El archivo de Nessus

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Los Haldeman

por Pedro Jorge Romero

Conocí a los Haldeman (porque es imposible conocer a Joe Haldeman exclusivamente; Se conoce a Joe y Gay Haldeman como conjunto o no se conoce a ninguno de los dos) en la Haya, durante la convención mundial de ciencia ficción de la que Joe Haldeman era Invitado de Honor. Ese mismo verano, había leído, con gran admiración, la versión corta publicada en revista de El engaño Hemingway, mi única obra de Joe Haldeman hasta ese momento. Me pareció una novela extraordinaria en muchos aspecto, y en ella se contiene todo lo que hace que la ficción de Joe Haldeman valga la pena: el personaje central que ha sufrido un trauma que ha dado forma a toda su vida, la visión dura de una realidad que rara vez se amolda a nuestros deseos, la prosa brillante dirigida a contar la historia lo mejor posible, la voluntad de jugar con la narración para sacar lo mejor de ella y, por supuesto, una historia interesante que vale la pena contar. Tan entusiasmado estaba que en La Haya compré un ejemplar de su novela Compradores de tiempo, una entretenidísima novela sobre la inmortalidad, para seguir leyendo a aquel autor que tan extraordinario me parecía. Ya conocía a los Haldeman, Gay, que habla un magnífico español, se había acercado a charlas días antes con nosotros, los amigos que habíamos ido juntos, así que pensé que podría intentar hacer que Joe Haldeman me firmase el ejemplar. Ni corto ni perezoso me dirigí a la sala de invitados para encontrármelo siendo entrevistados por una periodista. Por tanto, soy tímido por naturaleza, decidí esperar fuera. Pasó el tiempo y la entrevista parecía no terminar, pero llegó mi salvación. Gay Haldeman se acercaba y yo le pedí que le llevase el libro a Joe Haldeman para que me lo dedicase. Ella dijo algo así como: "vamos, ya lleva demasiado tiempo con esa entrevista", entró, y le plantó el libro bajo la cara a su marido. Joe Haldeman inmediatamente lo firmó. En ese momento, me demostraron, como ha demostrado a muchos antes y a muchos después, los grandes seres humanos que son los Haldeman. Siempre dispuestos a hablar, siempre dispuesto a sonreír y siempre dispuestos a compartir algunos minutos con cualquiera que se les acerque con amabilidad. Esa humanidad desbordante les ha convertido en favoritos de los aficionados a la ciencia ficción alrededor del mundo, que recorren asistiendo a múltiples encuentros de ciencia ficción (un consejo: si alguna vez asisten a una convención de ciencia ficción internacional, no dejen de buscar a Gay Haldeman. Gay Haldeman conoce a todo el mundo y todo el mundo conoce a Gay Haldeman). Y mi primer consejo es que cuando vean a los Haldeman pasearse por Burjassot no vacilen en acercarse a ellos y charlas unos minutos. La experiencia será, se los aseguro, gratificante.
Y mi segundo consejo es que, si no lo han hecho ya, lean la obra de Joe Haldeman. Los títulos más fáciles de encontrar posiblemente sean El engaño Hemingway y Paz interminable, ambas novelas premiadas y de gran calidad. La primera trata de una estafa que consiste en falsificar los manuscritos perdidos de Hemingway. La segunda es una reflexión sobre un mundo en el que la guerra ha sido abolida y lo que eso podría representar para la condición humana. Pero si realmente quieren conocer a Haldeman de verdad, les aconsejo que intenten encontrar un ejemplar de La guerra interminable, un larga metáfora del Vietnam trasladada a un marco galáctico, escrita por alguien que realmente entró en combate y que conoció las terribles experiencias de aquella lucha y el desarraigo que produjo en los soldados que participaron en ella (y que pudieron volver a casa). No es sólo una muy buena novela, es una de las obras maestras que ha dado el género y su lectura sigue siendo tan sobrecogedora e impactante hoy como en el momento de su publicación hace ya 23 años (su otra gran novela sobre el Vietnam, 1968, no ha sido, por desgracia, traducida).
Hay muchas otras novelas, claro. Es su larga carrera ha producido obras como la trilogía de Mundo (los dos primeros títulos, Mundos y Mundos aparte, están publicados en español, pero el tercero sigue inédito) en la que, en un peculiar tour de force, intenta imaginar su propia vida como mujer. O esas joyas que son Recuerdo todos mis pecados y Puente mental, que examinan aspectos del deber y la relación con los demás y que contienen más de un eco con novelas posteriores como Paz interminable. Cualquiera de esas novelas serviría igual, porque como escritor Joe Haldeman ha sabido siempre mantener una gran coherencia, y su obra ha mostrado siempre un alto nivel de voluntad creadora. No es vano, es uno de los más interesantes autores del género. Como sin duda comprobarán al leerlo.