La caza del Annis

Ya es Noviembre. Ya son los Magostos. Se acerca la caza del Annis.

El frío avisa con gritos su presencia y la gente calienta el vino y la miel en los calderos. Los niños,alegres, recogen las castañas.Lo de esta noche, para ellos, es una fiesta. Pasarán la noche fuera, en el cementerio, entre los muertos. Pues hoy es la noche de todos los muertos.

Por los caminos se ve el ajetreo y el pulular de los vecino; portan haces de leña, lámparas de aceite y bártulos para las tumbas de los que ya no están.Si, hoy es una noche funesta, una noche más de los también funestos días de Samain. Del Samain de los Celtas.

Esta tarde, los cuervos cubrían el cielo de la aldea y cuando eso ocurre, dicen los viejos, que estos días serán más funestos que nunca. Tampoco se pueden matar ciertos bichos en Samain, las culebras, salamandras, comadrejas, lechuzas, cuervos, topos, y una larga lista de animales que el resto del año son susceptibles de pasar a mejor vida. Y no se pueden matar,porque dicen , como siempre los viejos, que pueden ser almas en pena. Pero nada dicen de matar o no matar jabalíes y eso es lo que hacemos nosotros, matar jabalíes.

Los niños disfrutan de esta noche, se cuentan leyendas, cuentos, historias de ultratumba y toda esa clase de narraciones a las que son tan dados los gallegos, pero sin duda,la que más les asusta,es la leyenda de leyendas:la procesión de la Santa Compaña. Claro está, que cuando te haces mayor, esas historias pasan a mejor vida, como los animalitos aquellos que no se podían matar. Pero eso era hasta el día de hoy...

Para contar esta historia,he de remontarme atrás en el tiempo. Cuando yo era aún un adolescente y si bien, la aldea no ha cambiado mucho, la manera de ser de sus gentes si ha cambiado. Ahora hay rejas en las plantas bajas de las casas, las chimeneas ya no impregnan el aire como antes, más bien, huele a gasoil de calefacción.Se ven buenos coches aparcados en las puertas de las casas, coches de gentes de otros lugares que vienen aquí a vivir y a veces , a tratar de imponer sus costumbres. Antes, ya digo, cuando yo era un mozalbete, las cosas no eran así, antes se oían cánticos por los caminos y en las tierras de labor. En junio se veían hileras de mujeres portando haces de heno. Todo el aire olía a heno y a estiércol de vaca. También había truchas en el río y las pescábamos los niños de la aldea, no como ahora,que ni las pescan los de aquí ni los de allá, pues apenas quedan. Ahora, de todo aquello, sólo quedan jabalíes.

Los jabalíes causan mucho destrozo en los cultivos, e incluso en los animales. No se privan de comerse una gallina si se tercia, o atacar a un perro. Para comerse una mazorca de maíz ,destroza veinte, aparte de levantar con el hocico el resto del sembrado. Aparte de eso, también tiene una carne muy sabrosa, así es que,esto último sumado a lo primero, lleva a alguna gente a desear su muerte y antes se mataba y punto, pero ahora hay que sacar permiso., Se hacen cacerías con gente que no es de la aldea y se lo comen en "petit comité"; el abogado, el médico, el cura, el alcalde, etc. Claro está, que si hoy vemos a un jabalí merodeando por ahí, le damos un tiro, nos lo comemos y ya está, sin pasar por todos esos trámites sin sentido.

Volviendo atrás, en aquellos días, los hombres de la aldea solían a menudo ir a cazar, pero más por necesidad que por ocio, entre el lobo, el cerdo bravo, y el buen rato que se pasaba en el monte, había motivos suficientes para justificar las matanzas. Pero lo nuestro no es eso, lo nuestro es ritual. Lo nuestro es la caza del Annis.

