La Alabanza como arma para la lucha espiritual
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Por Bob Sorge
El Nuevo Testamento enseña, sin lugar a dudas, que el cristiano se encuentra en una verdadera lucha espiritual. Dice que lucha contra principados y potestades que habitan en la atmósfera que lo rodea. Además, se insiste en que el cristiano se vista con la armadura de Dios, para que pueda resistir bien los ataques del maligno (Efesios 6:10-18). Las victorias espirituales se ganan con una variedad de métodos, tales como la oración intercesora o la confesión de la Palabra de Dios. Hay también otra arma para la lucha espiritual a disposición de los cristianos, a la cual se le da ahora consideración más seria, y es la alabanza. Cuando se habla de la alabanza, se hace referencia a una amplia gama de temas. Cuando se trata de la lucha, hay también muchos campos diferentes que se pueden tratar. En este capítulo se limita el tema a lo que tienen en común la alabanza y la lucha espiritual cuando la alabanza se convierte en arma. La base bíblica de la lucha por medio de la alabanza Este tema se puede hallar en todas las Escrituras, comenzando con Éxodo. Imagine el lector la escena después que los israelitas cruzaron el Mar Rojo. El ejército egipcio se acababa de ahogar en las aguas arremolinadas, y el pueblo de Dios estaba a salvo en la otra orilla. María tomó una pandereta y dirigió a las mujeres en el canto (Éxodo 15: l). En aquella ocasión, Moisés y todo Israel cantaron un canto excelente de triunfo dedicado al Señor, y dentro de ese canto hay una revelación emocionante “Jehová es varón de guerra; Jehová es su nombre” (Éxodo 15:3). Después de ver como Dios había tratado a Faraón y su ejercito, los israelitas se dieron cuenta de que habían visto en acción a un gran estratega militar. A Josué se le dio una revelación semejante del carácter de Dios, Cuando estaba listo para dirigir a Israel en la entrada a Canaán para conquistar Jericó, se le apareció un hombre con una espada desenvainada (Josué 5:13-14). El Señor era entonces un guerrero, y todavía es el Comandante Supremo de los ejércitos celestiales. Alguien podría replicar que esa fue una revelación “primitiva” de Dios y que Él se ha seguido revelando a través de la historia de manera progresiva, y ahora se le conoce como el Padre celestial, amable, misericordioso y bondadoso. Es cierto, pero Él también es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Es un Padre amante y tierno, pero aún es un guerrero. En tanto que su enemigo ande suelto en la tierra, se sabrá que Dios es guerrero. En la Biblia se hallan varios ejemplos de victorias grandiosas que el Señor logró para su pueblo en respuesta a la alabanza . Uno de los casos más sobresalientes ocurrió en los días del rey Josafat, cuando los edomitas atacaban Judá (2 Crónicas 20) Josafat estaba muy alarmado y convoco a toda Judá al templo a orar al Señor. En su oración confesó: “Porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros; no sabemos que hacer, y a ti volvemos nuestros ojos” (v. 12). El Espíritu del Señor vino entonces sobre Jahaziel, levita descendiente de Asaf (el jefe de los músicos en la época del rey David). Jahaziel proclamó: “No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra sino de Dios” (v. 15). El Señor dio entonces los planes de combate por medio de Jahaziel. Después de adorar al Señor por la victoria prometida, Josafat le dijo al pueblo: “Oídme Judá y moradores de Jerusalén. Creed en Jehová vuestro Dios y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados” (v. 20). Entonces procedió a nombrar un grupo de hombres para que cantaran alabanzas y dijeran “Glorificad a Jehová, porque su misericordia es para siempre” (v.21). A la derecha, Josafat alineo el ejército en filas. Los cantores vinieron y se alinearon a la izquierda. Josafat hizo entonces algo muy absurdo, pues dijo a los cantores que fueran al frente y cantaran alabanzas a Dios, a la vanguardia del ejército. Él sabía quienes serían los verdaderos guerreros aquel día; los adoradores ganarían la batalla. Salieron a combatir con el coro al frente, cantando alabanzas a Dios, y seguidos del ejército. “Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros” (2 Crónicas 20:22; véanse también los vv. 23-25). Los soldados de Josafat se miraban, observaban con un poco de vergüenza las espadas y lanzas y se encogían de hombros. Después bajaron las armas y se pusieron a recorrer el campo para recoger los despojos. Los verdaderos guerreros en esa ocasión no fueron los soldados sino los cantantes del coro. Mientras ellos cantaban alabanzas a Dios, Él peleaba por ellos, los soldados no tuvieron que levantar ni un dedo. Fue una victoria gloriosa. Los adoradores cantaban: “Glorificad a Jehová, porque su misericordia es para siempre” (v.21). Es interesante notar que no pedían que cayera fuego del cielo, ni invocaban la ira de Dios sobre los paganos. Mucha parte de la lucha espiritual se distrae con la reprensión al enemigo, o pidiendo a Dios actúe a favor del creyente en cierta manera. Los cantores no recomendaban a Dios una estrategia de combate, ni se molestaban en maldecir al enemigo. En esencia, su canto de alabanza decía: “Señor, reconocemos que tu eres el Dios Omnipotente y que has prometido pelear por nosotros hoy. Te agradecemos y alabamos por la victoria, regocijándonos en lo que sabemos que ya has determinado hacer en nuestro favor.” Esas palabras le permiten a Dios actual de la maneja mejor. La lucha por medio de la alabanza no dicta a Dios lo que debe de hacer, sino que loa alaba por su sabiduría y poder, reconociendo que Él es capaz de resolver el problema de la mejor manera posible. El enfoque no está en la batalla ni el enemigo, sino en Dios quien es la solución (cf. Daniel 11:32). Pablo y Silas experimentaron la eficacia de la alabanza mientras estaban en la cárcel filipense. Los habían azotado y puesto en una celda interior, con los pies asegurados en el cepo . Como a la medianoche, Silas tal vez dijo: “Pablo, ¿le faltamos a Dios hoy? Me duelen la espalda y los pies, y no puedo soportar todo esto. ¿Invoco una maldición para el carcelero por tratamos así, o pediremos que caiga fuego sobre este lugar?” Pablo quizás se quejó un poco al volver su cuerpo dolorido hacia Silas y decir: "Silas, creo que debemos alabar al Señor. Démosle gracias que todavía estamos vivos, y que Él va a sacar algo bueno de esta situación.” Entonces a la medianoche, Pablo y Silas oraron y cantaron himnos a Dios. Tal vez la medianoche es el momento propicio para que los prisioneros levanten el corazón en alabanza a Dios. Pablo y Silas no clamaban a Dios por su liberación. No reprendían el cepo ni echaban fuera los demonios del carcelero. Sólo alababan a Dios por su grandeza y bondad. Y ¿qué ocurrió? "Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron ¿odas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron” (Hechos 16:26). La historia concluye que el carcelero y toda su familia confesaron su fe en Jesucristo. Dios respondió a la alabanza de sus siervos y no sólo los libertó de la cárcel sino que también libertó a una familia entera de las garras de Satanás.