La encrucijada serbia (julio '99)
Víctor Alonso 
 
Los bombardeos de la OTAN han causado 2.000 muertos y 6.000 heridos entre la población civil -según las autoridades de Belgrado- y han reducido las infraestructuras yugoslavas al mismo nivel que cuando finalizó la 2ª Guerra Mundial.

Los grandes empresas de la construcción occidentales piensan ya en el millonario negocio que va a suponer la reconstrucción de la infraestructura dañada. Compañías como Dragados y Construcciones, asentada en la ciudad bosnia de Mostar; la Amec, que reconstruyera Sarajevo; o la norteamericana Bechtel quieren volver a lucrarse sobre la sangre y la destrucción de los pueblos. 

El hambre y la miseria son dos realidades que acechan a la población serbia, lo que ha provocado un aumento del descontento social. Este descontento podría desembocar en levantamientos populares contra el régimen de Milosevic. La oposición y la Iglesia serbia han criticado duramente a Milosevic por el desastre que la guerra ha ocasionado y han convocado movilizaciones.

Pero la oposición a Milosevic sólo quiere capitalizar el descontento social creado por la guerra para reemplazar al clan Milosevic en el poder por otra camarilla que continúe con la restauración capitalista. Tras la guerra de Bosnia, las masas de Belgrado salieron a la calle contra el régimen de Milosevic, para ver como su movilización era usurpada por políticos oportunistas como Draskovic, que luego terminaron acomodándose en el gobierno. 

Para impedir esto, los trabajadores, los campesinos y los jóvenes serbios deben actuar de forma independiente creando sus propios consejos de delegados en las empresas y centros de estudio. Y así, organizarse para dirigir la reconstrucción del país. Son las masas afectadas por las bombas las que deben decidir cómo gastar el dinero y no los banqueros de Londres, Milán, Wall Street o Frankfurt.
Sólo así podrán evitar pagar el tremendo coste de destrucción y penurias que deja la guerra. El imperialismo y sus lacayos dentro de Serbia no tienen más que planes de hambre para ofrecer a los castigados trabajadores serbios.

Asímismo, la clase obrera serbia debe romper con el chovinismo gran serbio y comprometerse a respetar el derecho de los albano kosovares a decidir libremente su destino. Sólo sobre esta base será posible acaudillar a los pueblos de los Balcanes hacia una federación libre y voluntaria. Sólo reconstruyendo el internacionalismo, se podrá expulsar al imperialismo de la región.

 
 
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