El Sonido de la Guerra
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Por Bob Sorge
Ezequiel tuvo una experiencia magnifica en la que fue llevado a lugares celestiales y oyó la adoración allí. Obsérvese como trató de expresar lo que oyó: Como sonido de muchas aguas, como la voz del Omnipotente, como sonido de muchedumbre, como el ruido de un ejército (Ezequiel 1:24). Ese fue su mejor intentos de descripción del sonido de la alabanza celestial. El apóstol Juan en una experiencia semejante, describió la adoración celestial así: Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya. . . ! (Apocalipsis 19:6). Para saber cuál es el sonido de la alabanza y adoración celestial hay que reunir a los santos para la alabanza y la adoración. Ese es el sonido. Es como la voz del Todopoderoso. Es de veras el tumulto de ejército del Señor. Es como truenos muy fuertes; así es el sonido que produce el Señor al pagar a los enemigos lo que merecen. El sonido de la alabanza es como el sonido de la guerra. Dios seguirá respondiendo a la oración y la intercesión, pero llegará la hora cuando susurrará al corazón y dirá : Deja de pedir, luchar e interceder y comienza a alabarme por la victoria. La alabanza no le dicta a Dios cómo debe venir la respuesta. Muchas veces las peticiones de oración limitan a Dios por que se le piden cosas cuando Él quiere responder de manera diferente y más completa. La alabanza destapa las posibilidades, porque el creyente confiesa y se regocija en la capacidad absoluta de Dios de ser quién es en la situación presente. Se debe alabar a Dios porque Él está en control y se glorifica en la situación actual. Cuando se confiesa la supremacía de Dios por la alabanza, la fe del creyente se eleva al nivel de su confesión, y Él responde. El problema no es la capacidad de Dios para manejar la situación, ni es cuestión de convencer a Dios a que despliegue su gloria. El problema está en los creyentes que limitan a Dios con sus conceptos insignificantes de quién es Él. El creyente debe desear que su concepto de Él se agrande.