Por aquel entonces, se comentaba en el lugar la aparición de un jabalí blanco en el bosque.Decían que era un gran macho, un gigante albino. Algunos cazadores afirmaban haberlo visto, haciendo hincapié en la enormidad del sujeto, a la par de los comentarios de éstos, sobre el miedo que sentían los perros ante su presencia. A veces se oía la queja de algún viejo protestando por la conocida fanfarronería de los cazadores y riendo ,afirmaba que había visto un ternero, o algo así. Hasta que un día, Roxo, el de la tienda, llegó a la cantina gritando y pidiendo ayuda, al momento ,los hombres que allí estaban, salieron para ver lo que sucedía y ya vieron subir por la cuesta del coto al padre del zapatero, con su perro en brazos y sangre por toda la cara. Traía la escopeta al hombro y el rostro desencajado. No sé bien los detalles, pues a los niños nos mandaron salir de la cantina, pero por lo que supe después, el albino lo había atacado, había matado a su perro, un alano gigantesco, y todo ésto ,sin darle tiempo a disparar. Aquello trajo mucho revuelo, la gente comentaba en voz baja y se veía preocupación en los más viejos, tanto es , que se requirió la presencia de la guardia civil y más grande fue el desconcierto, al decir ésta , que ya había ocurrido en otros lugares. Aquello quería decir que el albino existía, que no era una invención de cazadores.

Pasó el invierno. Ya era abril. El tiempo era estupendo y comenzaban las labores del campo. Otra vez el olor a estiércol y los cánticos, otra vez el ajetreo de los aperos de labranza. El Cuco se afanaba en sus vespertinas arias junto con un elenco de pequeños pajarillos.Y así llegó el verano... recogida de cosechas, más cánticos y amores de verano que venían allende el Caurel. Al llegar Agosto ,cumplí 16 años y con esa edad ya me dejaban ir a las verbenas . Las verbenas son una buena escuela para la incipiente pubertad, y también un buen lugar para conocer gente y así, en una verbena nos conocimos los que nos dimos en llamar " grupo salvaje". Aún hoy ,nos reímos de aquellos días de adolescentes, donde el mundo se hacía pequeño para nosotros, más bien para nuestros pensamientos. Oíamos a pink Floyd, Deep Purple, Leed zepelin y otras cosas sin nombre, en una época en la que , los de nuestra edad escuchaban a Bonnie M. Leíamos a Kafka, a Wilheim Reich y comics de super héroes, y como no, empezamos a fumar porros. Éramos cuatro buenos amigos, éramos y somos buenos amigos, pero ahora aparte de amigos, también somos hermandad.

Mi fascinación por la vida de la aldea decrecía por momentos. Estaba estudiando en la ciudad y lo que antes era el grupo salvaje ,ahora eran cuatro colegas que fumaban porros y bebían cervezas como cosacos en las calles de Pontevedra. Cuando subíamos a la aldea ,se nos daba por explorar el monte, en busca de vestigios celtas. La nueva locura colectiva de aquellos días, A saber: Dólmenes, castros, pinturas, leyendas etc. Peinábamos extensas zonas de monte y bosque, buscando no sé qué cosas. El erudito era Antón, "O Loiro", le llamaban así por tener el pelo rubio, pero además lo llevaba largo y atusado en dos trenzas que le caían por ambos lados de la cara, a los viejos, aquello no les gustaba, pero solían decir que esos eran otros tiempos, que los chavales de ahora no valían para nada. Como dije antes, el que sabía de estas cosas era el Loiro y él nos guiaba a los demás, hasta que un frío domingo de octubre ,dimos con algo que según Antón, podía ser un dolmen. Limpiamos el sitio y nos dispusimos a pasar allí la noche, según Antón, aquél era un sitio mágico, tenía vibraciones, o sea que, se merecía una juerga celta. Tripis, porros y vino, pues no había cerveza. Después de pasar una noche bastante mágica, nos fuimos a la aldea para preparar las cosas y marcharnos a Pontevedra. Antón iba contento por el hallazgo y no reparó en el movimiento de la gente, pero Anxo, Uxio y yo, si nos percatamos de que algo pasaba, al momento empezó a sonar la campana, aquella campana que tanto le gustaba a Loiro. Éste salió de su letargo y aceleramos el paso.Los viejos habían llamado a asamblea en el atrio de la iglesia, como siempre que pasaba algo susceptible de convocar a la junta,. Tenía que ser algo gordo y al llegar allí ,ya supuse lo que era al ver a Bastián, el herrero, con el perro entre los brazos lleno de sangre. El albino había vuelto.

