LA NOMBRADORA
EL PODER DE DAR SIGNIFICADO
Por Ethel Morgan
Palabras Clave: Control racional de la provia vida; concretar los productos de la imaginación;
reconocer lo que es falso.


En la tradición del Tarot cabalístico, la autoritaria figura masculina que aparece en el Arcano 4 (el Emperador) representa la capacidad de la Razón para clasificar y otorgar nombres a los productos infinitos de la Imaginación Creadora (la Emperatriz, Arcano 3). Es como el jardinero que organiza una profusión gloriosa de vegetación, marcando canteros y senderos, espacios libres y sectores privilegiados; es decir estableciendo un orden necesario para que tanta abundancia resulte prolija y útil. En último término es el “Adán nombrador” de la Biblia, que dice “esto es Esto” y “Aquello es Aquello”, e incluso “Esto debe ser Así”.

Pero el despertar de la nueva conciencia femenina advirtió un detalle que a las mujeres nos conviene recordar: cuando Adán daba nombre a las cosas no se le pidió a Eva su opinión, ni siquiera en los casos que le concernían directamente. Hoy la nueva espiritualidad centrada en la Diosa declara que ese acto de nombrar parcial y autocrático no es válido, ya que refleja exclusivamente el punto de vista masculino. “A medida que las mujeres comiencen a dar nombre al mundo ellas mismas”, dice Carol Christ, “transformarán el orden que ha sido dado por sentado a lo largo de la historia”.

Y hay que admitir que ese orden no ha sido bueno, y que algo ha andado terriblemente mal en el nombrar de Adán y sus seguidores patriarcales. Porque hoy vemos, por ejemplo, que términos como “honor” implican muchas veces, para ciertas culturas, matar o mutilar a las mujeres; que “patria” implica aniquilar en guerras a las generaciones jóvenes; o que “amor” implica en general dominación o dependencia. Las palabras de Adán son peligrosas para la supervivencia de la especie, y a nosotras nos toca inventar entre todas un nuevo vocabulario.

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Tras producir con la Imaginación Creadora es necesario definir y clasificar los resultados. No puedes jugar sin dar nombre a las piezas de tu juego (“Esto es Esto” o “Aquello es Aquello”), sin temores y con total sinceridad.

La principal dificultad para dar nombre a las cosas –o mejor dicho, asumir el poder de darles significado- es que nos han convencido de que no nos corresponde cuestionar las definiciones de los hombres. Hoy la nueva conciencia femenina está reaccionando contra esa prepotencia, y el poder de renombrar, o llamar a las cosas según lo que sientes que son y sin subterfugios engañosos, se propone como tarea esencial para las que buscamos la regeneración de la cultura.

1. Pensar por nosotras mismas
2. Descender hasta lo básico
3. Otorgar nombres nuevos


Estas no son tareas únicamente intelectuales, porque han de participar nuestros instintos, nuestra intuición, nuestra filosofía de mujeres (“Esto es Esto”) no se parece al rumiar interminable de ciertas mentes patriarcales, que ya han hecho su parte durante los  últimos milenios para multiplicar la confusión. La mujer que define y da significados –La Nombradora- tiene necesariamente rigor lógico; pero lo aplica de maneras diferentes y según diferentes prioridades.

1. Pensar por nosotras mismas. En su novela mitológica “La Antorcha”, Marion Zimmer Bradley describe la guerra de Troya a través de los ojos femeninos, y en cierta escena la reina Hécuba no vacila en llamar loco a su marido el rey Príamo, que se enorgullece del “heroísmo” de sus hijos muertos uno tras otro por los griegos. Cualquier mujer sensata compartiría su desesperada imprecación. Pero poder expresarla en voz alta es preciso pasar por sobre la terrible prohibición de cuestionar la definiciones masculinas, y atreverse a calificar los actos y actitudes –“heroísmo”, por ejemplo- con las palabras que surgen de nuestra esencia y experiencia de mujeres, interesadas ante todo en el crecimiento, el desarrollo y la evolución.

