Aspecto del Outeiro Vello desde el NO.



En conclusión, creemos estar ante un aprisco donde se encerraría al caer la noche el ganado que pacía en las inmediaciones del lugar. Sería lo que comunmente se denominan curros en lengua gallega. sin embargo, los curros mencionados por los etnógrafos son más bien recintos más o menos amplios delimitados por un muro construido con piedras, dotados de una puerta, y que generalmente contaban junto a ellos con una cabaña donde se guareciese el pastor. en el Outeiro Vello no hemos visto ningún rastro de una posible choza, pero de todos modos, para este cometido, tal vez se acondicionase alguna de las cavidades allí existentes con materiales perecederos.

Vista del Outeiro Vello desde el SO.



Los curros se usaban únicamente en el verano, que era cuando las reses se llevaban a las serranías para aprovechamiento de los pastos de altura. Por su altitud, estos espacios no son recomendables en otra estación debido a las bajas temperaturas, las fuertes corrientes de aire, el ímpetu de las lluvias, y las precipitaciones sólidas.
El curro del Outeiro Vello presentaba la ventaja de ser un lugar especialmente protegido, tanto contra la insolación veraniega, como contra las vientos procedentes del O. De hecho, como podrá observarse por las imágenes que adjuntamos, sus altos peñascos son utilizados aún actualmente por los animales para protegerse del sol durante las horas más calurosas.
Hoy en día se encuentra abandonado como aprisco, pero en otras épocas debió de tener esta función. Posiblermente estuviese relacionado con el ganado perteneciente a los vecinos de a Graña.
La misión de las piedras acumuladas en las bocas de las anchas brechas, de las entradas de los abrigos, o en los inicios de las rampas o pasadizos de ascenso a los peñascos, tenían y tienen aún el objeto de evitar que los animales se introdujesen en lugares de los que después sería difícil hacerlos salir, o que sufriesen algún daño al intentar entrar, y también para impedir que pudiesen subir a lo alto de los peñascos, con el evidente peligro de despeñarse. curro, y el no constar ya el muro que aquí debió levantaarse en su momento, ni siquiera los restos de su derrumbe.

Vigo, a 23 de Enero del 2001



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