Lo crucial de la ley de la racionalidad

y las leyes del pensamiento para aprender la verdad

 

Thomas B. Warren Ph. D.

 

(Cómo demostrar una doctrina y cómo refutar una doctrina)

 

 

1. La ley de la racionalización.

         (1) La ley de la racionalización explicada. Aunque es cierto que todos los hombres, una que otra vez, son irracionales en su forma de responder a ciertos problemas o situaciones, todo hombre debe esforzarse seriamente en ser racional.

 

Pero, ¿qué es ser ‘irracional’? Para hacerlo muy sencillo, ser racional es llegar solamente a las conclusiones que sean garantizadas por la evidencia disponible. Cuando alguien es racional, en realidad, se dice a sí mismo: “Mis conclusiones no deben alejarse de la evidencia que es relevante a la verdad del asunto bajo consideración”.

 

Por otro lado, hacerse irracional es (1) rechazar la importancia de la evidencia, la razón y la conclusión y (2) sostener que la fe (a saber, la fe cristiana) debe involucrar la adopción de algunas conclusiones apoyadas deficientemente mediante un “salto a la oscuridad” más allá de la evidencia. Tal punto de vista contradice la Biblia (la cual enseña a los hombres a “examinarlo todo…” 1 Tes. 5:21; comp. Hch. 17:11).

 

 

 

                   La evidencia adecuada                      Evidencia inadecuada

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                      La fe bíblica                                                              Una fe ciega

                       (1 Pe. 3:15)                       “Un salto a la oscuridad”

 

 

La ley de la racionalización (1 Tes. 5:21; Hch. 17:11) demanda que la Biblia sea estudiada cuidadosamente, sistemáticamente y reverentemente. Esto significa (1) que la evidencia (lo que la Biblia dice verídica y explícitamente) debe ser reunida (aprendida) y (2) que quien ha reunido la evidencia luego debe manejarla correctamente (lógicamente) — es decir, uno debe razonar correctamente acerca de la evidencia. No es suficiente haber aprendido lo que la Biblia dice así y así. La labor de la interpretación bíblica no finaliza hasta que la evidencia se maneje correctamente.

 

         (2) La importancia de la racionalidad. La importancia de esta ley (o principio), la cual es evidentemente verdadera en sí misma, la sostienen las siguientes verdades: (a) Solamente la verdad de Dios (la Biblia) puede liberar al hombre del pecado (Jn. 8:32), (b) Uno no sólo debe aprender lo que la Biblia dice sino también lo que significa (Mt. 22:29), (el tiempo actual es uno en el que abunda la proclamación del error— tanto filosófico como teológico, tanto dentro como fuera de la iglesia del Señor), y (c) Los cristianos deben no solamente predicar la verdad en un modo positivo, sino también defender esa verdad contra quienes la desafían (Mr. 16:15, 16; 1 Pe. 3:15).

 

Si alguien rechaza la ley de la racionalidad, entonces es que sostiene que el razonamiento lógico (válido) es irrelevante para conocer la verdad, y si él rechaza la lógica, entonces niega que la evidencia tenga algún valor, y finalmente, si rechaza la evidencia, entonces aun la conversación misma sobre la verdad y la falsedad no es esencial.

 

La importancia de la ley de la racionalidad también se ve en las palabras de Jesús (registradas en Mateo 4:1-11). Después de que el diablo citó el Salmo 91:11, Jesús dijo: “Escrito está también…” y citó Deut. 6:16, mostrando que el pasaje de Deuteronomio modificaba el significado superficial del Salmo 91:11 (Mat. 4:1-11). De esta manera es claro que, para entender la Biblia uno debe no solamente conocer lo que la Biblia dice explícitamente sino también lo que implica mediante sus declaraciones explícitas.

 

Puesto que la Biblia es el producto del Espíritu Santo, ni contiene declaraciones (premisas) falsas ni argumentos inválidos en la presentación de los hechos de Dios. Nadie puede entender la Biblia sin reconocer que todo lo que la Biblia enseña, lo enseña explícita o implícitamente.

