ðHwww.oocities.org/espanol/pjvrcl/carta.htmwww.oocities.org/espanol/pjvrcl/carta.htmdelayedx¶ƒÔJÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÈ@?wTOKtext/htmlp±Ó+cTÿÿÿÿb‰.HWed, 31 Jan 2001 00:36:52 GMT]Mozilla/4.5 (compatible; HTTrack 3.0x; Windows 98)en, *µƒÔJT CARTA DE BELLA VISTA

CARTA DE BELLA VISTA

( - Buenos Aires - Argentina - )

 

a los jóvenes que comparten nuestra misión

 

 

 

ESTA CARTA ha nacido al final de un encuentro del Secretariado General de Pastoral Juvenil Vocacional Redentorista, tenido en Bella Vista (Buenos Aires - Argentina), en noviembre de 2000.

Allí vive una Comunidad de Misioneros Redentoristas formada por jóvenes en formación que, recientemente, se han incorporado a nuestra familia y que son los primeros en sostener con sus vidas lo que hoy tratamos de compartir contigo.

Puede que leas esta carta de forma personal o comunitaria; en cualquier caso, nuestro deseo sería que la lectura y la reflexión de estas líneas se inscribieran en una "búsqueda común". Que tanto en tu vida personal como en la de tu comunidad se acogieran estas palabras como el deseo de "vivir algo nuevo"

 

 

 

¡Felices los que puedan ver todo lo que vosotros estáis viendo!

(Lc 10, 21)

 

"Bella Vista" es un lugar; y su nombre se convierte hoy en nuestro buen deseo para ti. Que puedas nombrar a tu propio pueblo, a tu tierra y a tu gente con el precioso nombre de "Bella Vista". Que tus ojos vean y sean dichosos.

Al escribirte, hemos tratado de pensar en tu situación concreta, en las esperanzas y en las alegrías que acompañan tu vida y, lógicamente, en las dificultades con las que te encuentras. Es más, no hemos querido ignorar la "indiferencia" que hoy se respira en tantos ámbitos de la vida y que ejerce tan poderosa atracción. Creemos que lo que otros no pueden ver, por su indiferencia, tú sí puedes llegar a verlo.

ABRE LOS OJOS

Por todos los lugares percibimos una misma y única invitación: cierra los ojos y no digas nada.

De muchas formas distintas se sugiere que tus párpados permanezcan cerrados. Que no vean ni tomen conciencia de lo que te rodea o de lo que tú mismo sufres. Se sugiere, si es que no se impone, que veas bueno y hermoso todo lo que te rodea, aunque para ello debas negar la realidad o centrar tu atención en otros puntos de interés.

¿Teniendo ojos no véis y teniendo oídos no oís? (Mc 8,18)

Te proponemos que abras los ojos a todo lo que tú mismo vives y a todo lo que te rodea. Mira el rostro de un joven de tu edad que consume droga. El rostro de quien sufre en su familia la ruptura y la violencia. Mira a quien pide una ayuda para comer. Escucha los argumentos de la insensibilidad, de la superficialidad y de la indiferencia. Mira en la anorexia las secuelas a que lleva una cultura de "la imagen" . El SIDA, la prostitución, la soledad y el relativismo. Mira el consumo y los problemas que genera la "aldea global". Escucha a quien busca trabajo y no lo encuentra. Mira el abismo, cada vez más profundo, que se va abriendo entre los ricos y los pobres del mundo.

Quien no ve todo ésto nunca podrá ver la belleza de la solidaridad. Menos aún la belleza de la fe compartida en las pequeñas comunidades. Al que abre los ojos le queda reservada la dicha de Ver.

NO TENGO ORO NI PLATA

Conocemos tu propia pobreza personal porque, con toda seguridad, es parecida a la nuestra. No hay ninguna limitación humana que no la podamos compartir como propia. Es más, contamos con ella.

Hoy, nadie cree en los grandes héroes, así que ¿para qué empeñarse en fabricarlos? ¿por qué no poder creer a los que son como tú y como yo?

Un día, Pedro y Juan, los apóstoles, llegaron al Templo de Jerusalén y se encontraron con un paralítico que les pedía una limosna. Pedro le respondió: "No tengo oro ni plata, te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar." (Hch 3,6).

Quizás tú tampoco tengas en tus manos plata ni oro. Quizás tú te veas con pocos recursos o con una gran pobreza personal. Quizás te veas pequeño frente a lo que se presenta delante de tus ojos. Entonces, ¿qué puedes ofrecer?

¿MAESTROS A LA MEDIDA DE TUS DESEOS?

Nuestra carta está pensada y escrita para ti. ¿Qué puedes ofrecer?

