Pablo Picasso
Todos los gatos...
Poesía: Frontera del caos
Kaos

La noche ulterior
a aquella muerte felina
mis pupilas carcomidas
de poco soñar,
remendaron un paréntesis
roto de mirar
tus dedos raros,
pululando como arácnidos
por el aparato del tiempo.

Allí,
el espacio es habitáculo
del nefasto discurso,
el heteroglosio orificio
atiborrado de hormigas
desgreñadas, iracundas,
convidadas a ordenarse
en unidades mínimas
por los vericuetos del juicio
y la neurasténica praxis
de las apátridas células.

Allí,
pernocta la teoría;
la virtud virtual
del gusano plano
que devora la manzana
del achacoso Adán.
Desconfío de las formas
porque tu barba me enseñó
a fuerza de elogios
que en estos tiempos
dos unos no suman dos.
Por eso acudo
a los textos embarrados
de invisible tinta y
a la sonoridad del eructo.

Aquí,
vivimos la insoportable
levedad del ser ( o no ser)
por eso Nietzsche
me golpea la nariz mientras
hilvano el desagravio
de revolcarme en sus ideas
y escupirle los sesos
hasta que crea en el dios
de la sacra tecnocracia.

Aquí,
rota de mirar tus dedos raros
que deambulan por el sexo
del industrioso teclado
y deconstruyen signos
en homenaje al fuego,
la cosmogonía,
o la agonía del cosmos
que da igual.

Ya no importan
las verdades  absolutas,
(mentir tiene mejores
dividendos)
y los megarrelatos
(excluyo La guerra y la paz)
perecen en blanca tinta
o en anaqueles chinos.

Aquí,
me bebo en sorbos tibios
los textos existentes,
los existenciales
los fehacientes
los falsos
los fatídicos
los pragmáticos
los manuales instruccionales
sobre-vivir ...
los que guardas  para mí,
cada vez que me inventas.
Absurdo

Anoche sucedió que
mientras erotomizaba los sentidos
en acompasado
sueño placentero
donde éramos protagonistas,
un ectoplasma nietzscheano
desveló los nibelungos habitantes
de nuestro transpirado ego
más allá del bien y del mal…

“Paladines del limbo;
debajo de la piedra angular
vomita los días y sus noches
Zaratus-tra, el venerado pez,
la bilis filosofal…"
(verborreaba el venerable espectro
de mudez timbrada)
Recuerdo me miraste, también yo,
enmudecida de palabras,
como el murmullo de los cuerpos
que aún no vestimos de horas

Fuiste tú quien preguntó primero,
¿Dónde?
Fue él quien contestó,
Busca.
Fui yo quien pregunté segundo,
¿Dónde?
Fuiste tú quien contestó,
Busquemos

Momento oportuno para despertar
y buscar hasta encontrar
nada…

  
(2002)


Sin título

Allí …
oculto,
te paseas.


En el lugar
donde habitan
tus efluvios.


Cíclope,
avistas
el ojo de cada ciclo lunar
a través de este vientre
ataviado de estrellas.


Centauro,
no te cansas
de engullir
la tibia carne
del laberinto cálido.


(2003)
En la víspera de una arruga

Rostro en descenso volteo a mirarte,
para dolerme
en el papel torcido de sal bifurcada,
en la penumbra
de tus córneas amortajadas de eclipses.

Rostro en declive.
Los cuervos lamen las pupilas
de tus soles rodeados de estrellas.
Un reloj de piedra
se posa en el letargo del tiempo.
Los abismos me convidan
a contar las sales de las esponjas silentes.

Rostro postrado.
Silueta de orugas,
sonoridad de dioses que destilan
brebajes en atropellados calderos
para los viejos cuerpos de barro
olorosos a pergaminos.
La bitácora del ojo lacta tu epitafio
y un fauno duerme  los siglos
en la comisura de una mueca.

Rostro de pliegues insomnes.
La oreja que cortó el pintor
te narra sueños raros,
mientras bebes el silencio,
en la huella de un zapato viajero.
Sin título

Las luciérnagas como las leónidas
van ... y se vienen
en el vaivén de tus dedos
enlazados
a la lava de mi vello
Mi anhelo
subyacer,
entumecida el musgo
en el cénit de tu muslo
amortajado el cuerpo
de tu piel
poeta...
Ya rendida, ya indefensa
encarnada en tu carne
me escucharás
ulularle al viento...

Invocas mi sangre
de humus transfigurada.
Con tu nariz
poblada de ojos,
me desangras y
recorres abismos
de olor ocre y
matiz bermejo;
Guardarás el sexo ahí,
donde el rubí líquido
imbebible aguarda
cada ciclo lunar,
para inmolarte,
poeta,
porque:
Yo
soy…
Caravaggio, "Baco"
"Gato perseguido" de Goya
"Gato cazando" de Picasso