ðHwww.oocities.org/espanol/pmalife/pma14www.oocities.org/espanol/pmalife/pma14.htmllayedx©UÕJÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÈÅl*/OKtext/htmlq¾ÍW*/ÿÿÿÿb‰.HMon, 19 May 2003 18:18:01 GMTMozilla/4.5 (compatible; HTTrack 3.0x; Windows 98)en, *©UÕJ*/ La Nueva Contención
LA NUEVA CONTENCIÓN
 
Nuevamente, tal y como ocurrió en el pasado año 2001, el gobierno nacional ha tomado la decisión de contener el gasto público, debido a la situación económica que se vive, la cual no da vistos de verdadera mejoría.  A escasos seis meses de concluir el 2002, el país debe prepararse para ahorrar 150 millones de dólares como mínimo (algunos argumentan que se puede ahorrar mucho más), siendo los reglones más afectados, los referentes al presupuesto de gastos -en algunas áreas específicas- y el presupuesto de inversión -como siempre, al que peor le va; aunque se quiere asegurar que no está incluido-.
 
En medio de esta nueva contención del gasto público, nos sentimos un tanto indignados de las situaciones que se dan, algunas nuevas, otras repetidas.  El pasado 7 de junio de 2001 publiqué un artículo en el diario La Prensa en donde me referí a una serie de situaciones en lo que a aspectos políticos se refiere, sin embargo también hice mención al hecho de la contención que se programó en aquel entonces, un tanto más temprano que en esta ocasión.  Con la publicación traté de concretar “...hacerle ver [a la presidenta] que la austeridad debe empezar por casa; que no se le puede exigir a un país que ahorre si los principales miembros del gobierno siguen ganando hasta veinte veces lo que gana un trabajador promedio de esta nación” ; sin embargo, este llamado, realizado por muchas voces, fue completamente ignorado por aquellos que dicen trabajar por un país mejor.
 
En la actualidad, la historia se repite, hay que contener el gasto público, pero no hemos escuchado a nuestros gobernantes levantarse y decir “vamos a disminuir los salarios de los cargos más elevados, por lo menos hasta el mes de diciembre”; o decir “suspenderemos la partida discrecional de la presidencia y reduciremos al mínimo posible los inmorales y elevados gastos de representación de muchos cargos gubernamentales”; y por qué no, anunciar la “presentación de un proyecto de ley que le ponga fin a una serie de injustas e innecesaria erogaciones que le hacen daño al Estado y afectan negativamente sus recursos”.
 
Ah, pero no debemos olvidar el nuevo matiz que se agrega a esta realidad; el país está sin recursos, tiene problemas económicos, pero se ha decidido regalarle más de 30 millones de dólares anuales a la Panama Ports Company (PPC), gracias a una decisión de un ministro de estado y de un gabinete que se jacta de decir, aún después de esta puñalada a la economía nacional y a los recursos del Estado, que está trabajando por un futuro mejor, que está fundando las bases del desarrollo nacional.  ¡Por favor, señores!, ¿a quién pretenden engañar?
 
Hay que ahorrar, no hay recursos; pero PPC tiene derecho a “robarle” a los panameños casi mil millones de dólares en los próximos 45 años.  ¿Qué lindo, verdad?...  ¿Con qué cara puede este gobierno asegurar que no hay recursos, cuando andan regalado millones a diestra y siniestra?, ¿con qué cara puede este gobierno hablar de reformas tributarias que aumenten algunos impuestos y así elevar los tributos al Estado?, ¿con qué cara puede este gobierno decirle a algún sector o gremio de funcionarios públicos de menor jerarquía, que no hay recursos para mejorar salarios, si regaló mil millones de dólares a la transnacional Hutchinson Holding?, ¿con qué cara puede este gobierno hablar de justicia social, si es el principal profanador de tan fundamental precepto humano?
 
Señora presidenta, el país debe ahorrar y estamos de acuerdo, pero por el amor de Dios; al menos tengan la decencia y la prudencia de ser ejemplos de apoyo a esta imperiosa necesidad, no con palabras etéreas, sino con hechos y actitudes palpables.  Aquí nadie necesita de discursos ni de promesas que solo le hacen honor a la desidia que opaca y destruye nuestra dignidad nacional, aquí se requiere de decisiones que hagan realidad los supuestos compromisos pre-electorales que se adquirieron en 1999 y que, hasta ahora, solo forman parte de un monumento a los recuerdos de una esperanza perdida.
 
La dirección a continuación corresponde al artículo publicado en La Prensa el 7 de junio de 2001
 
 
Viernes 28 de junio de 2002