EL PAISAJE OLVIDADO
 

UN PÁJARO PEQUEÑO
Un pájaro pequeño
en el viejo nogal canta,
¿es alondra o pinzón?
¿es pardillo o ruiseñor?
No sé qué es,
pero canta dulcemente
Hasta que la oscura telaraña
de la noche
se extienda sobre los árboles,
Y la tarde dorada estival
se vista con pijamas
de estrellas de plumón brillante.
(2.09.1994)
 

EN EL CEMENTERIO
(A mi abuelo difunto: Ilija Grujic)
Hoy mi pueblo está durmiendo.
Hoy mi Laznica (*)
reposa sosegadamente
debajo de la copa de la morera.
El escaso sol de otoño
y la Luna nueva
hechizados bailan la danza macabra
sobre mi pueblo pequeño.
Hoy en mi Homolje (*)
los vientos enredan
las ramas amarillentas
y los niños
echan una carrera
hasta la escuela.
Hoy yo estoy solo
en una sarta infinita
de cruces y lápidas,
y la soledad guarda silencio
al igual en valaco (*)  que en serbio.

Laznica - un pueblo en el Este de Serbia
Homolje - sierra en el Este de Serbia
Valaco - dialecto del rumano que hablan los valacos que viven en el Este de Serbia
 

MAYO
El cardo en la yerba,
la luna en la cabeza,
es maravilloso soñar con mayo:
la alondra castaño gris
cuando canta en el campo,
los niños juegan al "klis"(*)
y las ovejas se reúnen
en los espinares.

Ya llega el mediodía torpemente
con sus pasos ligeros,
y la siesta pilla al campesino
debajo de la copa,
bajo la gorda umbría.
(10.01.1988)

Klis - juego de pastores
 
 

CUANDO ÉRAMOS NIÑOS
Y cuando éramos niños
jugábamos a las canicas,
debajo de la morera
tirábamos la pelota.

Los domingos limpio el polvo
de la foto cuando éramos niños,
y mira
en vez de brillo
irradia cierta tristeza.
 
 
 

EL LADRÓN DE PÁJAROS
Jugábamos con las muñecas,
jugábamos a los carteros y carpinteros,
a maestras y enfermeras,
cantábamos junto con el verano cantarín
debajo de la centenaria morera
mi prima y yo.

Mas hoy aquella morera no está,
no hay veranos con ganas de cantar.
Borraron las lluvias amarillas
el corazón de mi prima
y su alma robó
aquél que en los cuentos
roba los pájaros.
 
 

A LA ABUELA KRISTINA
A la mesa con la comida me siento
y su silla vacía estoy acercando,
Algo me da calor.
Con el incienso le llamo:
"Ven, siéntate conmigo,
Ven come conmigo".
Y cada poco intuyo su presencia.
El cuarto respira más bellamente,
el fuego da más calor
cuando pronuncio su nombre.
Mas cuando por la noche
me acuesto en la cama,
rechinan los viejos huesos,
no hay quien les dé calor...
 
 

A MI ABUELO DIFUNTO
Si yo tomase
plumas de mañana
¡qué alto volaría!
¡qué lejos llegaría!
Si yo pudiera vestirme
con sus plumas
llegaría a mi abuelo
que está arando
los campos celestiales.

Después de su muerte
tan sólo han quedado:
el silencio inmenso
de sus campos sin arar;
yerba seca, tierra yerma,
canto triste de alondra.
 
 

LA SOLEDAD
La soledad tiene el color amarillo
de sol amarillo y de luna blanca,
ella tiene ojos estivales,
ojos de verano,
senos de otoño.
El río Danubio es su nariz
y su boca estrellas luminosas,
las estrellas luminosas
del cielo del norte.
Por su cabello rizado
el viento azul cada día cabalga,
está cabalgando el jinete gallardo.
 
 

A MI MAMÁ
Los narcisos amarillos
en la vieja maceta:
me miraban ojos grandes
desde la ventana.
Madre solía recoger
los sueños en sus brazos,
cerrar la luz de la luna
en la habitación pequeña
y en voz baja
cantaba nanas al bebé.
 
 
 

LA LÁMPARA
La lámpara:
la luna
para los usos domésticos.
Las sombras,
esos recuerdos sonrientes
sobre la pared blanca
se han tendido de bruces.
Al canto conocido
de mis adentros llamo,
Mas ya no tengo
aquella suerte
de ser todavía
una niña.
 