El albino había vuelto y por lo que oímos, más grande aún que el año pasado, más grande y más bestia, el albino fue el tema de conversación hasta llegar a Pontevedra. ¡Pobre perro!, lo destripó, según Bastián, por un quítame allá esas pajas. Tenía que ser enorme, a juzgar por el tamaño del perro, pero a mí, aquello ya me quedaba lejos, eran cosas de la aldea...La lucha del hombre con el medio.Mi pelo crecía, quería parecerme a Antón. y ponerme trenzas. Antón seguía con sus libros de naturismo, Celtas, y hierbajos. Anxo tenía novia estable y Uxio estaba loco por la música y la cocina, como siempre. Y así llegó Noviembre, y el cambio más grande de nuestras vidas.

Anton ya nos había hablado alguna vez del Samain.Yo sabía que el Samain eran los días nefastos de los celtas, caían más o menos por los principios de Noviembre y en esos días, los Celtas, no hacían nada, pues cualquier cosa que hiciesen se podía mal lograr. A mí, aquello me gustaba, pero no le daba la importancia que le daba Antón, si bien es cierto que en aquellos días, aún se estilaba en Galicia ,en el campo, claro está, el tener observancia a ciertos días del año ,que aun no siendo festivos ,tenían un régimen especial de comportamiento. Así, el día 21 de junio, San Benito, no se cosía, no se sembraba, ni se hacían las cosas de la casa. El 24 era San Juán y el 29 San Pedro.Estos días, sin ser festivos, suponían una observancia especial y si cambiamos estos días por las festividades celtas del verano, veremos que coinciden. Así ocurre con el equinoccio de primavera.San José es el beltaine de los Celtas, las candelas(2 de febrero) ,los mayos, fiestas de primavera y así hasta el Samain, principios de noviembre. Todo indicaba a una tradición soterrada por la iglesia, pero eso ya lo sabían todos,pero Antón iba más lejos. Antón quería volver a los tiempos aquellos y en Samain quería una celebración Celta entre nosotros.Para él era Samain, para mí y los demás eran los Magostos, --¡ Señora María, señor Manuel, castañas asadas e viño con mel!—Solíamos cantar bajo el son de las gaitas y tambores.

Montamos las tiendas de campaña al lado del dolmen, así aprovecharíamos las buenas vibraciones de éste, según Antón. El río estaba cerca y el tiempo no era malo, no llovía. En mi casa no estaban de acuerdo en que yo estuviese tres días por ahí, como un gitano, decían. Y más si estaba esa bestia albina suelta, pero para tranquilidad suya, me llevé dos perros alanos de los que había en casa. La compañía de los perros agradaba mucho a Antón, pero Uxio, el encargado de la logística, no estaba muy de acuerdo, pues Renxo, uno de los perros, se acercaba mucho a las viandas y éstas podían correr peligro. Duque , el otro perro, se pasaba el día con Antón y con Anxo recogiendo hierbas por ahí, y yo me dedicaba a la vida contemplativa. Esa noche, Antón, nos preparó Datura de Estramonio.Yo no estaba seguro de tomar dicha pócima, pero la juventud es curiosa y los cuatro nos fuimos metiendo en un ritual céltico, siempre bajo las pautas que marcaba el jefe de ceremonias, Antón. A él no le gusta, pero de aquella noche en adelante le cambiamos el mote de Loiro por el de Druida.

