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El Presupuesto 1993 en realidad es
un plan de pagos de la deuda externa, a la que destina 7.600 millones de
dólares, equivalentes a 43% de los impuestos que los argentinos
pagaremos durante este año, ya que prevé una recaudación tributaria
de 17.877 millones. Esta apropiación brutal de nuestra renta interna
sólo es comparable con la que el Imperio Romano imponía a sus colonias
luego de dominarlas militarmente.
La única política del gobierno es
la de pagarles a sus patrones, convirtiendo a los argentinos en
inquilinos de su propia tierra, como bien lo define el Presupuesto
cuando encuadra el pago de los intereses de la deuda externa en el rubro
llamado "Rentas de la propiedad".
Como consecuencia de esta
política, los sectores medios y bajos de nuestra sociedad se
empobrecerán aún más, sacrificados en el altar del festejado plan
Brady. Aún algunos grupos beneficiarios del proceso de concentración
oligopólica mal llamado de "privatizaciones"- sufrirán los
efectos de este acuerdo y deberán desprenderse de las empresas
adquiridas, para que pasen a sus verdaderos dueños: los socios
semiocultos de la banca acreedora.
En nuestro país, las
privatizaciones no fueron concebidas como inversiones de riesgo que
garantizaran la prestación de servicios públicos esenciales, sino como
un mecanismo de pago de la deuda externa. Pero el producto de todas las
prlvatizaciones realizadas entre 1990 y 1992, que suma 4845 millones de
dólares, ni siquiera alcanza para cubrir los 7600 millones que se
pagarán este año. Insistimos en que la Argentina debe dejar de ser un
país exportador de capitales. En 1993, no menos de 5000 millones de
dólares serán expatriados. Esta fuga de la renta nacional afectará
principalmente al sistema federal. El traspaso de los servicios de
educación y salud, sin la equitativa partida de recursos, provocará la
multiplicación de conflictos en el interior. Que cada provincia quede
librada a su propia suerte no condice con la idea de Nación.
Este presupuesto institucíonaliza
la injusticia social. El aumento del gasto público disfrazado como
asistencia al sistema jubilatorio, es sólo un ardid contable. Los
gastos sociales tienen una tendencia decreciente comparados con la
última década. Sólo la incorporación de gastos que antes no se
contabilizaban permite engrosar las cifras; son precisamente los de
seguridad social. Pero sólo 770 millones son destinados a Salud; 2442
millones a Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología, y un 0,4% del
gasto a Bienestar Social.
No creemos en una hipótesis de
aumento de precios combinados del 5,3% anual. No creemos que se
producirá una monetización de la economía ni que las reservas se
incrementen. No creemos que la "flexibilización" laboral
reduzca efectivamente el "costo argentino", ni tampoco en el
"efecto riqueza" producido artificialmente en la Bolsa. Y
menos que el nuevo sistema previsional solucione los problemas de los
jubilados y de los trabajadores en general.
Por el contrario, advertimos que el
índice de precios será sustancialmente superior, a pesar de la meseta
recesiva; que el peso perderá su valor frente al dólar y que las
reservas comenzarán a fugarse. La "flexibilización" sólo
servirá para disminuir las condiciones laborales de millones de
argentinos. La Bolsa no es un real indicador de la riqueza nacional ni
de su justa distribución. El sistema previsional propuesto sólo está
destinado a la apropiación del ahorro interno, y luego de un lapso
será el Estado el que deba hacerse cargo de la cartera de las
administradoras quebradas.
Por otra parte, el brutal
apoderamiento de los ingresos mediante los impuestos al consumo no es
acompañado con una equitativa incidencia de los tributos que gravan la
renta o el patrimonio. La estructura tributaria argentina depende del
IVA, cuya recaudación se estima en 10,6% del PBI, que representa una
cifra cercana a los 1500 millones de dólares mensuales. A ello hay que
agregar los considerables aumentos en la recaudación de los derechos de
importación, apertura económica mediante.
MODELO
Estos rasgos definen el perfil del
modelo de país elegido: quien antes producía, hoy importa. Esta es la
reestructuración industrial que se busca en los despachos oficiales.
Los mayores impuestos que se prevé recaudar incidirán negativamente en
las decisiones de inversión, lo que a su vez acentuará las alzas de
precios de una producción que crece por debajo de la demanda. La única
solución que encuentra el gobierno es acentuar la apertura económica y
la recesión interna. Exactamente lo contrario de lo que venimos
proponiendo:
acentuar la producción interna
hasta satisfacer la demanda y exportar el rema
nente aprecios marginales para
poder competir en la guerra comercial internacional que se avecina,
anticipada por expertos como Lester Thurrow y Michel Albert.
El MODIN se ha comprometido ante la
ciudadanía a revisar las políticas de privatizaciones, endeudamiento y
oligopolización de los mercados contrarias al interés nacional. Y a
garantizar que a ningún argentino le sea negado el acceso al uso y
beneficio de los bienes materiales y espirituales.
Este Presupuesto 1993 es la
formalización contable de un proyecto conocido: un país para pocos.
Nosotros pretendemos un país para todos.
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