El rol del movimiento obrero internacional durante la guerra (julio '99)
Javier García 
 
Sólo una intervención decidida del movimiento obrero, particularmente en Europa, con grandes movilizaciones de masas, podría haber detenido los bombardeos de la OTAN. 

Si la Confederación Europea de Sindicatos (CES) hubiera llamado a una acción general europea contra la guerra, con manifestaciones y paros masivos, abriendo un frente interno en el mismo corazón de la OTAN, las fricciones y disputas de los aliados se hubieran ensanchado de tal forma que la escalada bélica se hubiera agotado dejando el protagonismo a la diplomacia. 

Aparte del armamento de los trabajadores, no hay nada que más tema la burguesía que una huelga general política mientras libra una guerra imperialista. Para lanzarse a una guerra de este tipo, la burguesía necesita el consenso nacional, es decir, el acuerdo entre las clases. Cuando éste se rompe es una señal inequivoca de la aparición de una situación revolucionaria. Recordemos la Rusia del '17. 

Pero la clase obrera internacional no intervino. Salvo algunas pequeñas movilizaciones de vanguardia, estuvo ausente de la escena como factor independiente. En ausencia de grandes y generalizadas movilizaciones por toda Europa, el movimiento obrero no pudo utilizar a su favor las crecientes divisiones entre las potencias imperialistas, tras el fracaso del plan inicial que apostaba por la capitulación de Milosevic tras algunos días de bombardeos. 

La responsabilidad esencial de esta ausencia recae sobre las direcciones políticas y sindicales del movimiento obrero que se negaron a movilizar.  

La política nacionalista reaccionaria, es decir, chovinista de Milosevic hacia los kosovares, que llegó al extremo de utilizar métodos de "limpieza étnica", fue un gran handicap a favor del imperialismo, que pudo así cubrir su agresión con la cortina de humo "humanitaria".  

El imperialismo pudo, mediante la prensa y la TV, utilizar las dramáticas imágenes de los cientos de miles de refugiados aterrorizados por Milosevic, para ganar apoyo entre las masas de Europa, EE.UU. y el mundo para su campaña de agresión. 

La clase obrera quedó atrapada en la confianza a sus direcciones tradicionales que en muchos países integran o apoyan sus propios gobiernos. En efecto, los gobiernos de la "tercera vía" -instalados en 13 de los 15 países de la Unión Europea-, sustentados en los partidos socialdemócratas, con el apoyo de la burocracia sindical y en algunos países como en Francia por el Partido Comunista, fueron los campeones de la intervención armada de la OTAN.  

Al igual que la llamada Internacional Socialista de Blair, Schröder y D' Alema, las variantes sobrevivientes del estalinismo han demostrado una vez más su impotencia programática, oscilando entre un barato paneslavismo y la veneración de la ONU y olvidando cualquier vestigio de socialismo internacionalista. 

Todo luchador o militante serio tiene el deber de sacar una conclusión elemental: la lucha antimperialista será bajo la dirección obrera, y por lo tanto socialista, revolucionaria e internacionalista o no será. 

O la clase obrera toma como propia la causa de los pueblos que luchan por su autodeterminación o los imperialistas impondrán sus "soluciones" contrarevolucionarias no solo ahogando en sangre a pueblos enteros, sino haciendo cada vez más difícil la tarea del proletariado de liberarse a sí mismo y por esa vía, la de la revolución obrera y socialista, liberar a toda la humanidad de la opresión, la explotación y las guerras.

 
 
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