Los Levitas
(La responsabilidad de su consagración II)
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Como los millones de israelitas que eran parte de la familia del Señor y sin embargo, no separados como los levitas, así también muchos cristianos no han sido consagrados como levitas espirituales al servicio de Dios. De Nm. 8:5-22 se observarán los aspectos para la consagración de este pueblo: 1) Hacer expiación por ellos, ser ofrecidos en ofrenda a Jehová, lavarse (rociar con agua, raparse la cabeza, lavar sus vestidos). 2) Las tres clases de ofrendas y sacrificios que ellos hacían eran: la ofrenda de expiación, la oblación y el holocausto. 3) Los hijos de Israel tenían que imponer sus manos en los levitas. Al igual que en los tiempos apostólicos, cuando Timoteo (1 Ti. 4:14), Pablo y Bernabé (Hch. 13:2, 3) estaban listos para entrar en el servicio al Señor, fueron apartados y consagrados públicamente a la obra del Señor. Y la manera se asemeja con la de los levitas por medio de la imposición de manos. En Nm. 8:13 los levitas fueron el “sacrificio vivo” que se ofreció y no únicamente los becerros. La dispensación de la ley fue encomendada a los levitas. Responsabilidad En Nm. 1:50-53 encontramos la responsabilidad de los levitas: 1) El armar, desarmar y llevar el tabernáculo además del cuidado de todos los artículos pertenecientes al tabernáculo. El apóstol Pablo dijo, “para mí el vivir es Cristo”; un levita podría decir “para mí el vivir es el tabernáculo”. El levita recibió el cargo del evangelio visual. Su deber era cuidar, proteger y erigir correctamente cada vasija, cortina y tabla del tabernáculo. A nosotros se nos ha encomendado anunciar el evangelio, como esta escrito en 1 Co. 9:16; 1 Ts. 2:4) El evangelio es las buenas noticias de la reconciliación del hombre con Dios, y Jesús ha encomendado a la iglesia el ministerio de la reconciliación (2 Co. 5:18) Los levitas eran administradores de las cosas más santas. Cada vez que erigían el tabernáculo relataban la misma historia, y lo hacían vez tras vez, La fidelidad es la característica más importante de un buen administrador (1 Co. 4:1, 2). Cada israelita armaba su tienda “cada uno en su campamento”, pero el levita tenía que ser diferente. El centro de la vida del levita era la guarda del tabernáculo del testimonio (Nm. 1:52, 53). Ahora ¿qué piensa usted que debe ser el centro de la vida consagrada de un creyente? Su provisión Las necesidades del levita eran provistas por los diezmos y por las ofrendas de las primicias de los israelitas. (Nm. 18:12, 13 y Lv. 2:3). Es lo mismo con el que dedica su vida al ministerio. El evangelio es su vida, no su empleo. Mientras sus labores en el ministerio llevan dedicación y sacrificio del pueblo de Dios, él es refrescado y fortalecido para seguir en su trabajo. Las necesidades espirituales del levita moderno también son suplidas por ministrar al pueblo de Dios. 1 Co. 9:13-14 se refiere al derecho de los ministros de tiempo completo para recibir donaciones de sus congregaciones para su sustento. Hay un principio espiritual contenido en estas escrituras que pertenece a cada parte del servicio cristiano al Señor. El cristiano no debe considerar que hay una diferencia entre su vida y su servicio al Señor, sino que “todo sea hecho para la gloria de Dios”. Mientras ministra acerca de las cosas santas, vive de ellas. En el versículo 14 nos habla tocante a que el que predica el evangelio que viva del evangelio. Las normas para participar de las cosas sagradas eran muy altas. Y todavía son las normas para los siervos de Dios hoy. Cualquier persona que intente ministrar acerca de las cosas sagradas sin cumplir estas normas se encontrara con juicio severo. En Lv. 22: 4, 6, 7 vemos que, aún si un varón era legalmente levita, no podía tomar las cosas sagradas si por alguna razón era pronunciado inmundo. En 1 Co. 11:23-32 habla de examinarnos a nosotros mismos antes de participar de la Santa Cena. Según el Salmo 66:18 la condición espiritual que causaría que fuéramos pronunciados inmundos es mirar la iniquidad en el corazón (pecaminosidad). Ningún “extraño” o “huésped del sacerdote” o “jornalero” puede comer de las cosas sagradas (Lv. 22:10). Estos términos también pueden ser aplicados hoy al inconverso y a los ministros que no están bien con Dios. Desgraciadamente, hoy muchas personas de este tipo son honradas en grupos cristianos. En Judas 12 el primer nombre que se les da a estas personas es que son manchas en nuestros ágapes. Sin embargo, había una provisión hecha para alguien que no era de la tribu de Leví, para recibir el privilegio de comer de la mesa