La mañana se presentaba buena, hacía sol, la temperatura era aceptable y yo ya no tenía aquellas pesadillas nocturnas, supongo que gracias al estramonio. La verdad, es que debería tener cuidado con las hierbas de Antón, vi cosas de mí , que ciertas o no, eran muy fuertes.Salí de la tienda y desayuné un poco.Los otros aún dormían, o eso parecía. Hice las salutaciones matinales al Sol y al dolmen y tras llamar a Renxo, el perro, me dirigí al río. El camino hacia el río,era espléndido, mucha naturaleza virgen, pájaros de invierno y árboles por todos lados, robles más que nada. El perro también hacía sus salutaciones a modo de carreras vertiginosas entre los helechos. En el camino encontré una estaca de roble y empecé a trabajar en ella con el cuchillo de monte, entreteniendo así mi mente en otras cosas. Al rato ,me di cuenta de la ausencia de Renxo y silbé dos o tres veces para ver por dónde andaba, pero no dio señal alguna de su posición, andará por ahí, pensé. Llené un botellón de agua en la orilla y me encaminaba al sendero cuando oí los ladridos del perro, más que ladridos, alaridos. Dejé la botella en el suelo y salí a la carrera ,estaca en ristre. Al llegar al camino vi que Renxo huía despavorido de algo que no lograba ver desde mi posición. Me subí entonces a un muro y me quedé de piedra. Lo que vi en aquel momento no se me olvidará jamás. Renxo corría entre los helechos del camino, y detrás de él, a escasos metros ,algo iba tumbando la maleza con gran estruendo.Al llegar a la curva que había a la salida del puente, lo vi, era la bestia blanca que perseguía al perro.

Mi corazón en aquel momento se tornó en un compresor, no sabía qué hacer. El perro estaba en peligro inminente y yo no podía hacer nada ante el monstruo que lo seguía. Era enorme y blanco. En el acto, acudieron a mí todas aquellas historias de cazadores de la aldea y ahora tenia delante de mí a la bestia blanca dando caza al pobre Renxo que escapaba de la muerte como podía.

Renxo pasó debajo de mí, a una velocidad inusual y yo encima del muro,desde una posición elevada,veía como el jabalí se acercaba. En aquel instante, algo se despertó dentro de mí, no sabría explicarlo, pero cuando el jabalí se aproximaba, salté hacia él con la estaca en alto y justo cuando tocaba suelo, descargué con todas mis fuerzas el palo sobre la cabeza de la bestia. Ésta dio un salto hacia arriba, se desplomó y nada más. Aquello que había despertado en mí fue en aumento y ya sólo recuerdo que me saqué la camiseta que llevaba y me lancé sobre la bestia con el cuchillo en la mano, hundiéndolo varias veces en lo que suponía era el corazón. Cuando volví en mí, vi que estaban allí los otros. Antón me miraba fíjamente, Anxo y Uxio miraban a la bestia.Aún hice un intento de irme hacia ella, pero Antón me lo impidió, dijo que ya estaba muerta, pero estaba entre contento y preocupado. Entonces se acercó y me preguntó si había visto a alguien allí, al ver mi negativa me invitó a que girase la cabeza con sigilo hacia la derecha, así lo hice, y aquél fue el segundo golpe; encima del muro donde yo estaba, permanecía de pie lo que parecía un guerrero de antaño, desnudo de cintura para arriba, largos cabellos castaños caían en trenzas por ambos lados de la cara y en su mano derecha portaba un arco. Me quedé mirándole y éste me hizo una señal, tiraba de algo que supuestamente, tenía colgado al cuello. Acto seguido se rió y dando un salto se internó en el bosque , no sabiendo nada más de él. Antón y yo nos quedamos perplejos ante el hecho, y más tarde supimos que los otros dos, también lo habían visto correr por el bosque. Al preguntar a Antón sobre aquello , éste señaló mi pecho y al bajar la vista ,vi el tercer golpe emocional del día; de mi cuello colgaba un trisquel de madera con una piedra en cada radio de éste: una negra, una verde y otra roja.Los bordes externos de éste se coronaban con dos cuernos de ciervo volante, más o menos en la posición de las dos menos diez en la esfera de un reloj. La correa que lo sujetaba al cuello era de cuero, o eso parecía. Di un salto hacia atrás ,haciendo ademán de sacármelo, pero Antón me lo impidió.Después me dijo que cuando llegó allí ,al oír mis gritos ,me encontró a mí y al hombre aquél, bebiendo la sangre de la bestia y que éste después , se levantó y me puso al cuello el trisquel, quedándome yo de rodillas, gritando y sollozando fuera de mí.

