Lo que voy a decir es fruto de mis reflexiones personales
sobre La máquina del tiempo de H. G. Wells y la
continuación de 1995, Las naves del tiempo de Stephen Baxter.
Me encargé de la traducción de Las naves del tiempo
para la edición española y, por supuesto, releí La
máquina del tiempo, en inglés y español, intentado
evitar cometer errores. Pasé muchos meses ocupándome de ambas
novelas.
Leí
La máquina del tiempo por primera vez cuando tenía
quince años. Recuerdo claramente llegar a esa parte, justo al principio,
donde el Viajero del Tiempo (o El Viajero a través del Tiempo, como
quiere la edición española) dice: Existen en realidad
cuatro dimensiones, tres a las que llamamos los tres planos del Espacio,
y una cuarta, el Tiempo y pensar para mí: Por supuesto,
es simplemente relatividad.
Vivimos
en un época sorprendente, en la que hay un montón de
quinceañeros corriendo por ahí que te dicen que es y que deja
de ser relatividad (en mi caso, pueden culpar a Asimov). Han pasado cien
años desde la publicación en forma de libro de La máquina
del tiempo; años llenos de acontecimientos, guerras, asesinatos,
inventos, teorías, libros importantes (y La máquina del
tiempo no es uno de los menos importantes). Y ahora vivimos en un mundo
completamente diferente a la Inglaterra victoriana. Pero parece que la Inglaterra
victoriana también fue una época sorprendente.
En
la imagen que acabo de bosquejar hay un aspecto irónico. La
descripción que aparece en La máquina del tiempo no
es para nada relativista, es algo que Wells inventó. El libro se
publicó en 1895, aunque trabajaba en él desde al menos 1888,
incluso puede que antes, cuando apareció el primer borrador como The
Chronic Argonauts en el Science School Journal. Por tanto,
el libro se publicó diez años antes de que el joven Einstein
sorprendiese al mundo con la Teoría Especial de la Relatividad, que
finalmente llevó a la idea del tiempo como una cuarta dimensión
de una entidad superior conocida como el continuo espaciotiempo (el
hecho de que el Viajero del Tiempo siempre hable del espacio y el tiempo
como dos entidades separadas es lo que indica que realmente su visión
no es relativista). Podría argumentarse que en cierta forma la relatividad
estaba en el aire y que era inevitable que tarde o temprano alguien la
formulase1, por lo que no sería sorprendente que un hombre
educado, como lo era Wells, imaginase uno de sus conceptos fundamentales.
Igualmente, la cuarta dimensión era una tema de discusión normal
en la Europa del siglo diecinueve. Recordemos, por ejemplo, el caso de Henry
Slade, un médium americano que se decía capaz de transportar
objetos a la cuarta dimensión para manipularlos allí y devolverlos
finalmente a nuestro mundo de tres dimensiones2. Pero lo interesante
es que Wells combinó los conceptos de la cuarta dimensión,
que normalmente se consideraba con carácter espacial, y el tiempo
para crear su explicación. De ahí surge el primer elemento
sorprendente de La máquina del tiempo: la racionalización
clara y concisa del funcionamiento del dispositivo temporal. En unas pocas
páginas y frases, justo al principio, se las arregla para fundamentar
el funcionamiento físico de su máquina sin ser de hecho muy
preciso. La explicación es tan vaga, pero a la vez suena tan real,
que todavía hoy se sostiene cuando puede ser reinterpretada
fácilmente como tomada de la Relatividad. De hecho, después
de hablar del tiempo como una cuarta dimensión sólo necesita
añadir: Hace mucho que tenía yo un vago vislumbre de
una máquina... [...]. Que viaje indistintamente en todas las direcciones
del Espacio y del Tiempo, como decida el conductor de ella. Como un
ilusionista experto, saca hábilmente el conejo de la chistera.
Contrasta
esa forma de actuar con la de otros escritores que han tratado el tema de
las máquinas del tiempo, como el dramaturgo español Enrique
Gaspar en El anacronópete. Publicada en Barcelona en 1887,
El anacronópete antecede incluso a la primera versión
de la historia de viajes en el tiempo de Wells, The Chronic Argonauts,
por lo que fácilmente podría ser la primera historia de ciencia
ficción con un vehículo para viajar en el tiempo, ignorada
hasta ahora en el canon oficial del género3.
