La escencia de la adoración
Página Principal
Estudios
Tomado del libro "Exploración de la Adoración" de Bob Sorge
La adoración no es sólo algo que ocurre en la congregación cuando se siente la presencia ungida de Dios. La adoración puede ocurrir cuando el creyente se encuentra en la hora más oscura y afirma la soberanía de Dios a pesar de sus circunstancias. Sólo al pasar por una experiencia semejante a la de David o Job puede el creyente probar la cualidad esencial de su adoración. El verdadero adorador adora aun bajo las circunstancias más devastadoras desde el punto de vista emocional. Sólo al conocer el significado de la adoración en los tiempos más difíciles, se comprende el elemento más fundamental para llegar a ser adorador. La dinámica y las dimensiones de la adoración son tantas y tan variadas que una sola definición de ella no podría incluir todas sus ramificaciones y significados; pero ¿cuál es la idea radical de la adoración? ¿Cuál es la esencia absoluta y el denominador común de toda la adoración? Creo que se ve en la vida de hombres como Abraham y Job, que adoraron en medio de las circunstancias más terribles de la vida. Esta es la esencia funda mental de la adoración: A pesar de las circunstancias negativas o la perturbación emocional completa, el creyente humilla el corazón y la vida delante del Dios Todopoderoso, reconociendo su señorío supremo. En conclusión, la adoración es la confesión del señorío de Dios cuando todo lo que rodea la vida de uno grita: “¡Dios es injusto! No te ama. Te ha abandonado”. En tal ocasión, el verdadero adorador dice: "El Señor es Dios. Bendito sea el nombre del Señor. La adoración se aprende. “Bienaventurado el pueblo que sabe aclamarte” (Salmo 89:15). No es un talento innato, ni un regalo especial para unos pocos. la adoración es el arte de expresarse uno a Dios, y el creyente debe aprender esa expresión y abrir el corazón como canal del Espíritu Santo. Así como se aprende el arte de la predicación, la capacidad para adorar se desarrolla por medio de la aplicación y la experiencia. " adoración no se aprende leyendo libros, ni tomando clases ni en conferencias. Como el arte de la oración, la adoración se aprende ejerciéndola. No hay que impacientarse con uno mismo si no se puede adorar como se desea. Aprender la plenitud de la adoración es un proceso largo y no viene con facilidad. Las lecciones de Dios en la vida del creyente para enseñarle la adoración pueden ser tan dramáticas como las de Abraham, Job y David. La reacción positiva en adoración en vez de quejarse de las adversidades hará que el creyente crezca como adorador. En muchas iglesias se enseña a trabajar y testificar pero no a adorar. Quizás eso quiso decir el salmista: "Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas” (Salmo 42:7). En el contexto de ese versículo, el escritor hablaba de la turbulencia emocional pro- funda en tiempos difíciles. Cuando todo parece aplastarse sobre uno como una catarata rugiente, hay que recurrir a la fe profunda en Dios. Al sentirse uno subyugado y sin saber por qué Dios ha permitido cierta situación en la vida, hay que reafirmar la fe en Dios. Es la expresión desde lo más profundo del alma que afirma su confianza en Dios. La adoración es lo profundo del ser que llama a lo profundo de Dios. A veces ese nivel de adoración se expresa mejor en silencio (Salmo 46: 1 0). Este versículo no tiene nada que ver con la alabanza, pero sí se aplica a la adoración. A veces la adoración no constituye la formación de palabras y frases sino que requiere la postración humilde del alma delante de Dios, para reverenciar su grandeza en silencio y quietud. Como la adoración es una expresión de amor, con frecuencia funciona de modo muy semejante al amor conyugal. El amor no se tiene que expresar con palabras para que se aprecie. A veces se dice más sólo por la expresión de los Ojos que lo que se podría decir verbalmente. La adoración requiere que se mire a los ojos de Dios. Cuando se confrontan circunstancias turbulentas, se tiene la tendencia a quejarse ahora y posponer la adoración. Jesús dijo: "Mas la hora ... ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre” (Juan 4:23). 1,a adoración opera en el tiempo presente. Los adoradores no se satisfacen con esperar las alabanzas eufóricas de los redimidos alrededor del trono en el ciclo. El hecho de que se haya adorado en el pasado, o que a los creyentes les espere la adoración gloriosa en el futuro, es insatisfactorio. Ahora es el momento de entrar en la verdadera adoración. Aunque los adoradores no se satisfacen con esperar el cielo, de él reciben una pista. La Iglesia tiene una visión bendita de la esencia de la adoración celestial en el Apocalipsis del apóstol Juan. Allí se da un ejemplo glorioso, digno de emulación. Espero anheloso el día cuando la adoración alrededor del trono sea libre de todos lo! impedimentos y cadenas de las cohibiciones. El ciclo es ruidoso y apasionado en su demostración de la alabanza y adoración de Dios. Dios mismo es emotivo en alto grado y así responde a su Iglesia. No hay nada malo en usar el prototipo de la adoración celestial como patrón para hoy día. Al tener más información sobre la adoración celestial, la Iglesia puede entonces orar que experimente la adoración “como en el cielo, así también en la tierra”. El cielo es espontáneo en su adoración, y la espontaneidad puede también desempeñar un papel clave en la adoración de la Iglesia. Los esposos tendrán tiempos cuando aman a sus esposas de manera determinada y casi rutinaria, pero se añade sabor al matrimonio cuando el amor ocurre de repente. De modo semejante, las expresiones espontáneas de adoración agradan de modo particular al Señor. Es propio responder a un pequeño impulso, aunque sea una manera nueva de expresar el amor a Dios. Dios pone en el creyente todo deseo de adoración, ya sea espontáneo o rutinario. Hay que entender que la adoración nace en el corazón de Dios. El Espíritu Santo inicia la adoración en el corazón del hombre y participa de modo activo en la adoración de la Iglesia.