Lo que sucedió después en la aldea, es f´ácil de imaginar :abrazos, gritos de júbilo, reconocimiento por parte de los cazadores, respeto hacia nuestras melenas, ya sois unos hombres, y cosas de esas.¡ Qué deciros!.Hoy ,la cabeza de la bestia, luce en el salón de mi casa, y también resuenan aún las palabras de Antón en mi cabeza... Has cazado al Annis... Y lo que más me aterra, es que aún no se ha aclarado lo del trisquel que desde entonces llevo colgado al cuello.

Hoy todo aquello permanece borroso, y si no fuese porque los demás dicen haber visto aquello, yo lo daría por olvidado. También es muy aventurado echar las culpas al estramonio, no tengo noticias yo de visiones colectivas bajo los efectos de esta hierba. Mi tendencia es la racionalidad, pero lo de aquel día se escapa a los limites del raciocinio. Antón ha estado investigando el hecho, pues sigue con sus cosas de Celtas, y dice que aquello eran cosas de Celtas, ¿Qué otra cosa podía ser?. Lo cierto es que han pasado cinco años y hoy estamos de nuevo en Noviembre y aunque sólo sea como ritual, nos disponemos a cazar el Annis, otra vez.

Según Antón, los Celtas en Samain cazaban el Annis. Era un ritual de caza, donde el cazado era un prisionero, romano a poder ser, al cual desnudaban e impregnaban con orina y vísceras de zorro expuesto al solano durante unos días, con lo cual, el olor tenía que ser nauseabundo, pero a los perros les gustaba. Tras estos preparativos ,soltaban al desdichado al amanecer y a la hora que el Sol estaba más alto, salían las partidas de caza tras el Annis, claro está, que si éste era capaz de despistar a los perros ,tenia una opción de salir indemne, pero en raras ocasiones ocurría, casi siempre el fin era trágico. Basándome en esta historia ,yo le discuto a Antón, que yo no maté un Annis, yo maté un jabalí y con bastante fortuna de que el golpe fuese tan preciso como para quebrar su tabique nasal, pero por otra parte, Antón tiene razón también, pues si nos basamos en los principios de la caza, no es normal que un alano, siendo un perro de presa ,olfatée a un jabalí a distancias tan extremas como pasaba en el caso del albino. En la caza de ronda, arte de caza duro donde los haya, el que levanta al jabalí es ,normalmente,un podenco y después de ser levantada la pieza, salen los presas a por él. Esto es así por el olfato tan fino de los podencos. Llegados a este punto. sólo quedan dos salidas ; o el jabalí tenia un comportamiento extraño; o estaba impregnado de orina de zorro, ésta es muy fuerte y a los perros no se les escapa. Antón y los viejos del pueblo apoyan el primer punto, aludiendo que aquel animal no era normal, y que podía ser una alma en pena en los días de Samain, pero mi racionalidad me hace inclinarme por la segunda. Sea lo que fuere, Antón, dio a la bestia el carácter de poco natural a la vez que enemigo, así que según él, lo que cacé aquel día era un Annis

Llegué a la aldea una fría mañana, a últimos de octubre. Antón me esperaba, y como siempre nos abrazamos efusivamente. Después fuimos a buscar a los otros dos, Anxo estaba fuera ,sentado, afilando las puntas de flecha que utilizaba para la caza del jabalí. La cosa estaba mal, ya no se podía ir a pleno día con escopetas,la civil andaba al acecho. Había patrullas de rurales por todo el monte, ya sólo cabria ir de noche sin perros y sin hacer ruido. A los chicos esto les gustaba; más emoción y más destreza por un lado y por el otro, más opciones para el animal y más adrenalina al tener que andar a la zaga de los del "seprona"(servicio de la guardia civil para la protección de la naturaleza),el enemigo, según ellos .Por mi parte, yo venía de estar dos años en la brigada paracaidista, y la verdad, lo de ir de caza con arcos y de noche, me atraía. Así es que preparamos los arcos, y salimos a cazar jabalíes, que era de lo que se trataba.