Nos
encontramos en París, 1878. El profesor español Sindulfo
García explica ante un gran público el funcionamiento de su
último invento, el anacronópete, que parece significar, en
griego, máquina para volar al pasado, una forma bastante retorcida
de decir máquina del tiempo. Con el anacronópete tiene la
intención de viajar al pasado, presenciar todos lo grandes acontecimientos
de la historia y acercarse a Dios. Para explicarse necesita dos capítulos
completos, Una conferencia al alcance de todos y Teoría
del tiempo: como se forma: como se descompone. ¿Cuál es
la naturaleza del tiempo en esa novela? Muy fácil: una combinación
de la atmósfera del planeta y la rotación de la Tierra crea
el tiempo y su dirección. Sólo es necesario volar alrededor
de la Tierra en sentido contrario a su rotación, descomponiendo la
atmósfera en el proceso, para viajar al pasado (es evidente que no
puede viajarse al futuro). Por supuesto, la teoría es ridícula,
y seguro que era risible incluso en el momento de su publicación.
Podemos suponer que semejante prolijidad es una deuda de Verne. Como cualquier
otra obra en la tradición de Julio Verne, debe explicar minuciosamente
los principios físicos de la máquina y, en otro capítulo,
el proceso de construcción del dispositivo. Queda claro que Wells,
con todas sus referencias a cuartas dimensiones, es bastante más
económico y elegante, y bastante más serio en su uso de la
máquina del tiempo, porque al final El anacronópete
resulta ser un sueño.
Pero
El anacronópete me permite introducir el segundo elemento
sorprendente sobre La máquina del tiempo: la dirección
del viaje. En El anacronópete el viaje se realiza siempre
al pasado, mientras que en la obra de Wells es al futuro. No siempre fue
así. Como dije ante, en 1888 se publicó The Chronic
Argonauts. La historia contaba la invención de una máquina
del tiempo por parte de un científico, llamado Moses Nebogipfel, que
la empleaba para viajar al pasado y cometer un asesinato. Más aun,
Moses Nebogipfel es un científico loco en la mejor tradición
gótica, un personaje muy alejado del tranquilo científico de
clase media de La máquina del tiempo. Wells, en su
Experiment in Autobiography4, confiesa que The Chronic
Argonauts estaba inventada con torpeza, y cargada de significancias
falsas e irrelevantes (Experiment..., p. 253). ¿Por qué
el cambio? Bien, parece que William Ernest Henley del National
Observer leyó la primera historia, decidió publicarla
en su revista y le pidió que siguiese con la idea para dar una
visión del mundo futuro (Experiment..., p. 434), algo
que Wells estaba muy dispuesto a hacer. Esa nueva versión no es
exactamente la historia que conocemos hoy, será reescrita un par de
veces más, pero ahora tenemos ese detalle interesante. De hecho, creo
que Wells sentía que viajar al futuro es más interesante que
viajar al pasado. Viajar al pasado te permite escribir una novela sobre paradojas
temporales, que al final pueden ser sólo inteligentes rompecabezas.
Viajar en el otro sentido te permite mirar al futuro de la humanidad, algo
en lo que Wells estaba probablemente más interesado. Cambiar el sentido
del viaje, creo, era una tentación demasiado grande para Wells y fue
la elección acertada. No creo que la La máquina del
tiempo hubiese sobrevivido durante tanto tiempo como novela de viaje
al pasado. Esas imágenes del futuro son verdaderamente el tema y el
sentido del libro.
Conocemos
bien La máquina del tiempo. Un científico de clase
media explica a un grupo de amigos el funcionamiento del dispositivo temporal
y su intención de emplearlo para viajar al futuro y presencia el
desarrollo de la humanidad. El ambiente es cuidadosamente normal, porque
según Wells cuanto más imposible es la historia que debo
contar, más normal debe ser el escenario
(Experiment..., p. 434) y se nos da sólo la información
mínima par comprender lo que sucede. Por ejemplo, de la operación
de la máquina sólo sabemos que tiene dos palancas, porque,
como señala W. M. S. Russell5, son elementos importantes
en la trama: en un momento determinado hay que quitarlas para evitar que
los Morlocks puedan activar accidentalmente el vehículo. La
información es tan escasa que sólo dos personajes tiene nombre:
Filby, un personaje polemista de pelo rojo, y Weena, la
niñamujer Eloi. El resto simplemente son Psicólogo,
Provincial Mayor, Editor, Periodista, Doctor o, el más sorprendente,
Viajero en el Tiempo; me gusta pensar que la falta de un nombre para el
protagonista principal te hace preguntarte mientras lees la novela quién
viaja realmente en el tiempo, ¿tú mismo o el viajero? Pero todas
esas profesiones empleadas como nombre refuerzan la idea de una cierta
situación social; todos pertenecen a la clase media.
