El Pacto de Dios con David

El Pacto de Dios con David

(II Samuel 7; I Crónicas 17; Salmos 89 y 110)

¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel! (Juan 12:12-15) clamaban los Judíos mientras Jesús avanzaba por las calles de Jerusalén montado sobre un pollino de asna (Zacarías 9:9-17). Poco tiempo después el mismo Jesús decía: Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo. Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir. (Juan 12:32-33) Y la gente que antes le había aclamado como el Cristo Prometido se turbó y dijo: Nosotros hemos oído de la ley, que el Cristo permanece para siempre. ¿Cómo, pues, dices tú que es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del Hombre? (Juan 12:34).

Estos Judíos que habían entendido que Jesús era el Cristo (Mesías) Prometido a Abraham, Isaac, a Jacob y a David, y que le habían oído llamarse a sí mismo Hijo del Hombre, al escuchar de sus propios labios que el Hijo del Hombre debía morir en la cruz, quedaron perplejos, porque sabían que en las Sagradas Escrituras aún hoy dicen que el Cristo permanece para siempre, concluyendo que habían estado equivocados y que Jesús no era el Cristo, sino que debía tratarse de otro profeta sin importancia que no esperaban, el Hijo del Hombre.

En las Sagradas Escrituras las cosas que revisten mucha importancia son el tema de muchas profecías y enseñanzas dispersas que confluyen dando forma a una profecía más general imposible de esconder o negar. Veámos cuál es el orígen de dos grandes profecías que encuentran su cumplimiento en las dos obras más grandes que ejecuta el Creador ante nuestros ojos.

Cierto día, el Rey David le dijo al profeta Natán: Mira ahora, yo habito en casa de cedro, y el arca de Dios está entre cortinas. (II Samuel 7:2; I Crónicas 17:1), y esa misma noche Dios habló al profeta prohibiendole a David levantarle casa (I Crónicas 17:4) y agregó más adelante:  ...cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino.  ( II Samuel 7:11-15: Amós 3:7).  

Más adelante David habla a Salomón diciendo: He aquí te nacerá un hijo, el cual será varón de paz, porque yo le daré paz de todos sus enemigos en derredor; por tanto, su nombre será Salomón, y yo daré paz y reposo sobre Israel en sus días. El edificará casa a mi nombre, y él me será a mí por hijo, y yo le seré por padre; y afirmaré el trono de su reino sobre Israel para siempre. (I Crónicas 22:9-10) Esto es una trampa para sabios o un tipo profético y efectívamente, para muchos, el Pacto de Dios con David se cumple en Salomón.

Tiempo después otro profeta escribía: Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos. ¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura; él sacará la primera piedra con aclamaciones de: Gracia, gracia a ella. Vino palabra de Jehová a mí, diciendo: Las manos de Zorobabel echarán el cimiento de esta casa, y sus manos la acabarán; y conocerás que Jehová de los ejércitos me envió a vosotros. (Zacarías 4:6-9. Estudiar todo el capítulo.). Aquí encontramos de nuevo los dos elementos del pacto uno al lado del otro. El mensaje central es que la obra del Cristo Prometido no sería ejecutada ni con ejército, ni con fuerza, sino que con el Espíritu (Santo Consolador) de Dios.

Ciertamente, los Judíos que le habían aclamado como Rey de los Judíos e Hijo de David, esperaban al guerrero de Hageo 2, peleando a la manera de los ejércitos Romanos, para librarlos de la opersión de Roma y formar un imperio mundial etérno.

Veámos el Cumplimiento del Pacto de Dios con David:

1) Jesús, sentado a la diestra de Nuestro Padre Celestial espera con paciencia que Él afirme su reino para siempre, poniendo a todos sus enemigos por estrado de sus piés.

El que fué aclamado en su entrada triunfal en Jerusalén como el esperado Hijo de David (Zacarías 9:9-17), fué recibido en el cielo, en el trono de Dios, y espera que todos sus enemigos sean puestos por estrado de sus piés. Una verdad evidente a todo creyente Cristiano en todo el mundo. (Salmos 110:1; Mateo 22:44; Hechos 2:34-35 y Hebreos 10:11-16). Generación tras Generación su trono es confirmado por el Padre. ¡Esto es Palabra de Fe en la forma de la Convicción de lo que se espera! (Heberos 11:1)

2) Él edificará casa a mi nombre... Con Mi Espíritu.

Porque por medio de Él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios. Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor, en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.(Efesios 2:18-22)

Por tanto, Jehová el Señor dice así: He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable, el que creyere, no se apresure. Y ajustaré el juicio a cordel, y a nivel la justicia; y granizo barrerá el refugio de la mentira, y aguas arrollarán el escondrijo. (Isaías 28:16-17) Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y Vosotros sois..., Edificio de Dios. (I Corintios 3:9)

¡Esto es Palabra de Fe en la forma de la Certeza de lo que no se vé! (Heberos 11:1) Y es una invitación sincera a Poner la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. (Colosenses 3:2) a andar por fé, no por vista (II Corintios 5:7), a vivir mirando las cosas que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. (II Corintios 4:18). Este Templo no puede ser visto con los ojos naturales, sino con los ojos del entendimiento pulidos por la Unción de Colirio.

Este santuario no puede ser comprendido por los hombres naturales, ni enseñado por guías ciegos espirituales que le rechazan por no ser de su mundo. Símplemente es invisible, como el Espíritu Santo y las flamas de sus Ministros. Veámos al  Espíritu Santo colocando la piedra fundamental (Isaías 28:16-17), antes de comenzar a edificar el edificio del templo encima, generación tras generación hasta nuestros días. Esta edificación ha de ser levantada por igual en las mentes y corazones de todos los creyentes, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios (Efesios 4:13), hasta que todos hablemos una misma cosa y que estemos perféctamente unidos en una misma mente y un mismo parecer. (I Corintios 1:10) !Esta es la Importantísima obra de nuestra Santificación por la Verdad, ¡¡¡Para que sean Uno!!!! (Juan 17).

Se trata de una gigantesca obra de adoctrinamiento, de Educación, de Edificación del Evangelio (la ley) en las mentes y corazones de los creyentes (Jeremías 31:33) en conformidad al Nuevo Pacto. El Espíritu Santo Consolador, a la cabeza de sus Apóstoles y Ministros avanzan gallarda y ordenadamente contra las huéstes enemigas (Hageo 2) con sus espadas del Espíritu, predicando el Evangelio a todas las gentes de todas las naciones, tribus, linajes y lenguas de la tierra, generación tras generación. Así colocan en fundamento. Y entonces edifican el Evangelio en sus mentes y corazones desde los púlpitos de las iglesias por estas mismas generaciones, hasta que todos seamos Uno. Así levantan el edificio encima.

¡Pero ¿cómo es que el Espíritu Santo Consolador y los Creyentes realizan la obra profetizada para ser ejecutada por el Cristo?! El secreto, lo que impidió ver a los Judíos que habían vitoreado a Jesús, nos es revelado en el libro de Gálatas.

 

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