Edward James, historiador del género, comentaba
en un artículo sobre la ciencia ficción del siglo XIX lo poco
que se conoce sobre las obras de esa época. Se ven algunos picos
principales: Wells, Bellamy y otros, pero los valles, esa es su metáfora,
son todavía lugares poco explorados. El problema principal es, por
supuesto, el desconocimiento de unos textos difíciles de localizar
o simplemente perdidos. En España se vive una situación similar,
aunque no sólo con la ciencia ficción del siglo XIX sino con
casi toda la historia del género en nuestro país. Aun más,
el problema en España no es sólo el desconocimiento de los
textos sino la falta de personas interesadas en investigar la ciencia
ficción española y con la voluntad de publicar lo que se ha
investigado (porque si se investiga algo y no se publican los resultados
de la investigación no se ha hecho absolutamente nada). Si un inglés
puede quejarse del desconocimiento de parte de la historia de la ciencia
ficción escrita en su lengua, qué no podríamos decir
nosotros. Por tanto, no puede sino ser una alegría encontrase en las
librerías con el volumen De la luna a Mecanópolis.
Antología de la ciencia ficción española (1832-1913)
seleccionada y comentada por Nil Santiáñez-Tió (SIRMIO
Quaderns Crema, Barcelona, 1995).
La
antología está formada por trece cuento: "Un crimen
científico" y "M. Dansant, médico aerópata" de José
Fernández Bremón, "Cuento futuro" de Leopoldo Alas (Clarín),
"Un viaje a la república argentina en el siglo XXI", "En el planeta
Marte" y "Teitán el soberbio. Cuento de lo porvenir" de Nilo María
Fabra, "La ruinas de Granada" de Ángel Ganivet, "El fin de un mundo"
y "La prehistoria" de José Martínez Ruiz (Azorín), "El
pesimista corregido" de Santiago Ramón y Cajal, "La revolución
sentimental" de Ramón Pérez de Ayala, "El theological palace.
Fantasía futurista" de Pompeyo Gener y "Mecanópolis" de Miguel
de Unamuno. Se incluyen así mismo fragmentos de cuatro novelas: Viaje
somniaéreo a la luna de Joaquín del Castillo y Mayone,
Un temporada en el más bello de los planetas de Tirso Aguimana
de Veca, El anacronópete de Enrique Gaspar, Un drama en
el siglo XXI (el fragmento incluido lleva por título "Una historia
de amor en el siglo XXI") de Camilo Millán. Se completa el volumen
con una amplísima y muy interesante introducción, así
como una bibliografías de fuente primarias y secundarias.
Una antología de este tipo, que es principalmente un trabajo de
investigación, se prepara, según nos ha comentado el autor,
consultando catálogos de libros antiguos. Pudo el seleccionador reunir
así un fichero de textos que parecían tener elementos
fantásticos (él mismo reconoce que le gusta investigar en
géneros no canónicos). La paciente búsqueda en biblioteca
le permitió localizar los textos. El primer resultado de tal proceso
fue el artículo "Nuevos mapas del Universo: modernidad y ciencia
ficción en la literatura española del siglo XIX (1804-1905)",
pero era consciente de que esas obras debían ser conocidas más
ampliamente, tanto por el público lector de ciencia ficción
como por los hispanistas. Queda claro, por tanto, que este libro intenta
abrir brecha en varios frentes simultáneamente. El propio autor lo
manifiesta en la introducción cuando dice:
Esta antología está dirigida tanto a los aficionados al
género como a los hispanistas y al lector curioso en general. Para
los primeros, puede resultar sugestivo el contacto con los temas, modalidades
y técnicas de la ciencia ficción hispana del siglo pasado y
principios del presente; para el hispanista, espero que sea una herramienta
de estudio o de investigación con que contrastar y enriquecer su
perspectiva de la literatura española de dicho período; y por
lo que hace al lector de a pie, estoy seguro de que apreciará en su
valor algunas pequeñas joyas literarias aquí incluidas, como
son los textos de Alas, Ganivet y Pérez de Ayala. (p. 11)
En el resto de la introducción se da un repaso a la literatura
española de ciencia ficción del siglo XIX, intentando establecer
algunos de sus temas y pautas básicas. En esa parte se intenta situar
la ciencia ficción española en un contexto más amplio,
comentando donde se acerca y donde difiere de la ciencia ficción
foránea de la época, especialmente la anglosajona. En algunos
momentos, se señalan obras españolas que se adelantaron a otras
en la exploración de algunos temas. Así, El
anacronópete es la primera novela conocida con un vehículo
para viajar en el tiempo, anterior incluso a La máquina del
tiempo de Wells. De la misma forma, Nilo María Fabra en "En el
planeta Marte" se permite especular con la televisión (que él
llama telefoteidoscopio), Tirso Aguimana de Veca en "Una temporada en el
más bello de los planetas" ya considera el traje espacial y Camilo
Millán en "Una historia de amor en el siglo XXI" se acerca casi al
ciberpunk.