 

LOS SUEÑOS
Se enajenaron
los malditos bastardos
de su creador,
Y ahora
como sombras de tinieblas
me persiguen:
siempre las mismas imágenes
del amor y de la muerte.
 
 
 

EN VANO
En vano las imágenes de niñez
invoco como testigos.
Judas, como es bien sabido,
traicionó a Jesucristo.
 
 

A LA MEMORIA DE ILIJA Y KRISTINA GRUJIC
Bajo la morera vieja
está llegando el verano,
Se oye el pájaro carpintero
como picotea en el árbol.
Bañado por el sol
mi pequeño pueblo:
se sonríe novia pudorosa.
Solamente yo no estoy allí,
y de niña estaba feliz.
Pasaban muchos años
hasta que de repente
junto con el verano
no se marchó y mi niñez.
 
 

EL SILENCIO MATINAL
En la flor matinal
un reflejo azul del alba.
Debajo del ciruelo
el silencio duerme
con sus cabellos
de brisa fina y ligera.

Por allí pasó un niño,
y al silencio despertó.
Mírales,
debajo de la copa adormecida
están sentados
juntos, calladitos,
el edredón de la umbría
¡qué manta más oportuna!
 
 

LA VOZ DEL DIFUNTO ILIJA GRUJIC
Por el ortigal
crecido junto al cerco de madera,
Las uvas que cuelgan
en un arco sobre la puerta,
Por el maíz no recogido,
Huerto enfermo
de la sequía veraniega,
A través de los años marchitos,
pesados como ladrillos,
Una voz irrumpió
justo a medianoche,
Cuando el ratón se calla
en el desván ruinoso,
De repente
como cuando relampaguea,
como cuando el trueno sacude,
"Abuela, vete conmigo",
dijo y se marchó.
 
 
 

ENTRE EL CIRUELAR VIEJO

Entre el ciruelar viejo
La primavera está tomando la siesta,
Las abejas zumban anunciando el verano.
Abajo como en la palma
todo el pueblo se ha esparcido.
Las casas amontonadas,
establos, graneros,
cochineros, gallineros...
Mas allí lejos
sueña el viejo cementerio.
La naturaleza se adorna con distintas flores,
Huele alegría, abundancia y dicha:
Pía  el pájaro en el nogal,
Canta el murmullo en el arroyo.
¡Ay, si el hombre fuera feliz
por darle Dios este paraíso en la tierra!
Toda la angustia del hombre proviene
porque le ahoga el hormigón,
Y su corazón se ha convertido
en esa piedra dura.
 

JUNTO A LA CRUZ
Mi abuela y yo
caminábamos calladas
por la senda gris.
A través de la sarta
de cruces y lápidas
cubiertos de soledad centenaria
y de centenario musgo
Yo deshojaba
las hojas del tiempo,
Recuerdos
del paisaje olvidado,
Hasta llegar a ti.
Guardaba silencio
el cementerio triste,
Kristina y yo llorábamos
y llamábamos al abuelo.
La brisa sopló levemente,
me dije a mí misma:
¡Qué suerte,
bajo estos árboles
por lo menos
no tiene calor!

Junto a la cruz de madera:
coronas de flores ordenadas
apenas han empezado a marchitar,
pepino y tomate podridos,
flores frescas, velas encendidas.
Me acerqué y besé la cruz.
Perdóname abuelo,
por no decirte nunca
cuánto te quiero.
 
 
 

A MI HERMANO
El tiempo
como un reloj
cuyos números hemos perdido
hace mucho tiempo.
El tiempo
como palabras
cuyo significado
hemos olvidado
hace mucho tiempo.
La pared que existe
entre nosotros
tal vez sea derribada.
(octubre,1990)
 
 
 

TE ETERNICÉ
Te eternicé:
en el momento
cuando me iba despertando,
en el rocío
entre las palmas de la mano,
una madrugada
un mañana.
 
 
 

EN LA TUMBA DE ABUELO ILIJA
No estás solo allí,
las montañas de Homolje
te han abrazado en su seno.
Los vientos mansos soplan
y te hacen sombra en el verano.
Te huele la yerba suave
y las flores de la loma.

A veces me pregunto:
¿estás allí abajo
o arriba en el paraíso?

©Vesna Floric