 

Decir que algo se enseña explícitamente es lo mismo que decir: se enseña en tantas y cuantas palabras (es decir, el punto es claro sin que el lector {o el oyente} haya tenido que ejercer sus facultades de racionalidad {razonar} para deducir {inferir} alguna proposición que no es parte de esa evidencia explícita). Decir que una proposición (o el conjunto de varias proposiciones) implica otra proposición es decir que es imposible para la proposición (o proposiciones) que sirve como evidencia ser verdadera sin que la conclusión también sea verdadera.

 

El lector también debe estudiar el material en algún libro de lógica acerca de las tres leyes del pensamiento (La ley de la identidad, la ley del medio excluido y la ley de la contradicción). Para las proposiciones, la ley del medio excluido dice: Toda proposición declarada con exactitud o es verdadera o es falsa. Para las proposiciones, la ley de la contradicción dice: Ninguna proposición puede ser verdadera y falsa a la vez, en los mismos aspectos.

 

2. Algunos puntos especiales sobre Lógica.

         (1) La importancia de la Lógica. Aun algunos cristianos han sido tan engañados por la falsa filosofía y la falsa teología, que niegan que la lógica tenga un papel crucial en un método adecuado para aprender lo que la Biblia enseña. Pero sin el poder del razonamiento lógico (es decir, en una forma válida) uno no podría saber: (1) que Dios existe, (2) que la Biblia es la palabra de Dios, (3) que Dios es infinito en todos sus atributos, (4) que Jesucristo es el Hijo de Dios, (5) que uno debe bautizarse para ser salvo, etc.

 

         (2) Algunas definiciones importantes. La lógica es la disciplina que se propone determinar si las conclusiones son apoyadas por la evidencia presentada. Así que, la lógica trata con la relación de las proposiciones, algunas de las cuales sirven como evidencia y otras como conclusión (es). La validez y la racionabilidad han de aplicarse a los argumentos. Decir que un argumento es válido es decir que si las premisas (las proposiciones de apoyo) son verdaderas, entonces la conclusión también debe ser verdadera. Un argumento es verdadero si se da el caso que tanto el argumento es válido como las premisas también. Solamente los argumentos verdaderos prueban sus conclusiones. Los argumentos inválidos no prueban nada. Hay algunas razones importantísimas por las cuales la lógica (y su uso correcto) es tan importante. Los hombres que tienen la verdad no menosprecian la lógica. En realidad, como dijo un muy conocido filósofo: “Ningún hombre se pone en contra de la razón, hasta que la razón se pone en contra de él”.

 

         (3) Una palabra final sobre lógica. Para aprender la verdad, uno debe (1) reunir la evidencia relevante, (2) usar esa evidencia, escribir un argumento y probar que el argumento es válido y (3) probar que todas las premisas son verdaderas .(Los puntos 2 y 3 tienen que ver con el manejo correcto de la evidencia). Cuando uno ha hecho estas tres cosas correctamente, tiene un argumento válido que prueba que la conclusión de su argumento es verdadera. Hasta que uno no haga esto, aunque escriba cientos de libros y millones de palabras, no ha probado su caso.

 

 

CÓMO DEMOSTRAR QUE UNA PROPOSICIÓN ES VERDADERA

 

Algunas cosas de esta lección ya se han dicho anteriormente. Sin embargo, por lo menos faltan algunas por decir ya que: (1) este autor tiene una proposición (doctrina) para ser probada[1]. El lector debe comprender la obligación que recae sobre los hombros de los respectivos disputantes para saber cuál (si es que sucede) ha tenido éxito en probar que su proposición es verdadera.

 

Por vía de repetición, la tarea puede resumirse observando que: (1) cada uno debe reconocer y honrar la “ley de la racionalidad”, (2) cada uno debe reunir la evidencia relevante para las respectivas proposiciones, y (3) cada quien debe manejar correctamente la evidencia, es decir, debe razonarla en una manera válida, obteniendo únicamente conclusiones que sean respaldadas por la evidencia. (Esto significa que si ha de probar su proposición, debe demostrar que la misma es la conclusión de un argumento válido).

 

Debe tomarse en cuenta que al reunir la evidencia uno debe considerar: (1) la evidencia léxica (el significado de las palabras involucradas), (2) la evidencia sintáctica (el modo en que las palabras se unen para formar oraciones), (3) la evidencia contextual (es decir, el contexto inmediato y remoto), (4) la evidencia histórica (las circunstancias que motivaron lo escrito) y (5) la evidencia analógica (es decir, la tendencia de toda la Escritura la cual se inclinará hacia cierto punto de vista).