La primera noche sólo cazamos un zorro que se llevó Antón, y con él íbamos por el camino cuando oímos las campanas de asamblea. Aquello me traía recuerdos de la infancia y sabia que algo pasaba. Apresuramos el paso y al llegar a la casa de Antón encontramos a la madre llorando desesperadamente. Un hijo de aquéllos que últimamente habían llegado a la aldea y tenian grandes coches aparcados a la puerta, había intentado forzar a la hermana pequeña de Antón, causándole grandes heridas a causa de la pelea y si bien ella se defendió, no pudo evitar que la brutalidad de la paliza la enviase al hospital. Lo peor es que no era la primera vez que ocurría algo así en el pueblo, unas veces con más fortuna que otras, pero siempre con desgracias familiares por medio. La hermana de Antón tenia trece años. Lo peor de todo esto es que siempre era el mismo, y que tras unos días de estar en la cárcel salía en libertad sin cargos. Todos sabían que era la influencia del padre de aquel animal, la que le sacaba las castañas del fuego. Antón dio un grito de desesperanza y salió corriendo con el zorro, por más que gritamos no conseguimos que volviese, con lo cual nosotros tres nos fuimos a la asamblea. Poco podían hacer los viejos ante las leyes del estado y menos ante la influencia del padre del violador y nos fuimos a casa compungidos e impotentes. A las seis de la tarde suena el teléfono, era Anxo preguntando si salía a cazar, a lo cual repuse que si lo creía conveniente después de lo que había sucedido. Me dijo que fuese, que Antón me lo pedía. Así es que me encaminé con los perros y el arco a la cabaña donde siempre quedábamos. Al llegar ,Uxio estaba fuera, estaba raro, tenia la cara pintada de azul y blanco, y enroscaba en sus flechas bolas de acero, de las que utilizaba para el entrenamiento. Dentro estaban Antón y Anxo de igual guisa, las caras pintadas, desnudos de cintura para arriba y con las trenzas cayendo por la cara, en el suelo de la cabaña dos sacos, uno más pequeño que el otro. Antón me saludó y me preguntó si quería participar de la cacería especial de aquella noche. Al preguntar qué tenia de especial, abrió uno de los sacos y vi lo que me temía iba a ver, al "cabrón" que había intentado violar a la chiquilla, asentí dubitativo. Otra vez me partía en dos, entre lealtad y raciocinio, pero aquélla era una buena causa y me decidí a ir, después de todo, según Anxo sólo le íbamos a dar un susto. Al momento llegaron tres hombres más, eran de la aldea, más o menos de nuestra edad y también con las caras pintadas y con arcos.-( Antón había estado ocupado todo este tiempo que yo había estado fuera)-. Sacaron al otro del saco, lo desnudaron y como estaba medio atontado, Uxio le dio un apretón en los testículos increpándole.Éste, al reaccionar, se dio cuenta de lo que pasaba y se revolvió, pero nada pudo hacer. Uno de aquellos chavales que habían llegado recientemente, cogió el zorro, lo destripo y rajo la vejiga, vaciando el contenido sobre la cabeza del cabrón aquel., La peste era inaguantable y los perros se excitaban, lo cual no era bueno, así que optamos por no llevarlos, sacamos al Annis fuera y tras decirle de qué iba aquello, lo soltamos. Al principio se quedo quieto, pero Antón liberó una de aquellas saetas emboladas dándole en el estómago. El tipo dio un salto hacia atrás y salió corriendo bosque abajo. Por únicas prendas de ropa , llevaba unas botas calzadas.