Cuando
el Viajero del Tiempo viaja al futuro, encuentra que la humanidad se ha dividido
en dos especies: los Elois y los Morlocks. Para explicar esa separación,
considera varias ideas hasta descubrir que los amables Elois son ganado para
los sucios Morlocks. La separación es el resultado claro de la
división de clases en la época Victoriana. Como a la larga
las especie son maleables, la distinción entre clase alta y clase
baja produce dos nuevos animales en el mundo de 802.701. Cuando el Viajero
se adentra aun más en el tiempo, la separación persiste en
diferentes animales, cangrejos y mariposas, que han evolucionado a partir
del hombre. Al final, el Viajero del Tiempo debe enfrentarse a la
destrucción de toda la vida sobre la Tierra, antes de regresar a su
propia época. En todos esos periodos, el Viajero es sólo espectador
neutral de esa curiosa lucha de clases.
¿Estaba
Wells expresando cierta ansiedad social? Ésa parece la
interpretación más evidente de la obra. Los Elois viven claramente
en un mundo jardín sin penas ni dolores, y los Morlocks son habitantes
de las tinieblas que trabajan a ciegas en sus máquinas. El único
elemento extraño, supongo que el novum, es que los Morlocks se alimentan
de los Elois, la inversión obvia de la situación en la sociedad
capitalista. En Metamorfosis de la ciencia
ficción6 Darko Suvin cita a Wells diciendo que una
historia de ciencia ficción debería ser La realización
válida de alguna posibilidad dejada de lado, de tal modo qeu se comenten
las seguridades falsas y la fauta autosatisfacción de al vida
cotidiana (p. 264). Quizás estaba intentando agitar la tranquila
auto satisfacción victoriana, la idea de que la posición de
la clase superior era inamovible y que la situación inferior de las
clases bajas era el resultado de algún tipo de darwinismo social.
En La máquina del tiempo los sirvientes se han convertido
en amos, y los que solían ser los amos no son mejores que un rebaño
de ovejas. Quizás por esa razón el Viajero del Tiempo pertenece
a la clase media. En la época victoria se encontraría entre
las dos clases, entre Elois y Morlocks. ¿Nos dice algo Wells cuando,
en el año 802.701, la humanidad ha degenerado tanto que él
es el ser superior? Aun más, en los otros episodio, más adelante
en el futuro, los Elois y Morlocks son cangrejos y mariposas, por lo que
el Viajero no es sólo superior por pertenecer a la clase media sino
también, señala Darko Suvin, por ser un mamífero.
Todas
estás cuestiones de clases sociales en Wells puede que no sean tan
sencillas. John Huntington en The Time Machine and Wellss Social
Trajectory7 lo trata como un tema mucho más complejo,
pero la distinción entre la clase superior y la inferior parece bastante
evidente. Lo que no es cierto es algo que dije antes: el Viajero del Tiempo
está lejos de ser un observador neutral. Inmediatamente después
de su llegada al año 802.701, se pone de lado de los Elois. Después
de eso, sólo muestra desprecio por los Morlocks; no los considera
mejor que animales. Incluso cuando los Elois demuestran ser bastante
estúpidos y carentes de sentimientos los considera los verdaderos
herederos de la humanidad y dice: Por grande que hubiera sido su
degeneración intelectual, los Eloi habían conservado en
demasía la forma humana para no tener derecho a mi simpatía
y hacerme cmpartir a la fuerza su degradación y su Miedo. La
máquina del tiempo puede que sea una inversión de la
situación social en la época victoriana pero queda claro, desde
el punto de vista del Viajero del Tiempo, cual es la clase social realmente
buena.
Pero
incluso así, o quizás por eso, La máquina del
tiempo es un gran libro. Su visión de la plasticidad de la forma
humana, su voluntad de enfrentar al lector con la muerte final del mundo,
su claridad y economía en las explicaciones convierten esta novela
de un centenar de página en una obra maestra del género.
Posiblemente sea el mejor libro de Wells y todavía en ampliamente
leído.
¿Cómo
se escribe una continuación a un libro así?
El
propio Baxter admite que al principio no pensaba en escribir una
continuación a La máquina del tiempo8.
Simplemente pensó en unos pocos elementos lógicos del viaje
en el tiempo: ¿por qué no establecer colonias en el pasado?
