El acercamiento a la presencia de Dios
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Por Bob Sorge
La mayoría de los versículos bíblicos que contienen alguna clave en cuanto al modo general de los israelitas en la época de David dan la impresión de que se presentaban ante el Señor con cantos de celebración y alabanzas. Los siguientes pasajes hablan de la entrada a la presencia de Dios con alabanzas: “Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos” (Salmo 95:2); “Servid a Jehová con alegría; venid ante su presencia con regocijo... Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza” (Salmo 100:2,4). (Véanse también los Salmos 42:4; 45:13-15; 68:24-26; Isaías 30:29; 35: 10). Otros textos bíblicos parecen indicar que la adoración es la expresión adecuada para los que entran a la casa del Señor. Considérense los siguientes pasajes: “Dad a Jehová la honra debida a su nombre; traed ofrenda, y venid delante de él; postraos delante de Jehová en la hermosura de la santidad” (1 Crónicas 16:29; Salmo 96:8). "Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré en tu casa; adoraré hacia tu santo templo en tu temor” (Salmo 5:7). "Entraremos en su tabernáculo; nos postraremos ante el estrado de sus pies” (Salmo 132:7). (Véase también Eclesiastés 5:1-2). Entonces, ¿cuál es la manera adecuada? ¿la alabanza 0 la adoración? ¿Hay una fórmula para los cultos? No, no hay fórmula para lo que se llama el culto de adoración. Se Puede comenzar con cantos rápidos de alabanza y de acción de gracias, o con himnos lentos de adoración. Según las evidencias bíblicas, se podría decir que es más común llegar ante el Señor con cantos de alabanza, pero hay que desechar la idea de que haya una fórmula para dirigir cultos de adoración como, Por ejemplo, comenzar con cantos de alabanza rápidos y animados, y luego pasar a himnos de adoración, más lentos. Algunos cultos tendrán ese orden invertido; otros sólo cantos lentos, o sólo cantos rápidos. Las Escrituras no dan un modelo rígido para la adoración por la sencilla razón de que Dios no quiere que se tenga una fórmula para los cultos. Si Dios tuviera un rito o patrón apropiado, entonces se lo habría dado a la Iglesia. Jesús dejó en claro que la adoración no ha de ser la ejecución de un rito ni una fórmula sino un asunto del espíritu (Juan 4:23-24). El punto central es este: No importa cuál sea el método, el Señor busca a los que vengan a Él en espíritu y verdad, cuyo corazón lo anhele con diligencia. No hay una manera "correcta” ni incorrecta de entrar a la presencia del Señor; sólo hay la manera de Dios. Y su manera es probablemente diferente cada vez. El líder de la adoración debe tener una profunda vida de oración y cultivar la sensibilidad al Espíritu de Dios para discernir lo que Dios quiere en cada culto.