Anxo, Uxio y yo nos fuimos hacia el río, iban callados, sigilosos, aquellos años al lado de Antón les habían cambiado.Nos comunicábamos con los otros imitando el canto de la lechuza, y para no perder toda pista, únicamente llevábamos un podenco sobre excitado por el olor. Ya habían pasado tres horas desde que habíamos soltado el Annis, nos abrimos en abanico para batir mejor la zona y así empezó la caza del Annis

Hacia las seis de la mañana, y sin tener noticias del Annis, nos disponíamos a volver. Teníamos que preparar una coartada , más que nada, para estar de acuerdo en caso de que se generase una denuncia. Pero al cruzar el puente, aquel puente donde años antes matara a la bestia blanca, oí un ruido y avisé a los demás mientras buscaba el origen del mismo. Allí estaba en el medio del camino, arañado, desorientado, llorando. El Annis había aparecido. Mientras los demás buscaban por los alrededores,yo tenía a aquel infeliz delante de mí. Salí al camino y tras pensármelo dos veces, me di la vuelta para irme y despistar a los demás. Creo que ya tenia bastante, mas volvió a mí aquella extraña fuerza de años atrás. Comencé a sudar y el corazón iba a toda prisa, no sé qué pasaba por mi cabeza , lo único que sé, es que no era yo. Me saqué la ropa de cintura para arriba, la noche era fría, pero yo ardía. Tensé el arco y apunté a la cabeza. En aquel momento no existía nada, sólo el Annis y yo. Justo cuando me disponía a soltar la flecha, una mano me detuvo posándose en mi antebrazo, cuando me giré para ver que sucedía,me quedé atónito,¡ era aquel mismo guerrero de hace años!. Las preguntas bullían en mi cabeza, no me dio tiempo a decir nada, sólo me empujó levemente hacia el borde del camino y me hizo una seña para que mirase hacia atrás. ¡ Dios, que visión !. Allí estaban con sus hábitos blancos, raídos, y las velas encendidas. O mucho me equivocaba, o aquélla era la Santa Compaña. Caí de rodillas y el ser aquel me levantó. Encima del muro estaban el resto de la partida viendo lo mismo que yo. Iban pasando y pasando silenciosas, las almas aquellas en dirección al puente. Una de ellas se paró, vino hacia mi, yo estaba a punto de salir corriendo, pero ésta se detuvo a escasos centímetros de mi. Primero cogió entre sus esqueléticos dedos el trisquel, después se quedó mirándome,luego al guerrero, y por último, dirigió la mirada a los demás, uno por uno. Inclinó la cabeza a modo de salutación y, tras hacer lo mismo nosotros, se fue. Para aquel entonces, la cabecera de la procesión ya había llegado a donde estaba el Annis, que gritaba despavorido. Lo rodearon , cada vez más , apretando el circulo mortal. Se apagaron los gritos y las almas se fueron hacia el oeste. Nosotros nos fuimos en silencio, yo sabia lo que había visto, y los demás también, pero no dijimos nada. Nos fuimos en silencio.

Al llegar a la cabaña dejamos las cosas, nos lavamos un poco y ya nos íbamos cuando, al mirar hacia el dolmen, vimos encima de él la figura erguida del guerrero aquel. Yo ya no podía más , todo aquello me superaba,¡ muchas cosas en una noche, muchas cosas en una vida!. Salí corriendo hacia él, haciendo caso omiso de los gritos de Antón y los demás. Al estar a pocos metros de él, me detuve.

--¿Quién eres?—pregunté gritando,fuera de mí.

Él se giró lentamente y dijo solemne primero. –Tus padres y los padres de tus padres me llaman Santa Bárbara—

Y entre carcajadas después, – Pero en realidad soy... El cuervo de las pesadillas---

Diciendo esto, desapareció. Y de entre las piedras del dolmen salió volando un cuervo hacia el oeste.

Días después, supimos que había aparecido muerto dentro de su coche aquel mal bicho , el Annis. Suponían que de un ataque de miedo, a juzgar por la mirada desorbitada de sus ojos y sus manos en actitud de defensa.Todos en la aldea se preguntaban qué habría visto para morir de aquella forma,aunque los viejos,en el fondo,se imaginaban qué habia pasado...Después de todo eran noches de Samain,eran noches nefastas.

Hasta hoy, decía que las leyendas eran cosas de viejos, pero ya no pienso así, más aún, cuando hay un cuervo que anida todos los años en el roble que da sombra a mi casa y que cuando truena, parece que se ríe.

 

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