¿Por qué no ir al origen y cambiar las cosas allí?
¿Qué sucede cuando viajas al futuro y encuentras un mundo
completamente diferente al de la primera vez que estuviste allí? Buscando
a un protagonista, se encontró con el Viajero del Tiempo de Wells.
Una elección perfecta, ¿no? Pero al decidir escribir una
continuación a La máquina del tiempo debía
enfrentarse no sólo a cien años de historia sino también
a cien años de ciencia ficción. Y aquí tenemos a Las
naves del tiempo9, la continuación de 1995 de La
máquina del tiempo.
De
un escritor de ciencia ficción dura como Stephen Baxter esperas la
gran superciencia. Justo al final de La máquina del tiempo,
el viajero va al futuro para ayudar a los Elois. ¿Qué se encuentra
allí? Una esfera de Dyson es la respuesta de Baxter, y por qué
no, una raza de Morlocks avanzados. Esa fue una decisión inteligente:
enfrentemos a este victoriano con todos sus prejuicios sobre clases sociales
con miles de millones de Morlocks, un mundo cubierto de ellos. Más
aun, se encuentra con un Morlock con nombre, un Morlock llamado Nebogipfel.
Por supuesto, es un chiste; si recuerdan, Nebogipfel era el nombre del viajero
en The Chronic Argonauts, pero es aun más importante: un
Morlock con nombre es de pronto un individuo. Ya no puede considerársele
un animal, ahora es un persona. Durante casi todo lo que queda de novela
permanecen junto, y al final se hacen amigos.
La
relación de Nebogipfel con el Viajero es compleja. Aunque éste
acepta intelectualmente que el Morlock es su superior, no puede evitar sentir
repulsión por su compañero. Nebogipfel a su vez considera al
viajero como a un niño o un animal doméstico, siempre alguien
del que hay que cuidad. En cualquier caso, desde el punto de vista narrativo,
el papel de Nebogipfel es necesario. Si no estuviese ahí, el Viajero,
no necesariamente el lector, no podría entender las maravillas que
le rodean. La mayor parte de la trama de la novela gira alrededor de la
mecánica cuántica y la relatividad, teoría más
allá de la visión de la ciencia del siglo diecinueve. Pero
más aun, sin Nebogipfel, el Viajero no podría entender los
elementos de ciencia ficción ene la trama. Es mejor por tanto que
un personaje necesario a su vez agite al héroe.
Como
dije antes, cien años de ciencia ficción han transcurrido desde
La máquina del tiempo. En ese siglo, los escritores de ciencia
ficción han inventado un enorme conjunto de paradoja, dispositivos
y futuros posibles. Ninguna novela de ciencia ficción que se ocupe
de periodos de tiempos de miles de millones de años puede
ignorarlos.
Tenemos
por ejemplo la paradojas temporales. No aparecen en el original; Wells no
las menciona quizás porque no estaba interesado en el viaje en el
tiempo por si mismo, pero son evidentes para cualquiera que piense sobre
las posibilidades de una máquina del tiempo. El tema de las paradojas
se resuelve en Las naves del tiempo con la ayuda de la
interpretación de Everett de la mecánica cuántica que
dice que cada suceso cuántico crea tanta versiones diferentes del
universo como sean necesarias para dar cuenta de todos los resultados posibles.
Eso, por supuesto, nos llevan inmediatamente al tema de los universos paralelos.
Por tanto, se nos presentan visiones de la historia en que la máquina
del tiempo se utiliza como arma de guerra, un futuro en el que los humanos
han vivido millones de años y la nanotecnología es común,
futuros en el que los descendientes de la humanidad han colonizado la galaxia
y cubierto las estrellas con esferas de Dyson... Y muchas de esas cosas
serían fáciles de entender para un lector de ciencia ficción,
pero alguien debe explicárselas al Viajero del Tiempo.
