Con una curiosa fidelidad a la ética
periodística (especialmente en lo que se refiere a no mentir o a tener
pruebas cuando se acusa a alguien) el, por supuesto anónimo, editorialista
de Núcleo Ubik 2/3 escribía:
El Pedro Jorge Riquelme de este continuo, pese a su conocida tendencia
a la improcedencia, no sería capaz de dislate semejante, o de chorradas
como utilizar un seudónimo evidente para encubrir su inconfundible
prosa y evitar que parezca que todo el fanzine lo hace él solo porque
ya nadie les hace caso.
Ésa es la primera referencia escrita que he encontrado al asunto de
Xavier Riesco Riquelme como supuesto seudónimo mío. Reconozco
que el nombre Xavier Riesco Riquelme es peculiar (y más lo es su lugar
de nacimiento, Mbandaka, en Zaire), pero esa persona existe, ha escrito todo
lo publicado con su nombre y las opiniones que expresa son suyas
exclusivamente.
Lo
de "seudónimo evidente" es particularmente interesante en cuanto se
refiere al nombre de una persona que existe realmente y se llama así.
También me parece curioso lo de "inconfundible prosa" en cuanto creo
que Xavier escribe de una forma mucho más barroca que yo y sus referencias
pueden ser aun más oscuras que las mías. Observen, además,
el curioso non sequitur del final: ellos hacen la revista solos,
dice, de lo que cual deduce que nadie les hace caso. Curioso, repito.
Pero
igualmente interesante podría ser la afirmación que aparece
en la sección "Revista de publicaciones" (más bien una sesuda
discusión de los fallos fatales de todas las revistas menos una),
en el mismo número, escrita por el fiel Juan Manuel Santiago y donde
dice (refiriéndose a un libro de César Mallorquí en
aquel momento recién publicado): "En fin, que me encantará
leer la crítica del libro de César en BEM, siempre
que la escriban Pedro Jorge o Xavier Riesco". Me parece procedente que me
mencione a mí, pero me sorprende sinceramente la referencia a Xavier.
La razón es muy simple. Si uno repasa lo escrito por Xavier Riesco
Riquelme en BEM descubrirá que sólo en dos ocasiones
ha hecho críticas de libros españoles y ambas son positivas.
¿Por qué asume entonces que podría hacer la reseña
de un libro en particular? ¿Por qué considera que eso sería
interesante? Es decir, no sé tiene en cuenta lo que una persona ha
dicho o escrito sino lo que Juan Manuel Santiago cree que ha dicho o
escrito.
Espero
que haya quedado claro que el detector de seudónimos con que Dios
dotó a los ubicuos funcionaba tan bien como su capacidad
lógica.
Baste
este ejemplo, necesariamente personal aunque sólo en el editorial
hay muchos para escoger, para identificar un tipo de crítica que se
basa más en las fobias y filias del crítico y que no se detiene
ante pequeños detalles como la lógica o la verdad. Cualquier
dato que contradiga su opinión es arrojado inmediatamente bajo la
alfombra y se destaca cualquier concordancia casual que pueda apoyarla. Esa
forma de criticar se originó evidentemente en esa revista aunque ha
alcanzando sus más altas cotas en otras publicaciones derivando hacia
comportamientos aun más aberrantes. No cito ninguna de estas última
por no hacerles una publicidad que no merecen. Al menos Núcleo
Ubik está cómodamente muerta... por el momento.
Y
curiosamente, esas críticas, que rozan más la mentira que otra
cosa, son defendidas como el colmo de la objetividad y como defensa de la
verdad y de la libertad de expresión. Lástima que normalmente
la ejerzan precisamente las revistas más sectarias y que tienen una
visión más limitada y limitante de la ciencia ficción.
