El sueño del pibe

El concierto monstruo para 8000 personas en el Centro Municipal de Exposiciones, la participación en el cierre del ExpreSIDA en la avenida 9 de Julio, la gira promocional por Colombia - merced a los buenos oficios de Tío Andrew - confirmaron el gran momento que vivían los Ratones Paranoicos. Ratificado y apoyado nacionalmente con la gira Lunática 1992, que los presentó ante públicos del interior que no habían tenido oportunidad de verlos en vivo anteriormente. Escalas habituales - Bariloche, Rosario, Córdoba - se alternaron con otras menos comunes - San Justo, Catamarca y San Luis - y muchas decididamente vírgenes para el rock and roll como Charata (Chaco), Chajarí (Entre Ríos) y Oberá (Misiones).
Dos meses de training con presentaciones casi diarias que no les impidieron alguna escapada, para ver al viejo rocker yanqui Jerry Lee Lewis.

Concluído el periplo, podía decirse que los Ratones Paranoicos ya eran una gran banda nacional. Con el "Rock del pedazo" sonando por todos lados, las acciones del grupo se cotizaban cada día más.

Mientras tanto, y fiel a su estilo, Juanse disfrutaba de la vida y brindaba buenos momentos musicales, presentándose con su amigo Pappo en una improvisada formación que no sonaba como tal. La Juanse Pappo's Roll Band. Antológicos shows en el Condón Club y en las discos Roxy y Prix D'Ami mostraron otra faceta del Stone vernáculo, zapando con una leyenda de la música nacional.

En ese marco, ¿qué les quedaba por hacer a lor Paranoicos en lo que restaba del año? La respuesta vino volando de Yanquilandia...

En cuanto comenzó a (a)barajarse la posibilidad de que Keith Richards bajase a Baires para una fecha del Coca-Cola Rock Festival, el inconciente colectivo asoció la idea de que los Ratones y ningún otro podía ser su telonero.

Sin embargo, la noticia tardó en confirmarse. Tanto que motivó "declaraciones de apoyo" de fans y periodistas que no concebían otra manera de empezar a vivir la gran fiesta que significaba la actuación del "más Stone de los Rolling Stones" en la Argentina.

Finalmente, un suspiro de alivio se extendió por todo el mundillo rockero. Los Ratones Paranoicos abrirían el concierto del 7 de noviembre en Vélez.
Para paliar la deficiencia de los afiches oficiales que no los consignaban en los créditos, una pegatina extra cubrió las paredes de la ciudad, pocos días más tarde, anunciando el acontecimiento. Por una vez, se había hecho justicia.

La expectativa creada a partir de la llegada de Richards tuvo variados picos de emoción, pero uno de los más altos lo vivió el propio Juanse, quien se instaló en el Sheraton Hotel durante la permanencia del Stone en el país. Cholulo declarado, el fan nro.1 se dedicóo a acecharlo como cualquier caza autógrafos. Con una sutil diferencia. En su mano portaba los compactos con su propia música, inspirada en lo que había hecho ese señor y sus compañeros a lo largo de 30 años de carrera.

Cuando caía la tarde de "aquel día" y ante un estadio conmocionado como en un clásico definitorio (al fin y al cabo, qué son los Rolling Stones sino un verdadero "clásico") los Ratones Paranoicos arrancaron su set con el "Rock de Pedazo".
Tocaron varios temas de su repertorio habitual, hasta que invitaron a Pappo, la "guitarra que faltaba" para que Cowboy y "Enlace" sonaran como nunca. Se fueron ovacionados, lujo que pocos teloneros podrían darse teniendo a Richards como estrella, y obligados a volver, repitieron el "Rock del pedazo" a tres violas.

Después, Juanse desplegó una bandera argentina con la lengua stone ocupando el lugar del sol de guerra e interpretando el sentimiento de la multitud, que era el suyo más que de ninguno, declaró que "ahora vamos a esperar el momento más importante de nuestras vidas". Y ya como simple fan, bajó a gozar el show.

"After Richards", la disco Roxy cobijó una presentación especial de los Paranoicos, en la que hicieron, otra vez con Pappo como invitado, un set reducido del show de Velez, esa misma madrugada histórica.

Por ahí también corrió la versión de que Richards se daría una vuelta por el lugar, para ver en vivo y en directo a sus discípulos. No pudo ser. Y tal vez haya sido mejor así. El músculo cardíaco de Juanse no lo hubiera resistido...