Día segundo

Toda esta literatura, que de una u otra forma ha de considerarse "panameña", sigue los pasos de la Metrópoli y a través de ella se abre a otras influencias. Este es un largo período que abarca los siglos XVI, XVII, XVIII y parte del XIX (hasta la separación de Panamá de España en 1821) Argumentando aquello de la no originalidad, algunos críticos de las letras hispanoamericanas hacen caso de esta literatura fuera del marco panameño. Esto, empero, puede ser un grave error. Panamá no pudo nunca bajo tales condiciones de dominación dar a luz una literatura autóctona. Si ha de atender a las raíces de nuestras letras, habrá obligatoriamente que hacerse caso de tal dependencia. Una de las últimas muestras de poesía colonial en Panamá, La política del mundo, de Víctor de la Guardia Ayala (1722-1824), obra de teatro en verso que no pasa por alto los mandamientos neoclásicos, es una reacción ante la invasión de España por Napoleón en 1808. Estos versos corroboran aún más los planteamientos anteriores.
Lloren con amargura el vil trofeo
que los caprichos de la suerte alcanza,
y cual sonora cítara de Orfeo
haga al mundo visible la mudanza;
y pues sólo morir es mi deseo
cúmplase con el llanto mi esperanza,
exhalando suspiros por momentos
que escriban mi dolor sobre los vientos.

Aquí las palabras "trofeo"," cítara"," Orfeo" y los giros de lamento jugando con una adjetivación exquisita reafirman las notas neoclásicas. Claro queda, entonces que de ningún modo pudo ser aquella literatura primera una literatura original. Escrita por foráneos nacidos en tierras panameña. es -- de hecho-- los toques tardíos de una danza que no nos pertenece. Pero no olvidemos: esa participación en la danza ajena sentó las bases para un futuro recorrido.

Día tercero