ESTADOS PRIMORDIALES
Un
signo claro de la importancia del ciervo en la simbólica céltica es
la frecuencia relativa de su aparición en la iconografía o la leyenda.
Una divinidad gala lleva el nombre de Cernunnos, "aquel que tiene la
cúspide del cráneo como un ciervo".
Está
representada sobre el caldero de plata de Gundestrip, sentada en postura
búdica, con una torques en una mano y una serpiente en la otra, rodeada
de los animales más diversos, y particularmente de un ciervo y una serpiente:
tal vez convendría ver en esas cornamentas de ciervo coronado la cabeza
del dios una radiación de luz celeste.
Otro
monumento notable es el de Reims, donde Cernunnos está representado
como dios de la abundancia. Se conocen otros varios. Sin embargo, parece
claro que el dios deba entenderse como el señor de los animales. En
Irlanda el hijo del gran héroe del ciclo osiánico, Find, se llama Oisin
(cervato), mientras que San Patricio se metamorfosea y metamorfosea
a sus compañeros en ciervos (o gamos) para escapar de las emboscadas
del rey pagano Loegaire: obra así en virtud de la encantación o procedimiento
mágico llamado feth fiada, que procura normalmente la invisibilidad.
A
la vuelta de su primera expedición a la frontera del Ulster Cúchulainn
captura cuando niño varios ciervos y los obliga a correr al lado de
su carro. Es conveniente citar también la historia de Tuan Mac Cairill,
transformado sucesivamente, entre la primera invasión de Irlanda y la
llegada de san Patricio, en ciervo, en jabalí, en halcón y en salmón.
El
simbolismo del ciervo en el mundo céltico es pues muy vasto y se refiere
ciertamente a los estados primordiales. Por faltar un estudio de conjunto
debemos limitarnos provisionalmente a aceptar el simbolismo de longevidad
y abundancia. Los galos empleaban numerosos talismanes de cornamenta
de ciervo, y se han hallado en tumbas alemanas de Suiza enterramientos
de ciervos al lado de caballos y hombres. Se sabe también de las máscaras
de ciervo con que estaban provistos los caballos sacrificados en ciertos
kurgan del Altai, en los siglos V y VI antes de nuestra era.
En
la Bretaña armoricana se representa a san Edern cabalgando un ciervo.
Como el reno y el corzo, el alce parece haber desempeñado papel de psicopompo
en ciertas tradiciones europeas, particularmente entre los celtas: el
Morholt de Irlanda, tío de Ysolda, muerto por Tristán en combate singular,
se dibuja yaciendo muerto cosido dentro una piel de ciervo.