"¿Puedes decirme, Filocles, cuál es la causa que induce a muchos
al deseo de mentir, hasta el punto que gozan contando falsedades y prestando
especial atención a quienes narran cosas de este tipo?" preguntaba
el Tiquiades de Luciano. El tal Filocles procedía a dar una serie
de respuestas y de la misma forma los doctos Eduardo Gallego y Guillem
Sànchez proponen, en Pórtico 17, varias hipótesis
para contestar a la misma pregunta en el marco de la ciencia ficción
española. De ellas, dos me llaman la atención poderosamente.
Una, al considerarla inverosímil. La otra, al parecerme la
explicación correcta.
La
primera es la denominada "hipótesis 2.b.2.b.2" o más vulgarmente
"Celos (y sus variantes)". La rechazo simplemente porque me parece
increíble que alguien sienta celos de otra persona dentro de la ciencia
ficción española, exceptuando quizás el caso de Miquel
Barceló. Él es un hábil director de colección
que tiene poder para publicar aquellos libros que le interesen en España,
y por tanto, proponer caminos para el género en nuestro país.
Aparte de él, al que envidio mucho, no se me ocurre a nadie más
del que pudiese tener celos. Es que yo puestos a desear, preferiría
ser Donald Knuth o Richard Feynman o dentro del género Greg Egan o
Gardner Dozois (aunque con menos peso).
La
segunda es la "hipótesis 2.b.2.b.1" o "Inmadurez" que me parece la
más acertada. Cuando uno es joven se sabe capaz de arreglar los problemas
del mundo. Por tanto, con esa convicción bien cimentada, por qué
detenerse en algunas minucias como la coherencia o la verdad cuando se persigue
un fin más alto, es decir, la completa renovación generacional,
estilística y temática de la ciencia ficción española
todo ello bajo el control de la única revista válida y merecedora
de todos lo elogios (¡ahí es nada!). Con el tiempo, sin embargo,
uno descubre que apenas puede solucionar sus propios problemas y menos los
del resto del mundo. También descubre que es muy fácil a los
veinte años levantar adoquines para buscar playas pero más
difícil mantener ese vigor juvenil veinte años después;
algo que sería de desear si uno espera que el sufrimiento impuesto
para obtener los fines haya valido la pena.
Creo
que todo se reduce a un problema de modelos revolucionarios. Yo creo que
básicamente hay dos. Aunque quizá el lector pueda apuntar
algún otro.
El
primero es el revolucionario puro, el de vamos a derribar todas la instituciones
para construir unas mejores encima. Ése se ha dado desde tiempos
inmemoriales en la ciencia ficción española aunque recientemente,
desde Núcleo Ubik, ha adoptado estrategias más cercanas
a la estrategia de la "tierra quemada" y al "no hagamos prisioneros". Se
aspira aquí a acabar con todo para construir sobre las ruinas nuevas
estructuras que renueven el género. Por desgracia, esos métodos
suelen provocar muchos sufrimientos y dar lugar a regímenes autoritarios
y poco duraderos. Ya decía Deng Xiaoping que "los revolucionarios
veteranos acaban como monstruos o como fantasmas".
El
otro consiste en ganar la batalla desde dentro, sin destruir nada a menos
que se tenga un reemplazo bien a mano. He oído en varias ocasiones
eso de "en un fandom de 300 personas nadie es imprescindible", frase que
me parece deliberadamente erronea. Desde mi punto de vista, en un fandom
de sólo 300 personas, todos somos imprescindible. En este modelo,
es mejor que cada uno se extienda por el amplio espectro de la ciencia
ficción y ejerza su tarea en el área que considere más
conveniente, sin intentar derribar a los demás, aunque sin omitir
por ello la crítica. Así tendremos más cantidad y variedad,
situación de la que sólo podremos salir beneficiados todos.
Así, con el tiempo y con el trabajo continuo quizás, porque
todo en la vida es incierto, consigamos tener algo sólido y que dure.
Ésta es la postura que defiendo, y no les sorprenderá por tanto
saber que admiro profundamente el proceso de la Transición
española.
Ahora
bien estimado lector, ¿usted qué opina?
Publicado en Parsifal 9
© Pedro Jorge Romero 1997
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