Para llegar a eso, por supuesto, hemos de aceptar el desafío de pensar por nosotras mismas; o sea de declararnos humanas adultas y ejercer nuestra adultez. La mujer-niña tan amada por la cultura patriarcal, la que no piensa y se limita a reflejar los pensamientos que elaboran los que han traído al mundo hasta la presente crisis, no puede tomar parte en el proceso regenerador. Pensar (“producir o formar ideas en la mente, dice el diccionario; examinar, meditar o determinar por razonamiento”) es un privilegio humano al que la mujer no debe renunciar si no quiere que los pensamientos anti-vida acaben de llevarnos a la destrucción.

2. Descender hasta lo básico. La facultad representada en el Arcano 4 del Tarot está presente tanto en los hombres como en las mujeres, porque toda persona está dotada en potencia para construir la realidad que habitará o, según enseñanzas de la cábala hermética, “dictar la constitución” del mundo en que vivirá. (Constituir: componer, reunir, integrar; impartir determinado carácter a algo; dar forma legal u oficial a algo). Por lo tanto, si las mujeres queremos “constituir” con la imaginación el mundo y la sociedad que albergarán a nuestros hijos, hemos de reclamar este modo de conciencia y reemplazar el símbolo hiper-masculino y belicoso por una Nombradora, cuya visión alerta no contempla una escena de dominación y luchas de poder, sino de gozoso crecimiento armonizado con las leyes naturales.

Esto hace necesario el distinguir lo básico de lo superfluo y lo antinatural. Si utilizas tu razópn sin miedo de lo que puedas sacar en conclusión, si te animas a usar tu visión sin temores, verás lo que las mujeres ya están viendo: que estamos sumergidas en una ciénaga de nociones falsas impuestas desde arriba, donde parecería que el interés fundamental de las mujeres no pasa del shampoo que mejor alise el pelo o del jabón que mejor quite las manchas. Si has dado a luz un hijo u otro noble producto de tu imaginación sabes que no es así; aunque no lo hayas pensado, sabes en lo profundo que estás capacitada para descender hasta lo básico, mirarlo cara a cara y darle nombre. Creación, fertilidad, maternidad, arte, evolución, sanación, defensa del planeta o protección de lo viviente; tú decides según tu inclinación. Pero nunca, como ahora, poder sobre los otros, competencia asesina, conquistas territoriales o sexuales, desprecio por la vida, explotación de la naturaleza o abuso de los débiles.

3. Otorgar nombres nuevos. Desde esa base o núcleo saldrán entonces las líneas estructurales de tu vida, plenas de sentido (es decir, de orientación) y de coherencia. Tu mundo ese organizará de acuerdo a ellas, y ya nada a tus ojos carecerá de significación. Y más aún: teniendo un marco básico de referencia podrás ver de inmediato, por comparación, la vacuidad de cada cosa, noción o concepto altisonante que quieran “venderte” por la fuerza. Será tu hora de aplicar como mujer el adagio de “llamar a las cosas por su nombre”, pero teniendo en cuenta que su nombre –aunque no cambien las palabras- será nuevo. Mary Daly señala que no es preciso inventar términos ni combinar sonidos de distintas maneras, sino sacar a las palabras de su ominoso contexto patriarcal y liberarlas para que nos sirvan de otra forma: “honor” que signifique lealtad a las leyes naturales: “patria” (o mejor, “matria”) que signifique tierra sagrada de la Madre, respetada y no violada; “amor” que signifique interés apasionado en el crecimiento y el bienestar de los demás.

Como vehículos de fuerzas de creación, las palabras y los nombres son los que determinan la realidad concreta en la que habremos de vivir. Tu Nombradora, por lo tanto, te convoca a decidir cómo será esa realidad y qué palabras elegirás para construirla. Se nos dijo que no, porque no convenía que las mujeres tuvieran un poder capaz de modelar la sociedad y la cultura según sus interés: pero podemos hacerlo. Y aunque te parezca una utopía, muchas mujeres ya lo han hecho.

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