del sacerdote. Si el sacerdote le compraba o si nacía en la casa de éste, se le concedía el derecho levítico (Lv. 22:11), como creyentes fuimos asegurados con dobles derechos para tales privilegios porque fuimos comprados con la sangre de Cristo y nacimos por su Espíritu Santo. En 1 Co 6:20 nos habla que fuimos comprados por Jesús. El efecto de la santidad hacia Dios y los hombres El efecto de la vida de un levita sobre las vidas de los demás es muy importante, si se vuelve de la iniquidad a muchos hará apartar de la iniquidad (Ma. 2:6), pero si regresa a la iniquidad hace tropezar a muchos. (Ma. 2:8). En Ma. 3:3, el Señor piensa afinar y limpiar la plata como a oro, a los hijos de Leví; y así estarán preparados para que el afinador haga su obra “para ser útiles al Señor y dispuestos para toda buena obra”. Ma. 3:3, ; 2 Ti. 2:21. Hemos aprendido del estudio de la ley hebrea que Dios siempre lleva orden. Escogió a los levitas para cuidad las cosas concernientes al tabernáculo, y también dio asignaturas especificas que pertenecen al liderazgo y a la delegación de deberes. Un tabernáculo (A.T.) y un cuerpo (N.T.) De números 3:22-26 vemos que a los hijos de Gersón como familia levítica le fue encargado llevar las cubiertas, las cortinas y las cuerdas del tabernáculo a través del viaje en el desierto. Y a los hijos de Merari estaba el llevar las tablas, las barras, las columnas y las estacas (36-37). Estos fácilmente podrían tener envidia de los hijos de Coat y decir en sus corazones ¿porque no podemos llevar el Arca nosotros? ¿Porque llevamos solamente tablas y estacas?, de ser así el tabernáculo estaría incompleto si todos llevaran el Arca y dejaran las otras partes atrás. Cada trabajo era necesario y de la misma importancia ante los ojos de Dios. Según 1 Co. 12:14-31 si cada persona tuviera la misma función, sería imposible que el cuerpo de Cristo trabajara efectivamente. En Números 7:1-8 aprendemos que los hijos de Merari y de Gersón recibieron carritos para llevar el peso duro de la responsabilidad, pero los hijos de Coat no recibieron ningún auxilio con las cosas más sagradas. El Arca como los otros muebles, tenía que ser llevada con varas sobre los hombros (Nm. 7:9). Si esta ley era violada ocurría una tragedia con los israelitas y así sucedió; el resultado fue la muerte de un hombre (1 Cr. 13:3-12), en este pasaje describe que fue entonces cuando David reparo en que los levitas debían llevar el Arca (1 Cr. 15:1,2). En comparación con nuestros días, si un cristiano desea traer la presencia de Dios (el Arca) a su iglesia en una manera más poderosa de como se manifiesta actualmente, nunca debe sentir que encontrará una manera fácil de realizarlo. El, como los levitas, es llamado a llevar la carga sobre sus hombros en oración y ayuno hasta que el propósito se realice. Cuando la peregrinación en el desierto por fin terminó y poseyeron los israelitas la tierra de Canaán, los levitas, como fue profetizado, fueron esparcidos por toda la tierra. Recibieron 48 ciudades de las cuales 6 serían ciudades de refugio; y cada uno de sus nombres tiene un significado que nos recuerda a nuestro Señor Jesucristo, y son: Cades (Santo), Siquem (Hombro), Hebron (Comunión), Beser (Fortaleza o roca), Ramot (Exaltación) y Golán (Gozo) (Nm. 35). Para nosotros, en Proverbios 18:10 el nombre del Señor es torre fuerte; en Sal. 46:1 el Señor es nuestro amparo y fortaleza, etc. Además del armar y desarmar el tabernáculo, los levitas también hacían otras varias tareas. Un vistazo a sus tareas puede darnos algún conocimiento de lo que se espera de nosotros como obreros cristianos: 1. Sonar las trompetas (Nm. 10:8).- Advertir que el malvado se vuelva de su pecado, y crea y sea salvo. Nosotros debemos advertir sonando con nuestras trompetas. Ez. 33:4-9; Mr. 16:15-16. 2. Alabar al Señor (2 Cr 30:21) con instrumentos que ellos mismos tocaban como címbalos, salterios, arpas y trompetas. 2 Cr. 5:12,13 y en 2 Cr. 30:21 esta adoración la ofrecían día tras día. 3. Orar por el pueblo. Y estas oraciones llegaban a la habitación del santuario del Señor y eran oídas 2 Cr. 30:27. 4. Moisés confió al cuidado de los levitas la ley escrita (Dt. 31:9) y a nosotros nos fue confiado el evangelio 1 Ts. 2:4. 5. Cada siete años, los levitas tenían que leer la ley ante todo Israel Dt. 31:10-12. Como los encargados de la ley, a los levitas se les requería en enseñar (2 Cr. 17:9) Y su énfasis era enseñarle al pueblo a discernir entre lo santo y lo profano y entre lo limpio y lo no limpio. Ez 44:23. En Mateo 28:19-20 dice que enseñemos a todas las naciones a guardad todas las cosas que Jesús mandó.