San Pablo sabía que, en determinados momentos, a todos nos resulta más agradable escuchar a quien ni nos interpela ni trata de comprometernos. "Vendrá un tiempo en que la gente (...), para halagarse el oído, se rodearán de maestros a la medida de sus deseos." (2 Tm 4,3)

Puede que alguno, al leer esta carta, se sienta defraudado. Que otros, tal vez, se sorprendan con nuestras palabras. No pretendemos ganar tu simpatía, sino provocarte. Pero, ¿provocar a qué?

Lo primero, provocarte a ti y provocarnos a nosotros mismos a "ver" y a "tomar postura", a no quedar igual, a no aceptarlo todo. A no quedarnos instalados de modo conformista en nuestra propia comodidad. A no autoengañarnos aceptando que todo está bien. A no declinar nuestra responsabilidad dejándola en manos de otros o de las instituciones oficiales.

En segundo lugar, a leer la realidad con una mirada creativa. No se trata de mirar y juzgar permaneciendo ajenos, sino de mirar y juzgar para recrear; de implicarnos con las personas y situaciones que muestran el rostro humano más desfigurado.

En tercer lugar, a encarnar nuestra fe. A leer la Palabra de Dios, a orar y a celebrar en toda circunstancia y lugar. A no llevar dos vidas paralelas, sino una sola vida de fe.

Y en cuarto lugar, a compartirla en un proyecto común. Compartirla en un pequeño grupo, compartirla en una comunidad, y compartirla en un proyecto de Misión.

Éso es lo que puedes ofrecer: la Palabra de Jesucristo vivida con audacia y entregada con tu propia existencia. Porque, como dice el apóstol Juan, "lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos" (1 Jn 1,3).

ALGUIEN NOS MIRA DESDE ABAJO

Los redentoristas hemos nacido de la provocación que Dios nos hace en los pobres y abandonados. No son los discursos ni las ideas las que han dado origen a nuestra familia. Nacemos de la provocación de los últimos, de la voz silenciada de los más pobres y de los atropellados en su dignidad.

Ellos miran desde abajo y, con ellos, también Dios mira desde abajo. De ellos hemos aprendido a mirar la vida, y con ellos hemos aprendido a tomar opciones.

Sabemos que algunos quieren anunciar a un Cristo que mira desde el cielo y que permanece distante de los hombres; a un Cristo que, mirando por encima, desea puntuar nuestras buenas obras.

Nosotros queremos anunciar al Cristo que tocó nuestra tierra, al Cristo que nada más nacer se vió en un establo, al que compartió trabajo y sudor, al que anunció la presencia de Dios en la historia, al que miró el rostro de los hombres y mujeres desheredados y abandonados.

Nosotros anunciamos al que sólo una vez miró desde arriba; cuando estaba en la cruz. Y al que, desde ella, nos enseñó cómo la vida no es conquista, sino entrega.

SIÉNTATE AL ÚLTIMO PUESTO DE LA MESA

Somos conscientes que, allí donde tú estás, todo te invita a competir para no quedar excluido. A destacar y sobresalir sobre los otros. Lo que nosotros te proponemos es vivir un signo "contracultural". Te invitamos a elegir "ser distinto".

Cuando los redentoristas hablamos de nuestra espiritualidad, nos referimos a esta forma "distinta" de ver y de situarnos en el mundo. Hablamos de la opción que hemos realizado por sentarnos a la mesa con los últimos, con los pequeños y abandonados, con los pobres y desheredados (cfr. Lc 14, 7-11)

Nosotros somos los primeros que debemos confrontarnos cada día con el Evangelio de Jesús y, por su lectura y su oración, llegar a refundar nuestra presencia en la Iglesia y en el mundo. Nosotros no debiéramos caer nunca en la tentación de afirmar que nuestra vida ya está lograda.

Con nuestra carta queremos abrir un espacio a la reflexión común. Queremos buscar juntos cómo ser y cómo vivir. Queremos proponerte un estilo de vida y un lugar donde vivirla: con los últimos.

Nos atrevemos a proponerte que asumas decisiones concretas y a que las compartas con tu grupo y tu comunidad.

Nos atrevemos a preguntarte si deseas formar parte de nuestra familia redentorista y cómo lo deseas encarnar. Y, si ya formas parte de esta familia, cómo avanzar en tu propia decisión.

AUNQUE LLEGUEN A DECIR: "ESTÁN BORRACHOS"

En Pentecostés, los apóstoles comenzaron a hablar y, sorprendentemente, todos los que allí había les pudieron entender. Cada uno los oía hablar en su propio idioma. No se prestaron al juego de la confusión, como en Babel, sino que hicieron opción por la claridad.

Algunos, de todas formas, prefirieron opinar sin escuchar y crear opinión acerca de los apóstoles: "Están borrachos" (cfr. Hch 2, 12-13).

Hoy, es urgente que elaboremos una renuncia al juego de la confusión. No es cierto que nuestra adhesión a Cristo sea compatible con otros intereses, por muy legítimos que nos parezcan (cfr. Mt 6,24). Así, quien construye toda su vida en el amor a Jesucristo, es como si hablara todos los idiomas.

