no había terminado, es mas , ahora se que no
terminara nunca. Un día de Samain, cogí a uno de mis aprendices
y lo lleve al bosque, allá donde termina el mundo conocido, en
el Finisterre actual, en el Ara Solis, me tumbe en una piedra, y
me tome las hiervas para morir y resucitar ante los dioses, el
chico toco la campana repetidas veces, hasta que deje de oírla.
El chico se llamaba Cesaro y hoy se que hizo grandes cosas contra
Roma. Ahora vamos al Finisterre, y tu tocaras la campana para mi
y me darás las hierbas, así , a mi modo de ver habrás
recorrido los pasos del guerrero, Morir, Resucitar, Matar, Estar
en la isla sagrada y Cazar el Annis. Y aunque tu no lo veas así
, no importa, yo si lo veo así, y eso es lo que cuenta.
Yo
estaba ante un loco, quise soltarme pero no pude, sin duda las
drogas habían minado la cabeza de aquel viejo, las drogas , el
alcohol, y sabe Dios que cosas más. Él al ver mi estupefacción
en un movimiento rápido me soltó y me puso la mano en la frente,
apretando fuerte, todo esto mientras conducía, no podía
soltarme, no tenia fuerzas, en uno de estos momentos me dijo:
---
No luches, deja tu mente en blanco , te quiero enseñar una cosa----
Y así
lo hice, que otra cosa podía hacer. Me relajé, y al instante me
sumí como en un sueño, me vi en lo alto de un pico o algo así
, donde se oían los golpes de unos martillos, el ruido de
animales y más tarde los sonidos típicos de una aldea
cualquiera, trate de saber de donde venían pero preferí subir
primero a la cima del pico. Al llegar allí me quedé de piedra
ante el espectáculo. Si no me equivocaba estaba ante la
desembocadura del Miño, y si era así aquello era Santa Tecla en
La Guardia. Corrí montaña abajo y de repente me encuentro ante
un hombre fornido , envuelto en pieles portando una espada
herrumbrosa, me vió, se quedó quieto y se fijó en algo que yo
llevaba al cuello, ¡el trisquel! Se estaba fijando en el
trisquel que tenía colgando al cuello. Se quedó desconcertado.
Yo supuse que por mi indumentaria, pero al verme a mi mismo, me
di cuenta que yo también iba envuelto en pieles. Al alzar la
vista vi que el hombre aquel se iba montaña arriba y yo decidí
bajar más hasta que me encontré ante una aldea, Dios mío,
estaba ante un castro, toda la gente me miraba apartándose,
mientras yo caminaba entre ellos, perros alanos, caballos,
gallinas, pájaros, hombres y mujeres, se apartaban. Quise dar la
mano a uno de ellos, y cuando lo iba a conseguir, desperté de
nuevo en el coche del viejo.
---¿Que
me has hecho , viejo?--- ¿ Eso era cierto?. ¿Eso que vi era
cierto?---- dije fuera de mí.
---
Sí --- dijo secamente.
---¿Y
quienes eran esos , porque se apartaban al verme?--
---
Eran Celtas de tu tierra , y se apartaban porque sabían que no
eras de allí. Ni de allí, ni de su tiempo. No me preguntes cómo,
pero lo sabían.
---¿Que
me has hecho , Cibrán?---pregunté sin mucha convicción.
--Te
he llevado allí, y no preguntes cómo... ya lo sabrás.
Y así,
de esta manera llegamos a Finisterre, era de noche y Cibrán metía
el coche por pistas forestales, hasta que llegó a un claro de un
bosque bajo. Había algún roble y creí ver un tejo pequeño ,
pero estaba nublado, y no podía fijarme mucho. Paró el coche y
me hizo bajar. Abrió el maletero y sacó una bolsa de color marrón.
Me hizo una seña y le seguí, como un autómata.
Anduvo
buscando algo por entre los matorrales, yo tuve la necesidad de
salir de allí, pero a donde ir, no conocía el sitio, además lo
del castro, me había intrigado, y siempre cabria la posibilidad
de que todo aquello fuese una broma. Cibran regreso y se sentó a
mi lado, comenzando a hablar de nuevo.