 

1. ¿Cómo debe reaccionar uno cuando alguien trata de persuadirlo para que acepte ciertas creencias? Cuando otras personas intentan persuadir a alguien para que acepte una cierta creencia, ¿cómo debe reaccionar?

 

Primero, uno debe tener mucho cuidado de aceptar un punto de vista porque: (a) es un punto de vista popular, o porque (b) uno quiere creerlo, o porque (c) involucra factores emotivos, o porque (d) le “parece” correcto, o porque (e) es enseñado por personas “agradables”, o porque (f) no aceptarlo implicaría tener que enfrentarse a los proponentes de esa doctrina.

 

2. Algunas otras consideraciones sobre los argumentos. Es muy importante entender algunas cosas cruciales acerca de los argumentos. Entre las cuales están las siguientes:

 

         (1) Los argumentos (en lógica) se componen de proposiciones, algunas de las cuales sirven como premisas (evidencias) y una de ellas sirve como la conclusión.

 

(2) Un argumento es válido cuando la veracidad de las premisas garantiza la veracidad de la conclusión.

 

(3) Un argumento es verdadero cuando el argumento en sí mismo es válido y las premisas son verdaderas. (Así que, un argumento verdadero debe tener una conclusión verdadera).

 

(4) Un argumento puede ser persuasivo (es decir, habrá personas que puedan ser persuadidas para aceptar su conclusión) aunque no sea verdadero.

 

(5) Un argumento puede ser verdadero pero no persuasivo (Jesús y sus discípulos frecuentemente presentaron argumentos verdaderos que fueron rechazados por sus oponentes. Comp. Esteban {Hch. 7} y Pablo {Hch. 14:1-7; 17:1.9}).

 

(6) Uno puede agradar a Dios dejándose persuadir únicamente por argumentos verdaderos (1 Tes. 5:21; Hch. 17:11; 2:22-47; 1 Jn. 4:1; Hch. 20:28ss; Jn. 6:26; 20: 30, 31).

 

(7) Es posible que un argumento válido tenga una conclusión falsa. (Comp. Los ateos y “el problema del mal”).

 

(8) Es posible que un argumento inválido tenga una conclusión verdadera.

 

3. Afirmaciones sin conocimiento. Sin duda Abraham Lincoln estaba en lo cierto cuando dijo que un hombre que contienda que un posición es verdadera sin saber que es así, en realidad, es culpable de falsedad y, aun si la posición es verdadera, entonces ni aun así está disculpado o justificado al afirmar que era verdadera lo cual él no sabía[2].

 

4. El valor de un argumento lógico preciso. Josiah Stamp dijo acertadamente que una falacia que sería obvia para todos si la pusiéramos en un silogismo de tres líneas, “puede engañar a los elegidos en cuatrocientas páginas de argumentos apiñados…” Luego dijo que él pensaba que “es provechoso ejercicio para todos nosotros… reducir cualquier libro de esas conclusiones de las que dudamos y colocarlas en un silogismo formal y dejar desnudos los huesos del argumento”[3].

 

5. Resumen de cómo probar que una proposición es verdadera. Básicamente hay tres maneras de mostrar que una proposición (relacionada con la enseñanza bíblica) es verdadera: (1) mostrar que es declarada explícitamente en la Escritura, (2) mostrar que está implicada en las declaraciones explícitas de la Biblia, (3) mostrar que es la conclusión de un argumento razonable, es decir, el argumento es válido y todas las premisas son verdaderas.

 

Para poner el asunto en una manera sencilla, es claro que, probar que una proposición (relacionada con la enseñanza bíblica) es verdadera, es mostrar que dicha proposición es la conclusión de un argumento razonable que involucra premisas verdaderas que están relacionadas con la información bíblica.

 

 



[1] Sobre el tema del divorcio y las nuevas nupcias para refutar la doctrina de James D. Bales y quienes le apoyan. Este material es, pues, la introducción a la discusión del tema principal para explicar la manera en la que el libro (Keeping the Lock in Wedlock) será desarrollado— Nota del traductor.

[2] Flew, Thinking Straight, p. 15.

[3] Citado por el prof. Max Black (Cornell University) en su libro Critical Thinking, p. 13.

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