La Entrada a la Presencia de Dios
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Por Bob Sorge
El corazón que desea a Dios, naturalmente desea también acercarse a Él; quiere estar en su presencia. De modo una de las prioridades más importantes de los creyentes es congregarse con otros santos con el propósito de encontrarse con Dios. ¿Cuál es el modo apropiado para que la congregación entre a la presencia de Dios? ¿Se debe comenzar, cantos de alabanza rápidos batiendo palmas. o venir reverencia y cantando himnos lentos de adoración? ¿Hay normas bíblicas al respecto? Cuando se habla de entrar “a la presencia de Dios”, hay que recordar que hay manifestaciones variadas de su presencia Hay que considerar por lo menos tres niveles. El primero es que Dios es omnipresente; su presencia está en todas partes todo el tiempo. Este es un aspecto muy general de su presencia. El segundo es que Jesús dijo que donde haya dos o tres reunidos en su nombre, allí está Él en medio de ellos (Mateo 18:20). Esta es una manifestación más particular de su presencia. Y el tercero, en 2 Crónicas 5:13-14 se da un relato cuando la nube de gloria lleno el templo de Salomón cuando cantores y músicos levantaron el corazón en alabanza a Dios. Esa nube de gloria (la presencia de Dios) llenó de tal manera el lugar que los sacerdotes no podían ni ponerse de pie para realizar el culto. De veras, esa fue una manifestación muy especial de la presencia de Dios, y ese es el mismo tipo o esencia de manifestación que la Iglesia busca hoy día. El problema de esta última declaración es que muchos creyentes quedarán insatisfechos con sus cultos de adoración hasta que vean una nube de verdad en la iglesia. Tal actitud no agrada al Señor, porque en esencia dirían: "No estamos contentos, Señor, amándote de la manera que lo hacemos. Nos sentiremos realizados en nuestro amor por ti cuando veamos la nube de tu presencia en el santuario.” El Señor quiere que lo amen ahora por ser quien es. La lección que esto enseña es muy significativa. Cuando esa nube llenó el templo, la gente y los sacerdotes no podían ver a nadie ni nada alrededor, porque todo lo que les era visible era la presencia del Señor. Y para los creyentes contemporáneos, la meta de su adoración debiera ser que lleguen al punto donde no vean a nadie ni nada alrededor de ellos, sino que queden completamente absortos en Dios. Ese es el objetivo supremo de la adoración, ver sólo al Señor. No hay mayor realización, ni la habrá nunca.