| Juana
Álvarez
Las tropas serbias
no han salido de Kosovo solas. Cuando escribimos este artículo,
se calcula que el 90% de la población kosovar no albanesa ha abandonado
Kosovo, huyendo de las represalias de los albano kosovares.
Todo indica que está
planteada ahora una limpieza étnica al revés, cuyas víctimas
serían principalmente los serbo-kosovares, lo que evidencia una
vez más el fracaso de un acuerdo de paz que "garantizaba" la convivencia
multiétnica.
Con la vuelta de los refugiados
albano kosovares, en todo Kosovo, flamean banderas del UÇK y de
Albania, dando la impresión de un poder propio. Sólo las
tropas imperialistas desentonan en este cuadro.
Pero, el imperialismo se
asienta sobre un auténtico polvorín. El haber usado al UÇK
como instrumento circunstancial de sus objetivos, no significa que las
tropas de la OTAN no vayan a tener conflictos con la guerrilla y el pueblo
albano-kosovar. De hecho, ya se han producido graves incidentes en varias
ciudades.
Esta tendencia se fortalecerá
en el futuro. Muchos kosovares dirán: "Muy bien, nos habéis
ayudado a expulsar a los serbios y os lo agradecemos, pero ahora dejadnos
a nosotros administrar nuestras propias vidas". Es una clara invitación
a que las tropas de la OTAN abandonen Kosovo.
El imperialismo teme enfrentarse
directamente con las masas. Por eso, su capacidad de intervención
es limitada. Probablemente, intentarán comprar la lealtad de los
líderes del UÇK para que controlen a su propia población,
otorgando a este grupo un estatus de policía kosovar.
Es muy probable que la dirección
del UÇK acepte esta salida. Los dirigentes del UÇK tienen
una gran cuota de responsabilidad política en la falta de masivas
y generalizadas movilizaciones contra la guerra en Europa. Su apoyo a la
intervención de la OTAN tras firmar el acuerdo de Rambouillet proporcionó
legitimidad a la agresión y despitó a muchos trabajadores.
La dirección del UÇK
cometió la más vil de todas las traiciones al confiar el
destino de la justa lucha por la autodeterminación nacional del
pueblo kosovar a los designios de la OTAN, demostrando la bancarrota del
nacionalismo pequeño burgués.
Hay que oponerse al desarme
del UÇK por parte del imperialismo. Deben ser las masas albanokosovares
las que destituyan a la dirección traidora del UÇK y organizar,
sobre una base multiétnica, milicias obreras de autodefensa frente
a cualquier agresión o intimidación provenga de Milosevic
o de la OTAN.
Contra la política
de la dirección del UÇK que ha brindado su apoyo a esta salida
reaccionaria para Kosovo, las masas deberán recobrar la confianza
en sus propias fuerzas, dotándose de sus propios organismos y milicias
armadas. Esta es la única forma íntegra y efectiva de garantizar
sus justas aspiraciones y de reconstruir la desvastada provincia del Kosovo
según las necesidades de los obreros y campesinos. |