El Costo de la Alabanza
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Por Bob Sorge
La alabanza no es un género gratuito. Los que la practican deben pagar su precio. Primero, se requiere energía. A veces el creyente está cansado después de una semana completa de trabajo duro, y viene a la iglesia el domingo por la mañana para descansar. No siente deseos de alzar las manos ni ponerse de pie por demasiado tiempo, pues no tiene energía para ello. En tal Ocasión, es conveniente ofrecer un verdadero. sacrificio de energía Y bendecir al Señor con el corazón, el alma, la mente y la fortaleza personal. Segundo: El costo de la preparación. A veces el creyente siente la necesidad de recibir purificación y renovación para ser más libre en la presencia de Dios: “¿Quien subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón” (Salmo 24:3-4). Este pasaje muestra que el Señor exige pureza a sus servidores. Si de veras el creyente quiere servir al Señor de modo íntimo, primero debe purificarse de corazón mediante el arrepentimiento y la confesión. Tercero: El costo del tiempo. ¿Tiene mucha importancia el tiempo? ¿Hay suficiente tiempo en el día para hacer todo? Creo que el tiempo es lo que más aprecio. Si alguien me pide dinero, tal vez lo dé con un poco de remordimiento; pero si me piden dos horas de mi tiempo, vacilo antes de responder porque lo considero algo precioso. La vida de alabanza demanda el sacrificio de tiempo. No siempre se puede entrar a la presencia del Señor y salir aprisa; hay veces cuando es necesario quedarse y tener comunión con Dios por un rato. El sacrificio de alabanza no es la experiencia de algo divertido. Tal vez sea divertido el canto, pero cuando llega el momento de ofrecerlo, el sacrificio costará algo. Con todo, forma parte integral de la vida de alabanza y la permanencia en la presencia de Dios. Se da una solemne advertencia al creyente: ¡Ay de los reposados en Sión ... ! (Amós 6: l). Que la congregación de los creyentes no sea complaciente, sino esté entre los que están dispuestos a animarse a ofrecer un sacrifico de alabanza en medio de circunstancias adversas. La actitud del creyente hacia la alabanza y la adoración y su participación en ellas son las claves para entrar a la presencia de Dios. Se presenta la alabanza sin motivos ulteriores, ni la intención de obligar a Dios a venir al creyente. En su presencia hay plenitud de gozo. La alabanza también se convierte en arma poderosa contra el enemigo del alma.