Por
tanto Las naves del tiempo podría considerarse una
reinterpretación de La máquina del tiempo desde el
punto de vista de un siglo diferente, reexaminados sus temas e ideas, incluso
hasta el punto de encajar las mismas explicaciones en el contexto de la ciencia
moderna. En cierta forma es un experimento, un intento de ver como se hubiese
escrito hoy La máquina del tiempo. En cierta forma me recuerda la
película Regreso al futuro II, que era realmente un viaje
a la primera película, Regreso al futuro. De esa forma, Las
naves del tiempo podría verse como un viaje no en el tiempo, sino
al primer libro. Por todas estas razones, el viajero debe encontrar se nuevo
en situaciones similares a la de las primera novela y enfrentarse a diferentes
ramificaciones de la máquina del tiempo que no se mencionaban en la
novela de Wells, o que no se conocían en 1895. Por ejemplo, en cierto
momento el viajero conoce la suerte de Wells, convertido en profeta de futuros
y reformado social ya de mayor. Y debe enfrentarse a la implicaciones de
su propio relato de su viaje a la tierra de Elois y Morlocks que quedó
plasmado en un libro llamado La máquina del tiempo. Y debe
entender la limitaciones de la ciencia del siglo diecinueve desde el punto
de vista de nuestros conocimientos: en La máquina del tiempo,
por ejemplo, Wells fue feliz situando la muerte del sol en sólo treinta
millones de años en el futuro, algo que sabemos que no es cierto.
Lo
que Stephen Baxter ha hecho es reunir dos épocas diferentes y notables.
Cuando están una al lado de otra, se las puede comparar. Y el resultado
es el esperado. Externamente puede haber similitudes, como madre e hijo,
pero en sus motivaciones e impulsos son completamente diferentes. En Las
naves del tiempo, el Viajero del Tiempo debe intentar continuamente
aprender algo nuevo y siempre le sorprende algo diferente que no esperaba.
Eso le sucedía en La máquina del tiempo: fue al futuro
esperando encontrar una gran civilización y encontró el mundo
de Elois y Morlocks, y entonces tuvo que descubrir como funcionaba su mundo.
En Las naves del tiempo se adentra en el tiempo esperando encontrar
el ahora en cierta forma cómodo mundo de Elois y Morlocks y se encuentra
con la imaginación de una escritor de ciencia ficción del siglo
veinte. Y el Viajero del Tiempo, después de cien años, debe
aprender de nuevo, y mejor que sea rápido.
Creo
que todo queda claro en el epílogo a Las naves del tiempo.
Durante casi 500 páginas el Viajero del Tiempo ha sufrido, aprendo,
viajado al origen del universo y presenciado el triunfo de la inteligencia
humana, pero ahora ha vuelto al mundo de Elois y Morlocks. ¿Le ha cambiado
la experiencia? Al principio del libro estaba listo para adentrarse en el
tiempo, ayudar a los Elois y luchar con los Morlocks. Pero después
de millones de años de aventura, ha aprendido algunas cosas. Sabe
ahora que el hombre se ha dividido en DOS especies, no sólo los Elois.
Ayuda a los Elois en empresas agrícolas pero sabe algo más:
¡Y debo expulsar de mi mente cualquier noción anticuada de lealtad
a un bando o a otro! Como hombre de mi teimpo, mis simpatías se encuentran
naturalmente con los Elois, porque ellos parecen humanos, y mi actividad
con ellos ha sido placentera y productiva. De hecho, tengo que esforzarme
para recordar que esas pequeñas gentes no son humanos. (Las naves
del tiempo, p. 422).
Más adelante añade: Pero ni los Elois ni lso Morlocks
son humanos ambos son posthumanos, a pesar de mis viejos
prejuicios (Las naves del tiempo, p. 422). Y decide enfrentarse
a la obscuridad y penetrar en las regiones de los Morlocks para también
ayudarles a ellos. ¿Por qué ha cambiado de opinión?
Sé bien ¡Nebogipfel me lo demostró! que gran
parte de mi terror a los Morlocks es instintivo y proviene de un complejo
de experiencias, pesadillas y temores en el interior de mi propia alma,
irrelevantes en este lugar. (Las naves del tiempo, p. 422).
Tiene incluso el valor de admitir que
[...] soy un hombre de mi clase social, y uqe por tanto he tenido poca
relación con los trabajadores de mi época, y que en mi ignorancia
he desarrollado, me temo, cierta desatención y miedo. (Las naves
del tiempo, p. 422)
Ven, el Viajero del Tiempo de Baxter ha analizado y diagnosticado las causas
que modelaron el carácter del Viajero del Tiempo de Wells. Ha comprendido
que papel jugaban sus prejuicios en sus reacciones. Ha cambiado, por supuesto,
porque la época en que se escribió el nuevo libro es diferente,
cien años más vieja. En nuestra época sería imposible
decir que los Morlocks son los malos; sabemos que el otro, el
diferente existe. La evolución de la especia cambia formas
y caracteres. Aprende que si los Morlocks son inhumanos los Elois también
lo son, que no hay ni un sólo ser humano, exceptuándolo a él,
en el año 802.701. Comprende que en momentos diferentes, hay reglas
diferentes. Le llevó cien años entenderlo porque nos llevó
a nosotros cien años entenderlo. El cambio de mentalidad del Viajero
en el Tiempo es nuestro.
