BIAFRA
A más de dos años del comienzo de la guerra de Biafra - con millón y medio de muertos - la situación apenas ha cambiado en su planteamiento inicial. Sin embargo, una nota ha venido a agravar todavía más la ya precaria situación por la que atraviesa el régimen de Biafra. En efecto, la suspensión de los vuelos de socorro que llevaban a cabo los aviones de la Cruz Roja ha ocasionado que la menguada reserva de víveres de que dispone la población alcance solamente para tres o cuatro días. No lejos de allí, en Libreville, capital de Gabón, los sacos, conteniendo alimentos para la población civil biafreña se almacena a la espera de poder trasladarlos hasta el escaso territorio en poder todavía de las tropas de Ojukwu. Al prohibir Nigeria los vuelos de la Cruz Roja y de Cáritas, los alimentos comienzan a pudrirse. Ya sólo quedan los vuelos de los pilotos "suicidas" que se han especializado en este tipo de actividades. Pero también estos vuelos llevan camino de interrumpirse. Motivos: su elevado coste. Cada vuelo les costaba a estas organizaciones internacionales casi trescientas mil pesetas , pero ha llegado un momento en que el dinero parece haberse agotado. De ello ofrecen testimonio los centenares de sacos de arroz, trigo y medicinas que se apilan junto a los muros de la antigua catedral de Libreville, a muy pocos kilómetros del hambriento territorio de Biafra.
3.500 NIÑOS EVACUADOS
Si en la actualidad resulta muy difícil el envío de provisiones al régimen secesionista de Biafra, la operación destinada a evacuar a centenares de niños de biafreños también ha sufrido un rudo golpe. Ya no queda sitio en Gabón ni en Costa de Marfil donde acogerlos.
Criticada desde su comienzo, la operación "Resurrección" ha constituido hasta ahora un éxito destacado. Tres mil quinientos niños han podido ser salvados, casi resucitados, puesto que todos ellos estaban condenados a muerte. Tres mil quinientos entre centenares de miles. ¿Una gota de agua? ¿un gesto desinteresado? , o, ¿un golpe de arrepentimiento de la mala conciencia universal?.
No han faltado las preguntas de este género: ¿Para qué salvar tres mil quinientos huérfanos? ¿Qué harán después? Y sobre todo: ¿ De qué manera y de acuerdo con cuáles criterios se hace la selección?.
La decisión no puede ser más dramática. A los que se les deja allí, morirán. Por su parte, lo que resulten elegidos tendrán un noventa por ciento de probabilidades de supervivencia.
PUENTE AEREO.
-Cuando empezó el puente aéreo - dice el comandante- médico Thomas del ejército francés, joven jefe del hospital militar de campaña de Libreville- el porcentaje de pérdidas se cifraba en quince por ciento. Algunos niños morían en el avión, incapaces de soportar las dos horas de vuelo en el frío de una cabina no presurizada. Otros eran niños incurables. Entonces solicitamos de los biafreños limitar su selección a los menos graves. En la actualidad, gracias a la primera selección, el índice de los niños muertos repatriados de Biafra a Gabón ha descendido hasta el seis por ciento.
El comandante Thomas se calla y, poco después, añade en el silencio de la sala de reanimación:
-Allá, a mil kilómetros, el índice de muertes alcanza el cien por cien.
-En cualquier caso, aunque solamente hubiera un niño biafreño, Habría que hacer todo lo posible por intentar salvarle - me dice uno de los cuarenta y cinco soldados franceses, destacado voluntariamente para participar en la operación "Resurrección". Desde la llegada al Gabón de los primeros niños biafreños se vio en seguida que resultaba imposible acogerlos debidamente. A petición del gobierno gabonés, el ejército francés envió por vía aérea un hospital militar de campaña con el correspondiente personal cualificado, mientras que la Cruz Roja francesa se encargaba de los medicamentos y de los gastos de alimentación y de entretenimiento.
Doscientos niños pudieron ser hospitalizados en doce tiendas de campaña, en espera de que finalizaran las obras de construcción de cuatro pabellones, dotado cada uno de ellos de enfermería y de una sala capaz para sesenta camas. Un laboratorio ultramoderno, una sala de reanimación, cocina, lavandería y centro de reunión para los soldados, completaron el conjunto donde los 45 soldados voluntarios, ayudados por una decena de interpretes-emfermeras biafreñas vigilan, con la atención de un padre de familia, los esqueléticos cuerpecillos.
AYUDA ALEMANA
Algunos meses después, Cáritas alemana acondicionaba un lugar en la selva para construir una treintena de unidades médicas donde actualmente reciben cuidados y educación casi mil quinientos biafreños. Al principio de la operación, los niños llegaban obligatoriamente al hospital militar francés, instalado junto al aeropuerto de Libreville, muy cerca de la playa. Sesenta niños en cada avión. Ahora, alemanes y franceses se reparten cada llegada, cuando las hay
Al comandante del campo se le previene un cuarto de hora antes del aterrizaje a través de la torre de control. Justo el tiempo para dirigir hacía allí las ambulancias. A los más débiles se les lleva inmediatamente a la sala de reanimación, donde permanecerán el tiempo necesario antes de ser evacuados hacia otros centros.
Todos ellos padecen desnutrición y, además de nefritis, tuberculosis, meningitis, trastornos intestinales y cardíacos y por supuesto, de anemia.
El hospital militar francés, el hospital alemán y los otros centros de menor importancia diseminados en la capital gabonesa o en la selva se reparten un total de 2.500 niños. Si, además, se cuenta el millar que ha sido evacuado desde Libreville hacia los centros de acogida de ABIDJAN ( Costa de Marfil), la suma de los niños definitivamente salvados desde el comienzo de la operación "Resurrección" asciende a 3.500. Tres mil quinientos niños que no volverán a sus casas hasta que desaparezca toda amenaza de guerra.
Entre tanto, aprenden de nuevo a andar, a acostumbrar a sus cuerpos a una nutrición normal, mientras intentan olvidar las pesadillas de la guerra. Una guerra estimulada por oscuros intereses que lleva camino de eternizarse inútilmente.
Floris de Bonneville y Hughes Vassae-Gamma.