Hay que pensar que hay sobrevivientes         

Por: Lic. Ernesto Estevez

Son varias las enseñanzas que me han dejado casi 20 años de actividades de búsqueda y rescate (SAR). Han sido 7 años estrictamente como miembro del Grupo de Rescate Venezuela y 13 como Oficial de Búsqueda y Salvamento para el Ministerio de Transporte y Comunicaciones. Una de ellas tiene que ver con la posibilidad de encontrar gente con vida y no estar preparados para ello.
En 1981, el caso de una joven médico que sobrevivió a un accidente aéreo en la selva amazónica y al desordenado rescate, causo un tremendo revuelo en el país. Su nombre, Raiza Ruiz.
Tras haber sobrevivido al accidente, tres de los cuatro ocupantes, entre ellos el piloto de la Cessna 206, decidieron abandonar los restos de la aeronave pensando que estaban cerca de algún caserío. Dos días después, cuando un numeroso y variado grupo de personas llegó a los restos. Su falta de capacitación para enfrentar tal situación no les permitió entender que tres de los ocupantes no estaban. Cuando llegamos a la escena, la vegetación y los restos de la aeronave habían sido alterados de tal manera que nadie sospecho lo que había pasado. A esto se le sumo que los jóvenes médicos que fueron llevados al lugar para tratar de identificar los restos óseos y de carne calcinados, no entendieron que se trataban de piezas de animales que eran transportados en el avión. Los restos encontrados fueron tratados como pertenecientes a los ocupantes y el personal abandonó el área. 
Después de deambular varios  días sin rumbo por la selva, dos de los tres sobrevivientes fallecieron. Raiza fue encontrada inconsciente por unos niños indígenas y trasladada hasta la población de San Carlos del Río Negro. La historia pudo ser contada.
En 1987, después de estrellarse con el helicóptero donde viajaban, el piloto y uno de los cuatro pasajeros sobrevivieron. Varios días después, cuando finalmente la aeronave pudo ser avistada a través de la densa selva de Imataca, el personal de rescate que descendió hasta el sitio, encontró a uno de los pasajeros con muy pocas lesiones corporales pero trastornado mentalmente. Los otros tres pasajeros habían fallecido y  el cuerpo de uno de ellos permanecía sobre el piloto, quien a pesar de las lesiones sufridas todavía estaba con vida. El personal de rescate no contaba con el equipo médico y de comunicaciones que permitiera agilizar las operaciones de rescate. Se perdió tiempo valioso y finalmente el piloto falleció en el lugar.   
El 20 de Diciembre de 1997, un avión con procedente del archipiélago de Los Roques, con 10 personas a bordo,  tuvo que amarizar a unas 11 millas náuticas de Maiquetía, principal aeropuerto internacional de Venezuela. Eran unos minutos antes de las 18:00 hrs. Pese a la corta distancia, el reporte de otro avión que indicaba 9 sobrevivientes flotando en el mar y que había luz solar suficiente para acudir con un helicóptero y embarcaciones, solo una persona fue localizada y rescatada con vida, y eso a las 22:30 aproximadamente. Solo dos cuerpos de los otros 9 ocupantes pudieron ser recuperados. Los recursos y el personal no estaban en el lugar y en el momento necesario.
¿Pero es únicamente la falta de aeronaves y equipos lo que puede interferir en el tiempo de respuesta y el éxito de una operación?, la actitud del personal es determinante. Los encargados de dirigir las operaciones SAR y aquellos que llegarán a la escena del accidente deben asumir siempre que hay sobrevivientes, que necesitan ayuda lo antes posible. No estar preparados para atenderlos y pensar que generalmente todos fallecen solo sirve para aumentar le perdida de mas vidas.

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