
Los siguientes poemas son de la autoria de Jesus Betancourt
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Observo un atardecer más.
Mis ojos quedarán sorprendidos
y la noche,
la noche franca
me revelará otro sueño
casas de olores y escaleras
puentes, arcadas, flores
y la piedra feliz
nos participa su secreto.
Habla bien
o recoje las naranjas del huerto
cuando estén maduras.
Descubre el silencio.
Ni hablo ni pienso ni escribo correctamente.
Tampoco me sé callar, estoy verde.
El sonido no es bueno.
Lentamente, el canto se irá derramando.
No tiene medida, por más que la alimentes, es insuficiente: la musa nunca deja de engordar. Le gusta nutrirse con bellos gestos, humanas palabras, melodías que son como granadas dulces estallando en forma de corazón. Ella se vuelve estrella, ignición supernova.
Le gusta que le digan fértil, tierra, catedral de amor y belleza. La musa, cuando te besa, conquista ese espacio real que alguna vez soñaste húmedo y total, y es inútil huir: te ha elegido, ahora tu palabra tiene aroma de laurel y tus pies son ligeros.
Y el doctor te dirá: cuida mucho tus pulmones, no vayas a pintarlos de negro.
Viajando por aquí
me encontré a la primavera
vestida de rosa,
sonriente y pelona,
en la calle de las magnolias.
Se llamaría Perséfona o rotunda,
botoncillo de miel apretando las flores,
para que nosotros,
al caminar estas plazas las veamos,
dibujándose bajo sus prados
el silvestre amanecer de su existencia.
Bienvenida seas, primavera,
a mi estación de amores y de cantos.
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