Los
textos incluidos son, como era de esperar, desiguales en su calidad (posiblemente
El anacronópete sea el más difícil de leer y
el mejor posiblemente sea "Las ruinas de Granada"), porque aunque el nivel
general es alto, es evidente, y así nos lo ha confirmado el autor,
que la antología se ha centrado en ofrecer una muestra variada de
la ciencia ficción española del siglo XIX, no se trata en
ningún momento de una antología del tipo "lo mejor de...".
Este libro pretende ser ante todo un instrumento de investigación
y de descubrimiento, y todos los textos son muy interesantes por la imagen
que ayudan a dar de la ciencia ficción española de ese periodo.
La variedad temática es, por tanto, la reina de esta antología.
Tenemos especulaciones biológicas ("El pesimista corregido" o "Un
crimen científico"), ciencia ficción científica ("Una
temporada en el más bello de los planetas"), intentos de futurología
("Un viaje a la república argentina en el siglo XXI" o "En el planeta
Marte"), viajes en el tiempo (El anacronópete), antiutopías
("Teitán el soberbio. Cuento de los porvenir", "La revolución
sentimental" o "Mecanópolis"). Pero también son muy distintas
los estilos empleados. Unos cuentos son crónicas periodísticas,
otros son claramente irónicos y humorísticos, otros adoptan
un aire melancólico ("Las ruinas de Granada" incluye un par de poemas
en la narración que dotan al cuento de un inconfundible sabor fin
de siglo) y otros adoptan una precisión descriptiva que hoy asociamos
con la ciencia ficción dura. Muchos cuentos están fascinados
con los adelantos tecnológicos como los globos o el telégrafo;
¿de la misma forma que nosotros estamos fascinados con el ciberespacio
y la realidad virtual?
Por
tanto, la primera conclusión que uno saca al leer el libro es que
la ciencia ficción española del siglo XIX era variada no sólo
en los temas tratados sino también en los registros empleados. Es
más, ilustres literatos no vacilaban en acercarse al género
cuando debían exponer ideas que podían recibir una mejor
plasmación en la ciencia ficción.
No
me gustaría sin embargo dar la impresión de que este libro
sólo puede leerse con interés arqueológico. Bien es
verdad, que su recuperación de piezas antiguas lo convierten en un
libro imprescindible en la biblioteca de cualquier lector de ciencia
ficción y, como bien dice el seleccionador, el conocimiento de los
textos que contiene es imprescindible para tener una idea clara del desarrollo
de la ciencia ficción en el siglo XIX. Pero también en un libro
que puede, y debe, leerse en busca del mismo placer que se obtendría
de cualquier otra antología del género: el placer de leer
especulaciones inteligentes.
Y
después de su lectura el lector descubrirá cuan modernos en
cierta forma son estos relatos (o cuan antiguos somos nosotros casi un siglo
después). Tratan fundamentalmente de preocupaciones que son todavía
las preocupaciones de nuestro siglo y de nuestra ciencia ficción.
Unos pocos ejemplos, resúmenes rápidos, bastarán.
"Una
temporada en el más bello de los planetas" describe con todo lujo
de detalles y precisiones científicas los preparativos y el viaje
final a Saturno. "Cuento futuro" de Clarín cuenta como la humanidad
cansada de su existencia decide tomar las riendas de su destino y suicidarse
universalmente.
