Víctor
Alonso
Los bombardeos de la OTAN
han causado 2.000 muertos y 6.000 heridos entre la población civil
-según las autoridades de Belgrado- y han reducido las infraestructuras
yugoslavas al mismo nivel que cuando finalizó la 2ª Guerra
Mundial.
Los grandes empresas de la
construcción occidentales piensan ya en el millonario negocio que
va a suponer la reconstrucción de la infraestructura dañada.
Compañías como Dragados y Construcciones, asentada en la
ciudad bosnia de Mostar; la Amec, que reconstruyera Sarajevo; o la norteamericana
Bechtel quieren volver a lucrarse sobre la sangre y la destrucción
de los pueblos.
El hambre y la miseria son
dos realidades que acechan a la población serbia, lo que ha provocado
un aumento del descontento social. Este descontento podría desembocar
en levantamientos populares contra el régimen de Milosevic. La oposición
y la Iglesia serbia han criticado duramente a Milosevic por el desastre
que la guerra ha ocasionado y han convocado movilizaciones.
Pero la oposición
a Milosevic sólo quiere capitalizar el descontento social creado
por la guerra para reemplazar al clan Milosevic en el poder por otra camarilla
que continúe con la restauración capitalista. Tras la guerra
de Bosnia, las masas de Belgrado salieron a la calle contra el régimen
de Milosevic, para ver como su movilización era usurpada por políticos
oportunistas como Draskovic, que luego terminaron acomodándose en
el gobierno.
Para impedir esto, los trabajadores,
los campesinos y los jóvenes serbios deben actuar de forma independiente
creando sus propios consejos de delegados en las empresas y centros de
estudio. Y así, organizarse para dirigir la reconstrucción
del país. Son las masas afectadas por las bombas las que deben decidir
cómo gastar el dinero y no los banqueros de Londres, Milán,
Wall Street o Frankfurt.
Sólo así podrán
evitar pagar el tremendo coste de destrucción y penurias que deja
la guerra. El imperialismo y sus lacayos dentro de Serbia no tienen más
que planes de hambre para ofrecer a los castigados trabajadores serbios.
Asímismo, la clase
obrera serbia debe romper con el chovinismo gran serbio y comprometerse
a respetar el derecho de los albano kosovares a decidir libremente su destino.
Sólo sobre esta base será posible acaudillar a los pueblos
de los Balcanes hacia una federación libre y voluntaria. Sólo
reconstruyendo el internacionalismo, se podrá expulsar al imperialismo
de la región. |