---
Bien, presta atención. Ahora yo me tumbaré en el suelo, y tú
me darás de beber de esta jarra, después coge la campana y
hazla sonar junto a mi oído varias veces, de manera que , cuando
veas que el sonido amaina repites el golpe. Llegará un momentoen
el que el sonido tarde mucho en apagarse, entonces comprueba que
no respiro. Ya está . Me dejas aquí. Después coges la bolsa y
te vas con mi coche. Déjalo en el pueblo más cercano. Cercioráte
que tenga tren o autobús y te vas a tu casa. Dentro de la bolsa
hay unas notas para ti, léelas, y si quieres haz lo que dice en
ellas. No temas chico, todo saldrá bien, muy bien---
Hice
todo lo que dijo, y cuando lo creí muerto, me fui de allí con lágrimas
en los ojos, y pensando en sus últimas palabras: "No te
preocupes, muero aquí y nazco allí, pero no sé cuando. Aprende,
si decides hacer lo que dicen las notas. Hasta la vista chaval---
Esas
fueron sus últimas palabras. Al llegar a casa llevé el saco a
la habitación, y lo abrí. Allí estaba la campana, las yerbas y
una carta. En su interior había dos notas, una cerrada, y otra
abierta. Leí la abierta y decía cosas de la vida. Saludos para
la gente y unas direcciones de la isla de Man. En la nota cerrada
decía:
"Hola
chaval. A estas alturas ya estaré en otro lugar. Ve a la isla de
Man y aprende; la gente de las direcciones te ayudará. Dales
saludos de mi parte. Te he hecho beneficiario de todos mis bienes,
haz con ellos lo que quieras, a mi ya no me hacen falta. Si
decides ir a la isla , irá a verte un niño pelirrojo. Hazle
caso, no es lo que parece. Si no decides ir déshazte de la
campana y de las yerbas.
Adiós
y cuídate. Cibran
¿Bienes?,
¿qué bienes?. ¿Que bienes podía tener Cibran?. Bueno, lo del
mercedes que dejé en Malpica, cuando murió, mosqueaba. Uhmm, y
ahora que caigo. El traje que llevaba no era el de siempre, el raído,
era otro igual pero nuevo. Esto todo me desconcertaba , pero ya sólo
me quedaba dejar correr los acontecimientos. En fin, que la policía
no me relacionase con la muerte del viejo, y esperar la llamada
de un notario para ir a recoger cuatro cosas.
Ya
había pasado una semana desde todo aquello , y yo aún estaba
azorado , pero en las noticias nada decían, y a mis amigos les
decía que se había ido a no se donde. Entonces llegó la
llamada del notario, decía que si era mayor de edad fuese a una
dirección que me daba y si no, que fuese acompañado de mis
tutores o padres. Como ese no era el caso, me dirigí a la
dirección, la verdad es que había cumplido 18, años días
antes , pero eso valía, aquí y en Roma, así que timbré en la
puerta , y salió una señora mayor que me acompañó ante otro
señor de edad. Este tras comprobar mis datos , me hizo firmar
unos documentos. Y así sin quererlo, de repente tenía una casa
en la isla de Man, unos cientos de miles de libras esterlinas, y
un montón de acciones en no sé que empresas.
Hoy
ya tengo 32 años y vivo en Man desde entonces.Aprendo de los que
allí viven. Aquellos de las direcciones de Cibran, Druídas en
el más extenso sentido del término, dioses si cabe, hombres sin
duda.
Estoy
aquí, y siempre estaré, pues no creo que pueda encontrar el
camino a casa, simplemente porque ya no hay caminos para mi. A
veces aún creo oír las canciones del viejo, mientras paseo por
la costa contando piedras, una de las tareas que me invitan ha
hacer los Druidas de aquí. Paseando por la costa y esperando a
un niño pelirrojo que me traerá algo, quizá me aclare porque
el viejo sentenció que yo era el quinto.
De
camino a casa recuerdo mi Galicia natal. Cuando eso ocurre saco
la gaita y toco horas, y los viejos me miran con respeto, y me
dicen espera chaval, espera.
Para
que haría caso al viejo. Ahora no estaría aquí, así de esta
manera, viendo que los niños en esta isla casi todos son
pelirrojos.