Los
cuentos de Milo María Fabra son quizás los más cercanos
a la ciencia ficción tal y como la conocemos hoy. En "Un viaje a la
república argentina en el siglo XXI" nos adentramos en el mundo futuro
donde las maravillas tecnológicas del siglo XXI permiten un viaje
cómodo en ferrocarril, en sólo cuatro días, desde Madrid
hasta Buenos Aire. El viaje está amenizado con periódicos parlantes
que permiten la selección de las noticias según temas y
preferencias (algo así como la multimedia) y otras maravillas
tecnológicas. "En el planeta Marte" (que comienza muy a la ciencia
ficción con la frase "Resonancia universal es el nombre del
periódico más oído del planeta Marte") se describe una
sociedad extraterrestre mucho más perfecta que la nuestra y llena
de inventos asombrosos. En "Teitán el soberbio. Cuento de lo porvenir"
un dictador del futuro controla a sus súbditos con la ayuda de la
tecnología: "Cubiertos los techos y paredes de los edificios y pavimentos
de las calles y camino de millones de micrófonos, en comunicación
con el Ministerio de Policía, los sonidos, por distantes que fuesen,
llegaban a él y se imprimían en aparatos telefonográficos;
mientras que innumerables cámaras obscuras transmitían por
medio de teleteidoscopios las imágenes lejanas que
reproducían en colores, con fidelidad y exactitud notables, la
telefotografía" (p. 238). El dictador en cuestión exige
a su científico la construcción de una máquina para
leer el pensamiento y poder mejor controlar a su pueblo; más lejos
que 1984.
"Las
ruinas de Granada" de Ángel Ganivet (como ya he dicho, posiblemente
el mejor cuento) nos adentra en un futuro lejano donde los poemas pueden
ser transmitidos directamente de la mente al papel por medio de un
ideófono. En un viaje casi nostálgico a una Granada destruida
por un volcán descubren cuatro momias de la edad metálica:
microcéfalas, de bocas grandes y barbudas.
Ignoro
como leyeron los contemporáneos de Camilo Millán "Una historia
de amor en el siglo XXI", pero hoy esta historia de amor, cortejo y matrimonio
en una pocas horas se lee con una sonrisa en los labios. Toda la ironía
que supongo que el autor quería darle se conserva aun después
de 90 años y cuando nuestro presente puede muy bien haber superado
el ritmo trepidante de sus previsiones.
"La
revolución sentimental" es la historias de una revolución dentro
de una sociedad antiutópica que va más allá de cualquier
otra. No sólo está la humanidad controlada, sino que sus mismos
procesos biológicos han sido alterados para que placeres como comer
sean innecesarios.
Pompeyo
Gener en "El theological palace. Fantasía futurista" ensaya una pieza
de humor, llena de tecnologías exageradas, una de las cuales permite
hablar con los difuntos en cualquiera de los cielos donde se encuentren.
Y
finalmente, Miguel de Unamuno en "Mecanópolis" demuestra la desconfianza
hacia la progresiva mecanización de la sociedad, imaginando una ciudad
completa y fríamente controlada por las máquinas.
Pero
el autor no sólo quiere dar a conocer estos textos en una muy necesaria
recuperación de la historia, sino que al final de la introducción
aprovecha para reivindicar la ciencia ficción como un género
perfectamente válido para su estudio:
Doy término a estas notas introductorias con la confesión
de una secreta esperanza; a saber: la de que en un futuro próximo
se supere en España el abismo que todavía separa la ciencia
ficción de la literatura general. Que la ciencia ficción no
figura entre los cánones del hispanismo es un hecho indiscutible;
basta para confirmarlo el que esta antología salga a la luz con tanto
retraso y en medio del vacío bibliográfico ya reseñado.
Quizá por ello esté justificado Miquel Barceló al proclamar
con orgullo que "no me molesta que la ciencia ficción esté
en un ghetto" (p. 24): demasiados años de desdén académico
para exhibir otra actitud. Pero me temo que los sectarismos de unos y los
elitismos de otros no redundan en beneficio de nadie. En rigor, y como han
insistido sus máximos conocedores, la ciencia ficción consiste
en algo más que batallas intergalácticas, pistolas láser
y películas de serie B; en su textura tiene cabida desde la parodia,
la crítica social, la especulación científica la libertad
imaginativa hasta formas y técnicas habituales en la literatura de
vanguardia. Dada esa variedad de temas, actitudes y formas, la integración
de la ciencia ficción española en el hispanismo, al normalizar
el estudio y disfrute de un género literario merecedor de mayores
honores, permitiría un enriquecimiento considerable de nuestra perspectiva
de la literatura hispana moderna. (p. 34-35)
Esperemos que así sea. Y que pronto tengamos otras iniciativas que
recuperen para nosotros esas partes perdidas de la historia del género
en España. Esta, por de pronto, bien merece un aplauso.
Publicado en BEM 48
© Pedro Jorge Romero 1995
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