También es urgente que hablemos. Hablar sin tapujos, ni miedos, ni vergüenza alguna. Que hablemos y anunciemos el Evangelio sin tener que pedir disculpas por ello.

Y, por último, es urgente que anunciemos el Evangelio con nuestras palabras y con nuestras obras. "Al fin y al cabo, quien conoce el bien que debe hacer y no lo hace, es culpable." (St 4,17). Hacer una opción por la claridad es así de exigente.

Debes saber, sin embargo, que, el formar parte de esta familia comporta el riesgo de lo concreto. Así lo entendió San Alfonso y así lo entendemos nosotros: el anuncio del Evangelio a los más pobres y abandonados exige ciertas renuncias y ciertas opciones que nadie puede hacer por ti (evitando la tentación de usarlas como instrumento de juicio - cfr. Mt 7, 1-5).

¿QUÉ HE DE HACER?

La pregunta que siempre queda por hacer es la del joven que se acercó a Jesús para preguntarle qué debía hacer para ganar la vida (cfr. Lc 18, 18-23).

Sólo hallarás la respuesta en Él, y sólo a ti te está reservada la capacidad de decisión.

Por este motivo te proponemos:

- Que te esfuerces por vivir en un tono de verdad contigo mismo.

- Que aprendas a "elegir" y a ser responsable de lo que eliges. ¿Elegirás el camino del discipulado?

- Que asumas tu vida como don y tarea.

- Que te ejercites en la lectura diaria del Evangelio

- Que reserves un tiempo cada día para la oración personal, y que también la compartas con tu grupo y con la Iglesia.

- Que te esfuerces por aprender a escuchar. Escuchar a las personas y escuchar a Dios.

- Que escuches con especial atención a los que están en último lugar, a los pobres y humillados, a quienes sufren toda clase de atropellos en su dignidad.

- Que te integres en la Iglesia, a pesar de su pecado, y que vivas en ella amándola con profunda convicción.

- Que seas, en la Iglesia, un servidor humilde del Evangelio (desplanzando las actitudes que no hacen creíbles tus opciones: palabras impropias, opiniones interesadas, críticas, luchas de poder, comodidades...).

- Que tu presencia en la Iglesia no sea acomodaticia, sino audaz.

- Y, por último, a que tomes pequeñas iniciativas que le den credibilidad a todo lo anterior. Pero, es importante que estas actitudes y estas iniciativas tengan como meta un compromiso permanente y concreto.

Asumir el carisma Redentorista requiere, como paso previo, que aceptes y formules esta pregunta: "¿Qué quieres, Señor, que haga?".

El compromiso contigo mismo, con los demás y con Dios, puede ser como laico, colaborando según tus posibilidades en nuestra misión; o bien, como consagrado al Señor en uno de los "caminos" que te ofrece la familia Redentorista (de misionero, Padre o Hermano, o como religiosa contemplativa o misionera). En ambos casos, es importante que tú te plantees en serio la pregunta y acojas responsablemente su respuesta.

 

 

Deseamos que, tal y como te decíamos al comienzo, puedas alcanzar a ver en tu vida la "Bella Vista" que Cristo otorga a los que se dejan tocar por Él. Que la Virgen del Perpetuo Socorro nos aliente y nos conceda su amparo, y que San Alfonso siga intercediendo por esta familia a la que tú también perteneces.

 

 

Secretariado General de Pastoral Juvenil Vocacional Redentorista

 

(El texto original es en español)

 

Oración para reavivar mi ardor misionero redentorista

Señor,

Dejaste tu huella en lo más hondo de mi corazón

Como una Presencia constante de amor y de paz,

De ternura y de alegría, de acogida y de don.

Una huella como una luz de Esperanza

En un mundo sediento de felicidad.

Una huella como camino de Redención

Que me interpela a responder a los gritos
De los oprimidos, de los desamparados y de las victimas de la injusticia.

Una huella como una voz interior diciéndome:

«Ven, te necesito para hacerme presente en el mundo…

Te necesito para anunciar mi Buena Noticia de Salvación.»

Señor,

Envíame tu Espíritu para que suscite en mí

Esta locura de amor que hace capaz de seguir a Cristo

A la manera de San Alfonso Maria de Liguori.

Que tu Espíritu,

Reavive el ardor de mi corazón joven,

Estimule mi audacia misionera

Para que, con los talentos que me diste

Pueda sembrar la alegria y la esperanza,

Y construir, en solidaridad con mis hermanas y mis hermanos

Una sociedad mas justa y mas fraternal.

Que tu Espíritu me de la fuerza necesaria

Y la perseverancia para ser tu testigo.

Que tu Espíritu me haga capaz

De ariesgar mi vida por ti.

Amen!