MACHO CABRÍO
El
ciervo se asocia frecuentemente con la gacela en la Sagrada Escritura.
A propósito de su relación señala Orígenes que la gacela posee ojo penetrante
y el ciervo es matador de serpientes y las hace salir de sus agujeros
gracias al soplo de sus narices.
Orígenes
compara a Cristo con una gacela según la theoria y con un ciervo según
sus obras, la praxis (Homilía III sobre el Cantar de los Cantares).
Para
los antiguos hebreos, la palabra ciervo, ayyal, deriva del término ayiil,
que significa morueco; frecuentemente el ciervo se considera como una
especie de gran morueco o más bien de cabrón salvaje, de donde vienen
las diversas traducciones de la Vulgata.
El
ciervo simboliza la rapidez, los brincos. Cuando tiene sed y cuando
busca una compañera, su llamada ronca y salvaje parece irresistible;
de ahí su comparación con Cristo llamando al alma, y con el alma esposa
buscando a su esposo.
El
ciervo simboliza tanto al Esposo divino, pronto e infatigable en la
persecución de las almas, su esposa, como al alma misma buscando la
fuente divina donde saciar su sed.