Viajemos
un poco en el tiempo nosotros también. Por desgracia no tenemos una
máquina del tiempo a nuestra disposición, por lo que tendremos
que recurrir al viejo Gedankenexperiment einsteniano. Imaginen conmigo
un mundo futuro a unos cien años, en 2095. Allá, alguien
escribirá una continuación a La máquina del
tiempo y Las naves del tiempo. En ese libro, o lo que se considere
un libro dentro de cien años, el Viajero del Tiempo, ese hombre
común que no merece un nombre quizás porque nos representa
a todos, viajará de nuevo en el tiempo para descubrir y encontrar
algo completamente nuevo. Dentro de cien años sabremos muchas más
cosas sobre el universo y la forma en que funciona, por lo que ese
libro será una paseo aun más espectacular por el
universo, empleando teorías científicas que hoy ni podemos
concebir, de la misma forma que Wells no sabía nada de mecánica
cuántica, la interpretación de Everett o relatividad. En ese
libro se discutirán, examinarán, reinterpretarán,
rechazarán y redefinirán todas las suposiciones de nuestra
época a la luz de cien años de conocimientos, de la misma forma
que Las naves del tiempo se enfrenta a las suposiciones de Wells.
En ese libro la relación del Viajero del Tiempo con Elois
y Morlocks será completamente diferente porque descubrirá algo
nuevo, algo que no podemos siquiera concebir porque vivimos inmersos en nuestra
propia época, de la misma forma que Wells, aunque era un hombre
extraordinario, vivía inmerso en su propia época extraordinaria.
Todo época se cree la última. Nunca lo es; siempre hay otra
a la vuelta de la esquina esperando para atraparte. De cualquier forma, le
llevará 200 años al Viajero del Tiempo aprender eso que
aprenderá en ese libro del 2095. Está claro que
aprende despacio, ¿pero no nos pasa a todos? La incursión del
Viajero en el tiempo es la nuestra.
Gracias.
Agradecimiento
Me
gustaría agradecer la invitación de los organizadores de 1os
Encontros de Ficçao Científica e Fantástico Na
Periferia do Imperio (celebrados en Cascais, Portugal, del 21 al 29 de septiembre
de 1996) que me permitió elaborar y presentar esta conferencia.
Notas
-
Stephen Baxter ha estudiado muy bien, y mucho mejor de lo que yo puedo hacerlo,
el origen de las ideas semirelativistas de La máquina del
tiempo en una conferencia en Picocon 13 Wild Extravagant Theories:
The Science of The Time Machine. Sólo conozco una publicación
electrónica en
http://www.sam.math.ethz.ch/~Epkeller/BAXTER/Articles/PicoconTalk.html
-
Pueden dirigirse al capítulo 2 de Hiperespacio de Michio
Kaku para una visión de la cuarta dimensión en el siglo diecinueve.
-
Enrique Gaspar, El anacronópete (Daniel Cortezo y Cía,
Barcelona, 1887). Hay reproducidos cinco capítulos del libro en Nil
SantiáñezTió (editor), De la Luna a
Mecanópolis: antología de la ciencia ficción española
(18321913) (Quaderns Crema, Barcelona, 1995), una muy interesante
antología de ciencia ficción española del siglo diecinueve.
Debo agradecer a Agustín Jaureguizar que amablemente localizase un
ejemplar de El anacronópete, un libro difícil de
encontrar, y verificase algunos datos para mí. Para un visión
más en profundidad de El anacronópete y de su origen
recomiendo consultar El anacronópete de Gaspar fue
la primera máquina del tiempo de Augusto Uribe (BEM
55, p. 21).
-
Experiment in Autobiography (The Macmillan Company, New York, 1934),
p. 253.
-
Time Before and After The Time Machine en Foundation
65.
-
Darko Suvin, Metamorfosis de la ciencia ficción (Fondo de
Cultura Económica, México, 1984).
-
En Foundation 65.
-
Stephen Baxter, Inspiración y documentación en
BEM 55.
-
Stephen Baxter, Las naves del tiempo (Ediciones B, Barcelona, 1996).
Publicado en BEM 58 (agosto-septiembre, 1997)
© Pedro Jorge Romero 1997
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